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Montiel, Ernesto

ERNESTO MONTIEL

En el año 1995 se cumplieron 20 años de su sentida desaparición física, ocurrida un 6 de Diciembre. Con tal motivo, el “Círculo de Residentes Correntinos en Rosario” editó la obra de Enrique Antonio Piñeyro: “El Señor del Acordeón: Vida y Obra Musical de Ernesto Montiel”, como un verdadero homenaje a esta figura consular de la historia de la música tradicional de Corrientes.

Había nacido en el paraje “El Palmar”, Departamento Paso de los Libres, Provincia de Corrientes, el 26 de Febrero de 1916. Desde niño, y en forma intuitiva, pulsa el acordeón “verdulera”, que lo acompañará por siempre en sueños e ideales musiqueros.

Muy joven aún, parte hacia Buenos Aires integrando muy pronto el conjunto de don Emilio Chamorro, por sus relevantes dotes de ejecutante. En “Los Paisanitos Campiriños” y en “Los Hijos de Corrientes”, ambos de Chamorro, el joven acordeonista acumula experiencia y abreva las fuentes en la mejor escuela chamamecera. Inicia su independencia musical y forma la “Agrupación Musical Ibera”, junto a otro eximio acordeonista, Ambrosio Waldino Miño.

Deja algunas grabaciones para la historia del chamamé. En 1942, y a instancias de un espíritu renovador, decide crear, con otros amigos músicos, un conjunto. Ellos eran: Isaco Abitbol, en bandoneón; y Luis Ferreyra y Samuel Claus, en guitarras. Nace el “Cuarteto Típico Correntino Santa Ana”, que lo conducirá a escribir verdaderas páginas de oro en el desarrollo de la música correntina.

Desde esa fecha hasta el día de su muerte, acaecida en 1975, el “Señor del Acordeón” genera una serie de virtudes. Como síntesis, se puede consignar que en su personalidad artística se suman: su virtuosismo como ejecutante del acordeón, creador de un estilo chamamecero inconfundible, portador de una escuela -denominada “montielera”- por el tipo de ensamble instrumental (acordeón, bandoneón y guitarras), que lo caracteriza, su gran don creativo, que ha compuesto más de un centenar de temas del folclore correntino -chamamé, valseado y rasguido doble-, que son ejemplos paradigmáticos dentro del ámbito musical.

Resumir la trayectoria de Ernesto Montiel en pocas líneas, es un verdadero riesgo. Sus múltiples actuaciones radiales, televisivas, espectáculos y peñas, festivales y presentaciones, lo condujeron a miles de escenarios pero, quizás, lo que pocos saben, es su presencia en el “Teatro Colón” de Buenos Aires, donde el chamamé entró de la mano de un “maestro, verdadero acordeón mayor y señor del chamamé”, como lo mencionaran, en 1957, en el Festival Nacional del Folclore, en la ciudad de Cosquín, Provincia de Córdoba.

Los homenajes, tributos, premios y distinciones se reiteran en forma constante en vida y, luego de su desaparición. Ernesto Montiel poseía el carisma y el don otorgado por Dios a sus elegidos, y él consagró plenamente estos dones a su público, a la gente que lo siguió incondicionalmente, porque encontraba en él al mensajero musical que interpretaba sus latidos, que conocía su lenguaje, que comprendía sus nostalgias y las traducía en las teclas vibrantes de su acordeón.

Cada vez que escuchemos su “Villanueva”, “Tus Recuerdos”, “Angélica” o “La Ratonera”, u otras de sus innumerables composiciones, se rinde el homenaje perdurable pues, con su música, Montiel alegró el corazón de su pueblo.

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Sargento Cabral

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