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Díaz Colodrero, Pedro de Alcántara

BIOGRAFIA I

Pedro Alcántara Díaz Colodrero se sabe que nació en la Ciudad de Corrientes, pero no se conoce, con exactitud, el año, conjeturando Valerio Bonastre en su libro “Varones Correntinos” que posiblemente haya sido el año 1787(1).

(1) Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Su padre fue el caballero hidalgo andaluz, Felipe Díaz Colodrero, y su madre María Antonia Fernández y Chávez.

En 1823 ocupó el cargo de Defensor General de Pobres y Menores y, en 1824, el pueblo de San Roque lo eligió su representante como miembro del Congreso Provincial o Legislatura.

El 1 de Abril de 1824 fue elegido Diputado por Corrientes al Congreso Constituyente que se reuniría en Buenos Aires pero, por problemas surgidos entre el Gobierno provincial y su hermano Agustín, presentó su renuncia.

Durante cuatro años se dedicó a las tareas rurales en el campo Rincón de Ponce.

El gobernador Pedro Dionisio Cabral lo nombró Alcalde de primera instancia de la villa de San Roque.

Siendo ya Pedro Ferré gobernador -por tercera vez-, lo nombró Ministro Secretario en los ramos de Hacienda y Guerra, el 1 de Abril de 1831.

En 1832 fue juez de primera instancia y, a partir del 1 de Febrero de 1833, ejerció la Fiscalía General.

A fines de 1833 ocupó una banca en el Congreso General de la provincia, representando a San Roque.

Después, entre 1838 y 1846, ocupó siempre el cargo de Diputado en todas las Legislaturas sucesivas.

El 28 de Abril de 1834 renunció al cargo de Fiscal de Estado retirándose definitivamente de la judicatura.

En 1836 fue diputado al Congreso General y ocupó el cargo de Secretario. Otro tanto ocurrió en 1838.

El 7 de Abril, el nuevo gobernador, Genaro Berón de Astrada, lo nombró Ministro General y, después de la derrota de Pago Largo, fue buscado por los vencedores, pero el gobernador puesto por el general Pascual Echagüe, el coronel José Antonio Romero, por razones de estrecha amistad con el fugitivo, a pesar de conocer su escondrijo, no adoptó medidas que condujeran a su captura.

Cuando Ferré volvió al Gobierno de la Provincia y fundó, en 1841, la Universidad de San Juan Bautista, nombró a Díaz Colodrero en las funciones de Rector Cancelario cargo que, lamentablemente, tuvo que resignar al mes de su nombramiento.

Vivió los avatares de la política provincial, ligada a la nacional, y fue perseguido por el Gobierno de Pedro Dionisio Cabral, volviendo al Congreso General con la victoria de Joaquín Madariaga.

En el choque entre el general José María Paz y Joaquín Madariaga, que culminó con el alejamiento del primero, Díaz Colodrero estuvo de parte de éste y, con los otros miembros del Congreso que se opusieron al gobernador, fueron desterrados al Paraguay, aunque el 9 de Julio de 1846, fueron amnistiados y pudieron regresar.

Durante el Gobierno de Benjamín Virasoro se dedicó a las tareas rurales y a tramitar algunos juicios en los Tribunales de la capital. Pero luego de la caída de Juan Manuel de Rosas, fue elegido Convencional constituyente de la Provincia de Corrientes, junto con Luciano Torrent, y formó parte del Congreso Constituyente de Santa Fe, tomando activa participación en sus deliberaciones, formando parte de la Comisión de Negocios Constitucionales, encargada de redactar el proyecto de Constitución y presidiendo interinamente el Congreso en las sesiones del 23 y
24 de Febrero y del 22 de Marzo de1853.

Con su salud deteriorada, solicitó licencia para trasladarse a Corrientes pero, a pesar de habérsele concedido, no hizo uso de ella, para no dejar al Congreso sin quorum.

Se mantuvo en él hasta el 24 de Febrero de 1854 en que, por fin, haciendo uso de la licencia que había solicitado, nuevamente se retiró a Corrientes, con el propósito de restaurar su quebrantada salud. En el acta de la Asamblea se consigna, después de reconocer sus heroicos sacrificios:

“El Soberano Congreso, reconociendo en esto el ardiente patriotismo de que el señor diputado por Corrientes había dado tan relevantes pruebas, acordó por unanimidad concederle la licencia que solicitaba, considerándolo siempre en su seno”.

Fue recibido con reconocimiento y honores en su provincia y el gobernador Juan Gregorio Pujol lo nombró, el 28 de Abril de 1854, Juez Residenciador de la Provincia.

El abandono de sus pocos intereses y de su bufete, debido a su larga estadía en Santa Fe, lo llevó a un estado de empobrecimiento que mereció la inmediata ayuda del doctor Pujol.

Posteriormente declinó ocupar una banca en el Senado de la Nación y fue nombrado, el 4 de Diciembre de 1854, Fiscal de Estado.

Díaz Colodrero -sin ser abogado-, era un profundo espíritu analítico, observador y de clara inteligencia, tal como afirma el historiador Valerio Bonastre que, por su capacidad y sapiencia, el Gobierno de la Confederación honró su prestigio intelectual y moral, otorgándole el título de Abogado Nacional el 15 de Marzo de 1855: era una consagración a sus dotes naturales y a su brillante actuación en los debates del Congreso Constituyente del '53.

El Decreto llevaba la firma del presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza, y del ministro, su amigo, Juan María Gutiérrez.

Fue gobernador delegado, por ausencia de Pujol, desde el 22 de Diciembre de 1855 al 31 de Enero de 1856.

Finalmente falleció en Corrientes el 1 de Marzo de 1859.

BIOGRAFIA II

- El hidalgo de San Roque

Tenía la prestancia, los arrestos y las desordenadas lecturas del Quijote. Tenía también el arte del bien decir y con el cigarro entre los dedos, como el Hidalgo con el puñado de bellotas en la noche de los cabreros, narraba a los diputados jóvenes cosas de sus tiempos (“aquellos que los antiguos pusieron el nombre de dorados”) transcurridos en los esteros de San Roque donde no había “robustos alcornoques, ni solícitas y discretas abejas”, ni “tímidas zagalejas que van de otero en otero”, pero suplidos ampliamente por los ceibos, los camuatíes y sobre todo las querendonas chinitas correntinas(2).

(2) José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Pedro Díaz Colodrero tenía muchas cosas del Quijote, pero no la melancolía, la triste figura ni la castidad. Sabía reír con la risa agreste y sana de quien ha visto mucho y meditado sobre los hombres y sus errores. Su palabra clara, sencilla, matizada de intenciones camperas, desentonaba con la retórica del Congreso.

Algunas veces se le escapaban “malas comparancias” con escándalo de Salustiano Zavalía o de Juan María Gutiérrez; en otras, su habitual dicción castiza tomaba el acento nasal del pueblo correntino para replicar, con sorna, las pedanterías juveniles de Benjamín Gorostiaga o Juan Francisco Seguí.

Con sus 74 años, Colodrero era el diputado más alegre del Congreso, el único alegre tal vez. El humorismo estaba reñido con la gravedad de los jóvenes de 1852 y era un privilegio de los viejos que no se hacían problemas con Dios, la patria o la ley. No había más de dos en el Congreso (fray Manuel Pérez era el otro), pero la discreción del dominico le reprimía hasta la sonrisa; en cambio, el correntino tenía fácil la carcajada.

Era alegre aunque su vida había sido una frustración. Nacido en 1779, llegó a la adolescencia con la perspectiva de los jóvenes “nobles” de los años coloniales: la hacienda rural, embrutecedora, sensual, de goces materiales; o el claustro urbano con posibilidades para la vida del espíritu.

Como le gustaba la lectura y no era basto de entendimiento, lo mandaron al seminario a aprender los indispensables latines; pero no sirvió para los renunciamientos sacerdotales y sus maestros no tardaron en devolverlo a las posesiones paternas de San Roque.

Tendría que ser estanciero; señor afincado con casona en la ciudad, fundo en la campaña, y rol y grado en la milicia comunal. Haría hijos, cuidaría vacas, vigilaría indios como lo habían hecho antes su padre y su abuelo. Con el tiempo alcanzaría asiento y vara en el Cabildo de la ciudad. Una existencia mediocre de hidalgo rústico, cuyos ocios, entre la siesta de mediodía y el rosario de la noche, supo llenar con el incentivo de maravillosas lecturas.

Tenía poco más de 30 años cuando sus sueños parecieron materializarse. Un día, San Roque despertó a la epopeya: Belgrano atravesaba la aldea con su pequeña hueste para llevar al Paraguay la palabra de Mayo. Era el año 1810 y Colodrero se ofreció en la gesta.

Amablemente fue descartado. La guerra era para jóvenes; a su edad se podía ser general pero no serviría para alférez. Un viejo era un estorbo en las marchas y fatigas de la campaña.

Fue la primera vez que se oyó llamar viejo; en adelante menudearían las ocasiones. En 1814, al conjuro de Artigas, nacía la provincia de Corrientes como “Estado” integrante de la Confederación de Pueblos Libres. El estanciero de San Roque tomó con entusiasmo la causa federal, aunque Genaro Perrugorría (caudillo de 21 años) no quiso darle asiento en su Concejo ni lugar en su Ejército, pues no escuchaba voces ni respetaba brazos de “ancianos achacosos” de 35 años.

Tampoco “Pancho” Ramírez, el juvenil Supremo de la Federal República Entrerriana (Corrientes, Misiones y Entre Ríos), quería rodearse en 1820 de hombres gastados por cuarenta años de vida ociosa.

Colodrero comprendió que su generación había sido olvidada por el tiempo. Antes de 1810 lo habían considerado joven para todo; después, demasiado viejo. No se sentía viejo ni desanimado. Volvió a su fundo de San Roque a vivir con la imaginación las aventuras que una fatalidad injusta le vedaba.

Dejó pasar los años sin rencores y sin melancolías, desahogando su afán de actuar con cartas a las autoridades donde aconsejaba las medidas de gobierno más desconcertantes. Estas explosiones de su espíritu comprimido fueron tomadas por falta de tino y las posibilidades de conseguir una actuación parecieron alejarse definitivamente.

La oscuridad tiene sus ventajas. En 1815, Perrugorría acababa fusilado por Artigas; en 1820 moría Belgrano de la enfermedad de un valetudinario; al año siguiente la cabeza de “Pancho” Ramírez colgaba de un jaulón bajo las arcadas del Cabildo de Santa Fe. En cambio, en San Roque, el tiempo se había detenido y Pedro Díaz Colodrero mantenía el hervor de su inquietud juvenil.

Si no el imperio de la Mancha, los años le trajeron la ínsula Barataria: en 1822, transcurridos los 40 de la edad capitular, ocupaba un escaño entre los regidores que administraban paternalmente la justicia vecinal correntina. Dos años después, el Cabildo era suprimido, pero se quedó en la ciudad como diputado por San Roque al flamante Congreso General de la provincia.

Fue su mejor escenario: su locuacidad y simpatía encontraron surco propicio en la Legislatura provinciana. Deliberadamente quiso quedar ajeno a las agrupaciones políticas; era demasiado independiente para formar en el bando de Ferré o en la facción rival de Atienza.

Fue diputado por San Roque sin interrupción hasta el 7 de Abril de 1838, en que el gobernador Berón de Astrada, para emanciparse de tutelas políticas, lo llamó al Ministerio General. Pese a la inevitable crítica de Ferré: una nulidad, un botarate como Berón podía haberse buscado un consejero de mayor juicio que ese muchacho alocado de Colodrero. El “muchacho alocado” (tenía 59 años) era en verdad la antítesis del calafate calculista, tozudo, lleno de rencores y desconfianzas(3).

(3) Pedro Ferré. “Memorias del Brigadier General Pedro Ferré” (1921), p. 100, (dos volúmenes). Ed. Coni Hnos., Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- La cruzada por la libertad

Cincuenta años tenía Alonso Quijano cuando trasmutado en caballero andante se echó por los campos de Montiel a deshacer entuertos y redimir doncellas; algunos más, Pedro Díaz Colodrero al enredarse con Berón de Astrada en la aventura de abatir tiranías y restaurar instituciones.

Es la edad peligrosa en que las bacías de barberos brillan como constitucionales yelmos de Mambrino, y las cadenas de galeotes parecen liberales asociaciones de donceles proscriptos.

Nada más lejos de Berón y de Colodrero, en Abril de 1838, que la aventura antirrosista reservada por el destino.

La agresión de los franceses había producido la previsible ola de patriotismo en la Confederación y los correntinos no eran los menos entusiasmados por la actitud serena de Rosas. El 1 de Septiembre, Colodrero tradujo la emoción de sus comprovincianos en la Nota que -firmada por Berón- expresaba la solidaridad de Corrientes con el Encargado de las Relaciones Exteriores en el bloqueo iniciado por el almirante Leblanc.

De manera semejante se había pronunciado poco antes (Agosto 4) el Congreso General de la provincia en Nota redactada y firmada por Ferré.

La indignación era general, aunque fuerzas ocultas se empeñaban en manejar las cosas contra la Confederación. En primer lugar estaba Rivera, subvencionado en su revolución contra Oribe por el dinero francés y aliado descubierto de los agresores más tarde; después Domingo Cullen, que había arrastrado a Estanislao López a una complacencia con los bloqueadores y, desde la muerte de éste (en Junio), trataba esforzadamente de borrar lo hecho: “Yo quiero retirarme de aquí pronto, porque quiero vivir en paz”, escribía angustiado(4).

(4) Cullen a Ferré, de Septiembre 19, 1838, en Pedro Ferré. “Memorias del Brigadier General Pedro Ferré” (1921), p. 467, (dos volúmenes). Ed. Coni Hnos., Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Lo habían elegido gobernador de Santa Fe contra su voluntad, pues era evidente que los días de su Gobierno (y tal vez de su vida) estaban contados. En eso estaba cuando inesperadamente llegó a sus manos el reconocimiento que Corrientes hacía de su Gobierno, porque no sabían que Rosas se oponía. Una frase de la Nota hizo cavilar a Cullen:

“... el Gobierno de Corrientes íntimamente convencido de los males que pesaban sobre los pueblos, se lamentaba de ellos, pero tenía un remedio para evitarlos y conseguir el bien a que aspiraban”(5).

(5) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo I, p. 305. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

¿Cuál podía ser ese “remedio a los males” anunciado por los correntinos y que prudentemente eludían aclarar? El único remedio para los males de Cullen era sostenerlo contra Rosas, mientras no llegara el prometido aporte francés. Con premura despachó a Manuel Leiva para que aclarara la dubitativa frase y, por si acaso, le dio Instrucciones de concertar con Corrientes una Alianza Ofensiva y Defensiva.

Leiva llegó a Corrientes el 14 de Septiembre. Supo que el reconocimiento no tenía otra trascendencia que una oficiosidad de estilo y el desconocimiento del estado de las relaciones de Cullen con Rosas; y el anunciado “remedio a los males” era solamente un memorial para convencer a Rosas de reunir el Congreso Constituyente.

No se asombró de la ingenuidad (por esos puntos también corría el comisionado) y quiso diplomatizar: la Constitución estaría muy bien, desde luego, pero primero había que voltear a Rosas. A Berón no lo convencía el procedimiento. ¿Cómo sacarlo a Rosas ahora que estaba defendiendo tan bien el honor nacional..?(6).

(6) Las conferencias entre Leiva y Berón de Astrada fueron el 15 y 16 de Septiembre. Berón no dio respuesta definitiva y difirió a Colodrero el asunto. Leiva continuó después del 17 sus conferencias, ahora con el ministro (Informe de Leiva a Cullen de Septiembre 18, 1838. “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo I, pp. 311 y sgtes. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Leiva acabó por hablar exclusivamente con Colodrero, el cerebro del Gobierno. Este, cortésmente, le dio la razón en muchos de los cargos contra Rosas, pero se negó en redondo a entrar en una conspiración contra Buenos Aires. Como el comisionado insinuara que “había muchas provincias comprometidas en una coalición contra Rosas”, Colodrero con prudencia, se limitó a desearle “buena suerte” y que “si les iba bien, contasen con la amistad de Corrientes”(7).

(7) “Yo había opinado (expone Leiva su plan a Colodrero) que cambiándose la política de Entre Ríos y estando enteramente de acuerdo con Santa Fe y Corrientes, tal vez no sería difícil negociar lo mismo en Santiago y Córdoba ... que insistiendo el de Buenos Aires en sus resistencias respecto a las relaciones de la Francia, los Gobiernos deberían principiar por pedir la terminación del bloqueo o separar sus provincias de la cuestión ... que este paso daría un crédito extraordinario a los Gobiernos y serían secundados por el mismo pueblo de Buenos Aires; el señor Rosas no podría negarse, so pena de descender del puesto que ocupa.
“En nada encontré discordancia de opiniones, pero ... el señor ministro sólo se extendía a prometer secundar los pasos de Santa Fe más no del modo que yo pedía ... que no encontraba oportuno entrar ya a un avenimiento decidido ... que el Gobierno de Santa Fe contase con la amistad, etc., del de Corrientes” (mismo Informe, en “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo I, pp. 311 y sgtes. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

La misión había fracasado. Para otro que no fuera Leiva los correntinos se negaban a apoyar a Santa Fe; pero Leiva -con incurable optimismo- al informar a Cullen, hizo mención de la curiosa promesa de “sumarse después del triunfo a los vencedores de Rosas”.

En otra pluma que no fuera la suya, esto sería una ironía. Desgraciadamente su carta llegó a Santa Fe cuando Cullen no estaba en el Gobierno y fue a dar a manos de Rosas que la cotejó con un Informe reservadísimo de la diplomacia inglesa procurado por su eficiente servicio de espionaje.

Una Nota del agente inglés en Montevideo, Tomás Hood, al ministro Mandeville, informando una conversación donde sonsacara al indiscreto Roger las líneas fundamentales del plan de agresión:

“Además de su Alianza (de Roger) con Rivera y Cullen para la destrucción del Gobierno del general Rosas y del sistema federal, calculaba en la ocupación de la isla de Martín García y en fomentar una rebelión en Entre Ríos y Corrientes que, con Santa Fe -unidos a la causa de Francia- envolverían a Rosas en una llama sobre la que no calculaba”(8).

(8) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 246. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Estaba fechado el 11 de Octubre (1838); el 21 de Noviembre, Arana envía a Berón en nombre de Rosas y, como sin darle importancia, una copia de la imprudente carta de Leiva, “cuyos originales, como otros varios anteriores, están en poder de S. E....”(9).

(9) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo I, p. 326. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

No comprometían a Berón ni a Colodrero, pues Leiva hacía constar su negativa de entrar en una Alianza. Había algunas frases comprometedoras: “en nada (decía Leiva) encontré discordancia de opiniones”, que no pasaban de apreciaciones personales y probablemente Rosas no le dio otro sentido.

Era evidente que el gobernante porteño mostraba el juego de los santafesinos para que Berón y Colodrero, desengañados, se definieran en contra de gentes tan poco discretas. Cullen había jugado ante Roger y Rivera su influencia en Corrientes y Entre Ríos, y era conveniente que ambas provincias lo repudiaran de manera pública.

Ignoraba Rosas, al hacerles llegar copia de la carta, el juego a que recurrió Ferré contra Berón y Colodrero. El calafate anunció la inminente caída del gobernador y por supuesto que él lo sustituiría por su amistad con Rosas:

“... como los de afuera -comenta Ferré- tenemos siempre gusto de criticar y formar juicios en política, creímos que aquel suceso importaba con Rosas un sumario concluido por el cual debería hacerse la guerra a Corrientes.
“Esta opinión llegó a oídos del gobernador y su ministro, y he aquí el origen de la guerra”(10).

(10) Pedro Ferré. “Memorias del Brigadier General Pedro Ferré” (1921), p. 97, (dos volúmenes). Ed. Coni Hnos., Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Colodrero había asegurado a Leiva, entre otros motivos para no tomar parte en una guerra, que Corrientes no se encontraba en condiciones de afrontar la lucha, ni aun aliada a Santa Fe y Entre Ríos.

Poco después, sin darse cuenta de cómo pasaron las cosas, se encontraba que Corrientes, aislada, debería declararle la guerra a Rosas.

- Pago Largo

En 1838 nadie esperaba en Corrientes una guerra contra Rosas: ni el partido del finado Atienza, ni el de Ferré, ambos muy vinculados a Rosas. Tampoco nadie, fuera de Berón y de Colodrero, trabajó sinceramente en esa guerra.

Sin apoyo en la Legislatura, sin efectivo prestigio popular, sin Ejército, sin plata, Berón y Colodrero se arrojaron a la disparatada aventura. Creyeron cierta la excomunión de Rosas (asegurada intencionalmente por Ferré para hacerlos renunciar) y contestaron inesperadamente con una declaración de guerra.

No tuvieron otro aplauso que el de los emigrados porteños, Manuel Olazábal (expulsado de la República Oriental por Rivera) y sus hermanos. El gobernador ordenó la concentración de las milicias provinciales en Abalos, suerte de mesnada sin armas, sin dinero, sin oficiales probados.

Aquéllo no era para entusiasmar a nadie. Y Manuel Olazábal logró que le comisionaran ante Rivera (pese a su notoria enemistad) para concertar una Alianza que salvara “la libertad”. Marchó a Montevideo el 13 de Diciembre.

De acuerdo a la Constitución de Corrientes el gobernador no podía iniciar gestiones diplomáticas (y menos aliarse con un Estado extranjero); el Pacto Federal también lo prohibía expresamente. Pero las cosas no estaban para escrúpulos legalistas. Las milicias habían sido convocadas equívocamente “para defender a la Federación”(11).

(11) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 342. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

La falta de prestigio de sus jefes, además de la carencia de recursos, provocaba una numerosa deserción. El Congreso Provincial, manejado por Ferré y los atiencistas, era enemigo de la guerra y Colodrero la debe preparar sin su apoyo. Juan Felipe Gramajo, gobernador delegado (Berón está en Abalos con la recluta), “un incordio”(12) en la gráfica expresión epistolar de Colodrero, está también abiertamente contra la guerra. Para peor no había noticias de Olazábal y el ministro recelaba que Rivera lo hubiera fusilado.

(12) “El genio de la discordia -escribe Colodrero a Berón el 14 de Enero de 1839- ha presidido en los consejos de la sexta Legislatura y avezada la mayoría de sus miembros en esta fatal manía, persiste con insistencia en cruzar la marcha circunspecta del Gobierno, guiada -sin duda- de la horrorosa envidia que la devora al divisar los laureles que van a coronarlo de gloria inmarcesible.
“La copia autorizada del gobernador delegado convencerá a Vd. de mis anteriores pronósticos ... ocasionó entre él y yo algunos altercados que me llenaron de disgusto hasta hacerme salir de mi moderación y decirle que parecía que no me había equivocado en mis fundadas sospechas de que él podía ser un factor de los disidentes ... que han contribuido de propósito a atrasar la resolución del negocio (preparar el Ejército) para dar tiempo a que el enemigo se refuerce ... consulta con quien Vd. sabe lo rodean y han aspirado a que otro se siente en la silla que Vd. ocupa.
“Sólo mi desgracia pudo haberme sugerido la idea que dejase ocupando su lugar en esta ocasión tan crítica, a este incordio... Pero cada vez me convenzo de haberme dejado en ésta para lidiar con genios díscolos” (reproducida por Rosas en la “Gaceta Mercantil”, Nro. 4.749 de Abril 24, 1839, por haber sido tomada después de Pago Largo). Todo en “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 126. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes). “Carta del cachafaz unitario Colodrero”, la titula el diario de Rosas. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Pero Olazábal había cumplido su misión. El 31 de Diciembre había firmado con Santiago Vázquez (a nombre de Rivera) el secreto “Tratado de Alianza Ofensiva y Defensiva entre Corrientes y la República Oriental contra don Juan Manuel de Rosas”.

Pero no se apuró en volver; sabía que danzaban millones de francos franceses “para Gastos militares y procurarse aliados” y quiso su tajada, no precisamente para Gastos militares, sino para gastos de la comisión y el bolsillo particular de los gobernantes correntinos.

Según Ferré, consiguió 8.000 patacones para “contentar al ministro Colodrero que los gastó (Olazábal) o los jugó o se quedó con ellos, sin que Colodrero hubiera visto ni uno solo ni sabido esto sino mucho más tarde”(13).

(13) Pedro Ferré. “Memorias del Brigadier General Pedro Ferré” (1921), p. 100, (dos volúmenes). Ed. Coni Hnos., Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

También le sacó dinero a Baradere, nuevo Director francés de la guerra de letras de cambio; y el cónsul le exigió (2 de Enero de 1839) un mínimo de satisfacciones al honor francés antes de aflojar la bolsa:

“... que la provincia de Corrientes por sus representantes o Gobierno revoque dicha adhesión (a los actos de Rosas) y declare de un modo auténtico que se separa de la política seguida por el Gobierno de Buenos Aires relativamente a la Francia, y que los ciudadanos de todas las clases serán tratados como de la nación más favorecida, etc.”(14).

(14) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 263. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El 21 de Febrero Rivera, apurado por Baradere que ya empezaba a desconfiar de sus urgencias monetarias, declaraba solemnemente la guerra “al Gobierno actual de la provincia de Buenos Aires y a todos los que lo sostengan”(15).

(15) Roger y Lamas llevaron a Rivera la declaración de guerra a Mercedes. El general, que estaba en un baile de máscaras (era noche de carnaval), los recibió disfrazado de moro y se apresuró a firmar el documento sin leerlo (confr. Julio Irazusta. “Vida de Juan Manuel de Rosas a través de su Correspondencia” (1943), tomo II, p. 233, Buenos Aires) y, sin quitarse la careta ni los guantes “para volver al baile no bien los comisionados se volvieron a Montevideo”. El Ejecutivo delegado oriental ratificaría el 16 de Marzo (“Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 333. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes). // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El 28, Corrientes (a indicación de Olazábal que había regresado y para cumplir el Tratado de Alianza) se declaraba oficialmente en guerra “con las personas de los brigadieres generales don Juan Manuel de Rosas y don Pascual Echagüe y sus aliados”.

Declararse contra la Confederación hubiera parecido un poco fuerte(16). Esta declaración prudentemente se mantuvo en secreto, tal vez para diluirla si Rosas no iniciaba hostilidades.

(16) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 395. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. La declaración de guerra solamente fue conocida al mes siguiente (26 de Marzo) cuando, en vísperas de Pago Largo, Berón la hizo circular en Bando a los Comandantes Militares (“Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 402. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes).
Después de la declaración de guerra (que no fue aprobada por ley del Congreso Provincial) Berón dio el decreto del 6 de Marzo:
“Considerando:
“La Alianza Ofensiva y Defensiva celebrada el 31 de Diciembre próximo pasado por los Excmos. Gobiernos de la República Oriental y de Corrientes...
“1.- Queda revocada la aprobación dada a la conducta del gobernador de Buenos Aires referente al sostenimiento tenaz de la cuestión que atrajo sobre todo el Litoral de la República Argentina el bloqueo riguroso de la Escuadra francesa, y separada la provincia de Corrientes de la política seguida por aquel Gobierno relativa a la Francia.
“2.- Los súbditos de S. M. el rey de los franceses serán tratados en el territorio de la provincia ... como los de la nación más favorecida” (“Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 267. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes).
// Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

La guerra se produjo por una indiscreción. Los diarios de Montevideo publicaron el Tratado de Alianza (a pesar de ser secreto). Rosas resolvió el 18 de Marzo que...

“... siendo ya indisputable que el actual gobernador de Corrientes, don Genaro Berón de Astrada, se ha ligado por medio del Tratado publicado en Montevideo al bandido Rivera y a los feroces unitarios que lo siguen, como asimismo que se han declarado ambos en guerra con la Confederación Argentina...”, ordena que Echagüe fuera sin pérdida de tiempo a Corrientes a desbaratar las milicias de Berón y luego “perseguir al cabecilla Rivera y a los infames unitarios hasta concluirlos y hasta donde convenga, aunque sea en el territorio de Brasil”(17).

(17) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 300. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Echagüe procedió con diligencia. El 31 de Marzo sorprendía a los contingentes de Berón en Pago Largo que, por supuesto, aventó sin gran trabajo. Aquéllo no fue batalla ni nada parecido: cinco mil hombres sin dirección, sin armas, sin saber por qué se los hacía morir, enfrentados a un Ejército fuerte y sobradamente preparado; dos mil correntinos que no sabían rendirse cayeron muertos gritando ¡Viva la Federación!, el mismo grito de los vencedores.

Berón se retiró de la matanza acompañado por sus húsares y Olazábal. Sufrió un curioso accidente. Según el Informe de Olazábal murió “a consecuencia de una rodada que dio en su fuga, y en la que no pudo absolutamente ser socorrido”(18).

(18) “Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo III, p. 20. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. No obstante este Informe, la muerte de Berón de Astrada es extrañamente desconocida por la mayor parte de los historiadores argentinos. Dejo de lado a Echeverría que lo llamó “Mártir de la Patria”, en su “Dogma Socialista”, porque el poeta nunca pretendió constituirse en historiador. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Los momentos eran apurados y no sería cosa de detenerse por gobernador más o menos. Pero a Montevideo llegó otra versión, traída a José Ellauri por un sobreviviente de la catástrofe, según la cual Berón

“... fue sacrificado por el partido de Ferré ... asesinaron cruelmente a aquel buen patriota que se les entregó de buena fe. Han estado en el papel los porteños y hasta los mismos Olazábales”(19).

(19) José Ellauri a Fructuoso Rivera, 2 de Agosto de 1839. Original en el Archivo de la Nación, Montevideo (“Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo III, p. 16. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Conocida en Corrientes la derrota y muerte de Berón, el Congreso Provincial -donde dominaba la influencia de Ferré- se apresuró a elegir gobernador a éste. El calafate inició entendimientos con Echagüe, pero éste hizo elegir gobernador a otro.

Colodrero se había refugiado en los montes de Santa Lucía(20). El nuevo gobernador federal, coronel (Juan Antonio) Romero, embargó la renta de sus bienes, pero no buscó empeñosamente al ex ministro.

(20) Referencias de Valerio Bonastre (“Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 455. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Anduvo a monte hasta la revolución que eliminó a Romero, el 6 de Octubre de 1839, y entregó -ante la proximidad de Lavalle- nuevamente el Gobierno al partido de Ferré. Volvió Colodrero a la ciudad pero, distanciado de Ferré y los suyos, no ocuparía cargo alguno en la Administración ni en el Congreso Provincial

- Estudiante de Derecho

Tenía sesenta años y la aventura ministerial acababa de despertarle una vocación por las cosas jurídicas. Empeñosamente se puso a estudiar Derecho Civil y Derecho Canónico en el retiro de su casa; lo hizo con provecho y su asesoramiento fue requerido constantemente no obstante no poseer la habilitación de abogar.

Después de Laguna Brava (6 de Mayo de 1843) se instala nuevamente el Congreso. Un nuevo y poderoso partido se ha iniciado en la política provincial: el de los Acosta, cuyo sobrino -Joaquín Madariaga- es elegido gobernador.

La presidencia del Congreso la ocupa Juan Baltasar Acosta, de antigua militancia rivadaviana, quien lleva a la secretaría a Colodrero. No puede con su inquietud el muchacho alocado: toma partido inmediatamente contra el gobernador en sus diferencias con Paz y consigue arrastrar consigo a la mayoría del Congreso. Se proyecta nada menos que la deposición de Madariaga por creérselo -fundadamente- en connivencia con Urquiza.

Pero el gobernador, advertido, disuelve el Congreso y somete a los diputados y al secretario a un juicio riguroso. “Todos respondieron con evasivas y ambigüedades -dice el historiador correntino Bonastre-. Sólo Colodrero, que había vuelto como había ido, con la integral posesión de sus singulares energías, contestó con altiva dignidad”(21).

(21) Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 456. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Su castigo fue confinarlo en San Roque para impedirle abogar en Corrientes. Y allá fue otra vez con sus libros de Derecho a prepararse alegremente para el regreso, cuando los Madariaga no estuvieran en el Gobierno.

Volvió a la ciudad después de Vences (27 de Noviembre de 1847). Allí estaba cuando el joven ministro Pujol le ofreció la diputación al Congreso Constituyente de Santa Fe. Nadie a la verdad mejor indicado -fuera naturalmente de Ferré- para representar a la provincia por sus muchas lecturas, práctica en leyes y la vitalidad que emanaba de todas sus palabras y actos.

El 21 de Septiembre de 1852 aceptaba en una expresiva Nota el Acta ofrecida por sus comprovincianos. Tenía setenta y cuatro años(22).

(22) Provincia de Corrientes - Ley Nro. 732 (Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad)” (1938), tomo II, p. 457. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- Rosas nos ha enseñado a perderles el miedo

Colodrero formó en la minoría de montoneros opuestos a la Constitución, junto con Ferré, Leiva, Zuviría y los Padres Pérez y Centeno. Defendió la unidad del culto y el viejo federalismo criollo, tan distinto al norteamericano de la Carta que se aprobaba.

Discutió el valor del Tratado con Inglaterra de 1825, gran argumento de los sostenedores de la libertad de cultos; como Gorostiaga, deplorablemente, mencionó el poder de la Inglaterra “que con sus barcos y cañones” nos obligaría a respetar el Tratado por encima de cualquier escrúpulo legal, “Rosas nos ha enseñado a perderles el miedo a esas potencias poderosas”, repúsole el ex ministro de Berón de Astrada(23).

(23) Sesión del 24 de Abril. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

A Juan Francisco Seguí, que sostenía la libertad de cultos “porque es indispensable para el progreso del país por la inmigración”, le dijo que “prefería la inmigración de extranjeros católicos, adornados de las mismas calidades que no creía exclusivas de los protestantes”.

Justamente, la unidad religiosa sería el mejor medio para seleccionar la inmigración(24).

(24) Sesión del 24 de Abril. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

No fue una excepción entre los montoneros. No le pagaron sus dietas ni recibía crédito en parte alguna. Escribió a Pujol pidiendo ayuda porque...

“Me es muy dispendiosa mi subsistencia en este destino (Santa Fe) por la falta de ocurrirnos con los subsidios; en pocos días van a agotarse los recursos miserables que nos han suministrado y no tengo esperanza de que nos socorran más adelante”(25).

(25) Francisco Manzi. “Pedro de Alcántara Díaz Colodrero” (1943), monografía presentada a las Jornadas de la Constitución, Santa Fe. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Debe volverse a Corrientes, donde la Legislatura lo desagravia haciéndolo abogado “por sus muchos conocimientos”(26).

(26) Francisco Manzi. “Pedro de Alcántara Díaz Colodrero” (1943), monografía presentada a las Jornadas de la Constitución, Santa Fe. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Hacía años que practicaba sin tener título, llevado por su imbatible vocación. Ahora reabre su bufete, el más prestigioso del foro correntino; a su versación jurídica unía el empuje de una actividad incansable y la cordura y serenidad de los dictámenes pues, como al Quijote, le llegaba la razón al término de su vida.

Moriría en Corrientes el 2 de Marzo de 1859. Las crónicas nada dicen de su tránsito ni de su entierro. Pero debe descartarse que además del Cura y del Barbero, del Ama, la Sobrina y el Bachiller, muchas dulcineas correntinas llorarían la partida del alegre Hidalgo de ochenta años.

Los jóvenes de la ciudad añoraron por mucho tiempo al viejo que tenía el arte de la conversación, a quien no dejaron abatir los endriagos constitucionales del Congreso de Santa Fe.

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