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Caburú, Melchora

BIOGRAFIA I

Compañera de Andresito(1)

(1) Citado por Isabel de Asuad en el libro de su autoría: “Esto es Corrientes”.

Repuesto Juan Bautista Méndez como gobernador de Corrientes, en Septiembre de 1818 las tropas misioneras permanecieron en la cudad algunos meses más para garantizar el orden(2).

(2) Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

En Diciembre de 1818 Andrés Artigas, tras enviar a Campbell a Santa Fe, partió desde Goya hacia la capital provisoria de Misiones, Asunción del Cambay, para realizar una nueva concentración de tropas guaraníes en vista a sus futuros planes bélicos.

En el camino fue liberando a los aborígenes que se encontraban en calidad de sirvientes en las estancias.

Simultáneamente, a principios de 1819, los contingentes de Sotelo, Mbaibé y Tiraparé se concentraban en Ibiritingay. En tanto, durante Enero y Febrero del mismo año, se trazaron en Cambay los planes de una nueva incursión en territorio portugués, según las Instrucciones dadas por José Artigas.

El 4 de Marzo de 1819 Andrés Artigas regresó apresuradamente a Corrientes, acompañado únicamente de su escolta de granaderos, compuesta por soldados de color, para acallar los malintencionados rumores que le llegaron acerca de su compañera, Melchora Caburú, cuya asidua asistencia a los bailes locales era el comentario del momento.

Aparentemente, el hecho concluyó con la separación de la pareja luego de que el comandante le propinara una feroz paliza a su cónyuge.

Manuel Florencio Mantilla, en su “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes”, relata que la compañera de Andresito, Melchora Caburú, quedó en la ciudad cuando aquél se ausentó.

Los aduladores de la época organizaron bailes frecuentes para divertirla y le enseñaron a bailar. Andrés era celoso. Noticiado de las fiestas se enfureció, atribuyéndolas a deslealtad y corrió a la ciudad para descargar su furia.

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El día de su llegada, como saludo, dio a Melchora tal tunda de tablazos que la dejó por muerta; pasó todo el día tirado sobre unas sillas; al anochecer desarmó a los soldados de la escolta y azotó personalmente uno por uno; sableó hasta cansarse a la mujer de su ayudante Quereté; mandó llevar a su presencia a todos los promotores y asistentes de los bailes y los azotó en media calle, desnudos; el director de la orquesta en los bailes, mulato violinista de La Merced, Gregorio, fue muerto a golpes de lazo doblado; siguió el azotamiento durante el resto de la noche, con presos de la cárcel y remató en la pulpería del inglés Postlethwaite, donde Andresito hizo aplicar cincuenta azotes, con lazo, al dependiente Ignacio, paraguayo, por el delito de no tener aguardiente para el general y sus acompañantes, sacando -por despedida- todo el dinero del cajón del mostrador y los géneros tomados a voluntad por los soldados.

Los días inmediatos siguientes fueron también de sablazos y azotes(3).

(3) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

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BIOGRAFIA II

¿Quién fue Melchora Caburú?

Por su propia experiencia o porque fuese buena, jamás se enorgulleció de su posición distinguida, ni la empleó en daño ajeno. Al contrario, era humilde, y los indios la querían porque su influencia estaba siempre a favor de ellos(4).

(4) Citado por Carlos María Vargas Gómez (presidente de la Junta de Historia de la Provincia de Corrientes), publicado en el diario “época” de la Ciudad de Corrientes, el 7 de Junio de 2014.

Ahora que, a todo viento e infringiendo ordenanzas, se sigue fabricando un conjunto escultórico -por cierto, las piezas a nuestro juicio son bastante bonitas- cuya figura central es Andresito Guacurarí, el indio que con sus lanzas invadió Corrientes en 1818 y la tuvo sojuzgada durante algunos meses, cabe profundizar un poco sobre la figura de la mujer que lo acompañó durante ese tiempo y a la que -según Fermín Félix Pampín- dejó abandonada por otra al marchar de la ciudad para encaminarse hacia su derrota final en Itá Curubí, su captura en el Paso de San Isidro y su ignominiosa y oscura muerte en la Isla das Cobras.

Hablamos de Melchora Caburú de la que, como prácticamente todo lo relevante que se sabe de Andresito, los testimonios, la “memoria” es producto de los escritos que dejaron algunos contemporáneos, testigos de su actuación en Corrientes.

Al respecto, el documento más importante como es sabido lo constituyen las “Memorias” de Fermín Félix Pampín que, unidas al escrito de la inglesa miss Postlethwaite en las “Cartas de Sudamérica” publicadas por los hermanos Parish Robertson, constituyen la totalidad del material de primera mano disponible sobre la vida cotidiana del caudillo guaraní.

De “La Melchora” rescatamos los escritos de Manuel Florencio Mantilla, un párrafo del diario de Pampín y nuestras propias investigaciones en el Archivo General de la Provincia.

Dice Mantilla, en una nota publicada el 3 de Agosto de 1884 en “Las Cadenas”, y titulada, precisamente, “La Melchora” que “pocas, muy pocas deben ser las personas de la Ciudad de Corrientes que sepan quién fue y que hizo Melchora Caburú allá por los años de 1818, cuando el indio misionero Andrés Artigas ocupaba la provincia con su ejército de tapes y negros...”.

Mantilla, luego de narrar algunas arbitrariedades de Andresito para con los pobladores de Corrientes bajo la influencia del alcohol, que corona el envío de partidas de caballería e infantería que prendieron a unos cien vecinos a los que se obligó a carpir “...la plaza a mano vacía, la terraplenasen, la limpiasen de las inmundicias de sus soldados y removieran de ella unas cincuenta carretadas de piedras, resto de la edificación del Cabildo”.

Dice la nota que “... ninguno de aquellos desdichados sacó el cuerpo libre de palos o sable, ni hubo descanso para ellos, ni comieron, ni bebieron un trago de agua desde las ocho de la mañana hasta la puesta del sol, hora en que fueron encarcelados para continuar la faena el próximo día...”.

Narra también cómo el resto de la población vive aterrorizada, porque Andresito organiza bailes a los que son arrastradas las mujeres blancas -por las buenas o por las malas- y cuando el miedo había alcanzado su punto más alto.

“En tan angustiosa situación surgió de improviso, pues nadie lo esperaba, el redentor de las correntinas. Encasquetada en un caballo con apero chapeado, sable al cinto, la pollera atada en forma de chiripá, un pañuelo punzó al cuello y gran sombrero de palma en la cabeza, una mujer entró por las calles de Corrientes del 15 al 20 de Octubre, con buena escolta de lanceros indios. Hizo alto en la casa de don Manuel de Vedoya, ocupada por Andresito, se apeó y entró en ella como en la suya”.

Era Melchora Caburú, la querida predilecta del indio Andrés, más conocida por “La Melchora”. La perla del tape era una mujer blanca quemada del sol, de ojos azules y pelo castaño, ancha y mofletuda de cara, baja de estatura y mucha afabilidad para su clase y su vida. Andresito la adoraba tanto y como un bárbaro puede amar.

Sin embargo, como la borrachera no reza con el amor, en sus momentos terribles acostumbraba sacudirle el polvo con su sable.

Por su propia experiencia o porque fuese buena, jamás se enorgulleció de su posición distinguida, ni la empleó en daño ajeno. Al contrario, era humilde, y los indios la querían porque su influencia estaba siempre a favor de ellos a punto que muchas veces sufría sendas palizas por salvarlos.

Después del primer baile con arrebato de mujeres a que asistió, se dedicó a conseguir el retiro de la autorización brutal dada a la soldadesca la noche del siete, jugando la maña que requería la empedernida torpeza de su poderoso amante. Y fue feliz; porque sin palo ni sable sobre sus costillas, por el pedido, libertó a las correntinas del suplicio en que vivían.

¡Era mujer! Aunque arrastrada por el fango de una vida licenciosa, tal vez con violencia, llevaba aún en su alma el germen de la grandeza de su sexo: la generosidad.

De Fermín Félix Pampín tomamos la referencia que, en las páginas 114 y 115 de sus “Memorias”, narra el modo cómo termina la relación de Andresito con Melchora Caburú y así este autor, que rechaza tanto a Guacurarí como a su compañera dice:

“Su señoría guaraní-tape, abandonó a la Melchora con la misma facilidad que la había abrazado para compañera en su lasciva torpeza; regalándola con franqueza y con orden de que -con seguridad- se condujese al pueblo de Santa Lucía donde estaban sus padres, cuya comisión le fue confiada al porteño D. Manuel Segobia, teniéndola el gobernador hospedada en su casa hasta el momento de su embarque y transporte por el Paraná”.
“El lugar de La Melchora ocupó la correntina Benedicta Blanco, que siguió a su nuevo campeón con los honores y rango de nueva Generala”.

Nuestra investigación sin embargo, sino contradice a lo menos plantea nuevas hipótesis respecto del destino final de la Melchora, dando pábulo a las versiones que sostienen que contrajo enlace con el célebre caudillo guaraní itateño Andrés Güerí.

Al respecto, una escritura del año 1843 la otorga Juan José Ballejos, de Itatí, a favor de los herederos de la “finada doña Melchora Caburú”, quienes en ella son mencionados como “Valentina, Pedro Antonio y Benito Güerí”.

Parece entonces que sí, que se quedó en el pueblo de la Virgen y se casó con uno de los grandes que protagonizó el proceso de organización provincial

Esto es un poco todo lo que sabemos de Melchora Caburú. Su apariencia física, al igual que la de Andresito, es desconocida, poco más que una sombra entre tantas otras sombras de la Historia de la que nos llega -como dijo Federico Palma hablando del Adelantado- penumbra y tiempo nada más.

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BIOGRAFIA III

Melchora Caburú: rubia de ojos verdes, pero guaraní y cumpa

“La esposa de Andrés era una mujercita muy modesta y afable y más bien bonita”, indican Jane y Ana Postlewaite, hermanas que habitaban en Corrientes, según registra Fermín Félix Pampín en sus “Memorias”, que sirvieron al historiador correntino Manuel Florencio Mantilla como fuente informativa de los sucesos de 1818 y 19(5).

(5) Citado por Alfredo Montenegro, en “Redacción Rosario”, nota publicada el 21 de Octubre de 2014.

Los diarios personales, casi privados y familiares, también son fuentes historiográficas a la hora de retomar el pasado. Entonces, los hechos aunque reales, suelen pasar por la visión de su autor. “Memorias de Fermín Félix Pampín”, escrito por uno de sus descendientes y herederos del archivo familiar, Diego Mantilla, relata los acontecimientos que, desde 1806 a 1840, vive la capital correntina.

El llamado primer historiador de Corrientes escribe y describe su ideología al adjetivar y calificar a los hechos. Así también se hace en la historia oficial de Mitre, quien ningunea a tantos luchadores del pueblo para inventar un pasado acorde con el proyecto porteño y portuario.

En ese sentido, Mantilla menciona que “el más importante de esos diarios es la invasión de Artigas a Corrientes, donde Pampín esboza las causas y consecuencias de este hecho”. Ya al nombrar como “invasión” a la llegada del artiguismo, la descalifica como movimiento que gana adeptos al oponerse al centralismo y la dominación de la clase alta correntina, cercana a los dos historiadores.

El historiador Oscar Cantero, con el célebre colega Jorge Machón, autores de los más importantes textos con rigor documental, indican que Mantilla -en un trabajo denominado “La Melchora”- señala que “pocas, muy pocas deben ser las personas de la ciudad de Corrientes que sepan quién fue y qué hizo Melchora Caburú allá por el año 1818, cuando el indio misionero Andrés Artigas ocupaba la provincia con su ejército de tapes y negros”.

Aparte de Pampín y los trabajos retomados por su heredero, las historias de la rubia y el tape pasan a formar parte de las leyendas y son enriquecidas con las habladurías del correntino sin que sea guiado por los científicos e inventores del pasado. Quedó como recuerdo, como el de un ardiente romance.

Y entonces Cantero agrega que aparecen “varias novelas centradas en esta relación” en las que se destacan fundamentalmente “Andresito y la Melchora” de Jorge Lavalle y “Las Maldecidas” de Fernanda Pérez. Pero también advierte que “en el campo histórico, sin embargo, el trabajo de Mantilla, pasados 150 años, sigue siendo el único publicado que se centra exclusivamente en Melchora”.

- Patriarcado

A lo ninguneado de la gesta guaranítica se le suma el patriarcado imperante en la región. Cantero señala: “La presencia femenina se debe buscar siempre entrelíneas: se intuye, se siente su presencia, pero pocas veces se muestra de forma concreta y, cuando lo hace, casi siempre es a partir de actos considerados inmorales o fuera de los cánones socialmente aceptados.

“Se sabe que las mujeres acompañaban a los ejércitos con los niños en lo que despectivamente en la época se llamaba la chusma, que tanto molestaba a Belgrano. Pero muy pocas son las mujeres con nombre y apellido que perduraron en la historia. Una de ellas fue Rosa Guarú, -la noble nodriza de José de San Martín- y, otra, Melchora Caburú, la compañera del comandante Andrés Artigas.
“Cabe aquí una aclaración: salvo alguna breve mención por parte de las hermanas Postlethwaite, todo lo que sabemos realmente de Melchora proviene de esos cronistas e historiadores correntinos ( Pampín y Mantilla), cuya animadversión contra Andrés Artigas y todo lo que tuviera que ver con él es evidente.
“Son historiadores serios y los datos que proporcionan casi siempre son reales, pero escriben con una carga valorativa evidente y una intencionalidad no disimulada que favorece siempre a los sectores dominantes”, indica Cantero.
“Aunque se le atribuyen a Andresito varios amores -agrega- como el de las correntinas Mercedes Esquivel y Benedicta Blanco e, incluso, el médico suizo Rengger refirió que tenía un verdadero harén, evidentemente el romance con Melchora fue el más importante, a tal punto que las hermanas Postletwaite la llaman “la esposa de Andrés”, aunque resulte poco probable que se hubiera celebrado matrimonio entre ellos”.

Jane y Maria Postlewaite eran hijas de un comerciante británico establecido en Corrientes, que dejaron también documentos y cartas de esa época.

“Las citadas cronistas, cuyos escritos fueron publicados en las “Cartas desde Sudamérica” de los Hermanos Robertson, nos dan también una descripción de Melchora”, dice al comienzo del texto. En tanto, Pampín -documenta Cantero- “era una china blanca y rubia de ojos azules y de un trato modesto y afable”, nos dan unos datos significativos: además de la modestia y amabilidad en la que ambas fuentes coinciden, se puede decir que en 1818 Melchora Caburú era una mujer joven, pequeña y de origen probablemente mestizo, ya que tenía apellido guaraní pero piel blanca y ojos claros. También por Pampín conocemos otro detalle significativo: era originaria del pueblo de Santa Lucía”.

- Sosegando a Andresito

Sobre el comienzo del amorío, el historiador de Posadas dice:

“No sabemos cuándo se conocieron Andrés y Melchora, ni tenemos mayores detalles sobre su relación, pero ésta era considerada importante para 1818, cuando se produjo la entrada de las tropas guaraníes en Corrientes, en el mes de Agosto. Dos meses después, hacía su arribo la propia compañera del comandante, con una escolta de lanceros indios.
“Lo cierto -sostiene Cantero- es que Melchora Caburú llegó a Corrientes el 6 de Octubre de 1818 no por el río, sino por tierra y, según Mantilla, “bien sentada, como hombre, en un caballo ensillado con apero chapeado, sable al cinto, la pollera atada en forma de chiripá, un pañuelo punzó al cuello y gran sombrero de palma en la cabeza”.

En los días previos se habían realizado numerosos bailes y fiestas que siempre -según la óptica del patriciado correntino- ponían en peligro la moral de las mujeres blancas. Según textuales palabras de Mantilla, “Andresito dio libertad a los indios y negros de su escolta para que salieran a recoger mujeres blancas con quienes bailar. ¡Qué más querían los bárbaros!.

“Desde este punto de vista, la llegada de Melchora fue considerada providencial y se convirtió en la redentora de las correntinas ya que, según Pampín, “consiguió que cesasen los excesos desenfrenados del tal lujurioso y bárbaro indio”.

También admite que “una cosa es cierta: Melchora claramente sosegaba el ímpetu atormentado de Andresito y lograba calmar su temperamento apasionado y, en ocasiones, violento. Pampín y Mantilla coinciden en que muchas veces su mediación salvó a los soldados guaraníes de duros castigos”.

También se halla documentado que “Andresito y Melchora permanecieron juntos un mes en Corrientes, residiendo en la casa de los Vedoya, que había sido incautada tras la huida de sus propietarios. Luego, ella permaneció en la ciudad mientras Andrés se dirigía a Goya para organizar la expedición guaraní que se enviaría en apoyo del gobernador Estanislao López en Santa Fe y posteriormente se trasladó a Asunción del Cambay para hacer los preparativos de la que sería su última campaña”.

Desde su rigor en el tratamiento de la historia, Cantero señala que “el secretario de Andresito organizó en Corrientes numerosos bailes, a los que convenció de asistir a Melchora. Los rumores malintencionados no tardaron en comenzar y pronto llegaron a los oídos del propio comandante guaraní.

“Este regresó a Corrientes el 4 de Marzo de 1818 y, totalmente fuera de sí, le dio una feroz golpiza a su compañera y a quienes la habían acompañado, incluyendo a la guardia y a la esposa de su ayudante, Curaeté. Este episodio fue exagerado por los historiadores correntinos y mostrado muchas veces, como una prueba más del salvajismo de los guaraníes que ocupaban Corrientes”.

Según Pampín, la relación entre Andresito y Melchora no se recompuso. Textualmente, este cronista refiere que “Su Señoría guaraní-tape abandonó a la Melchora con la misma facilidad con que la había abrazado para compañera en su lasciva torpeza”.

Poco después fue sacada de la Iglesia Matriz donde se había refugiado y conducida a Santa Lucía, a la casa de sus padres. No hubo oportunidad de reconciliación porque, poco después, el 23 de Marzo, Andresito abandonó definitivamente Corrientes para iniciar su campaña a las Misiones Orientales de la que no regresaría.

Otros datos documentados dicen que en Marzo de 1819, tras reponer en el Gobierno a Juan Bautista Méndez, el guaraní marcha a retomar su campaña contra los portugueses. En Santo tomé se le une Melchora, quien “le había perdonado los agravios, su poca caballeresca conducta para con ella y hasta su desliz con María Mercedes Esquivel”.

- La vida novelada

Desde Posadas, Jorge Luis Lavalle, autor de libro “Andresito y la Melchora”, advierte que Panpím, desde su versión de hombre blanco, al ser Melchora rubia, la “retrata sin descalificarla. Los datos históricos, recogidos por Lavalle en su andar por la región, sirven para recrear la vida del guaraní, desde su niñez en las misiones jesuíticas de San Borja y Santo Tomé, el cruce con Artigas y cómo llega a ser su ahijado, la organización y mando de las tropas guaraníes en la defensa de la independencia y contra el Imperio portugués, las incursiones de los paraguayos y el autoritarismo y centralismo porteño.

Pero entrecruza esa vida de a caballo y peleas, entrando y saliendo de los Esteros del Iberá, su relación con la Melchora quien, si bien era blanca, fue criada y vivió como guaraní y, como tal, combatió por su pueblo y territorios.

La novela de Lavalle fue criticada por mencionar datos que se mencionan en los archivos históricos

“No critico su parte heroica, pero muestro matices de su personalidad, por los relatos en Corrientes, las cartas de las hermanas Robertson, favorables a Andrés.
“Andaba con su banda de música, le gustaba las fiestas y el alcohol y las mujeres. Es muy probable que le pegara a su pareja”, admite Lavalle.

Pero también resalta que el tema de la igualdad de género “llegó hace poco; antes era una práctica común el pegarle a la mujer. También entre los soldados el castigo era llevarlo a la cárcel para luego golpearlo”, agrega.

“Era un tiempo muy violento, perdías y te cortaban la cabeza; el castigo físico a las tropas era muy común”.

Lavalle indica que comenzó su investigación en 2006 y publicó el libro en 2009. Además remarca que Andresito es intachable al ponerse al frente de su pueblo ante los avances portugueses y de esclavistas, al tomar el Gobierno y aún en plena guerra no volverse un déspota, sino reinstalar el sistema de asambleas en cabildos.

“No fue un tirano, no hay informes de asesinatos y saqueos, es muy correcto, prolijo en su gestión que resultó con superávit y castigó a los que robaban; intachable en su ideal y apasionado”.

- "Andresito y la Melchora"

La novela está basada en la vida de quien fuera Comandante General de las Misiones entre los años 1815 y 1819: Andrés Guacurarí y Artigas(6).

(6) El autor es Jorge Luis Lavalle. Vive en la Ciudad de Posadas desde su infancia. Se graduó como ingeniero agrónomo y posteriormente en la Licenciatura en Comunicación Social.

En el relato se vislumbra el origen del niño guaraní que pasó sus primeros años en las misiones de San Borja y Santo Tomé, bajo el influjo indeleble dejado por los jesuitas que, a pesar de haber tenido que abandonar Sudamérica, marcaron una profunda huella en las poblaciones originales de la región.

También su encuentro con quien fuera su protector y padre adoptivo: José Gervasio de Artigas, General de la Liga de los Pueblos libres, bajo la bandera que peleó buscando la independencia.

El comandante Andresito aparece retratado en todo su valor cuando lucha bravamente al mando de ejércitos en desventaja contra el poderoso Imperio de Portugal, la invasión de los paraguayos y contra el poderoso influjo del Gobierno centralista de Buenos Aires.

Es en medio de estas batallas por la supervivencia y la libertad de su pueblo que entrecruza su vida con la de Melchora Caburú, una mujer blanca que vivía a la manera de los guaraníes y luchaba por su raza.

Es una historia de amor, forjada entre las luces y sombras de las batallas, que han sido magistralmente ilustradas por Carlos Escalada.

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BIOGRAFIA IV

- “La invasora”

Una novela de José Gabriel Ceballos basada en la figura de Melchora Caburú. La obra obtuvo el premio Tiflos de relato en España en 2009. La novela está centrada en la figura de quien fue la mujer de Andresito Guacurarí(7).

(7) José Gabriel Ceballos es un escritor correntino nacido en 1955 en Alvear, donde reside. Varios libros de poesía y de cuento publicados. Premio “Juan Torres de Vera y Aragón”, de Corrientes; Premio “Peirotén de Poesía” de Santa Fe; en 1997 su libro de cuentos “El Patrón del Chamamé” obtiene el “Premio Único Latinoamericano” de la Editorial Universitaria Centroamericana (Educa) de San José, Costa Rica; en 2009, su libro “Entre Eros y Tánatos” recibe el Premio “Tiflos de Cuentos”, organizado por la Fundación ONCE (Madrid, España).

El relato está situado en la época de Andresito Guacurarí en Corrientes y está centrado en la figura de quien fuera su mujer, Melchora Caburú. El libro se editó en Corrientes en 2015, tras recuperar Ceballos los derechos que pertenecían a la editorial Castalia, que en el 2009 hizo la primera edición en España, con motivo del premio.

En la edición española, la novela forma parte de un conjunto de relatos que se llama “Entre Eros y Tánatos”, y que prácticamente no tuvo circulación en Argentina.

La obra se presentó en el Museo Histórico de Corrientes. Toda la novela transcurre en la Ciudad de Corrientes y en un período muy difícil de su historia: la ocupación de Andrés Guacurarí entre 1818 y 1819, un período que ha sembrado muchas pasiones, una interminable discusión.

Por lo pronto, el eje de la trama es Melchora Caburú, la mujer de Andresito y no éste, y el autor aborda aquellos hechos desde una perspectiva literaria, no como historiador.

Ceballos señala que “lo que tengo en claro es que el enfoque épico de Andresito en su ocupación de Corrientes está muy distorsionado por la propaganda ideológica. El no fue a esa ciudad como liberador de nada ni para combatir las injusticias oligárquicas ni toda esa cháchara. El fue allí a realizar una ocupación militar ordenada por su jefe militar y político, Artigas, por razones estratégicas y, como tal -como cualquiera que realiza una ocupación militar repudiada por los lugareños- actuó valiéndose del terror.
“No habrá sido un ocupante cruel pero sí, por pura lógica, generó mucho terror, lo cual legitima el rechazo en la memoria de esa ciudad. ¿Cómo le vas a pedir a una ciudad que honre el recuerdo de quien la llenó de terror? Es una estupidez muy propia de los propagandistas del populismo”, señala el escritor.

Al preguntársele su opinión sobre los monumentos levantados en honor a Andresito en la Costanera Sur de la Ciudad de Corrientes, éste señaló que “para alzar un monumento así tenés que estar seguro de que a su alrededor hay un mínimo de afecto hacia el homenajeado, o por lo menos de que no hay un gran rechazo, de lo contrario no es un homenaje sino una burda imposición.

“Y en la Ciudad de Corrientes, respecto a esa figura hay mayoritariamente rechazo o desconocimiento y ninguna de estas dos cosas va a cambiar con estatuas, por enormes que sean. Aquí en la costa del Uruguay (Ceballos es oriundo de Alvear) existe un afecto genuino hacia Andrés, y por eso los monumentos que uno ve en La Cruz, en Santo Tomé y más al norte, incluso en Misiones, por supuesto, surgen como algo natural, no forzado”.

Refiriéndose a la novela con base histórica, Ceballos señaló que “esta pidió la máxima información posible. Cuanto más informado estás, más seguro te vas a sentir al poner en actividad la imaginación y eso se traduce en el resultado literario. Pero la verdad es que cuando encaré la novela ya estaba bien informado sobre Andrés y su historia. Incluso ya había escrito un cuento largo sobre él, en el que juego con un paralelismo entre Andrés y San Martín.

“Y, además, te repito: nací, me crié y vivo en lo que fue dominio de Andrés Guacurarí; aquí lo de Andrés está constantemente en el aire.
“La Melchora Caburú parece bastante distinta de la que se ve en otras semblanzas en el monumento de la Costanera Sur, por ejemplo. Ahí hay otro invento propagandístico. Melchora Caburú nunca fue una guerrillera de andar a caballo agitando una lanza. Ni Pampín ni las Postlethwaite -testigos directos de aquellos hechos- la pintan así.
“Pampín, que no estaba allí para regalar elogios a ningún acompañante de Andrés Guacurarí, reconoce en Melchora un trato “modesto y afable”, textuales palabras. Yo creo que más bien ella fue víctima de Andrés, que la había secuestrado y la sometía a violencias físicas”.

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