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Misiones diplomáticas en Inglaterra, Estados Unidos y Bolivia

En 1822, Carlos María de Alvear retornó a Argentina luego de siete años de exilio, gracias a la denominada Ley del Olvido dictada por el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires, el general Martín Rodríguez. Además, Alvear se acogió a la reforma militar del 2 de Julio de aquel año, retirándose a la vida privada.

El 19 de Marzo de 1823 fue llamado por el Gobierno para defender su autoridad, atacada tumultuariamente aquella noche y, al día siguiente apareció un comunicado diciendo que el “general Alvear había servido en defensa de la causa del Gobierno con su persona y consejo”.

- En Londres
Las autoridades porteñas le encargaron una misión ante el Gobierno británico. En Londres, Alvear tuvo una importante entrevista con George Canning, secretario de Relaciones Exteriores, durante la cual enfatizó que las Provincias Unidas del Río de la Plata eran de facto independientes y que tenían un Gobierno estable.

También hizo hincapié sobre la justicia de los reclamos de Buenos Aires sobre la Banda Oriental, ocupada desde 1817 por Portugal y luego por el Imperio de Brasil.

Pocos días después de esta entrevista, en una decisión influida -entre otros antecedentes- por las expresiones de Alvear, el gabinete inglés decidió reconocer la independencia de las Provincias Unidas.

En Septiembre de 1824 fue designado Ministro Plenipotenciario ante la República de Colombia, puesto que no alcanzó a ocupar.

- En Washington
A mediados de 1824 Alvear llegó a la capital de Estados Unidos donde se reunió con el presidente James Monroe y con John Quincy Adams, secretario de Estado.

A ambos les manifestó el interés del Gobierno de Buenos Aires en que Estados Unidos apoyara sus reclamos sobre la Banda Oriental.

La visita a Estados Unidos lo hizo acompañado de su secretario, el coronel Tomás de Iriarte. Monroe lo recibió en audiencia en la Casa Blanca el 14 de Octubre de 1824 y, al día siguiente, en una segunda entrevista, el líder estadounidense expuso a Alvear la famosa doctrina “América para los Americanos”.

El representante argentino agradeció profundamente a Monroe sus interesantes confidencias y le pidió explicase sus puntos de vista con relación a los Estados de la América del Sur y a los propósitos de la Santa Alianza de Europa, lo que el presidente estadounidense explicó con toda amplitud, conmoviendo hondamente al representante argentino y a su secretario, único testigo.

- En Bolivia
Poco después de haber llegado a Buenos Aires, Alvear fue convocado para cumplir una delicada misión diplomática ante Simón Bolívar, acompañado por el doctor José Miguel Díaz Vélez, actuando como secretario Domingo de Oro. En Mayo de 1824 fue nombrado Ministro Plenipotenciario cerca del Libertador.

El objetivo oficial era felicitar a éste por sus recientes triunfos, negociar la devolución de la provincia de Tarija y lograr una Alianza frente a la inminente guerra contra el Imperio del Brasil por la Banda Oriental.

Gracias a las cartas que recibía del deán Gregorio Funes -su agente en Buenos Aires- Bolívar sabía perfectamente qué buscaban los porteños. Alvear compartía al ambicioso proyecto de Bolívar de crear una gran República hispanoamericana que incluyera a Chile y los territorios del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

En momentos en que las ideas monárquicas todavía estaban en boga, Alvear veía en el venezolano una encarnación de George Washington, un personaje capaz de aglutinar las distintas facciones que se disputaban el poder detrás de un proyecto republicano común, similar al que habían creado los norteamericanos.

No abandonaba sus ambiciones políticas y esperaba jugar un papel importante en esa república(1).

(1) Entre quienes lo apoyaban se encontraba Manuel Dorrego, quien se había exiliado durante un tiempo en Estados Unidos y compartía su admiración por el sistema norteamericano. Este lo acompañaría en su viaje al Alto Perú a como representante de un grupo inversor minero.

En Noviembre de 1824 -mientras Alvear iniciaba su regreso a Buenos Aires- el ejército de Simón Bolívar asestaba un golpe decisivo y final a la dominación colonial española en la batalla de Ayacucho. Este triunfo hizo que el Gobierno porteño abrigara esperanzas de que Bolívar interviniera en favor de los intereses de las Provincias Unidas en contra del Imperio de Brasil.

El 28 de Enero de 1825 Juan Gregorio de Las Heras nombró a Alvear Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno de la República de Colombia (Nueva Granada, Venezuela y Ecuador), siendo su secretario el teniente coronel Tomás Iriarte(2).

(2) Decreto con el nombramiento de Alvear como Ministro Plenipotenciario en Colombia.

Al mismo tiempo designó, con idéntico carácter de Ministro Plenipotenciario, al doctor Díaz Vélez, en legación conjunta.

El 7 de Octubre de 1825, Alvear y Díaz Vélez llegaban a Potosí y fueron recibidos solemnemente por el Libertador de Colombia, iniciándose las negociaciones para la devolución de Tarija a las Provincias Unidas.

Tras unas audiencias privadas del 8 y el 9 de Octubre de 1825, Bolívar recibió oficialmente a la misión Alvear-Díaz Vélez diez días después. En principio ambos ministros lograron que Bolívar aceptara la propuesta del doctor Díaz Vélez y el 17 de Noviembre de ese año ordenaba al mariscal Antonio José de Sucre, flamante primer Presidente de Bolivia, la devolución de Tarija contra su voluntad.

El joven Ciriaco Díaz Vélez -que acompañaba a Alvear como edecán- tomó posesión de Tarija el 17 de Noviembre de 1825.

Reanudadas las conferencias, Bolívar se excusó de tomar partido a favor de la Argentina contra el Brasil y teniendo que trasladarse aquél a Chuquisaca, invitó a los huéspedes que lo acompañaran, lo que fue aceptado. Allí se renovaron las conferencias pero sin obtener ningún resultado.

El 2 de Enero de 1826, el Libertador despedía en audiencia pública a los enviados de Buenos Aires, que regresaban a la patria.

No obstante, la misión no tuvo el efecto buscado: tras un breve período de subordinación a las Provincias Unidas, el 26 de Agosto de 1826 Tarija se incorporó a Bolivia(3).

(3) Según algunas fuentes, parte de la responsabilidad por el fracaso debe achacarse a los enviados argentinos, que se habrían enemistado con las nuevas autoridades altoperuanas, entre otras razones por un amorío de uno de ellos con una monja. // Citado por Oscar Alberto Muiño. “La Misión Alvear-Díaz Vélez al Alto Perú”, en revista “Todo es Historia”, Nro. 196.

En respuesta a la anexión boliviana, el Congreso Constituyente de la Argentina sancionó la Ley del 30 de Noviembre de 1826 -promulgada el 1 de Diciembre- por la que declaró a Tarija y su territorio adyacente como una provincia argentina, separada de la de Salta.

En una carta al general Francisco de Paula Santander, vicepresidente de Colombia, Bolívar explicaba que

“el general Alvear, que según todas las noticias es el militar de más crédito, y que realmente tiene mérito, se vuelve inmediatamente a Buenos Aires con grandes miras; él desea ponerse de acuerdo conmigo en todo y por todo; ha llegado a proponerme (como pensamiento secreto) la reunión de la República Argentina y Boliviana ... él no abandona este proyecto por nada, y menos aún de llamarme a fijar los destinos del Río de la Plata; él dice que sin mi su patria vacilará largo tiempo, y que exceptuando cuatro individuos del Gobierno, todo el pueblo me desea como un ángel de protección”.

El Libertador confesó a Alvear que su propuesta era

“muy conforme con mis deseos íntimos ... la liga de esta República con la Argentina la quisiera yo extensiva a toda la América antes española, conforme al proyecto general de federación”.

Paralelamente, Alvear y Díaz Vélez presionaron a Bolívar para que interviniera en el conflicto que se avecinaba por la Banda Oriental. Alvear intentó convencerlo de

“la necesidad de dar algunos pasos que mantengan al Brasil en la persuasión de que S. E. está decidido a asistir a la Nación Argentina en la guerra que se ve forzada a sostener contra el Imperio para, de este modo, coadyuvar a determinar las intenciones que manifiesta el Emperador, las cuales no pueden dimanar sino del temor de las consecuencias de una lucha contra todos los nuevos Estados”.

Alvear creía conveniente que

“a todo trance y a toda costa, se evite declarar nosotros la guerra por ahora, y sería muy conveniente a mi ver, hacer gran bulla con Bolívar, para que el Brasil se contenga y dar tiempo a que las cosas maduren”.

Pero el venezolano se negaba a involucrarse, a pesar de que personalmente se sentía atraído por una causa que prometía agregar más laureles a su corona(4).

(4) En el entorno bolivariano las opiniones estaban divididas. El principal opositor a la idea de auxiliar a las Provincias Unidas era el general Santander, quien advirtió a Bolívar que “de ningún modo debe dirigir personalmente la contienda”. Por otra parte, el mariscal Antonio José de Sucre era proclive a un Acuerdo o Alianza con Buenos Aires y se preparaba para una guerra con Brasil. Luego de la partida de Alvear a Buenos Aires, Sucre pidió a Bolívar que lo aconsejara “como padre y amigo” respecto a si debía casarse o no, ya que “si Ud. considera que yo deba estar libre y expedito para ir con algún ejército contra los del Brasil ... Ud. me dirá francamente lo que debo hacer”.

Fuentes contrarias a la versión unitaria de la entrevista refieren que no había interés en las tropas de Bolívar por el peligro que significaban para el centralismo porteño. Por su parte, Bolívar enfrentaba presiones de Inglaterra, a quien debía gran parte de su éxito y su gloria.

El Libertador sabía que George Canning se oponía a que interviniera en la guerra que se avecinaba, y la inminente mediación inglesa y el interés de la Corona británica por evitar un conflicto sugerían que la guerra no tendría lugar. Sin guerra, no habría gloria; estas consideraciones convencieron a Bolívar de dejar de lado la situación en el Río de la Plata.

- Guerra con el Imperio del Brasil

Luego de que Bolívar partiera rumbo a Lima, Alvear decidió regresar a Buenos Aires. En su ausencia, en Buenos Aires el Congreso General había elegido presidente a Bernardino Rivadavia que, al regreso de Alvear, lo nombró ministro de Guerra y Marina.

Aunque éste tenía una buena relación con el nuevo presidente, como jefe de partido abrigaba ambiciones políticas propias(5), por lo que aceptó el nombramiento sólo después de algunas semanas de indecisión, probablemente con la promesa de que sería eventualmente nombrado Comandante en Jefe del Ejército.

(5) En Mayo, Sucre reportaba a Bolívar que “el general Alvear admitió el ministerio de Guerra según dice una gaceta de Buenos Aires; él me dice de Tucumán que aún nada resolvía”. A Alvear no le convenía plegarse al Gobierno de Rivadavia ya que ello significaba descartar, o como mínimo posponer, los planes que había acordado con Bolívar. Además, habiéndose declarado la guerra con Brasil, lo que más deseaba no era formar parte del nuevo gabinete, sino comandar el ejército. Según Iriarte, quien convenció a Alvear fue su amigo oriental Santiago Vázquez, quien se desempeñaba entonces como funcionario en el ministerio de Guerra: “Vázquez no le ocultó (a Alvear) que el presidente Rivadavia sabía de sus íntimos planes con el Libertador (Bolívar) y lo conjuró a que desistiese de tan peligrosas relaciones”. Rivadavia estaba convencido que los planes de Bolívar eran coronarse como Emperador y convertirse en el Napoleón de América. En cuanto a Alvear, tenía una opinión elevada de sus aptitudes militares pero lo consideraba un rival peligroso. Invitándolo a su gabinete, Rivadavia hábilmente buscaba atraerlo a su redil para evitar que se convirtiera en un enemigo de su Administración.

Poco después y frente a la decisión del pueblo oriental de incorporarse a las Provincias Unidas del Río de la Plata, el Imperio del Brasil declaró la guerra a la Argentina. Desde el ministerio de Guerra se dedicó eficazmente a mejorar el estado y la organización del ejército. A fines de Marzo de 1826 las tropas contaban con dos mil ochocientas plazas, en su mayoría reclutas.

A estas fuerzas se sumaban cerca de 2.500 milicias irregulares al mando del caudillo oriental Juan Antonio Lavalleja. La posibilidad de una ofensiva contra el Imperio quedaba totalmente descartada a menos que se pudiera remontar, armar y aprovisionar al ejército.

Con la seguridad de mandarlo poco después, Alvear se dedicó a aprovisionarlo al máximo.

Una crisis de mando en el ejército, la inminencia de una ofensiva brasileña y la necesidad de mostrar algún triunfo militar antes de iniciar negociaciones de paz convencieron a Rivadavia de nombrar a Alvear como Comandante en Jefe del Ejército a mediados de 1826(6). Alvear tenía 37 años y una relativamente larga carrera militar y política(7).

(6) Nombramiento de Alvear como ministro de Guerra y Marina, el 8 de Febrero de 1826.
(7) Muchos personajes de su época lo consideraban militarmente muy capaz pero esa opinión no era unánime ni mucho menos. La muy negativa opinión de Iriarte, por caso -por más que sus Memorias resulten sumamente sesgadas por sus rencores- resulta característica. Muchos de sus propios subordinados no estuvieron de acuerdo en que sus antecedentes capacitaran a este general para mandar un ejército de casi 10.000 hombres, ni menos aún para ponerse al frente de la parte de su ejército formado por caudillos orientales como Lavalleja y Manuel Oribe. Su carrera no se comparaba con la de otros generales que habían luchado en la Guerra de la Independencia argentina, como Gregorio de Las Heras, Eustoquio Díaz Vélez o Martín Rodríguez ni, por cierto, la de José de San Martín, que ya no estaba en el país. De hecho, su carrera se componía de algunos períodos no muy largos de actividades de campamento y -en lo que a batallas se refiere- algunos combates en España, el ataque a traición al campamento de Otorgués y la batalla de Cañada de la Cruz.

El 14 de Agosto de 1826, el presidente Bernardino Rivadavia designaba al general Alvear (que era su ministro de Guerra y Marina desde el 8 de Febrero de 1826) para mandar como Jefe del Ejército Republicano de Operaciones contra el Brasil, cargo del cual se recibió aquél el 31 del mismo mes.

A su favor, Alvear tenía cierta experiencia diplomática que le hubiera permitido tener una visión amplia del problema político-diplomático, pero su experiencia en Río de Janeiro y Montevideo lo hacían más que sospechoso de pretender alcanzar objetivos políticos que nada tenían que ver con su misión. Sus enemigos dentro y fuera del ejército, que no eran pocos, temían “el poder militar que podría crearse” Alvear si lograba una victoria.

Al parecer, el Gobierno no tenía interés en concentrar sus fuerzas en el objetivo de recuperar la Provincia Oriental; este objetivo era deseable -dentro de ciertos límites, ya que incluía reincorporar el puerto de Montevideo, rival del de Buenos Aires- pero no indispensable. El objetivo central era, solamente, lograr la paz en condiciones favorables.

El objetivo militar del Gobierno era, a través de una campaña militar en el Sur de Brasil y de la sublevación de los esclavos en esa región, forzar al Emperador Pedro I de Brasil a firmar un armisticio favorable a las Provincias Unidas(8) y a ese objetivo estuvo apuntada la campaña de Alvear.

(8) Desde la revolución de Mayo la política respecto a la esclavitud se había diferenciado en el Río de la Plata respecto de la que practicaba el Brasil. A partir del año 1813 la Asamblea General había dispueso la libertad de vientres en todo el territorio de las Provincias Unidas en donde era muy fuerte el sentimiento antiesclavista.

Desde el primer momento impartió una actividad y estableció una disciplina que estuvieron en contraste con la de su antecesor. Reorganizado el Ejército, el 26 de Diciembre abandonaba el campamento del Arroyo Grande, para abrir la campaña. El mismo día del mes de Enero entraba en el puerto de Bagé. El 13 de Febrero, el coronel Lavalle obtenía un triunfo en Bacacay y el 15, el general Mansilla, en el Ombú, contra la brigada de Benito Manuel Ribeiro.

Pero el grueso del ejército de Barbacena se había refugiado a principios de Febrero en la Sierra de Camacuá, ocupando una posición defensiva formidable. En una Junta de Guerra que convoca el general Alvear en la tarde del 4 de Febrero, expone a sus subordinados el plan de su marcha estratégica para obligar a abandonar su fuerte posición y poder presentarle batalla campal.

La maniobra de Alvear tiene pleno éxito y el 20 de Febrero obtuvo en los campos de Ituzaingó una victoria táctica decisiva sobre su enemigo pero, desgraciadamente, pretextando el cansancio de los caballos, resolvió no perseguir al enemigo derrotado, lo que impidió que se recogieran los frutos de la victoria.

Algunos de sus generales propusieron una persecución tenaz, pero Alvear se opuso a ella y esta negativa llevó hasta el extremo de que algunos de sus subordinados pensasen en un movimiento que cambiase el comando republicano.

Por suerte este acto no se realizó y Alvear continuó en el mando. El 23 de Abril se obtenía un nuevo triunfo, en Camacuá, sobre los imperiales mandados por el general Barrete. El 25 de Mayo de 1827 nombraba al general José María Paz, Jefe del E. M. G.

- La victoria de Ituzaingó

Inmediatamente de declarada por el Imperio la Guerra del Brasil avanzaron las tropas argentinas hacia el Norte lo más rápido que pudieron buscando alcanzar Bagé antes de que se reunieran los dos principales ejércitos brasileños. Alvear logró este objetivo pero debió permanecer en esa posición varios días por las malas condiciones de los caminos, de sus caballos y bueyes, gracias a lo cual el enemigo reunió sus fuerzas.

Unas semanas más adelante reinició su avance, con varias partidas de caballería operando alrededor. La que operaba al mando del general Juan Lavalle logró la victoria en la batalla de Bacacay y el general Lucio Norberto Mansilla en la batalla de Ombú.

Como el ejército brasileño se refugió en las sierras, Alvear realizó un movimiento de flanco, atrayendo al enemigo hacia San Gabriel(9).

(9) Según Iriarte, se trataba de una verdadera huida para no presentar batalla, una batalla que finalmente tuvo que aceptar contra su voluntad. La maniobra habría sido decidida en una Junta de Oficiales a la que no asistió Iriarte, por lo que es posible que el objetivo de la maniobra haya permanecido oculto a éste.

Quedó inesperadamente encerrado contra el río Santa María, que no pudo cruzar por el Paso del Rosario porque estaba muy crecido; por ello tuvo que retroceder. De todos modos Alvear logró sorprender al ejército imperial en la batalla de Ituzaingó, donde su ejército logró la más importante victoria de la guerra, el 20 de Febrero de 1827.

Alvear no pudo perseguir al enemigo por falta de buenos caballos y la victoria no significó la destrucción del ejército brasileño, aunque éste se desbandó y sufrió importantes bajas. Meses más tarde Alvear retomó la ofensiva y logró una nueva victoria en el batalla de Camacuã, pero la ofensiva ya no podía continuar.

Falto de apoyo desde Buenos Aires, cuyo Gobierno prefería concentrarse en enfrentar a los caudillos del Interior -quienes no mostraron interés en apoyar al ejército porteño como la mayoría de los gobernadores unitarios y no ayudaron en el envío de tropas y pertrechos- debió retroceder y dejar su ejército en posición defensiva.

A mediados de 1827 Alvear renunció y se retiró a Buenos Aires, dejando al general José María Paz como Comandante interino.

Su actuación en esta guerra fue muy controvertida. El jefe de su artillería, Tomás de Iriarte(10) lo acusó de haber buscado la derrota destruyendo su armamento. Por otro lado, muchos de los oficiales (Paz, Lavalleja, Iriarte y otros) declararon que la responsabilidad de la victoria de Ituzaingó fue de sus subordinados y acusaron a Alvear de inacción por no haber intentado perseguir a los vencidos y destruir su ejército.

(10) Posiblemente Iriarte estaba ofendido porque Alvear no lo ascendió a General luego de la batalla, además de no ser justamente un testigo ecuánime en sus Memorias.

Algunos otros testigos, en cambio, desecharon las críticas de Paz e Iriarte y declararon que la victoria de Ituzaingó se debió principalmente a la estrategia de Alvear. Las opiniones de los historiadores militares están divididas: muchos criticaron la actuación de Alvear durante esta guerra y otros ponderan sus condiciones de general.

- Consecuencias políticas

Gracias a la ofensiva lanzada por Alvear, el ejército imperial brasileño se vio obligado a abandonar las cercanías del territorio oriental y retirarse hasta la Ciudad de Río Grande. Tal vez, si el ejército hubiera sido reaprovisionado, Alvear podría haber asestado un golpe decisivo al enemigo pero como estrategia general fue un fracaso: la victoria fue una humillación para el ejército imperial pero no logró favorecer la posición argentina en la negociación: Manuel José García terminó cediendo todo.

El Tratado de Paz firmado por García en Río de Janeiro, al que tanto Rivadavia como Alvear se opusieron, asestó un golpe mortal a la presidencia de Rivadavia, quien se vio forzado a renunciar. El Congreso Nacional y la Presidencia fueron disueltas y al poco tiempo Manuel Dorrego asumió el poder como gobernador de Buenos Aires.

Dorrego nombró a Lavalleja como Comandante en Jefe del Ejército, con lo que se atraía a las fuerzas orientales. Pero Lavalleja no era un gran general ni tenía prestigio entre los oficiales de las demás provincias, por lo que no logró mejorar la situación militar.

Además, se negó a secundar la política de Dorrego, volcándose progresivamente a la idea de la independencia de su provincia; es posible que planeara intentar anexarle el territorio de Río Grande del Sur.

En definitiva, prevalecieron los intereses del Reino Unido, que hábilmente fomentaban la división en la Cuenca del Plata. El objetivo era la creación de un “Estado tapón” que pudiera servir de base a los intereses británicos y garantizar la navegación del Río de la Plata como aguas internacionales.

Presionado por la diplomacia británica y la banca controlada por comerciantes ingleses, Dorrego firmó un Tratado de Paz que, en definitiva, declaró la independencia del Estado Oriental del Uruguay.

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