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Cadogan, León

León Cadogan rembihasakue.

Nació en Asunción, en 1899. Fue calificado como “el más grande símbolo de la primera mitad del siglo XX en Antropología paraguaya”. Sus dos principales obras de investigación y recopilación, son: “Ayvu Rapyta” e “Yvyra ñe’ry”, además de otros numerosos artículos que fueron publicados en revistas especializadas y diarios nacionales y extranjeros.

Hijo de australianos, la vida de León Cadogan apenas contiene nada de especial hasta pasados los cuarenta años. Desde pequeño, en que sólo habla el inglés, transcurre su vida deambulando por varias poblaciones. Cumple con la escuela primaria de campaña; aprende castellano con uno de sus patrones.

Asentado en Villarrica, desempeña alguna función pública para el Gobierno. A los treinta y cinco años hace el primer contacto con los mby’a, una parcialidad guaraní. Poco después comienza a recopilar, “por curiosidad”, algunos cantos y expresiones mby’a. Los publica, ocasionalmente, en periódicos de la época.

A sus cuarenta años se da cuenta de la importancia de todo ésto. Carente de conocimientos antropológicos y lingüísticos básicos para la comprensión de todo aquel material, viviendo en el Interior del Paraguay, se pone en contacto -por correo- con amigos que le facilitan libros y conocimientos.

Conoce a Egon Schaden, Paulo Carvalho Netto, Bernard Pottier, Herbert Baldus, Alfred Metraux, Claude Levi-Strauss. Aprende alemán, portugués, francés.

Cadogan muere el 30 de Mayo de 1973, convertido en etnógrafo y lingüista, creador de una nutrida obra, conocido y valorado internacionalmente, dejando tras de sí una línea de continuadores.

En el epitafio de su tumba figura su nombre mby’a: “Tupã kuchuvi veve” (Dios torbellino que vuela).

Su obra “Ayvu Rapyta”

León Cadogan publicó su obra “Ayvu Rapyta” como resultado de su convivencia con un grupo mby’a, quienes transmitieron sus creencias y costumbres a lo largo de toda su permanencia entre ellos.

Pero, ¿cómo llega a esa verdad de la cosmovisión mby’a?

Cuenta alrededor de cuarenta y cinco años, siente que ha “fracasado en política y negocios” y las circunstancias lo colocan en una situación especial: un paisano mby’a es condenado como homicida por la Justicia paraguaya y enviado a la cárcel. Cadogan se preocupa por él y, luego de tres años, consigue su libertad.

Al ser liberado, el paisano pregunta al cacique de su parcialidad si había revelado ya a su defensor “el origen de las palabras-almas y los himnos sagrados de los huesos de quien porta la vara-insignia”.

Así es como el cacique mby’a, Pablo Vera, en agradecimiento, le proporciona intérpretes, le dicta mitos y leyendas, descubre para él un guaraní esotérico, impenetrable y arcaico, poseído sólo por los “iniciados”.

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