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Juan Asencio Virasoro emprende su viaje a América

Cuando Juan Asencio Virasoro resuelve remontar las galernas del Cantábrico y surcar la inmensidad del Atlántico y trasladarse a América, se vivían momentos determinantes en España y en el Río de la Plata.

Destacaban el Tratado de la Permuta o Tratado de Madrid del 13 de Enero de 1750; la asunción al trono de Carlos III; la anulación del Pacto de la Permuta en 1761; el Pacto de Familia en el mismo año; el Tratado de París de 1763.

Para América adquiría singular trascendencia la actitud de Carlos III, del 27 de Marzo de 1767, decretando la expulsión general de la Compañía de Jesús de todos los dominios españoles que caracterizó la “iniquidad de la guerra guaranítica y la perfidia con que fueron expulsados los misioneros jesuitas”.

Corresponde también a esa época la implantación definitiva del Virreinato del Río de la Plata.

Con respecto a Virasoro y su traslado a América, destacamos que el virrey Cevallos dictó el 6 de Noviembre de 1777 un Auto conocido con el nombre de Libre Internación.

“Había considerado como necesario a la nueva planta y creación del Virreinato la franqueza y libertad del comercio activo y pasivo de unas con otras provincias y ciudades, así de los efectos que producen como de los que se internaren por este puerto, de los de España, en los navíos de permiso, sin cuyo auxilio -que es el espíritu que vivifica las poblaciones- jamás podrán hacer éstas el mayor progreso ni se verificarán las reales intenciones”(1).

(1) José Luis Busaniche. “Historia Argentina” (1979), p. 263. Ed. Solar-Hachette. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En el año de 1778 el Gobierno español dictó el Reglamento de Aranceles Reales para el comercio libre de España e Indias. Por él se habilitan trece puertos de la Península, Mallorca y Canarias, para que puedan comerciar el “flamante” del Río de la Plata.

Es posible que estos tres hechos: la expulsión de los jesuitas; el Auto de libre internación; y el Reglamento de Aranceles para el libre comercio entre España e Indias, hayan provocado la determinación de Juan Asencio Virasoro de trasladarse al Río de la Plata y posteriormente al Litoral argentino.

Otro hecho importante se planteó en el Virreinato de Arredondo (1789-1795). Entonces se dejó entrar negros esclavos para la venta y se permitían sacar cueros que llegaban a Buenos Aires desde el Interior. Donde se instaló Virasoro -cuando llegó de España- había grandes vaquerías y sobresalía por su proyección el negocio de cueros(2).

(2) Ernesto J. A. Maeder. “La Producción Ganadera en Misiones en la Epoca Postjesuítica. 1768-1810”, en “Folia Histórica del Nordeste” (1990), Nro. 9, p. 55. Instituto de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Además, Arredondo implantó el Consulado, que era Tribunal de Comercio y Junta de Fomento, siendo el Tribunal útil para el desarrollo del comercio en todo el Virreinato.

Como acontecimientos políticos internacionales y trascendentes adquieren relevancia la guerra de la emancipación de las colonias inglesas de América del Norte (1775); la guerra de Francia y España contra Inglaterra, que termina en el Tratado de Versalles, de 1783; la implantación de las Intendencias del Virreinato; el Pacto de San Ildefonso (1777); la muerte de Carlos III a quien sucede en el trono su hijo Carlos IV; la Revolución Francesa (1789); la declaración de guerra de Francia a España (1793); el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva de Francia y España contra Inglaterra (1796); la guerra declarada por España a Gran Bretaña para mejor servir a la Francia revolucionaria (1796).

- De España a Candelaria

Juan Asencio Virasoro realizó, templado en su carácter, la larga travesía. “Recién venido de España se estableció en Candelaria”(3), pueblo que en la época de esplendor jesuítico fue la sede del Superior de las misiones y lugar donde estaban los almacenes generales de todas las reducciones. Tenía entonces 600 familias, que totalizaban 5.000 almas.

(3) Ramón Contreras. “Don Benjamnín Virasoro (Apuntes Biográficos)” (1897). Imprenta El Orden, Rosario (Santa Fe). // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

“Candelaria, o Nuestra Señora de la Candelaria, fue fundada en 1627 por los Padres Roque González y Pedro Romero en el Caazapá Miní, en tierras actualmente paraguayas y en un punto cercano al que después ocupó el pueblo de San Luis.
“En 1637 pasó el río y se ubicó junto a Itapúa, desde donde se trasladó a orillas del río Yquarupá, poco más abajo de donde se estableció definitivamente en 1665, a la vista del Paraná.
“El pueblo de Candelaria o la Purificación tenía su Iglesia de tres naves bien capaces, con 16 columnas bien adornadas y en cada una una hermosa estatua de cuerpo entero, el púlpito de jaspe y tabla dorada; el retablo mayor bien dorado y de hermosa hechura con seis estatuas de cuerpo entero. Los cuatro altares laterales son buenos y dorados con sus respectivas estatuas y todo el cuerpo de la iglesia bien adornado de pinturas.
“Iglesia de tres naves con diez altares, casullas, capas, frontales los más variados y preciosos, alhajas de plata, entre ellas una sacra de plata chapeada, con Nuestra Señora de la Candelaria, de plata sobre dorado, en fondo de latón, con sus dos tablas Evangelio y Lavabo, y en ellas grabadas estas dos palabras; una pila de jaspe para agua bendita.
“La misión de Candelaria tenía también ‘tres almacenes o depósitos con todo lo preciso, entre ello 60 arrobas de yerba mate correspondiente al año 1765; 350 arrobas del año 1766; 504 de 1767; y 1609 cosechadas en 1768’.
“En la casa de los Padres se halló una Imagen de Nuestro Rey, y otras cuatro menores de Reyes Católicos, todas de pincel.
“Candelaria tenía importante extensiones de ‘trigales, maizales, mandiocales, batatales, abales’”(4).

(4) R. P. Guillermo Furlong, S. J. “Misiones y sus Pueblos de Guaraníes” (1978), pp. 149, 214, 611, 689, Posadas. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- Juan Asencio Virasoro ejerció en Candelaria

“Juan Asencio Virasoro ejerció en Candelaria su arte de constructor naval(5) y comerciaba con algunas embarcaciones que hacía y con maderas, que en ellas y en jangadas (balsas), llevaba al puerto de Las Conchas (hoy del Tigre) en Buenos Aires.

(5) Sobre Juan Asencio Virasoro, constructor naval, nos referiremos más adelante. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

“En el caso de navíos provistos de cubierta, el viaje desde Corrientes solía insumir 40 días para llegar a Las Conchas y 90 para regresar, río arriba. A esto había que agregar un mes para la carga de las mercaderías en el punto de partida y otros 15 días en la descarga en Las Conchas(6).

(6) Néstor F. Ortega. “El Tráfico Fluvial entre Buenos Aires y Paraguay a fines del Siglo XVIII”, en “Trabajos y Comunicaciones” Nro. 1, p. 234. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

“El Teniente Gobernador de Misiones, el señor Velasco(7) le dio la comisión de explorar el Alto Paraná hasta donde pudiera, dándole para ello cuatro canoas tripuladas y de cuya expedición le dio cuenta y, especialmente, de una toldería de indios mulatos en la costa del Alto Paraná, procedente de la cruza de indios guaraníes con esclavos huidos del Brasi(8).

(7) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes”, p. 136. “El antiguo gobernador general Bernardo de Velazco y Huidobro había sido nombrado -el 17 de Mayo de 180-3 gobernador-intendente del Paraguay, aunque reteniendo el Gobierno de Misiones”.
(8) Ramón Contreras. “Don Benjamnín Virasoro (Apuntes Biográficos)” (1897), p. 8. Imprenta El Orden, Rosario (Santa Fe). // Todo citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires

- Su radicación en Corrientes

En la búsqueda de nuevos horizontes, Virasoro se traslada definitivamente a Corrientes, capital de la provincia del mismo nombre; allí contrae matrimonio, constituye y arraiga su familia y desarrolla en plenitud su vida.

La ciudad que entonces lo alberga era -en la segunda mitad del siglo XVIII- fiel a la tradición hispanoamericana y a la impronta de la colonia un reflejo de la época; sus casas eran de paredes de tierra apisonada o madera embarrada; techos de tejas de palma dispuestos a dos aguas y prolongados en amplios corredores que protegían las ventanas trabajadas en rejas de madera, batientes sin vidrios, puertas de una sola hoja.

Sus salas sombrías, frescas en verano y acogedoras en el invierno, estaban presididas por la Imagen de algún santo de devoción familiar, tallado en madera y colocado con veneración en su nicho, como pequeño retablo. Allí la familia poníase a desgranar el Rosario o a cantar el Angelus en honor a la Virgen.

Había transcurrido más de siglo y medio desde que su fundador, el Adelantado licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, le diera vida el 3 de Abril de 1588 y la emplazara en el “sitio que llaman de Las Siete Corrientes”.

La llamó “Ciudad de Vera”; por mutaciones sucesivas se denominó “San Juan de Vera”, luego “San Juan de Vera de las Siete Corrientes”, y, finalmente, sólo Corrientes, nombre que dio origen al de la provincia. Constituyó la tercera ciudad fundada en la línea del Paraná. En 1573 se había fundado Santa Fe y en 1580 se llevó a cabo la segunda fundación de Buenos Aires.

La vida de los habitantes de la época -en permanente contacto con los trabajos rudos- connaturalizados con el sacrificio extremo, con el peligro acechando siempre, imprimió su sello distintivo al hombre correntino y, por ende, a su pueblo guerrero y altivo, al mismo tiempo que amante de la libertad y de la paz, elementos éstos importantísimos que debemos tener en cuenta para conocer, penetrar y comprender la idiosincrasia del pueblo de Corrientes y de sus hijos destacados, entre ellos los Virasoro, cuyos varones fueron comerciantes, estancieros, industriales, guerreros valientes y gobernantes.

El problema del indio fue una constante para el pueblo correntino. La provincia, hostigada permanentemente por invasiones de tribus indígenas -que se habían iniciado en el siglo XVI- seguirían constituyendo por mucho tiempo una cuestión de preocupación permanente para los españoles y criollos correntinos.

Numerosas expediciones se emprendieron en pleno siglo XVIII, las que culminaron en sangrientos enfrentamientos para ambos bandos, aunque la superioridad de los correntinos les permitió avanzar sobre el territorio y ganar las tierras.

Ataques sucesivos llevados adelante por los guaycurúes, perjudicaron a pueblos laboriosos y organizados. Fray Pedro José de Parras manifiesta en su “Diario” de viaje que en 1753 “era notorio el temor a la indiada del Chaco entre los pobladores”.

A este respecto Ernesto Maeder expresa:

“Sin embargo, las misiones instaladas en el Chaco, así como las entradas de castigo del teniente de gobernador Pedro Zeballos en 1745, o la gran entrada en 1759, alternadas con los Pactos locales de paz de cada ciudad con los indios de su comarca, permitieron que gradualmente el peligro se fuera conjurando.
“De este modo comenzó a dibujarse una nueva etapa en la historia de Corrientes. Al cabo de un siglo y medio el problema de las fronteras se normalizó paulatinamente. Con ello, los correntinos cobraron el aliento necesario para intentar el poblamiento de una jurisdicción que para entonces sólo alcanzaba las riberas del Santa Lucía(9).

(9) Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), p. 227. Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En otro plano, hubo en Corrientes una constante preocupación para proteger la “religión del Estado”, que lo era del pueblo.

La Iglesia de La Cruz, en las afueras de la ciudad, guardaba el madero milagroso de la fundación. La de los jesuitas comenzó a construirse en 1730; estaba por cerrarse la bóveda cuando la Compañía de Jesús fue expulsada de los dominios de España en 1767-1768.

La Iglesia de La Merced, erigida sobre la Plaza Mayor, hoy reedificada sobre sus muros primigenios, con el esplendor de sus reliquias coloniales, guarda entre sus cimientos las cenizas de los antepasados de la noble y heroica Corrientes.

La Iglesia y Convento de San Francisco, reconstruido el templo varias veces desde el siglo XVI, tenía su convento colonial. Hoy se conserva como Monumento Histórico Nacional. Poseía su cementerio anexo, al igual que las iglesias de La Merced y de la Matriz.

Fray Pedro José de Parras, en su “Diario...” de viaje, en 1753, dejó impreso el sello de Corrientes. Dice de ella:

“El temperamento es admirable, con los aires muy puros y sanos, y el agua lo mejor que se halla en este Reino. Tiene esta ciudad como 300 vecinos, incluyendo este número los que viven fuera de ella, en sus estancias.
“Hay un teniente gobernador, un cura y vicario con tres o cuatro clérigos, conventos de franciscanos y mercedarios, Colegio de la Compañía y hospicio de dominicos. El colegio y convento de franciscanos son muy buenos y cubiertos de teja"(10).

(10) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1972), tomo I, p. 106. Talleres del I. S. A. G., Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En 1760 se elabora el primer Informe oficial sobre Corrientes, el que es pasado al gobernador del Río de la Plata. El mismo estaba referido a la población, industria, comercio, infraestructura y gobierno, como respuesta al pedido formulado por el gobernador general Pedro de Cevallos. El Informe lo realizó Bernardo López de Luján.

Destacamos del mismo la parte donde señala que el cultivo del maíz se realizaba dos veces al año, lo que reportaba dos cosechas. Se cultivaba -además- trigo, porotos, arvejas, garbanzos, maní, mandioca, batata y arroz. Se sembraba tambien toda clase de verduras. Se elaboraba miel y azúcar. Se producía en abundancia ganado vacuno, ovejuno y macho cabrío.

La lana se empleaba en la fábrica de ponchos. La existencia de ganado era importante, el diezmo del mismo llegaba a 2.000 cabezas por año. Había abundancia de caballos, mulas, burros, yeguas alzadas y puercos.

Por otra parte, existían muchos y muy buenos montes que se traducían en excelentes maderas para la construcción; extensos palmares; diversidad de frutas silvestres. Las tierras eran buenas, tanto para el pastoreo como para la siembra.

En cuanto a la geografía, el Informe hace referencia a caudalosas lagunas y a la existencia de numerosos ríos, con variedad de peces. También hace constar la presencia de ciervos, gamas, avestruces, hierbas medicinales, naranjas, limas...

Corrientes tenía tres caminos que le servían de comunicación con el exterior inmediato: uno llevaba a Santa Fe por la costa del Paraná; otro a las misiones con rumbo nordeste por la costa del Alto Paraná; y otro al Paraguay, llegaba a Ytatí y cruzaba por tierra misionera paraguaya. A estos caminos principales accedían los que procedían de los distritos y pagos interiores.

En la época de Juan Manuel de Lavardén, la imposición del pago de impuestos liberó a los vecinos de las cargas anexas al servicio militar y dio fondos al Cuerpo capitular para afrontar los Gastos Públicos.

Los artículos y productos que hacían al comercio exterior, a la exportación y a los bienes y productos interiores quedaron libres de derecho. Este hecho, -que fue el origen de la renta provincial- se fundamentaba en el derecho de aduana “sobre el beneficio de la industria, sin comprometer el capital de los consumos”.

La ganadería comenzó a ser protegida oficialmente y se prohibió su exportación sin previo permiso; se organizaron las milicias y se designó al Alcalde de primer voto Lázaro de Almirón en el cargo de Lugarteniente.

El partido de los comuneros ejerció legalmente el poder político con la venia de Francisco de Paula Bucareli. Se mantuvo el servicio militar en la frontera, que demandaba el concurso de hombres que en condiciones sacrificadas servían como vigías ante el avance de los portugueses.

Corresponde a esta época la reconquista que realizaron los correntinos de la región del Tebicuary, la fundación del Curupayty y el Tratado de Límites con el Paraguay.

Los chasquis hacían las veces de correo. Desde 1774 se estableció uno permanente cada dos meses, sostenido gratuitamente por los vecinos. Desde 1776, Corrientes, junto a Santa Fe y Buenos Aires, conformó la provincia-intendencia de Buenos Aires al crearse el Virreinato del Río de la Plata. Con esta nueva organización, quien se benefició fue Buenos Aires pues, además de dar su nombre a la flamante institución “fue el centro del Gobierno y mandó sobre Santa Fe y Corrientes como sus dependencias”.

El marino español y cronista de la colonia Félix de Azara cruzó el territorio correntino en dos viajes: el primero en 1784 y el segundo en 1787. En esta época la jurisdicción real dominada se extendía entre la Laguna del Iberá y los ríos Paraná, Guayquiraró y Mocoretá, con cuatro parroquias de españoles y tres de indios.

En 1788 el cronista llegó a la Ciudad de Corrientes -que tenía entonces 4.500 habitantes- y la edificación se mantenía sin mayores cambios. La gente de cuna patricia vestía como la de Buenos Aires. Se hablaba el español y el guaraní, este último aun en los salones más distinguidos. Se lucía en ellos la platería criolla.

- Renacimiento industrial

Disipados los tiempos de guerra, devino un florecer en la industria y el comercio, originado en la supresión del privilegio que tenía Santa Fe, cuyo puerto era el único al que debían llegar los productos paraguayos, el comercio libre con la Península y sus colonias, así como también el comercio libre entre el Río de la Plata y el Brasil.

Eliminado el privilegio, las estancias de Corrientes se multiplicaron y llegaron hasta las costas del río Uruguay. Los productos elaborados derivados de la agricultura y la ganadería, como miel, azúcar, aguardiente, hilo de algodón, sebo, grasa, cueros, filetes -para citar algunos- salían para Buenos Aires, Paraguay y Misiones. Se enviaba también ganado en pie. Referido al hecho de la declaración del libre comercio entre España y las Indias, dice Maeder:

“La declaración del comercio libre entre España y las Indias provocó en el nuevo Virreinato del Río de la Plata un incremento de las actividades productivas y mercantiles. La ganadería y sus derivados se beneficiaron de modo sobresaliente en la demanda exterior y la región del Litoral experimentó un crecimiento sensible”(11).

(11) Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), p. 227. Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Es importante referirnos igualmente al establecimiento de otras industrias, como fábricas de ladrillos y de tejas cocidas, y calderas y -especialmente- a la instalación de curtiduría donde se realizaba el tratamiento de los cueros que se comercializaban en Buenos Aires. Esta actividad industrial le dio a Corrientes un lugar importante en su economía.

“El aprovechamiento del cuero vacuno tuvo siempre un lugar importante en la economía doméstica de Corrientes y durante los siglos XVII y XVIII constituyó uno de los rubros que con mayor frecuencia se cotizó en las tablas de valores de la época.
“Pero en el último cuarto del siglo XVIII y como consecuencia de la demanda bonaerense, aumentó la producción y dio lugar a la instalación de artesanías locales, que produjeron curtidos especiales y aprovecharon otros derivados, como las astas, crines, grasa y sebo con destino a la exportación.
“La importancia que cobró esta actividad, su diversificación y las cifras elevadas de producción, así como los cambios que repercutieron en la actividad rural, caracterizan un capítulo de sumo interés en la organización económica de Corrientes"(12).

(12) Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), p. 238. Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Juan Asencio Virasoro y su yerno, Ramón de Galárraga, como veremos más adelante, fueron propietarios de importantes curtiembres.

En el puerto de Corrientes se instalaron astilleros menores, donde los “maestros de la ribera” construían especialmente canoas muy requeridas por la navegación de la época. Juan Asencio Virasoro también fue constructor de barcos, como podremos apreciar al referirnos a una operación comercial que hace en 1807 a “favor del Convento de La Merced”, tema que trataremos en las próximas páginas.

El renacer de Corrientes -al que nos referimos precedentemente- acarreó un movimiento de población que se manifestó en fundaciones en la campaña. Todas las nuevas poblaciones tuvieron cabildo, milicia organizada y escuelas, como consecuencia de las innovaciones introducidas en la Ordenanza de Intendentes.

- Familias correntinas

“Hacia fines del siglo XVIII llegaron a Corrientes familias que habrían de tener una dilatada actuación pública: los Vedoya, García de Cossio, grandes latifundistas unidos por matrimonio a la antigua nobleza descendiente de los Cabral de Melo y Alpoin.
“Aparecen los Acosta, Dizidio y Zamudio; los Rolón; llegan los Alsina y, entre ellos, los Ferré -en 1788-; los Niella, en 1790, emparentados entre sí. Para esa época eran ya grandes terratenientes los Añasco, que habían llegado del Paraguay y estaban en América desde los inicios de la conquista; los Vallejos, desde 1588, eran vecinos muy respetables, emparentados con los Añasco; los Zárate; los Roxas de Aranda y los Corrales.
“Con éstos tenía vínculos de sangre María Mercedes Corrales, casada en 1802 con Juan Asencio Virasoro. A esta antigua nobleza criolla se unieron las nuevas familias españolas como los Atienza y los Virasoro. Para entonces, los Casafús, los Maciel y los Cabral habían hecho historia(13).

(13) M. Fernando González Azcoaga. Secretario de la Sociedad Correntina de Genealogía. Colaboró con la investigación histórica de este apartado. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Corrientes iniciaba una nueva etapa y se lanzaba de lleno al siglo XIX.

Sintetizando, decimos que la segunda mitad del siglo XVIII es para Corrientes medio siglo de definiciones en cuanto a su expansión territorial, lo que le permitió lograr de esta manera sus límites definitivos. Esta expansión estaba estrechamente ligada a la “adquisición del pleno derecho a las tierras en cuestión y la obtención de su autonomía política como Estado provincial”.

“Este período resulta por ello fundamental en la historia de la provincia, ya que la expansión de sus fronteras interiores y la ocupación del suelo con la ganadería dieron lugar a que la primitiva jurisdicción de la ciudad se elevara, poco a poco, a una entidad con individualidad política y horizontes propios”(14).

(14) Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), p. 62. Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

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