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Alvear en el Río de la Plata

El estallido de la revolución de Mayo en Buenos Aires precipitó a que Carlos María de Alvear pidiera licencia del ejército español a fines de 1810, la que se prolongó hasta su traslado a América.

A principios de 1811 exigió a su padre la parte de la herencia de su madre -que era considerable- y la utilizó para financiar sus proyectos revolucionarios.

Puesto de acuerdo con José Matías Zapiola, Martiniano Chilavert (niño aún, que viajaba con su padre Francisco Chilavert), José Francisco de San Martín, el barón de Holmberg, etcétera, Alvear se embarcó con ellos en la fragata inglesa “George Canning”, con la cual arribaron a Buenos Aires el 9 de Marzo de 1812.

Acompañaba también a Alvear su joven esposa, Carmen Quintanilla, hermosa andaluza con la cual había contraído enlace poco antes, en España. Apenas desembarcados, aquellos hombres se apresuraron a ofrecer sus servicios al Gobierno de Buenos Aires.

El primer Triunvirato lo nombrará Capitán y Sargento Mayor del flamante escuadrón de granaderos a caballo. Fue quien presentó a San Martín en la sociedad porteña y también su padrino de casamiento.

Una de las primeras preocupaciones de los recién llegados fue el establecimiento de la Logia Lautaro en Buenos Aires, análoga a la de los Caballeros Reales establecida en Europa. Aquella institución tuvo resultados decisivos en la marcha de los negocios políticos en el Río de la Plata.

Por otra parte, el Gobierno confió a San Martín la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, cuerpo en el cual Alvear obtuvo el empleo de Sargento Mayor, con fecha 17 de Marzo de 1812, grado muy superior al que poseía en España donde sólo había llegado a Alférez de carabineros, que equivalía a uno más elevado en los Cuerpos comunes.

Carlos María de Alvear trabajó, junto a San Martín, Zapiola, Martín Rodríguez y otros, en la organización de la Logia Lautaro, un grupo secreto que intentaba corregir la dirección política del Gobierno.

La logia fue creada con la finalidad de obtener la Independencia de la América hispana de la Corona de los reyes de España y dictar una Constitución basada en el liberalismo que estableciera un Estado republicano y unitario.

Para lograr tal fin encabezó con San Martín la insurrección del 8 de octubre de 1812 que reemplazó al primer Triunvirato por el segundo y que convocó a la Asamblea del año XIII. Organizó las elecciones de los representantes porteños y de las provincias(1) y será el primer presidente de dicha Asamblea.

(1) La Logia Lautaro nombró a muchos de los diputados de las provincias del Interior directamente desde Buenos Aires. Convenció a algunas ciudades de nombrar diputados residentes en la capital y reemplazó a los que no le gustaron por otros, directamente nombrados por el Cabildo de Buenos Aires. Como resultado de las acciones de Alvear, alrededor de la mitad de los diputados por las provincias del Interior fueron nombrados por el Cabildo de la capital.

En tanto, Alvear también contribuyó a la organización y disciplina de los Granaderos a Caballo. Intervino también en los asuntos políticos y se le señala como uno de los inspiradores del movimiento del 8 de Octubre de 1812 que cambió los hombres del primer Triunvirato y que salvó los verdaderos principios de Mayo, encaminándolos por la senda que habían marcado sus dirigentes.

Alvear fue elegido suplente de uno de los triunviros nombrados a raíz del mencionado movimiento. Poco después fue designado Presidente de la Sociedad Patriótica Literaria y el 15 de Diciembre de 1812 era promovido a Teniente Coronel de Granaderos a Caballo. Es justicia recordar que Alvear renunció a sus sueldos en beneficio del Estado.

Triunfante el movimiento de Octubre, San Martín y Alvear dirigieron el partido triunfante, y con la ayuda de la Logia Lautaro se propusieron organizar definitivamente al país, promoviendo la reunión de la Asamblea General Constituyente que se verificó a comienzos de 1813 y la que debía dar la Constitución a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En esta Asamblea, Alvear tuvo la representación de la provincia de Corrientes y en ella fue elegido su primer Presidente. Fácil es deducir de este hecho, la preponderancia política que adquiría entonces y la intervención personal que tuvo en los asuntos más resonantes de la época, sea en la reorganización de los poderes públicos y sanción de leyes fundamentales, sea en la dirección de las operaciones militares en la que fue factor de primera entidad.

Es un caso excepcional el que presenta Alvear en aquellos momentos pues apenas contaba 23 años cuando era la cabeza dirigente de los asuntos políticos de su patria.

Pero esta preponderancia de Alvear en los negocios públicos le apartó completamente de San Martín desde entonces, desunión a la que contribuyó poderosamente la diferencia de edad entre ambos y, sobre todo, los conceptos totalmente distintos de San Martín con relación a Alvear en los negocios públicos.

El primero, con su victoria de San Lorenzo, acababa de probar a la patria de que sus condiciones de soldado estaban a la altura de la fama adquirida en Europa. Alvear, por su parte, no se despreocupó de su carrera militar no obstante sus éxitos políticos y, el 4 de Junio de 1813, se hacía nombrar coronel del Regimiento Nro. 2 de Infantería.

Entretanto, Alvear pensó en alejar a San Martín de la capital y para ello sacó provecho de las derrotas sufridas por Manuel Belgrano en Vilcapugio y Ayohuma haciéndolo relevar por San Martín.

Se dice que cuando éste partió para Tucumán a recibirse de aquel comando, Alvear le acompañó hasta las afueras de la ciudad y, al despedir al futuro Capitán de los Andes, aquél murmuró lo suficientemente fuerte para que le oyeran los de su séquito: “Ya cayó el hombre”.

Pero San Martín, verdadero genio, al llegar a Tucumán y realizar un estudio concienzudo de la situación militar, comprendió que aquél no era el camino para llegar a Lima, objetivo que debía proponerse un general de su talla, ya que la Ciudad de los Virreyes era la base principal del poderío hispano en América.

Sólo su posesión daría a los patriotas la independencia definitiva, pues los triunfos efímeros que pudieran lograr los ejércitos de la revolución podrían ser en breve transformados en derrotas por las fuerzas reales que se organizasen en el centro de recursos de los españoles, esto es, en Lima.

La capacidad del general San Martín y su genio lo desviaron de la senda tortuosa en que pretendió encaminarlo su ex amigo Alvear, ya que si hubiese insistido en avanzar por el Alto Perú el fracaso habría sido la muerte de aquel hombre extraordinario.

Pero “el hombre no cayó”. Lástima grande es "tener que registrar este episodio, dado que lo revela no sólo ambicioso en extremo sino también antipatriota al general Alvear, ya que pretendió hacer fracasar al hombre arquetipo de la Nación, no siéndole desconocido a Alvear que San Martín se había destacado en la Madre Patria con brillo inusitado, no obstante ser americano de origen"(2).

(2) Jacinto R. Yabén. “Biografías Argentinas y Sudamericanas”.

A mediados de 1813, por su nombramiento de coronel del Nro. 2, Alvear renunció a su banca en la Asamblea, convirtiendo a aquel regimiento en un modelo de organización.

Poco después diósele la Comandancia General de las tropas destinadas a la defensa de la capital con el título de General en Jefe de dicho ejército. Incansable en su obra, Alvear prestó entonces su decidido apoyo a Juan Larrea, que el 5 de Noviembre de 1813 reemplazó a uno de los triunviros, en su empresa de organizar una escuadra para destruir la realista y poder dominar las aguas del Plata.

Contribuyó en esta obra disciplinando las tropas de tierra que estaban destinadas para tripular las unidades navales y reprimió en una oportunidad una sublevación de los tripulantes del bergantín “Nancy”, que se habían revelado por querer hacérseles prestar servicios en un medio ambiente al que no estaban acostumbrados.

Alvear siguió participando en política a través de la Logia, la que se dividió entre los partidarios de San Martín y los de Alvear, por lo que éste -con mayor influencias políticas- lo alejó del poder poniéndolo al mando del Ejército del Norte y ambicionando el poder político y basándose en el centralismo que había existido en el antiguo virreinato, logró que la Asamblea General creara el Directorio a cargo de un Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata para el cual hizo elegir a su tío Gervasio Antonio de Posadas (primo de su madre).

Designado Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 31 de Enero de 1814 prestó a Alvear el máximo apoyo para que prosiguiese la preparación de las fuerzas que alistaba para reforzar las fuerzas sitiadoras de Montevideo. Alvear había establecido su campo de instrucción en Olivos y allí disciplinó Cuerpos de nueva creación, formados con esclavos libertados.

Con el Alto Perú en poder de los realistas y Chile en peligro, la toma de la guarnición de Montevideo -con 5.000 soldados españoles- era un objetivo indispensable porque era un peligro permanente sobre Buenos Aires ya que podía ser utilizada como base de operaciones en el caso de una expedición punitiva contra el Río de la Plata.

El sitio de Montevideo, iniciado en 1812, no había tenido hasta entonces resultados satisfactorios ya que mientras la Armada española tuviera acceso al puerto de Montevideo, la posición de los españoles era inexpugnable(3).

(3) Durante su estadía en Cádiz, Alvear había visto la inutilidad del sitio terrestre que le habían impuesto los franceses sin apoyo naval. En su opinión, el sitio de Montevideo “no era más que un bloqueo, no podía absolutamente obligarse a rendirse esta ciudad ... Así pues, era preciso una escuadra para apoderarnos de tan importante punto, con cuya ocupación podíamos considerar como asegurada la causa de la libertad”.

En 1814, Alvear y Juan Larrea impulsaron la creación de una escuadra naval que, al mando de Guillermo Brown, realizaría la campaña naval de 1814.

En Febrero de 1814 se produjo un motín de las tripulaciones de dos de sus buques lo cual, sumado a la oposición de San Martín al proyecto, convenció a Posadas de que era hora de “desarmar los barcos”. Con medidas enérgicas, Alvear consiguió sofocar el motín y disuadió al Director Supremo de esta resolución.

Gracias a ello, el 8 de Marzo e 1814, Brown pudo finalmente hacerse a la vela para librar su primer combate naval contra una flotilla realista que se encontraba en la isla Martín García.

En pocas semanas también “quedaron igualmente prontas y listas para marchar las tropas que debían pasar a reforzar el sitio, así como todo el material necesario para aquel ejército: armamento, municiones y vestuario”.

A principios de Abril de 1814, una vez reparados los buques que habían combatido en Martín García, la escuadra quedó en condiciones de operar sobre Montevideo.

El Director Supremo, Posadas, nombró a Carlos María de Alvear comandante del ejército que sitiaba a los realistas en Montevideo, reemplazando a José Rondeau, pero no asumió el mando de este ejército sino después de la victoria naval de Brown frente a Montevideo, por lo que su actuación militar fue muy breve pero exitosa.

En Mayo de 1814 fue nombrado Comandante en Jefe de la línea de Montevideo en sustitución del general José Rondeau, marchando para aquel destino a la cabeza de 1.500 hombres y haciéndose cargo de su puesto el mismo día que Guillermo Brown derrotaba a la escuadra española en aguas de Montevideo.

El ejército sitiador, con los refuerzos recibidos, subió a 5.000 hombres, fuerza muy poderosa que el general Vigodet no se atrevió a resistir y, en tal virtud, el 20 de Junio abrió negociaciones con su enemigo capitulando con todas sus fuerzas el día 23, en que Alvear hizo su entrada triunfal en la ciudad.

En premio a su triunfo, el día 25 de aquel mes era promovido a Brigadier efectivo con retención del mando del Nro. 2.

Alvear negoció la entrega de la plaza y utilizando un ardid la obligó a rendirse a discreción el 20 de Junio de 1814. Ese triunfo modificó sustancialmente la geografía de la revolución en el área del Río de la Plata en beneficio de los porteños.

La victoria no dio todos los resultados positivos que se esperaban de ella por las crecientes disidencias del Gobierno de Buenos Aires con José Gervasio Artigas, el líder de los revolucionarios orientales: éste reclamó que la Ciudad de Montevideo le fuera entregada a los orientales.

Alvear llamó a Artigas a negociar su entrega pero Artigas, desconfiando de sus intenciones, envió en su lugar a Fernando Otorgués, que acampó con su división a cierta distancia de la ciudad.

Al día siguiente de la toma de la plaza, Alvear avanzó al frente de una división, iniciando tratativas con Otorgués mientras reunía otras fuerzas. Acusó a Otorgués de haber intentado sublevar a las tropas realistas en su contra y atacó en Las Piedras el campamento de aquél, cuyas tropas fueron completamente dispersadas.

“La noche misma de la capitulación supo Alvear que el caudillo Fernando Otorgués, teniente de Artigas, se había aproximado a la plaza y había escrito a los jefes de la fuerza capitulada invitándolos a unirse a él, tomar la campaña y declarar la guerra a los porteños. Alvear salió inmediatamente en busca del rebelde con una división ligera y el 25 lo batía completamente en Las Piedras. Como consecuencia de esta derrota, Artigas reconoció el Directorio en un solemne Tratado”(4).

(4) Jacinto R. Yabén. “Biografías Argentinas y Sudamericanas”.

La capitulación dio inmenso material de guerra para los ejércitos de Buenos Aires, y ella traía aparejada la rendición de Romarate en el Uruguay y la conclusión de la guerra en la parte Oriental.

El 7 de Julio, Alvear presentaba al Director Posadas las ocho banderas realistas tomadas. La Asamblea declaró a todos “beneméritos de la Patria en grado heroico” y acordó escudos y medallas con el lema: “La Patria reconocida a los libertadores de Montevideo”. Alvear fue ascendido a Brigadier General.

El Gobierno porteño envió parte de las fuerzas del sitio de Montevideo a unirse al Ejército del Norte, cuyo comandante era Rondeau después de la renuncia de San Martín. A las pocas semanas, Alvear fue enviado nuevamente a la Banda Oriental a aplastar la oposición armada de Artigas, dirigiendo una campaña compleja.

El Director Posadas ordenó que Alvear repasara el Uruguay para batir a José Artigas que se acababa de sublevar y la fortuna favoreció al joven general, que derrotó al caudillo rebelde en “Mercedes”, en el “Yí”, en “Minas” y en el “Alférez”, obligando a Artigas a retirarse a los potreros de Arerunguá y a su segundo Otorgués a refugiarse en territorio portugués. Como parte de esta misión, Manuel Dorrego venció a Otorgués en la batalla de Marmarajá. Esta victoria, que pareció definitiva, significó el regreso de Alvear a Buenos Aires, pero Artigas y sus aliados continuaron la rebelión.

Esta campaña fue breve pero erizada de obstáculos que Alvear supo escalar con suma habilidad y tino pues el enemigo que debió combatir conocía el territorio palmo a palmo y poseía mejores medios de movilidad.

Poco después el Director Posadas designaba al general Alvear para comandar el Ejército del Alto Perú, en sustitución del general Rondeau.

El nuevo General en Jefe se puso en camino para ocupar su puesto pero, al llegar a Córdoba, supo que el 8 de Diciembre de 1814 se había producido en Jujuy una asonada encabezada por los jefes de los cuerpos adictos a Rondeau los que destituyeron a los que eran partidarios de Alvear separándolos de sus regimientos o batallones y despachándolos para Buenos Aires.

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