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Coquimarola

COQUIMAROLA

De tal palo, tal astilla, reza un antiguo proverbio español. Y dentro del amplio panorama de la música chamamecera, se considera que el nombre de Tránsito Cocomarola es un verdadero paradigma. De este tronco nacen varias ramas, dos hijas: Nélida e Isabel, y el 28 de Diciembre de 1946 un hijo, que lleva su mismo nombre: Mario del Tránsito, que, con el tiempo, recibe el nombre artístico de “Coquimarola”.

Es muy difícil llevar sobre sí la herencia de un grande de la música, es un verdadero riesgo y, al mismo tiempo, una responsabilidad. Pero el “Coqui” emerge con un instrumento que su padre pulsara también desde niño: el acordeón. Recibe de su progenitor tan sólo consejos y, con sabiduría, deja que su retoño adquiera vuelo propio. Así ocurren las cosas, y ya, desde los 16 años, el “Coqui” prepara su primer larga duración, trabajando profesionalmente desde el año 1963.

Lleva grabados más de 17 discos y cassette con la música de su padre, de su autoría y con el virtuosismo que ha logrado y que ya lo caracteriza. Supo reunir, en sus agrupaciones musicales, a notables ejecutantes, y al cumplir sus “bodas de plata” con el chamamé, se le tributó un doble homenaje, por haber sido consecuente con su vocación chamamecera y por haber mantenido en alto la herencia recibida del “Taita”, su padre.

“Coquimarola” ha definido un estilo acordeonístico que tiene por característica el respeto por las vertientes tradicionales de la música chamamecera. Su pasión musical se ha ido acrecentando a través del tiempo y la madurez reflexiva que hoy evidencia ha hecho resaltar sus cualidades musicales y su calidad humana.

Hoy se puede decir, sin temor a equívoco alguno, que el estilo de “Coquimarola” es inconfundible. Es característico y se lo identifica con su personal maestría en la ejecución de su instrumento y en el siempre magistral ensamble de su conjunto. Compositor de innumerables temas, ha sabido continuar la senda trazada por sus mayores. Le canta al paisaje, al amor, a la amistad, a la familia, a los parajes de nuestra tierra y sus costumbres con sentimiento genuino.

Es un auténtico músico de raigambre popular, que plasma en sus actuaciones la contagiante alegría del ser del correntino, las emociones que perviven en la nostalgia del terruño amado y las infinitas vibraciones del amor ausente.

Desde el cielo vemos sonreír al “Taita” querido, retozando de alegría, al escuchar los sones de un acordeón que pulsa su hijo amado, cual savia que retorna y vuelve a nutrir a su querido pueblo chamamecero.

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