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Gondra, Adeodato de

- Juan Sin Pena

Noche del 17 de Junio de 1851. Se representa en el Teatro Argentino el drama “Juan Sin Pena” tan apropiado para el momento político. Grandiosa fiesta federal; el “patio” lleno de entusiastas que vitorean al Gran Rosas; la vieja sociedad porteña en palcos y cazuelas, de chaleco punzó los caballeros y cofias federales las señoras; en los corredores comentan los ministros extranjeros la guerra con el Imperio y la defección de Urquiza, que acaba de pasarse al Janeiro con todo su Ejército.

Desde el palco oficial Manuelita, amable y sonriente, representa al ausente señor de Palermo, dueño todavía del honor del terruño.

Callados los aplausos y los vítores, ya se levantaba el telón, cuando un caballero desconocido para la mayoría se alzó en un palco y gritó con voz estentórea:

- “¡Señores..!”. Cesaron los murmullos:
- “¡Señores! -repitió el caballero; un hombre cetrino, alto, flaco, algo más que cuarentón-.
- “¡En nombre de dos provincias de la Confederación pido a la honorable concurrencia otro viva al Gran Rosas y a su benemérita hija doña Manuela! (¡Viva el Gran Rosas! ¡Viva doña Manuela!)
- “¡Y hago los más ardientes votos para que los argentinos ... para que los argentinos pongamos pronto el pie..! (¡bravo! ¡bravo!) ¡Pongamos pronto el pie, señores, sobre el pescuezo..! (¡muera!)
- “¡Sobre el pescuezo del alevoso emperador brasileño y su aliado el loco, infame, traidor, vendido, aspirante Urquiza! (¡bravo! ¡bravo! ¡muy bien! ¡Viva el Gran Rosas y su hija Manuela! ¡Muera el emperador brasileño y el traidor Urquiza!)”.

Y “mientras el teatro se derrumbaba de santa ira colectiva, el tremebundo desconocido, hinchado de satisfacción, recobró su asiento. Tenía el rostro congestionado y dichoso y de cuando en cuando resoplaba de júbilo, en tanto que de todos los palcos le hacían señales de aprobación”(1).

(1) Arturo Capdevila. “Las Vísperas de Caseros” (1922), p. 62, Buenos Aires, cuenta el episodio; también consta en los diarios de la época. En ediciones posteriores se narra el milagro, pero se omite el nombre del santo. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El entusiasta era el doctor Adeodato de Gondra, antiguo secretario de Ibarra en Santiago del Estero y hasta hacía poco ministro de Celedonio Gutiérrez en Tucumán, que quería presentarse espectacularmente en Buenos Aires.

- Fidelidad

Había nacido en Tucumán el 22 de Mayo de 1808; hijo de un honrado comerciante vasco -Agustín de Gondra- que por quedar leal a la causa de España conoció la pobreza y el exilio sobrellevados con orgullo porque no temía arremeter contra todos y era incapaz de acomodarse al pensamiento o las palabras de otros.

En 1812, desterrado de Tucumán por Belgrano a poco de la fracasada invasión de Tristán, se refugiaría con los suyos en Santiago del Estero; en 1814 deja allí a su mujer y a sus hijas mujeres y con los dos varones -implacablemente bautizados Taumaturgo y Adeodato- toma el camino de Chile donde parecía gananciosa la causa del rey. Acabará por esconder su desaliento en Tacna, donde ganará malamente su sustento con una modesta tienda de ultramarinos(2).

(2) La mayor parte de los datos biográficos han sido tomados del libro de Luis Roque Gondra. “De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944). Ed. Claridad, Buenos Aires. El autor, nieto del constituyente, con coraje y patriotismo ofrece la vida del doctor Gondra “a la reflexión de las nuevas generaciones”. El doloroso tránsito de la tiranía a la libertad de su infortunado abuelo es relatada sin omitir mayores circunstancias desfavorables al biografiado y, sinceramente convencido de que cada una de las deslealtades deberíase a que “aparentaba colaborar lealmente con los tiranos, para mejor trabajar por el derrumbe de la tiranía”. Adeodato de Gondra, para su nieto y biógrafo, sería un ignorado Sansón que laboró desde dentro para hundir el templo de la tiranía. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Su hijo Adeodato estudió primeras letras y cursó clases secundarias en las escuelas de Chile. Mostró empeño y aptitudes pero, a los quince años, debió dejar los libros para ayudar en la tienda de su padre. A los veinte volverá a Santiago del Estero para acompañar a su madre, estableciéndose con un modesto mostrador al menudeo, clasificado de “pulpería” en los censos comunales.

Era inteligente y quería subir. No se andaría con escrúpulos; el recuerdo de su padre debatiéndose en la lejanía y la pobreza por fidelidad a sus ideas, señaló con trazo indeleble el rasgo fundamental de su personalidad. Deliberadamente no fue leal a nada ni a nadie, sino a sus exclusivas conveniencias. No sabía que la deslealtad es un arte y no está al alcance de todos; se requiere orientación, cautela y oportunidad en alto grado, para medrar con la falta de fe.

Era culto y de modales fáciles, por educación y por cuna. Su familia pertenecía al partido unitario (Mariano Santillán y Agapito Zavalía eran cuñados suyos; Manuel Alcorta, pariente) en la oposición desde la autonomía provincial de 1820 y sin perspectivas inmediatas de retomar influencias. No iría a cometer el error de embanderarse en una causa perdida; era la hora de los caudillos y buscó con empeño su amistad y su protección.

No le fue difícil ganar a Ibarra y consiguió su amistad generosa, madurada luego en afecto hacia este joven que luchaba tan desventajosamente en la vida. Al poco tiempo la “pulpería” se trocó en el monopolio proveedor del Gobierno y las condiciones económicas de Gondra cambiaron favorablemente.

En 1830 casa con Josefa Alcorta y para anudar más estrechamente sus vínculos con Ibarra lo hace padrino de su casamiento; desde entonces el tratamiento entre los dos fue de amado hijo, respetado padre, respectivamente.

El duro Saladino(3), falto de afectos filiales, depositó en el joven Adeodato un amor paternal que no encontraba salida. Como regalo de bodas le facilitaría una diputación en la Legislatura local.

(3) Saladino era el apodo corriente del caudillo santiagueño; en el lenguaje de la tierra: “hombre de las orillas del río Salado”. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- Ahijado de Ibarra

La revolución unitaria, iniciada en Buenos Aires en Diciembre de 1828, repercutiría en el Interior dos años después; en Mayo de 1830 Javier López -por órdenes de Paz- invade Santiago del Estero y aleja a Ibarra de su feudo. Manuel Alcorta asume el Gobierno y por un momento el nuevo gobernador y la Legislatura quedan a la expectativa de los sucesos. Gondra olvida a su padrino y está con sus colegas diputados y su pariente, el nuevo gobernador.

En Córdoba se forma la Liga Unitaria bajo la protección de Paz. Gondra decide constituirse en el portavoz del nuevo orden. No podía esperar más tiempo en silencio porque le gustaba llegar primero. El 1 de Julio pide en la Legislatura que:
“Su Excelencia (el gobernador Alcorta) abriese relaciones de buena inteligencia con las provincias limítrofes, marchando en consonancia de principios y obrando en un mismo sentido con ellas”(4);

(4) Reproducida por G. A. Puentes. “Juan Felipe Ibarra” (1944), p. 74. Ed. Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

y más claramente, en la Sesión del 15 de Julio:

“El señor vocal Gondra pidió la palabra y ponderó cuán importante paso político era el de ponerse bajo la protección del señor general Paz.
“El señor representante de Soconcho formó oposición, apoyada en un temor sobre los ejemplares de la historia de que resultase tal vez gravoso a la provincia, pero ... quedó sancionado que el Excmo. General y Gobernador de la provincia de Córdoba, Dn. José María Paz, fuese reconocido por Protector de la Libertad de la provincia de Santiago del Estero”(5).

(5) Reproducida por G. A. Puentes. “Juan Felipe Ibarra” (1944), pp. 74-75. Ed. Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires. Esta Acta fue exhumada por A. A. Figueroa. “La Autonomía de Santiago del Estero y sus Fundadores” (1920), Santiago del Estero; y transcripta también por Luis Roque Gondra. “De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944). Ed. Claridad, Buenos Aires. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Siempre la oveja más ruin es la que rompe el corral y a la actitud del joven Gondra responde la mayoría de los legisladores: Santiago del Estero pasa a integrar el bloque de provincias unitarias, mientras Ibarra -refugiado en Santa Fe- desespera retornar al Gobierno.

Para proteger la provincia contra una incursión de Ibarra o de López, el Protector destaca una división al mando del coronel Deheza. Este no quiso ser menos que Lamadrid en La Rioja y, no obstante la complacencia de Alcorta, se apodera del Gobierno el 5 de Agosto desterrando a los dóciles legisladores pese a sus protestas de sumisión.

Elige un nueva Sala con amigos personales para que le hagan a su vez gobernador.

Paz -desde Córdoba- se enoja, pues “esas no eran sus instrucciones”. Gondra -“ahora reside en un punto lejano’’-, disimula Deheza a Paz su destierro(6); siente en lo vivo el mal resultado de su primera deslealtad.

(6) Deheza a Paz en G. A. Puentes. “Juan Felipe Ibarra” (1944), p. 80. Ed. Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Después vendrá la prisión de Paz y el abandono de la provincia por Deheza. Se acercan las tropas federales y Gondra se apura a correr a los brazos de su padrino a “llorar su desconsuelo”; la calaverada del 15 de Julio había sido un error juvenil, harto pagada con el destierro y la cesantía.

El Saladino perdonó a “su amado hijo”; lo perdonó con tanta amplitud que lo hará Ministro General al retomar el Gobierno.

- Ministro de Ibarra

Vende su negocio a su suegro, Pedro Alcorta, a fin de consagrarse exclusivamente a las tareas administrativas. Las malas lenguas, que sobran en las aldeas, dijeron que la venta era simulada y el ministro seguía interesado en un comercio que mantuvo la proveeduría del Gobierno(7). Cierto o no, el cargo no puede ser grave; ni Gondra ni Alcorta podrían enriquecerse con las escasas transacciones santiagueñas.

(7) En 1840 se registra una contribución voluntaria de treinta pesos por “la pulpería de Adeodato de Gondra” a favor del comandante Rodríguez sublevado contra Ibarra; A. A. Figueroa. “La Autonomía de Santiago del Estero y sus Fundadores” (1920), pp. 123, 134 y 141, Santiago del Estero, corrige, por cuanto estaba registrada a nombre de Pedro Alcorta, suegro de Gondra; Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 84. Ed. Claridad, Buenos Aires) recalca que era “una maligna invención de los revoltosos” atribuir la propiedad de la pulpería al ministro de Ibarra. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Los Ministros Generales eran los intermediarios entre los señores de la Sala Legislativa -herederos de la vieja oligarquía capitular- y el gobernador, caudillo de prestigio en las clases populares. Armonizando los consejos de los unos con la voluntad del otro, los ministros equilibraban la clase dirigente de los tiempos coloniales con la realidad popular advenida después de la independencia.

En tiempos ya transcurridos, la oligarquía y la masa popular se habían atribuido la exclusiva representación del “pueblo”, y formaron dos partidos inconciliables: unitarios y federales. Pero ahora, de 1832 en adelante, la dura lección de cosas de la guerra civil había hecho cauta a la clase decente. Ahora todos trabajaban por el bien común, armonizando el buen sentido municipal de los señores de la Sala con el espíritu de la tierra y visión a distancia del caudillo.

Gondra dio forma durante años a las disposiciones patriarcales de Ibarra. Aprendió a su lado muchas cosas, pero aquéllas que su instinto gaucho había enseñado al Saladino le resultaron impermeables: otear cuidadosamente el horizonte, no adelantar un paso sin el sol alto, no escapar por la loma en los entreveros. Adeodato era impulsivo y tenía demasiada presunción juvenil(8).

(8) El ejemplo, tal vez, de esta impulsividad es la carta de Ibarra a Rosas del 17 de Noviembre de 1832 (Luis Roque Gondra la supone fundadamente redactada y aconsejada por Adeodato) que se refiere a la inmediata reunión de un Congreso Constituyente.
El Pacto Federal de 1831 difería a la plena libertad y tranquilidad la reunión del Congreso Federativo. Gondra supuso que la terminación de la guerra con los unitarios cumplía la condición fijada y quiso adelantarse a “ser el primero en pronunciar la palabra constitución”. Argumentaba (precisamente contra el tenor del Pacto) que el estado de inseguridad consiguiente al fin de la guerra se terminaría con la reunión del Congreso:
“Si no activamos la reunión de una Asamblea Constituyente para tener leyes nacionales y un Gobierno General que las haga cumplir y respetar por la razón o por la fuerza ... si no reconocemos una autoridad superior que dirima nuestras contiendas haciéndonos conocer claramente nuestros deberes; y, sobre todo, si no tratamos de salir de este estado triste y precario donde quizá no existe otro vínculo de unión entre las provincias que la amistad personal de sus gobernadores ¿cómo y cuándo podremos lisonjearnos de haber recogido el fruto de tantos años de fatigas y desvelos..?
“Hemos expresado al hombre de quien esperamos la salud del país una grande necesidad nacional. A ello nos ha determinado en parte la conferencia que he tenido con el Sr. Encargado de Negocios Dn. Pedro Feliciano Cavia, quien nos ha confirmado en esta persuasión y esperanza asegurándonos aquí las bellas disposiciones de Vd....
“Si Vd. considera que las mal trazadas líneas de esta carta deben ver la luz pública no tenga embarazo en hacerlo...”.
Las palabras de Cavia fueron mal interpretadas por Ibarra o Gondra. Porque precisamente el delegado de Rosas llevaba Instrucciones contrarias a la convocatoria inmediata de un Congreso Constituyente:
“4to..- Que mientras las provincias de la República no hubiesen arreglado su sistema representativo y afianzado su Administración interior; mientras no se hubiesen calmado las pasiones políticas que la última guerra ha encendido, etc., etc. ... sería funesto a los intereses de todos empeñarse en la reunión de un Congreso federativo, porque no podríamos contar en la elección de representantes con la imparcialidad y cordura que deben presidir a una obra de tanta trascendencia”, dicen estas Instrucciones.
Rosas contestó la carta de Ibarra, el 16 de Diciembre:
“Muy digno es por cierto de los sentimientos de un patriota el anhelo de poner término a nuestras fluctuaciones políticas...; si me dejara arrastrar por el entusiasmo sería el primero en clamar por una Asamblea que ... centralizase la acción del poder.
“Pero la experiencia y los repetidos desengaños me han mostrado los peligros de una resolución dictada solamente por el entusiasmo sin estar aconsejada por la razón y por el estudio práctico de las cosas.
“Ateniéndome a ellas tengo que decir a Vd., con igual franqueza que la suya, que el estado actual de la República lo considero el menos a propósito para la reunión de un Cuerpo Legislativo Nacional...”.
Ni Ibarra ni Gondra volvieron a insistir en la reunión del Congreso.
Referencias: carta de Rosas e Instrucciones a Cavia en Julio Irazusta. “Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su Correspondencia”, tomo I, (segunda edición), capítulo 2, pp. 170 y 189); carta de Ibarra a Rosas en Luis Roque Gondra. “De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 228. Ed. Claridad, Buenos Aires.
// Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Pero los años pasaban y la presunción no es simpática ni disculpable en quienes han dejado de ser jóvenes. Todos los errores se pagan, pero el error de despreocuparse de los demás, es el que se paga a mayor precio; Gondra, absorto en su propios intereses, ignoraba a los otros. Como buen ególatra, obraba como si nadie tuviera memoria y corregía pasos o rectificaba rumbos sin considerar el recuerdo ajeno, como si los hechos pudieran testarse o trocarse a la manera de las palabras de un borrador.

Su “arte de fascinar” (que admira su nieto y biógrafo Luis Roque Gondra) no iba más allá de una obsecuencia demasiado mecánica para simular largo tiempo la sinceridad. La permanente sonrisa habrá sido “fascinante” en el joven, pero en el hombre maduro de dientes largos y negros era una mueca que evidenciaba el esfuerzo; la aquiescencia constante hacia los poderosos pudo tomarse como admiración en el mozo, pero trasuntaba otra cosa en el hombre.

Su larga y oscura figura, ojos pequeños, manos frías, voz solemne, estaban lejos de servirle para atraerse voluntades. Todo lo contrario: Adeodato de Gondra tuvo el arte de la enemistad. El afán por destacarse en primer plano, signo de íntimo concepto de inferioridad, es el talismán más eficaz para conquistar animadversiones.

- Domingo Cullen

En otras cosas era útil; activo y capacitado en las tareas ministeriales, estuvo junto a Ibarra en los momentos difíciles del viaje de Quiroga -a fines de 1834- que habría de terminar en el recodo alevoso de Barranco Yaco. También lo estuvo en las horas apremiantes en que Domingo Cullen -desde la casa de Ibarra- veía deshacerse una a una sus seguridades de triunfo.

Nacido en Canarias, Cullen había vivido su juventud en Montevideo entregado al comercio y a la política. En 1823 fue enviado a Santa Fe por la Logia de los Caballeros Orientales; a los dos años casaba con una hermana política de Estanislao López -doña Gerónima Rodríguez, viuda de Aldao- lo que le valió la promoción a Secretario Privado del patriarca.

Ganó completamente a López y monopolizó la privanza de éste.

Alejado el último ministro en 1833 -Pedro de Larrechea- el avispado secretario ocupa el Ministerio General y maneja a su arbitrio la ya débil voluntad del gobernante. Estanislao López no era solamente la provincia de Santa Fe en 1833: era la cabeza de un imperio extendido por Entre Ríos, Córdoba y Santiago del Estero.

El 15 de Junio de 1838 muere López y Cullen -ausente en Buenos Aires- es elegido en su reemplazo. Pero una revolución aparentemente encabezada por Juan Pablo López -hermano del caudillo- y apoyada en realidad por Rosas, lo obliga a dejar el Gobierno y refugiarse en Córdoba.

Allí va a buscarlo Gondra, en Octubre de 1838, de regreso de un viaje a Buenos Aires, con orden de Ibarra de ofrecerle asilo en Santiago. En el viaje supo el ministro muchas cosas que explicaban la invitación de Ibarra, porque no era el Saladino hombre de arriesgarse por simple amistad.

Supo de un formidable plan tramado por el Gobierno de Francia, con aprobación de Brasil, el apoyo del mariscal Santa Cruz, Fructuoso Rivera, los pipiolos chilenos y los unitarios argentinos(9). Tal vez no estuvieran ausentes las logias.

(9) Son muchas las fuentes donde se encuentra este plan, tan importante en la historia argentina y tan desconocido por una gran parte de sus historiadores.
1.- El 21 de Abril de 1830, el Gobierno Imperial de Brasil comisionaba al marqués de Santo Amaro para adherirse -en nombre de Brasil- al plan, debiendo “obligarse a defender y auxiliar al Gobierno monárquico representativo que se estableciere en las provincias argentinas” (Instrucción 13), cobrándose este auxilio con la reincorporación de su antigua Provincia Cisplatina (Instrucción 7). Las Instrucciones a Santo Amaro, conocidas por copia que años más tarde hizo llegar Moreno, fueron publicadas en el “Archivo Americano”, el 21 de Junio de 1844 (p. 280, tomo I, de la reedición de 1947).
2.- En Agosto de 1832 el ministro de Chile en París informaba a su Gobierno -y éste al argentino- que había sabido la existencia de un plan tramitado en París para “reconocer la independencia de los Estados americanos bajo la forma monárquica constitucional”. Agregaba que el año anterior “dos agentes americanos habían tenido entrevistas en Londres y París con enviados confidenciales del Gobierno español” (Adolfo Saldías. “Un siglo de Instituciones”, tomo I, p. 239). “Aunque el ministro en Chile no nombra a Rivadavia, es fuera de duda que éste era uno de los dos americanos a que se refiere, pues consta que desde el año 1830 continuaba en París sus trabajos anteriores en favor de la monarquía en el Río de la Plata... El marqués de Santo Amaro tuvo varias entrevistas con Rivadavia en París, y aunque el último no dejó notas de lo que hablaron, es casi evidente que cooperó al plan de monarquía. Lo que se sabe es que Rivadavia acompañó a Madrid al marqués de Santo Amaro y que poco después fracasó la negociación de Inglaterra para que España reconociese llanamente la independencia de las Repúblicas sudamericanas” (Adolfo Saldías, “Un siglo de Instituciones”, tomo I, p. 240). Por esta causa Rivadavia fue reembarcado por Viamonte a su regreso a Buenos Aires en 1834.
3.- El 24 de Octubre y el 6 de Noviembre de 1833 el ministro argentino en Londres, Manuel Moreno, denunciaba -por informes recibidos del servicio de inteligencia británico- la manera de cumplirse el plan en el Río de la Plata:
“Tengo que añadir a la mía del 24 de Octubre, igualmente por conocimientos muy auténticos e indudables, que el plan de los unitarios de Montevideo, en que está empeñada ya la facción traidora que manda allí (Rivera, Obes, etc.) es declarar la guerra con cualquier pretexto a Buenos Aires, suscitando querella por Martín García o por la conducta del general Lavalleja; etc., o por cualquier otro motivo frívolo, lo que lleva la mira de parte del Gobierno de Montevideo de apoderarse de Entre Ríos y de la navegación del Uruguay; y por parte de los unitarios, el que armándose un ejército por Buenos Aires para resistir esta hostilidad, se le de el mando de él a don Estanislao López, quien se levantará con él y se declarará por la revolución.
“Es parte principal y preparatoria de este plan que el señor López de Santa Fe rompa con los señores Rosas y Quiroga, halagándolos con pérfidas sugestiones, pero con la mira de sacrificarlo luego a su vez; y se jactan de que tienen ya mucho adelantado.
“Este plan, todo de sangre y de escándalo, lo ha convenido don Julián Agüero en Montevideo, con Rivera, Obes y los españoles y unitarios de uno y otro lado. En la fe de sus efectos y seguridad, va Rivadavia a partir a fin de este mes.
“Tengo los datos más seguros de esta terrible conspiración. Bástele a Vd. saber por ahora (la nota es al ministro de Relaciones Exteriores José de Ugarteche) que la diplomacia inglesa ha trabajado en descubrirla... Además yo no me he dormido. Dios quiera que este aviso llegue cuando el atentado esté todavía en proyecto”. (Adolfo Saldías. “Historia de la Confederación Argentina” (1945), tomo III, pp. 215 y otros).
4.- Moreno remitía igualmente una copia de la denuncia del ministro mexicano en Francia, en la cual se hablaba de las particularidades de este plan en México.
Viamonte hizo conocer la denuncia de Moreno al Gobierno de Chile (era ministro Diego Portales). La Sala Legislativa de Buenos Aires fue enterada en la Sesión secreta del 21 de Enero de 1834. No la comunicó a los Gobiernos de provincias, tal vez por mencionarse el nombre de Estanislao López.
Confrontando las fuentes, puede afirmarse que el famoso plan se había originado en Francia desde los tiempos de Carlos X; contaba con el apoyo de algunos políticos españoles que podrían inclinar la voluntad de Fernando VII (Puñoenrostro, general Cruz) al reconocimiento de la independencia de América española con príncipes de la Casa de Borbón en sus tronos, protegidos por ejércitos franceses. El objeto perseguido por Francia era exclusivamente extender su comercio y su prestigio en el Nuevo Mundo; contábase con el apoyo de los partidos extranjerizantes de América (los conservadores mexicanos; Flores, en Ecuador; Santa Cruz, en Perú y Bolivia; Rivera en la República Oriental; pipiolos chilenos, unitarios y federales doctrinarios argentinos) pero se descontaba la oposición de las fracciones nacionalistas (liberales mexicanos, pelucones chilenos, federales argentinos).
// Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Cullen había entrado en la conjura, porque oponerse a ese conjunto de intereses y de fuerza era vano e impolítico y para sacar el mejor provecho; en París se había dispuesto que fuera Estanislao López quien encabezaría la “cruzada civilizadora”, al tiempo que Rivera y Santa Cruz invadirían la Confederación y Francia apoyaría con su Escuadra, sus tropas y sobre todo su dinero. No habría guerra en realidad; el cambio de autoridades se operaría con una simple demostración militar. Para impedir toda posible resistencia, el plan contemplaba la eliminación previa de los caudillos reacios a la civilización.

En 1834 empezó el cumplimiento: Villafañe, Latorre, Aguilar y después Quiroga, son sucesivamente eliminados. La muerte de este último, por elementos manejados desde Santa Fe, demuestra la parte importante de Cullen en la conjuración. Desgraciadamente reaparece Rosas en Buenos Aires armado con la suma del poder y exige el esclarecimiento de la muerte de Quiroga con tanta insistencia y energía que Cullen no puede evitarlo(10).

(10) La muerte de Quiroga fue para Rosas la señal indudable del plan y de la complicación de Estanislao López (o por lo menos de sus satélites Reinafé, Cullen, etc.) con los unitarios.
“El señor Dorrego fue fusilado en Navarro por los unitarios. El general Villafañe, compañero del general Quiroga, lo fue en su tránsito de Chile para Mendoza por los mismos. El general Latorre lo ha sido a lanza después de rendido y preso en la cárcel de Salta, sin darle un minuto de tiempo para que se dispusiera, lo mismo que el coronel Aguilar que corrió igual suerte.
“El general Quiroga fue degollado en su tránsito de regreso para ésta el 16 del pasado último Febrero, 18 leguas antes de llegar a Córdoba. Esta misma suerte corrió el coronel José Santos Ortiz y toda la comitiva en número de 16, escapando sólo el correo que venía y un ordenanza, que fugaron entre la espesura del monte” -escribía Rosas el 3 de Marzo (al conocer el asesinato de Quiroga) desde su estancia San Martín, en Cañuelas, a un mayordomo suyo-.
“¡Qué tal! ¿He conocido o no el verdadero estado de la tierra? Pero ni esto ha de ser bastante para los hombres de las luces y de los principios. ¡Miserables! Y yo insensato que me metí con semejantes botarates. Ya lo verán ahora. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones” (Adolfo Saldías. “Papeles de Rosas” (1906-1907), tomo I, p. 134), (dos tomos).
// Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Este contraste y el haber perdido influencia Rivera en la Banda Oriental, obligaron a la postergación del plan. Pero ahora -1838- la guerra con la Confederación Perú-Boliviana, el conflicto con Francia y la expulsión de Oribe de Montevideo mediante el apoyo francés, significaban la seguridad del triunfo. Había sido para buscar un pretexto de romper el Pacto Federal que había ido Cullen a Buenos Aires en Junio de 1838, pero la muerte de López lo obligó a escapar de Buenos Aires y luego a huir de Santa Fe.

Contingencias que no tardarían en superarse; no habría Rosas, ni Heredia, ni fraile Aldao que detuviera la bien urdida trama. Ya estaba encaminada la conjura en Buenos Aires para eliminar a Rosas y reemplazarlo por el presidente de la Sala, Manuel Vicente Maza; en Tucumán moriría Heredia, y sus sucesores se aliarían a Santa Cruz. Las esperanzas eran del todo risueñas en Octubre de 1838.

Rosas conocía desde 1833 el plan, por denuncia del ministro argentino en Londres, Manuel Moreno. Y cuando la muerte de Quiroga le hizo comprender la trágica realidad de la conjura, todos sus actos políticos, hábiles y férreos a la vez, tenían el propósito de desbaratar la formidable confabulación. Por eso fue la suma del poder, el apoderamiento del Banco Nacional, la ley de aduana, la depuración del Ejército; por eso se adelantó a aliarse con Chile y declarar la guerra a Santa Cruz en 1837, antes de que fuera realidad la anunciada agresión francesa; por eso su actitud ante las reclamaciones del cónsul Roger.

Porque estaba enterado del papel de Cullen en el plan, no había admitido su Gobierno en Santa Fe pese a las demostraciones de adhesión y de amistad repetidas por el canario después de la muerte de Estanislao López.

- La “encomienda

La lucha no era pareja, pero el Restaurador conservaba la serenidad no obstante el mal aspecto que tomaban las cosas. En Noviembre caía asesinado Heredia; poco antes Rivera -triunfante en Montevideo- hacía llegar a Cullen onzas e instrucciones a fin de encender la guerra en el Interior. En consecuencia, Cullen armó la expedición de Pedro Nolasco Rodríguez (del partido de los Reinafé) contra Córdoba, inexplicablemente batida por López “Quebracho” en Las Cañas, el 28 de Marzo de 1839.

Desde allí Rosas empezará a echar “suerte”. Cuando Santa Cruz es dueño del Norte por la muerte de Heredia, llegó a fines de Marzo la noticia de que la Confederación Perú-Boliviana se había hundido en Yungay y el mariscal huido al extranjero(11); el 31, Berón de Astrada pierde la batalla y la vida en Pago Largo.

(11) Para contrarrestar la noticia del desastre de Yungay, Andrés Lamas y Aimé Roger llevaron a la firma de Rivera -que estaba en su Campamento de Durazno- la declaración formal de guerra a la Confederación Argentina. Era día de carnaval y Rivera se encontraba en un baile vestido de moro; firmó el documento sin leerlo y sin quitarse el disfraz (“Referencia” en Julio Irazusta. “Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su Correspondencia”, tomo II, p. 233, segunda edición).
Esta declaración de guerra ya estaba prevista desde el Plan de 1833. No era Rivera, ni era la República Oriental: era Francia la que llevaría la lucha contra la Confederación Argentina.
La medida fue perjudicial para los intereses coaligados. La publicación del Tratado secreto entre Rivera y Berón de Astrada obligó a Rosas a apresurar la marcha de Echagiie sobre Corrientes y produjo el aniquilamiento de las milicias malamente reunidas por éste. Más tarde permitiría la invasión de Echagüe al territorio oriental, fracasada en Cagancha pero renovada por Oribe en 1842. Y uniría estrechamente la causa argentina con la oriental en la Guerra Grande. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Ibarra había apostado a la carta Cullen con la seguridad de ganar y ahora las cosas se daban vuelta. Era superfluo que Cullen garantizara el triunfo final. Por el momento la situación era grave; amenazado por Córdoba y Santa Fe y sin perspectiva de ayuda por el Norte después de Yungay, Ibarra quedaba a la merced de Rosas si seguía unido a Cullen.

Trató de sacar su puesta con el codo si se lo permitía Rosas. Al fin y al cabo había sido el optimista “gallego” quien lo impulsara a arriesgarse y era justo que pagara las costas. Y Gondra, apenas supo o sospechó los propósitos de Ibarra, se adelantó a romper el corral; hizo saber a Rosas, como cosa suya, que dentro de poco le mandaría “la encomienda”(12).

(12) “Don Adeodato de Gondra, el ministro de Ibarra, ese hombre que ha visitado aquí a Cullen, que después ha estrechado en las provincias sus conexiones con él hasta hacerle compañía -según estoy informado, en su fuga a Santiago- ese mismo Gondra ha escrito una carta a un sujeto de aquí suplicándole haga una visita en su nombre a Manuelita Rosas y le diga de su parte le avise a su padre que dentro de poco le mandará la encomienda, pues así se lo han prometido ya” (carta de Enrique Lafuente -como se sabe, empleado de la secretaría de Rosas e informante de los unitarios- a Félix Frías, cabeza dirigente de la conspiración conocida con el nombre de ‘Conspiración Maza’, Junio 14, 1839), en G. F. Rodríguez. “Contribución Histórica y Documental”, tomo II, p. 483. Luis Roque Gondra no menciona esta carta y, por el contrario, supone que “Ibarra, por consejo de Gondra, su ministro, resistió mucho tiempo la entrega de Cullen a Rosas” e imagina que la ruptura entre el ministro y el gobernador en 1841 se originó en 1839 por el apresamiento y remisión del conspirador canario contra la voluntad de su abuelo. No lo afirma con prueba documental; simplemente debió ser así por deseo del nieto. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El 15 de Abril, Rosas, que conocía a Ibarra (y empezaba a conocer a Gondra), derechamente pidió al Saladino la entrega de Cullen:

“No puedo creer por un solo instante que Ud. quiera comprometer su honor y su buen nombre y menos el crédito de la unión y tranquilidad de las provincias por salvar a un malvado, desde que sepa lo que es y se penetre, como debe penetrarse, de los gravísimos males que causará a la República si no lo remite inmediatamente bien asegurado con dos barras de grillos”(13).

(13) Julio Irazusta. “Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su Correspondencia”, tomo II, p. 236, segunda edición). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Por supuesto sabía Rosas que Ibarra no era inocente en la conspiración fraguada desde su propia casa. Jugaba la comedia de creer que Cullen, amparándose en la ingenuidad del Saladino, había traicionado su amistad. Permitía una explicación satisfactoria a Ibarra y se aseguraba la entrega del inquietante conspirador.

Ibarra aceptó complacido el papel de huésped engañado ofrecido por Rosas. El imperativo -como debe penetrarse- tampoco admitía dilaciones: aconsejó a Cullen que se pusiera unas medias de lana “porque le iba a remachar dos barras de grillos a los pies” y remitió la encomienda a Buenos Aires. No pasó del Arroyo del Medio(14).

(14) Cullen fue fusilado en la posta de Vergara, junto a San Nicolás, el 22 de Junio de 1839. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- Compadre de Oribe

Algo, no muy bien aclarado, ocurría dos años después entre Ibarra y su ministro. Gondra habla de la “hostilidad de algunos miembros de la familia de Ibarra” que le hicieron perder el favor de su padrino(15) Ibarra de veinte mil pesos esfumados de la Tesorería, adquisiciones ilegales, etc. Ciertas o no, Gondra prefirió poner distancia y escapó a Tucumán; de allí despacha por correo su renuncia el 6 de Octubre de 1841(16).

(15) La renuncia oficial hacía referencia al mal estado de mi salud (Luis Roque Gondra. “De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 92. Ed. Claridad, Buenos Aires). En carta particular a Ibarra menciona “la hostilidad de personas de su familia’’ (A. A. Figueroa. “La Autonomía de Santiago del Estero y sus Fundadores” (1920), p. 138, Santiago del Estero).
(16) Grande fue el encono de Ibarra contra su ex ministro. El 11 de Octubre de 1842 remite una carta a Gutiérrez sobre el infernal orgullo de Gondra, la malevolencia del ministro periodista poseído de un espíritu depravado; luego siguen los cargos concretos: la sustracción indebida de 20.000 pesos en la Tesorería donde don Pedro Alcorta -suegro y socio de Gondra- era tesorero; compra en Tucumán de unas suelas por cuenta de la provincia, luego remitidas como suyas a Buenos Aires. Luis Roque Gondra -“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), pp. 99-100. Ed. Claridad, Buenos Aires- defiende a su abuelo de ambos cargos: “A nadie escandalizó -dice- tan conocida era la honradez intachable del doctor Gondra”.
Don Adeodato se había despedido de Santiago del Estero con un Manifiesto expresando su reconocimiento al “esclarecido brigadier general Dn. Felipe Ibarra, a quien desde cualquier distancia siempre llamará padre, el que ha tenido y tendrá el honor de llamarse su hijo”. Fecha este Manifiesto en Santiago, el 29 de Octubre de 1841, cuando ya era ministro en Tucumán.
“Ministro periodista” llama Ibarra a Gondra porque éste -mediante un sobresueldo de $ 30 mensuales- se encargaba de redactar un periódico semanal “que hace honor a la provincia”, según decreto del mismo Gondra del 1 de Mayo de 1842, en Luis Roque Gondra -“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 103. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Oribe acaba de vencer a Lavalle en Famaillá y era triunfalmente agasajado en Tucumán. Corrían las horas cruentas de la liquidación de la Coalición del Norte y Gondra se apresuró a borrar ciertas huellas que lo comprometían con los coaligados, especialmente con su pariente, el ex ministro de la Coalición, Salustiano Zavalía(17).

(17) “Un hombre (Gondra) -decía Ibarra a Gutiérrez- que en épocas pasadas dirigió una comunicación al salvaje Zavalía apostrofándolo con toda la vehemencia de la indignación que aquél merecía y que después con su cuñado y hermano de aquél, Agapito Zavalía, le envía un recado que no haga caso de aquella carta” (Luis Roque Gondra. “De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 101. Ed. Claridad, Buenos Aires). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Aliviado de esta preocupación, demuestra su entusiasmo por el triunfo federal. Inexorablemente sale al paso de Oribe y se gasta en elogios del vencedor de Lavalle; escribe alborozado al coronel Vicente González (El Carancho del Monte) que “las cabezas de Avellaneda y Casas están colgadas en la plaza de Tucumán como enemigos de Dios y de los hombres”(18).

(18) Reproducida fragmentariamente por Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas” (1880), tomo II, p. 541. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

No deja un momento a Oribe ni al nuevo gobernador de Tucumán, Celedonio Gutiérrez. Le nace un hijo y lo hace apadrinar por Oribe y la esposa del gobernador Gutiérrez(19).

(19) “... siendo padrinos el Excmo. Señor Presidente de la República Oriental del Uruguay General en Jefe del Ejército Unido de Vanguardia de la Confederación Argentina, brigadier general Dn. Manuel Oribe y Dña. Fortunata Juárez, esposa del Excmo. Señor Gobernador y Capitán General de Tucumán, general Dn. Celedonio Gutiérrez. El ilustre padrino se dignó obsequiar esa noche a todos los concurrentes con bebidas, refrescos, dulces, etc., todo en abundancia”. “Memoria Genealógica de Adeodato de Gondra” transcripta por Luis Roque Gondra en su obra “De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 96. Ed. Claridad, Buenos Aires. Las palabras en bastardilla, así como las menciones al digno coronel Dn. Mariano Maza en otra parte descriptiva de la ceremonia -señala L. R. Gondra- fueron testadas por Dn. Adeodato cuando años después abandonó la tiranía por la libertad. Para su nieto y biógrafo esta anotación “tiene algo de desgarrador y revela el estado de ánimo y los padecimientos morales que debió sufrir en aquellos momentos don Adeodato por tener que compartir en su casa la presencia de Oribe y del degollador Maza”, que supone tendrían que producirle “malestar y vergüenza”. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

A manera de regalo al compadre, Oribe recomienda su designación como ministro, con indignación de Ibarra, que escribe a Gutiérrez cosas poco halagüeñas sobre su antiguo favorito.

Pero Adeodato se ingenia y convence a Oribe de tratarse de celos de Ibarra por perder un ministro de sus condiciones; por las dudas se había asegurado el apoyo de Oribe con un decreto -dictado en uso de la suma del poder- que autorizaba a cualquiera “a quitar la vida a los autores, cómplices y encubridores del asesinato del Excmo. Señor Gobernador don Alejandro Heredia”(20); hecho a la medida para legalizar el juicio y condena a muerte de Avellaneda que Mariano Maza -el yerno de Oribe- se había apresurado a ejecutar en Metán.

(20) Decreto del 1 de Diciembre de 1841. Avellaneda había sido ejecutado en Metán el 3 de Octubre. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El 24 de Enero de 1842, Gondra asociaba el nombre de Rosas al de Oribe en una pirámide para “perpetua memoria” de ambos en la plaza de Tucumán; llamaba a Rosas con discutible originalidad “Grande en la guerra, Grande en la paz e Inmortal en el corazón de sus compatriotas”, y a Oribe “acreedor a la eterna gratitud y bendiciones de los buenos argentinos por sus brillantes hechos de armas, la eficacia de sus inmortales servicios y las virtudes de todo género que ha desplegado pública y privadamente”.

En otra de las caras de la pirámide, la oligarquía lugareña leyó por muchos años la execración a la “atroz, sangrienta e insoportable tiranía de los brutales salvajes unitarios, impíos enemigos de Dios y de los hombres”(21).

(21) “Gaceta Mercantil”, Abril 22 de 1842. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- La Constitución y los salvajes unitarios

El 9 de Julio de 1844 Gondra lee una alocución (remitida a Buenos Aires y cuidadosamente publicada en la “Gaceta Mercantil” y “Archivo Americano”) sobre el significado de la independencia cuya fecha había equiparado Rosas al 25 de Mayo:

“Un sentimiento de justicia y un vivo entusiasmo por las glorias de mi patria, me impelen a alzar la voz para proclamar las heroicas virtudes del hombre extraordinario, que la Divina Providencia nos ha dado por guía en el camino que conduce a la verdadera felicidad de los Pueblos; él es quien durante una larga carrera pública no ha dado un solo paso que no sea un servicio hecho a sus compatriotas y un ejemplo digno de ser imitado por todos los hombres libres; él es el que ha demostrado a la Europa que la independencia de los americanos merece el mismo respeto que la de todas las naciones de la tierra ; él es el que ha...”(22).

(22) “Archivo Americano”, Diciembre 16, 1844, Nro. 16 (reimpresión de 1947, tomo II, p. 13). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Sigue la enumeración de los títulos de Rosas a la admiración de Gondra que lo mueven a...

“...dirigirle desde aquí, a nombre del pueblo tucumano, de su Gobierno y del mío, un voto ardiente de amor, de admiración, de respeto y de gratitud...”.

Entre sus méritos (fin de la anarquía, defensa de la soberanía, conquista del desierto, organización política, restauración de la riqueza), incluye la...

“... sabiduría de sus combinaciones que entre continuadas vigilias y fatigas prepara los elementos que deben formar la deseada Constitución Nacional, no como la han pretendido los pérfidos violadores de todas las leyes, sino cual convenga a las necesidades, genio y costumbre de los argentinos...”.

Indudablemente Rosas lo había convencido. Esta Constitución, por la cual clamaban los adversarios, habría sido dictada ya si quienes...

“... llevan en su frente el tizne infamante de traidores ... este bando de execrable nombradía ... no hubiera corrido a colocarse en las filas extranjeras cada vez que extranjeros profanaron el suelo de la patria...; y, finalmente, sus desnaturalizados corifeos están en este día de orgullo para los argentinos vilmente prosternados besando la mano de un comodoro británico...”, ... no hubieran obligado a combatir por la soberanía.

Ellos eran los primeros, culpables del “retardo de la Constitución” que imputaban con mala fe a Rosas. Llegaría la Constitución cuando el bando celeste

“reducido a la imposibilidad de cometer otra vez sus crímenes acostumbrados” desapareciese de la escena política; y esa Constitución de Rosas sería argentina, legítimo reflejo de la manera de ser nacional y “cual convenga a las necesidades, genio y costumbre de los argentinos; de ninguna manera un código importado de factura extraña “como lo han pretendido los pérfidos violadores de todas las leyes”(23).

(23) Julio Irazusta. “Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su Correspondencia”, tomo I, p. 192, (segunda edición), hace notar que Luis Roque Gondra -en el panegírico de su abuelo- “omite el florón mayor de su corona literaria, su mejor título a la consideración de la posteridad, la pieza que firmó por sí mismo y no como amanuense, la que creo indisputable cumbre de la oratoria argentina, la oración del 9 de Julio de 1844”. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- Tucumán, Jardín de la República

En 1844 una calma fecunda ha seguido a la tormenta de la Coalición del Norte. Las complicaciones de la intervención y la Guerra Grande ocurrían en la República Oriental o en Corrientes. Tucumán estaba libre por el momento de pronunciamientos, combates y represalias.

Gondra pudo entregarse al trabajo con amor a su provincia natal y perspicaz inteligencia de su porvenir económico. La provincia le debe mucho del engrandecimiento material y tranquilidad politica que hubo durante la progresista dictadura de Celedonio Gutiérrez, aunque la modestia del ministro lo atribuyó exclusivamente al “mejor de los hijos de Tucumán, el esclarecido general Gutiérrez que dignamente la preside”, en su alocución de ese año.

La prosperidad de la provincia mereció aplausos indiscretos de Alberdi en su artículo “Tucumán, Jardín de la República”, prudentemente rectificado por Gondra por no convenirle que su inmaculado nombre federal anduviera en elogios unitarios(24).

(24) Según Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 121. Ed. Claridad, Buenos Aires: “El doctor Gondra no podía guardar silencio en aquel momento sin comprometer toda su obra de gobernante, con grave riesgo de los que, fiados en ella, bien que adversarios de Rosas, residían tranquilamente en la provincia de Tucumán.
“No cabía otra actitud ante el inoportuno e indiscreto elogio de Alberdi”. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- El “Doctor Adeodato de Gondra’’

En 1846 su nombre era conocido; sus alocuciones federales se publicaban en los diarios de Buenos Aires y aunque Rosas no le daba categoría para cartearse, lo suponía satisfecho de su obra y de los adjetivos laudatorios vertidos en mensajes, alocuciones y monumentos de “gloria imperecedera”.

¿Por qué no tentar la suerte política en Buenos Aires? Tucumán ya era escenario chico para su personalidad. Por otra parte, la vejez se acercaba y debería consolidar su situación económica. La prosperidad de la capital de la Confederación era asombrosa y el bufete de un político de influencias tendría que ser jugoso. Lorenzo Torres -sin sus méritos- había logrado una fortuna en la profesión de abogado.

Si dejara Tucumán por Buenos Aires, el Restaurador lo llevaría seguramente a una banca de representante en la Legislatura o, tal vez, a tareas ministeriales con mayor espectación y posibilidades; Felipe Arana estaba muy viejo para el trabajo exigido por un hombre tan laborioso como Rosas.

No era abogado, pero eso no sería un obstáculo. Resolvió conseguir el diploma sin ir a la Universidad en Córdoba o en Buenos Aires. El 22 de Septiembre el ciudadano Adeodato de Gondra presenta un escrito al ministro Adeodato de Gondra, suplicándole que en atención a sus conocimientos empíricos de Derecho le hiciera tomar:

“... un examen en la facultad de jurisprudencia, y en la práctica relativa a la misma, porque el servicio público me impide trasladarme a Buenos Aires a llenar las formalidades previas para recibir de la Ilustre Universidad el grado de Doctor en Leyes y el despacho de Abogado por la Excma. Cámara de Apelaciones de dicha provincia”(25).

(25) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 116. Ed. Claridad, Buenos Aires. La carrera jurídica se cursaba en tres años en la Universidad de Buenos Aires, egresándose previo examen de tesis con el grado de Doctor en Leyes. Para obtener la licencia de ejercer la profesión -el título de Abogado- el doctor debería cursar otros tres años de práctica en la Academia de Jurisprudencia y aprobar un examen de procedimientos ante la Cámara de Apelaciones. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El ministro hace lugar a la súplica del ciudadano “para ese único caso” y ordena la formación de una mesa con dos jueces y un abogado a fin de examinar al peticionante y otorgarle el grado y título en caso de demostrar suficiencia. El Tribunal procedió:

“a un largo y prolijo examen teórico y práctico de jurisprudencia, en el cual se han lucido satisfactoriamente la erudición y conocidas aptitudes que en este ramo de la ciencia posee el señor Ministro General don Adeodato de Gondra, por lo que no ha trepidado en prestar unánimemente su aprobación. A lo que se agrega el modo honorífico con que el público le ha visto expedirse siempre en este mismo importante ramo, conforme en todo a su meritorio talento, juicio y probidad”(26), dice el Informe del examen tomado el 28 de Septiembre.

(26) Datos tomados del mencionado libro de Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), pp. 116 a siguientes. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

En consecuencia, Gondra quedó investido -ilustre y desconocido precursor de la universidad de Tucumán- con el grado de Doctor en Leyes y abogado local.

Su carrera universitaria había sido meritoriamente meteórica: iniciada el 22 de Septiembre con su escrito de súplica, la terminaba seis días después, el 28. Con la circunstancia favorable, a la celeridad del alumno-ministro, de tener el título dos días antes del examen, pues el 26 de Septiembre lo remite con un poder a su pariente Amancio Alcorta -residente en Buenos Aires- para que tramitara de la Universidad y la Cámara de Apelaciones su reválida. El diploma que acompañaba estaba correctamente refrendado con su firma ministerial(27).

(27) “Documentos inéditos del doctor Adeodato de Gondra”, en Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 123. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Alcorta se portó con diligencia y la Universidad hizo una excepción “por esta sola vez” a sus disposiciones estatutarias; sin más trámite, revalidó el grado conferido por el Tribunal tucumano y aceptó que el juramento de práctica lo otorgara un apoderado el 9 de Noviembre de 1846.

Poco después la Cámara de Apelaciones tenía por suficiente la práctica acreditada en Tucumán y eximía al ausente de los tres años de academia.

- Triunfar o morir en la demanda

En 1850, las provincias fueron invitadas por Rosas a designar representantes que, reunidos en Buenos Aires “entrarían a resolver todos los asuntos que demandasen los intereses de la Nación”.

¿Qué se proponía Rosas con esta Asamblea? Algunos hablaban de Constitución; otros de darle al Jefe de la Confederación la suma del poder nacional a fin de llevar a cabo sin trabas la inevitable guerra con Brasil. La esfinge de Palermo era inescrutable; por lo pronto, los representantes deberían nombrarse con facultades para resolver “toda cosa conveniente al interés nacional”.

Gondra -distanciado de Gutiérrez- ve la ocasión de irse a Buenos Aires con un cargo de gravitación en la política(28). Se hace nombrar representante por Tucumán (que Gutiérrez se apresuró a conferirle) y a mayor abundamiento obtiene de Mariano Iturbe igual representación por Jujuy. A principios de 1851 emprende el viaje(29).

(28) “Las relaciones de Gutiérrez y Gondra ya no eran cordiales” (Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 141. Ed. Claridad, Buenos Aires).
(29) L. R. Gondra supone que se encontraba en Buenos Aires en 1850. En realidad llegó a Buenos Aires el 15 de Mayo de 1851. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Probablemente en Córdoba leyó el resonante artículo de “La Regeneración” de Entre Ríos, del 5 de Enero, sobre la “Organización Nacional”; don Adeodato ve la ocasión de lucir su experiencia y escribió una carta -cuya copia hace llegar a Rosas y a los Gobiernos provinciales- dirigida a Urquiza, advirtiéndole que era “anárquico y disolvente” apresurarse a hablar de Organización en esos momentos. Don Adeodato quiso ser prudente una vez en la vida; fue la única vez que llegaría tarde(30).

(30) Arturo Capdevila. “Las Vísperas de Caseros” (1922), p. 108, Buenos Aires. Omitido por L. R. Gondra. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Arribó a Buenos Aires el 15 de Mayo de 1851. A los pocos días publica en la “Gaceta Mercantil” un aviso en recuadro, que chocó con las modestas costumbres profesionales de entonces:

“¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes asquerosos unitarios! ¡Muera el loco, traidor, salvaje unitario Urquiza!
“El que suscribe, Doctor en Derecho Civil y Abogado de los Tribunales de la República, tiene el honor de anunciar a sus amigos y al público que, con el debido permiso de S. E. el Jefe Supremo de la Confederación Argentina ilustre brigadier general don Juan Manuel de Rosas, ha abierto su Estudio de Abogado, calle del Parque Nro. 61, donde ofrece sus servicios. Adeodato de Gondra”.

Fue, posiblemente, el primer anuncio de un abogado que pudo leerse en nuestro país. No dejarían los viejos letrados del foro porteño (Baldomero García, Eduardo Lahitte, Roque Saenz Peña, Lorenzo Torres, Dalmacio Vélez Sársfield) de hacerse cruces ante la ética profesional del advenedizo y su desusada forma para hacerse pleitos “con el debido permiso de S. E.”.

Tal vez los clientes no llegaron con la prontitud esperada, pues Gondra tuvo tiempo de escribir largas y cotidianas cartas a Rosas comentando los asuntos de actualidad; no era fácil verlo a Rosas, y de alguna manera tenía que enterarlo de su estrepitosa adhesión.

La noticia del Pronunciamiento de Urquiza -sabida en Buenos Aires a fines de Mayo- le mereció apreciaciones duras sobre los cambios de opinión:

“He mencionado más arriba la imperdonable traición del bandido Urquiza” -escribe a Rosas el 26 de Mayo-.
“No hay crimen más repugnante que el del traidor, ni hay hombre más despreciado u odiado que aquél que dice hoy lo contrario de lo que dijo ayer en asuntos de gravedad.
“El traidor Urquiza ... sin rodearse de más hombres que dos muchachos de malas costumbres arrojados de Buenos Aires (¿Juan Francisco Seguí y Carlos Terrada?) ha dado un grito impío, un grito infame, un grito cobarde, un grito que por sí solo forma su proceso, su sentencia, su muerte”.

No hay constancia de que Rosas le respondiera o por lo menos acusase recibo. Pero Gondra insistió por escrito o verbalmente en las pocas recepciones oficiales -a que tuvo acceso por su cargo- dejando patentizada en el archivo de la Secretaría de Rosas su gran fidelidad al Restaurador, así como el agradecimiento eterno que conservaría por los favores recibidos

“No hay día, señor, en que no vea nuevos motivos de bendecir su mano benéfica -escribe el 18 de Octubre de 1851- y de consagrarle para siempre todo mi amor y todo mi reposo.
“Permítame V. E. repetirle una expresión que también le dije anoche y es que, cuando se me acabe la tinta para elogiar sus incomparables servicios, no por eso dejaría de escribir, pues escribiría con mi sangre... En esto no hay exageración”(31).

(31) Ambas cartas y muchísimas otras de semejante tenor, corren inéditas en el archivo de Rosas (Leg. Farini, 1851, Archivo General de la Nación).
Luis Roque Gondra para su mencionada biografía “De la Tiranía a la Libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)”, ha olvidado inexcusablemente consultar el archivo de Rosas en 1851, tan grávido de cartas de su ilustre abuelo, explicativas de su tránsito de la tiranía a la libertad.
No es solamente el archivo de 1851. En años anteriores, y desde Tucumán, Gondra no dejaba de bombardear a Rosas con larguísimas y expresivas cartas:
“Ya sabe V. E. -le escribe el 4 de Abril de 1849- que cada correo, aun a riesgo de incomodarlo, le lleva un saludo mío tan cordial como respetuoso. Así lo haré siempre por deber y por gusto, hasta que alguna señal me indique que debo cesar de importunar a V. E. con mis humildes cartas...” (Leg. Farini, Archivo General de la Nación).
Esta media correspondencia entre Gondra y Rosas (cartas del primero, sin el borrador de respuesta del segundo) es copiosísima, por lo menos después de 1848. Desde Tucumán informaba detalladamente a Rosas todos los asuntos del Norte, y también de la política interna de Bolivia. Todas las misivas tienen el mismo clisé de despedida: “Como siempre yo y mis hijos rogamos a Dios, Nuestro Señor, por la salud y ventura de V. E. Este voto será tan duradero como la existencia de su humilde, apasionado amigo y firme compatriota Q. B. S. M. - Adeodato de Gondra”. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

En Buenos Aires no omitiría exteriorización de su entusiasmo rosista; sus vivas y mueras en el Teatro Argentino; sus esfuerzos al tirar del carro triunfal con el retrato de Rosas el día de la declaración de guerra al Imperio, sus gerundiosas alocuciones en presencia de Rosas, su obsequiosidad con Manuelita, sus gestos, palabras, énfasis, indignaciones, llenan la ciudad en estas vísperas de Caseros.

Quiso ser el más destacado de los rosistas; un presentimiento había hecho retraerse a muchos y el mismo Restaurador no estaba tan seguro de la victoria como en el año 40 cuando Lavalle no pudo entrar en la ciudad. Había en Buenos Aires una atmósfera sombría que no escapaba a nadie. A nadie que no fuera Adeodato de Gondra, que gritaba como ninguno y gesticulaba como Don Eusebio de la Santa Federación.

El 8 de Septiembre decía en nombre de los representantes provinciales:

“Habiendo sonado la hora del combate y tremolando ya el glorioso estandarte nacional en las invictas manos del Jefe Supremo de la Confederación, los argentinos de once provincias que tenemos el honor de representar, estamos prontos a venir presurosos a la orden del Jefe Ilustre de la Confederación a triunfar o morir en la demanda...”(32).

(32) Alocución del doctor Adeodato de Gondra pronunciada en la sala de la casa de S. E. en la reunión que tuvo lugar el 8 de Septiembre por la noche (“Archivo Americano”, 2da. Serie, Nro. 28). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- De la tiranía a la libertad

Ocurre Caseros y don Adeodato ni triunfa ni muere. No había nacido para las heroicidades y a la semana saltaba la cerca con su serenidad acostumbrada. El 10 de Febrero escribe a Urquiza, ahora “ilustre guerrero y paladín de la libertad federal”, disculpándose por las cosas que tuvo que decirle por imposición del tirano y felicitándolo por haber sepultado un pasado ignominioso en los campos gloriosos de Morón.

Le pide una audiencia para ofrecerle la “adhesión calurosa de dos pueblos” que le habían dado instrucciones, precisamente, de protestar “a la faz del mundo” contra la traición de Urquiza:

“Para ello -dice Ibarguren- sólo tuvo que cambiar el destinatario y variar los adjetivos mal aplicados que llevaban sus instrucciones: vándalo, traidor y criminal resultó el vencido; y benemérito, ilustre y magnánimo el vencedor”(33).

(33) Carlos Ibarguren. “En la penumbra de la historia argentina”, p. 131. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Urquiza se sentía mejor con hombres como Gondra que con los difíciles unitarios del molde de Valentín Alsina. Contestó al día siguiente:

“Quedo satisfecho de las explicaciones que me da. Puede usted cuando guste venir a este Cuartel donde estoy a la disposición de todos mis compatriotas”(34).

(34) Transcripta -en facsímil- por Luis Roque Gondra. “De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 137. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Gondra se apretó en la puerta donde esperaban muchos; allí conoció a Huergo, Gorostiaga, Alvear y, ya en antesalas, trató a Elías, Seguí, Molinas. Distribuyó sonrisas, felicitaciones, palmadas en la espalda y finalmente alcanzó la presencia del nuevo Señor de Palermo.

Le preocupaba a Urquiza que Celedonio Gutiérrez, sin conocer el resultado de Caseros desde luego, iba a fusilar a Crisóstomo Alvarez por “aliado del loco, traidor, salvaje unitario, aspirante, etc.”. Pidió a Gondra expresara al gobernador de Tucumán que no había en Caseros otro vencedor que Urquiza ni otro vencido que Rosas. Gondra cumplió:

“Dn. Juan Manuel de Rosas terminó definitivamente y para siempre su vida pública embarcándose para Europa en un buque de guerra inglés. Nadie lo acompañó sino su hija, y quiera Dios que nadie en lo sucesivo imite la política de extravío, ferocidad y locura que yo recién vine a conocer cuando vi de cerca su persona.
“La moderación del ilustre general Urquiza después del triunfo, su magnanimidad y su programa político le han cautivado para siempre las simpatías de todos los hombres de este país.
“En la nueva situación que empezó el 3 del presente mes, a pesar de ser yo un simple particular y no obstante mi posición desvalida, hice por esa provincia y por usted lo que mi deber me dictaba.
“El valiente general Urquiza ha puesto fin con valiente espada a una situación degradante, que nunca debió llamarse orden sino desquicio, nunca Gobierno sino dominación de una persona sobre las leyes, sobre los individuos, sobre las palabras y hasta sobre los pensamientos.
“Si antes de ahora hubiese podido dirigirme a Ud. con segura reserva le habría trasmitido sin duda alguna los desengaños que relativamente a cosas y personas vine a ver con mis ojos y tocar con mis manos en esta ciudad...”(35).

(35) Original en Archivo Histórico de Tucumán, reproducida por Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), pp. 138 y sgtes. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Se hizo infaltable a los besamanos de corte y fue confundido en el séquito del vencedor a visitar el campo glorioso de Morón. Cuando los viejos federales, llenos de dignidad y reserva, llegaron a Palermo al llamado de Urquiza encontraron a Gondra, muy rígida la noble faz, haciendo poco menos que los honores de dueño de casa y hablando muy suelto de libertad y tiranía; cuando el sicambro de la historia quemaba lo que antes adoró para mejor adorar lo que antes quemara. Había comprendido, después del 3 de Febrero, “todo lo falso del Gobierno de Rosas” y sepultaba a la tiranía bajo un túmulo de adjetivos denigratorios. Y no se separaba de Urquiza.

“Aconsejaba -cree exageradamente su nieto y biógrafo Luis Roque Gondra- las decisiones que habría de tomar Urquiza... Entre las combinaciones políticas que concertaron el general Urquiza y el doctor Gondra, no fue la menos importante la designación de este último para el cargo de diputado por la provincia de San Luis al Congreso Constituyente que habría de reunirse en Santa Fe”(36).

(36) Original en Archivo Histórico de Tucumán, reproducida por Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 146. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Pero no figura en los consejos de Urquiza ni en las combinaciones que precedieron o siguieron al Acuerdo de San Nicolás; personaje del coro en Palermo, no adquiría relieve sino al festejar una gracia o aplaudir un comentario político del Libertador. Sus buenas disposiciones fueron premiadas con una vacante por San Luis en la repartija de actas constituyentes que se hizo en la antigua casona de Rosas.

- Ecce homo

No había pisado jamás San Luis. No obstó, por supuesto, para que en las elecciones alcanzara, con su compañero de representación, el joven Delfín Huergo, la unanimidad de los sufragios puntanos.

¡Curiosa carrera interprovincial la suya! El antiguo ministro en Santiago del Estero y Tucumán -y representante de Jujuy- recibía en Buenos Aires una banca por San Luis para ir a Santa Fe, de manos del gobernador de Entre Ríos.

Se embarcó en el “Countess of Londsdale” con Urquiza y la mayor parte de los diputados. No pudo desplegar con éstos las “dotes de seducción” que Gondra nieto admira en los artilugios de su ilustre abuelo(37) o no creyó necesario gastar con sus colegas el tesoro que tan buen resultado le daba con Urquiza. Porque fue tratado fríamente.

(37) “Conocía tal vez como ninguno de sus contemporáneos, el espíritu de nuestros caudillos. Había vivido en estrecho contacto con muchos de ellos: Ibarra, Gutiérrez, Heredia, Quiroga, etc. De sus palabras se infiere que trató de emplear con Urquiza las artes de fascinación que tanto éxito le dieron con aquéllos. Todo fue inútil”, en Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 163. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

A los cuarenta y cuatro años no era un muchacho como Rufino de Elizalde al que podía perdonarse algún pecadillo rosista atribuyéndolo a inexperiencia y pocos años. No fue tanta la repulsa de los viejos antirrosistas como la indignación estentórea de los recientes conversos.

Nada hizo para oponerse a la atmósfera que le fue rodeando; no sabía callar ni disimularse, y no era precisamente la poca simpatía que irradiaba su alta y flaca figura, ojos huidizos, forzada sonrisa de dientes ennegrecidos, lo más a propósito para que los demás disculparan su estruendosa aprobación a todo lo que dijera o hiciera el Libertador.

Evidentemente no tenía la presencia prócer de Del Carril ni la elegancia de Juan María Gutiérrez para esos menesteres.

La escasa cordialidad del viaje se convertiría en Santa Fe en una resistencia, sorda al principio, desbordante y tremenda luego. En la ciudad no podía pasar inadvertido (tampoco sabría hacerlo) quien fue tanto tiempo omnipotente en Santiago del Estero y Tucumán.

Su nombramiento había producido entre los santiagueños la explicable oposición; Lavaisse lamentaba “tener que suscribir mi nombre puro y honrado con el de Campillo y Gondra, “avechuchos tan desacreditados”; “los más de los diputados somos buenos patriotas e ilustrados; sólo tenemos un lunar negro, diputado por un rincón de la República Argentina...”(38).

(38) Lavaisse a Taboada, de Agosto 21, 1852, en Gaspar Taboada. “Recuerdos Históricos: los Taboada” (1929-1947), tomo I, p. 77, (cinco volúmenes), Buenos Aires. El subrayado es mío. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El tucumano Salustiano Zavalía, no obstante deberle a Gondra la devolución de los bienes embargados a su familia, ahora se emocionaba mucho por el asesinato de su “gran amigo” Avellaneda y arrugaba la nariz al tropezarse con su pariente en las calles de Santa Fe.

Como por acuerdo tácito, los desaires se hicieron generales. Hasta el elegante Juan María Gutiérrez, que por ausente nada tenía contra Gondra, acabó por sumarse a la conspiración general; había ennoviado en la familia Cullen y el poderoso clan santafesino tenía presente la “encomienda” de Gondra cuando el jefe de la casa salía de Santiago en viaje hacia la muerte, remachadas a los pies dos barras de grillos.

“No lo invitaban a bailes ni a convites” se alboroza Sarmiento en sus precisos comadreos sobre la vida de los constituyentes en Santa Fe, que daba en “La Crónica” de Valparaíso(39).

(39) “La Crónica”, (Valparaíso), 1853. Domingo Faustino Sarmiento. “Obras Completas”, tomo XV, p. 256. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires. (De las “Obras Completas” de Domingo Faustino Sarmiento hay dos versiones: la primera, editada por Augusto Belin Sarmiento y Luis Montt, publicada entre 1884 y 1903; y la segunda, de la editorial “Luz del Día” de 1948-1956).

Don Adeodato quedó abandonado a la voracidad de la jauría apenas Urquiza dejó Santa Fe. Trataba de quebrar el inexplicable boicot extremando su presencia, sus sonrisas o sus párrafos elocuentes sobre “la tiranía y la libertad”, sin darse por enterado de los saludos inadvertidos, invitaciones extraviadas o silenciosos rumores al acercarse a los corrillos.

Mientras las cosas se mantuvieran así, su epidermis experimentada pudo resistirla. Pero los complotados cobraron agresividad; cuenta Sarmiento que “un diputado necesitaba una firma para dirigir una diatriba contra un individuo y no halló cosa más chistosa, broma más salada que tomar las iniciales de Gondra”, obligando a éste a dar públicas explicaciones al ofendido(40).

(40) “La Crónica”, (Valparaíso), 1853. Domingo Faustino Sarmiento. “Obras Completas”, tomo XV, p. 256. El de la broma fue Juan María Gutiérrez. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

¿Por qué lo trataban así -pensaría desolado don Adeodato- por cosas ocurridas antes de Caseros, cuando ahora no economizaba su entusiasmo en el orden nuevo? ¿Por qué le hacían cargo a él solo de un rosismo que -quien más quien menos- todos los huéspedes de Santa Fe acabaron por aceptar?

En los escaños del Congreso se sentaba el Padre Centeno, ministro de Navarro en Catamarca; Gorostiaga, redactor -hasta el 3 de Febrero- de la “Gaceta Mercantil’’; Lavaisse, cura y cacique político de “la tiranía” en Tulumba; José Ruperto Pérez, poeta federal de odas al “tirano” que todos leyeron en los diarios oficiales; y Juan Francisco Seguí, que también compuso acrósticos y recitó poemas al “grande hombre de América” antes de encontrar su Jordán purificador en el Arroyo de la China.

También los jujeños Padilla y De la Quintana habían colaborado con Iturbe, sin perjuicio de sumarse -después de Caseros- a los que fusilaron al gobernador rosista; Facundo Zuviría y Salustiano Zavalía, olvidados de sus andanzas antirrosistas, se acogieron con velocidad al régimen de la tiranía; recordaba haber leído -en el “Archivo Americano”- una felicitación del primero al “Jefe Excelso que preside los destinos de la Confederación”, y le constaba la obsecuencia del segundo para que el Gobierno tucumano le devolviera los bienes embargados cuando la calaverada de la Coalición del Norte.

¿Por qué él sólo pagaba por todos? ¿Acaso don Juan Manuel -última consecuencia con sus amigos- no se había ido al destierro reclamando la responsabilidad exclusiva de lo ocurrido en sus veinte años de gobierno?

Las anchas y ausentes espaldas del vencido se prestaban admirablemente para descargar las culpas propias y correr aliviados hacia los nuevos horizontes. ¡Si el mismo Urquiza embarcó a cargo del viajero del “Conflict” su buen cargamento de pecados federales!

Por haberse pronunciado el 1 de Mayo de 1851, su historia pasada quedó automáticamente transferida a Rosas. ¿Por qué Gondra era culpable de su pasado, cuando también tuvo su pronunciamiento el 4 de Febrero de 1852?

La permanencia en Santa Fe era humanamente imposible, cuando tuvo la desdichada ocurrencia de ganar prestigio con un proyecto para que el Congreso, con prescindencia de Urquiza, mediara en el conflicto Buenos Aires(41).

(41) Presentado el 30 de Diciembre de 1852; el Congreso amonestaba “a entrambos partidos beligerantes en la provincia de Buenos Aires, que depongan las armas y terminen sus diferencias por la vía de las negociaciones” por medio de una comisión de dos diputados; el Director de la Confederación se limitaría a “disponer lo necesario para el cumplimiento de lo aquí ordenado” (“Asambleas Constituyentes Argentinas”, tomo IV, p. 443).
Lagos se había sublevado contra Alsina el 1 de Diciembre y desde el 6 del mismo mes sus divisiones llegaban a Buenos Aires. El proyecto de Gondra, en el caso improbable de sancionarse, hubiera significado que el Congreso prescindía de Urquiza para darse la mano con los sitiados en la ciudad.
“Aquí está el soberano, aquí está el padre de los argentinos”, decía Gondra, por el Congreso, al defender su proyecto como para significar claramente la preponderancia de éste sobre el Libertador.
Demorado por la mayoría, el proyecto se trató con posterioridad al 12 de Enero de 1853. Gondra habló para lamentar “que la comisión (se había expedido por su rechazo) tomará posición atrás de S. E. el señor Director, al establecer que el proyecto entorpecerá su marcha”.
Para el cariño de Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 163. Ed. Claridad, Buenos Aires) “nunca se había escuchado en la República, desde los días lejanos de San Martín y Belgrano, palabras de tanta cordura política y juiciosa previsión del futuro” como las pronunciadas por su abuelo en la Sesión del 12 de Enero.
En cambio, los constituyentes que lo rebatieron merecen sus iras: Lavaisse “parecía -por su tono- más que una réplica parlamentaria, un conato de reyerta demagógica y debió producir estupor en el Congreso”; Campillo, “otro torrente de lugares comunes”; y Juan María Gutiérrez, un “desbordamiento de obcecación con el que nada se le agregó al debate”. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El Congreso se colocaría más alto que el Libertador, aprovechando la desairada situación que el 11 de Septiembre, y ahora el ineficaz sitio de Buenos Aires, habían puesto a Urquiza. Lo presentó, lo defendió y fue rechazado. Sería su primera y última actuación en el Congreso.

Urquiza no podía tolerarlo y ordenó -desde su Campamento de Flores- la separación lisa y llana de Gondra por el medio ordinario de no pagarle las dietas y negarle crédito en Santa Fe. Don Adeodato redactaría una renuncia lacrimosa; la primera nota lacrimosa de la larga serie a venir:

“Ciudadano pobre y con una numerosa familia ... haciéndome saber que su indigencia llega al extremo del hambre. Aliméntase la intensidad de este dolor al ver que no tengo aquí recursos para satisfacer aquella perpetua exigencia”(42).

(42) Original en el Senado de la Nación (Archivo, 1853, Nro. 5). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

“Don Adeodato de Gondra se ha separado del Congreso -escribía el benévolo Padre Lavaisse-. “¡Qué dicha! ¡Qué fortuna!”(43).

(43) Gaspar Taboada. “Recuerdos Históricos: los Taboada” (1929-1947), tomo III, p. 40, (cinco volúmenes), Buenos Aires. El subrayado es mío. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- ¡Afuera el juez Gondra!

Pasa a Montevideo y de allí gestiona un pasaporte para Buenos Aires, concedido sin obstáculo. La ciudad estaba sitiada por Urquiza y, no obstante los inconvenientes de la guerra, abre su bufete de abogado; pocos clientes, con escuálidos pleitos.

Publica escritos jurídicos en revistas literarias para hacerse conocer profesionalmente, sin que prosperaran los asuntos del estudio. Fue gastándose el dinero de sus propiedades, nada famosas, de Tucumán. Cada vez más solo, cada vez más pobre.

En 1856 se crean los Juzgados Letrados de campaña; gestiona del gobernador Obligado, que había recorrido junto a él los caminos de Rosas, el cargo de juez en San Nicolás. No hay otro candidato (los “letrados” no querían dejar la ciudad) y se lo dan.

Llega a San Nicolás a fines de Enero de 1857. No puede decirse que llegó, vio y venció; sea porque los nicoleños estaban acostumbrados a la bonhomía y llaneza de los jueces legos, sea por el irresistible don de antipatía que despertaba don Adeodato, lo cierto es que nadie tragó las ínfulas del “letrado” de Buenos Aires, formulista y exigente, que miraba a todos con suficiencia.

Desde el antiguo Juez de Paz, de apellido Pombo, molesto tal vez por su desplazamiento, hasta el Comandante Militar, Wenceslao Paunero, celoso porque Gondra se creía la suprema autoridad aldeana, todos repudiaron al nuevo y soberbio juez.

Una animadversión espontánea, iniciada el mismo día de tomar posesión con un elogio a los “magnánimos gobernantes del gran Estado de Buenos Aires”, y execración a los “torvos mazorqueros, remedos de una época nefasta” que, más allá del Arroyo del Medio, encubrían con un “cuadernito” su carencia total de instituciones.

El clamor se hizo silencio, el silencio tempestad. Llegaron múltiples y fuertes pedidos al Gobierno para que sacara a ese juez. No había quejas, solamente animadversión personal. Pero un magistrado judicial no podía removerse como un empleado y el ministro Vélez Sársfield no encontró otra solución arreglada a derecho que:

“No pudiendo hacer nada el Gobierno con respecto al juez Gondra, lo mejor era que lo prendieran y lo remitiesen en una ballenera”(44).

(44) “La Reforma Pacífica”, Marzo 14 de 1857 (transcripta por Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 190. Ed. Claridad, Buenos Aires. Sobre la actuación de Vélez Sársfield en el episodio, dice el doctor Luis R. Gondra: “Así era este politicón, servidor de todos los Gobiernos durante su larga vida, rábula de mucha correa y de recursos inagotables que trae a la memoria el recuerdo de aquel avvocato Azeccagarbugli que inmortalizó Manzoni. Un incauto y bien documentado investigador de nuestros días (¿Chaneton?), en un panegírico de género fastidioso, ha pretendido elevarlo al cielo de los dioses mayores en nuestra historiografía, exagerando hasta lo increíble su ciencia jurídica, después de probar que había en Buenos Aires -desde 1854 a 1860- más de veinte juristas que hubieran podido redactar nuestro Código Civil con mejor ciencia y coherencia y en mejor castellano, entre ellos el doctor Gondra”. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El consejo era preciso. El 11 de Marzo de 1856 (llevaba apenas mes y medio en el cargo), en pleno mediodía, se formó una pueblada que recorrió la calle “Nación” de San Nicolás: “¡Afuera el juez Gondra!”, gritaba la multitud enardecida. Llegó al Juzgado y a ponchazos y empellones redujo al magistrado y a su solo defensor, el secretario Arzac.

Después de maniatar a ambos, los devolvieron a Buenos Aires en una ballenera. Gondra presentó, su renuncia:

“Debo apresurarme a resignar un puesto donde no me es dado servir a mi país con la eficacia que él exige y espera de sus hijos”(45).

(45) La renuncia está fechada en San Nicolás el 12 de Marzo. Pero a esa fecha Gondra debía encontrarse aún en la ballenera que lo trasportaba a Buenos Aires. La costumbre de fechar sus renuncias en el lugar donde desempeñó sus funciones, tal vez para disimular la expulsión violenta, la tenía desde sus tiempos ministeriales en Santiago del Estero. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Tal vez lo hizo con la promesa de un traslado reparador pero, cansado de esperar o sabedor del verdadero culpable, se desató el 4 de Mayo con una carta abierta en el diario opositor “La Reforma Pacífica”, de Nicolás Calvo:

“Creía que al fin el Sr. gobernador Obligado miraría seriamente por su gloria demasiado comprometida en este desagradable asunto. Pero desde que veo con dolor y con rubor como argentino que, lejos de hacerse justicia con los culpables, se trata no sólo de disculparlos sino lo que es mil veces peor y escandaloso, de suponer, a fuerza de pérfidas calumnias, criminal al inocente magistrado que allí fue víctima..., tengo el derecho de protestar como protesto, en voz alta ante el pueblo de Buenos Aires”(46).

(46) “La Reforma Pacífica”, 4 y 5 Mayo 1857, en Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), pp. 188 y sgtes. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Se movió una campaña de prensa. Algunos periódicos tomaron la defensa del juez; dijeron hacerlo por la naturaleza del ultraje, que no por la persona. La defensa de Gondra parecía la defensa del diablo:

“El nombre del doctor Gondra -dice “El Orden” de Luis L. Domínguez- está ligado, es verdad, a los recuerdos más funestos de la época de la tiranía...
“Después de la caída de Rosas no debíamos temer más los efectos de la efervescencia popular. Sin embargo, cualquiera que sea el pretexto que se invoque para el hecho de San Nicolás, no podemos menos de igualarlo con los que llenaron de oprobio aquella época nefasta de nuestra historia”(47).

(47) “Suelto insidioso”, califica L. R. Gondra este editorial, en Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 191. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Se apresuró a declarar que ahora era profunda su fe liberal. Recordó los elogios a su obra tucumana, que mereciera a los escritores unitarios (sin mencionar, por supuesto, sus rectificaciones) y terminaba:

“... soy solo, no tengo padrinos ... sería justo que dejaran tranquilo en la oscuridad a quien vive años ha muy lejos de la política, sin otra ambición que la de ganar con el sudor de su frente el alimento de su numerosa familia. Soy pobre, sumamente pobre”(48).

(48) Transcripción de “El Orden” por L. R. Gondra, en Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), pp. 192 y sgtes. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- Soy hombre leal

Volvió a Buenos Aires a galguear algún pleito en los corredores del viejo Cabildo, sin encontrar otra cosa que el desprecio federal de chupandinos y el rencor unitario de pandilleros:

“En 1858 -dice Luis Roque Gondra- era ya poco menos que insostenible la posición del doctor Gondra en Buenos Aires...
“Vivía como soterrado en su casa en una desesperante soledad intelectual. No se movía en verdad más que de su casa a los Tribunales, pero la turba de mentecatos lo sentía caminar y le molestaba por todos los medios sutiles de la perfidia demagógica.
“Le rondaban y mortificaban de mil maneras, como enjambre de insectos”(49).

(49) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 201. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Por paradoja del destino debió llevar su cruz hasta lo último, por haberla querido arrojar antes que nadie. Todos los rosistas -desde Lorenzo Torres a Rufino de Elizalde- gozaban de cargos y consideraciones y nadie les recordaba el pasado.

Ya no podía detenerse ante las humillaciones más dolorosas; el 26 de Febrero implora a Urquiza:

“Me mueve a suplicar a S.E. se digne tenderme una mano protectora aceptando la oferta de mis servicios y proporcionándome cómo costearme adonde S. E. crea que pueda ser útil al país o a su distinguida persona, sea en el puesto que fuere...
“Nunca he alcanzado a obtener los pocos recursos que necesito para ir a buscar en el territorio de la Confederación el amparo, que nunca se rehusa al que es hombre de bien y laborioso.
“S. E. debe recordar que soy hombre leal”(50).

(50) “Archivo Urquiza”, Legajo 43 (en el Archivo General de la Nación), transcripta por L. R. Gondra, en Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 200. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

S. E. no recordaría eso, precisamente, porque no contestó. Diez meses más tarde Gondra insiste por las dudas:

“Me tomo la libertad de duplicarle la que tuve el honor de dirigirle a S. E., porque soy tan desgraciado que no sé si llegó a sus manos.
“Espero ahora a que honre con una palabra de bondad a este antiguo amigo...”(51).

(51) “Archivo Urquiza”, Legajo 43 (en el Archivo General de la Nación), transcripta por L. R. Gondra, en Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 200. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Definitivo y elocuente silencio de Urquiza.

- Melancólico fin de un constituyente

En 1860, Derqui llega a la presidencia de la República. Recibe la inevitable carta lacrimosa y, olvidadizo y buenazo, quiere sacar de la oscuridad a su antiguo colega en el Congreso de Santa Fe.

Está por reunirse la Convención Reformadora y Gondra podría integrarla. Escribe a Antonino Taboada, el hombre fuerte de Santiago del Estero, para que ordene al gobernador Alcorta...

“... la necesidad de que vengan a ella (la Convención) hombres que puedan comprender la importancia de su misión y la trascendencia de su voto...; desearía viniese Ud. electo, el señor Gondra, don Absalón Ibarra y el Dr. don Pedro L. Funes”(52).

(52) Gaspar Taboada. “Recuerdos Históricos: los Taboada” (1929-1947), tomo II, p. 531, (cinco volúmenes), Buenos Aires. El subrayado es mío. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Derqui era Jefe de la Nación nada más que en el título. Nadie, y menos Antonino Taboada entregado por entero a la causa de Buenos Aires, le hacía el menor caso. Los convencionales por Santiago fueron Taboada, José Benjamín Gorostiaga, Luciano Gorostiaga y Modestino Pizarro.

El presidente en nada lo podía ayudar, pues los ministros consultaban los nombramientos con Urquiza y, evidentemente, el de don Adeodato no corría. Amargado, envejecido, enfermo, con una larga familia, escribe en Noviembre de 1860 a Nicolás Calvo, senador por Corrientes en el Congreso de Paraná, que “estaba cansado de la eterna persecución de los adversarios”. ¡Ya era hora!

“Soy un hombre pobre recargado de familia; desearía un sueldo de $ 150 mensuales con los que calculo podría vivir en un modesto rincón”(53).

(53) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 202. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Esta vez casi llegó a tiempo. El gobernador Pujol de Corrientes formaba el Tribunal Superior correntino (letrado por la Constitución) y había encomendado a Calvo la importación de un lote de abogados:

“He encargado a Buenos Aires -escribe Calvo a Pujol el 22 de Noviembre de 1860- los cuatro o cinco doctores que usted necesita. Si le parece bien el doctor Gondra para el Tribunal de Justicia que es hombre de expediente, de energía y entendido; está pobre, dígame pronto su opinión y lo que se le puede ofrecer si conviene”(54).

(54) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 202. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

La respuesta debió ser afirmativa porque el 30 dice Calvo a Pujol:

“Ayer he escrito al doctor Gondra transcribiéndole los párrafos de su carta y enviándole un pasaje gratis hasta Paraná. Envíeme usted otro para que sigua viaje a ésa”(55).

(55) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 202. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Gondra llegó a Corrientes a mediados de Diciembre. No se encontró con el puesto; el gobernador había nombrado a otro, tal vez porque consultó con el Palacio San José los candidatos a integrar el Tribunal. El 27 de Diciembre, Calvo insiste ante Pujol:

“¿Qué empleo tiene don Adeodato?
“Mucho deseo que no lo olviden ustedes, desde que yo he sido quien lo ha inducido a salir de Buenos Aires”(56).

(56) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 203. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Pujol se comprometió a emplear a Gondra sin que su nombre figurara en la Administración. Así pudo tirar un tiempo. Redactaba proyectos de leyes, estudiaba problemas constitucionales, corregía los errores de estilo de los gobernadores. Algo se ayudaba también con asuntos judiciales; no era mucho, ni era brillante el trabajo, pero se vivía.

No por mucho tiempo. Con Pavón vinieron otros hombres que prescindieron de sus servicios. Volvió a Buenos Aires; estaba postrado por un ataque de parálisis y, pese a esto y a lo oscuro de su actuación en Corrientes, fue recibido con agresividad.

En Marzo de 1862 debe embarcarse de apuro a Montevideo para escapar a una agresión “popular” por “lacayo de los tiranos Rosas, Urquiza y Derqui”. Se movieron influencias familiares y Mitre intervino personalmente para conseguir que lo dejasen tranquilo(57).

(57) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), pp. 211 y 212. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Volvió. Estuvo un tiempo en Paraguay, y de nuevo en Buenos Aires para encerrarse enfermo en su modesta casa de la calle Venezuela. No lo visitaba nadie; era el renegado para unos, el advenedizo para otros.

No se comía todos los días en lo de Gondra. Algo ganaban sus hijos, que para trabajar habían modificado -por consejo paterno- el apellido suprimiendo la partícula solariega; algo también su hija Mercedes, profesora de piano. Pero la familia era larga y don Adeodato estaba paralítico.

Mercedes vendió su piano para atender a los gastos de la casa y la enfermedad del padre; se supo, y algunos caballeros (Bernardo de Irigoyen, Federico Meirelles, los Anchorena), juntaron unos pesos y compraron otro para que la buena niña siguiera con sus lecciones y sus prácticas(58).

(58) Luis Roque Gondra (“De la tiranía de Rosas a la libertad (Vida del Dr. Adeodato de Gondra)” (1944), p. 212. Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Don Adeodato tenía solamente 55 años, pero aparentaba ciento. Languideció y finalmente murió en Buenos Aires el 8 de Febrero de 1864. Ningún diario dio la noticia de su muerte. No pudo encontrarse un amigo, en esos tiempos de fácil locuacidad funeraria, que quisiera hablar en su tumba. Sus hijos emigraron al Paraguay.

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