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Llerena, Juan

- El signo de la Luna

Abogado de título, poeta, astrónomo y turista de afición, autor de una “Fisiografía y Meteorología de los Mares del Globo” (¿puede darse algo más fuera de la realidad que un puntano oceanógrafo?), Juan Llerena, diputado por San Luis, llegó al Congreso de Santa Fe en sustitución de Gondra cuando faltaban pocos días para acabarse el debate de la Constitución.

Nacido en San Luis, el 24 de Junio de 1823 bajo el signo que los antiguos astrólogos consagraban a la errante luna, Llerena sentía una tentación invencible por la distancia y los viajes. Educado en las escuelas de Chile, doctorado en Córdoba, periodista en Mendoza, constituyente en Santa Fe, toda su existencia había sido un continuo cambiar de horizontes sin arraigar en parte alguna.

Todo lo atraía pero, inquieto e inestable, todo lo dejaba tras una nueva ilusión; en alguna de sus páginas se compara con el Judío Errante: “Hemos emprendido una carrera sin parar, huyendo de un fantasma imaginario ... nos conduce al eterno caminar y gemir de Ashaverus”(1).

(1) Juan Llerena. “Viajes”, p. 3. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Sarmiento le atribuye, en 1853, “desequilibrios nerviosos que lo exponían de vez en cuando a excitaciones cerebrales”(2).

(2) Domingo Faustino Sarmiento. “Obras Completas”, tomo XV, p. 349. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

En Santa Fe llamó la atención este joven que, terminadas las Sesiones nocturnas, erraba solitario por la ribera mirando la luna, ajeno a las cosas materiales de la vida. Eran tiempos de romanticismo y el diputado por San Luis era joven y poeta; los vecinos atribuyeron a preocupaciones sentimentales, lo que era una fuerte característica mental.

Zapata Gollán lo ve “inquieto y andariego, abandonando sus libros de astronomía, para asomarse en la hondura de la noche y seguir el trepar cauteloso de las estrellas sobre la ciudad dormida”(3).

(3) A. Zapata Gollan. “Las Puertas de la Tierra” (1937), p. 144, Santa Fe. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Algunos de esos periódicos “desequilibrios mentales” preocuparon a sus colegas. Cierta vez se escapó de la ciudad y por algunos días no se supo nada del constituyente; ya se hablaba de buscarle reemplazante cuando, superada la crisis, volvió a su escaño sin decir una palabra, sin explicar dónde había estado(4).

(4) Emilio Ravignani. “Asambleas Constituyentes Argentinas” (1937-1939), tomo IV, p. 556, (seis volúmenes), Buenos Aires. En la Sesión del 12 de Agosto, el presidente da cuenta que Llerena “se ha ausentado de esta ciudad sabiendo que su presencia era necesaria para integrar un número legal, sin previa licencia de este soberano Cuerpo”. En la del 17 se proyecta un decreto para poner en conocimiento de Urquiza “la forma irregular con que dicho D. (Llerena) se ha separado del Soberano Congreso, a fin de que exija a la brevedad posible su reemplazo”, en Emilio Ravignani. “Asambleas Constituyentes Argentinas” (1937-1939), tomo IV, p. 557, (seis volúmenes), Buenos Aires. Llerena renunció a su banca en Octubre de 1853; fue remplazado por Elías Bedoya, recomendado de Urquiza. // Todo citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Más tarde, con la edad y tal vez un esfuerzo, estas ausencias lunáticas pasaron, aunque el afán errabundo y la inestabilidad de pensamientos lo acompañarían toda su existencia como trazo indeleble de su signo natal.

- El triunfo inmortal de Caseros

Juan Llerena no ejerció, a lo menos con dedicación, su carrera de leyes en que se había doctorado. Apenas recibido, se había ido a Mendoza para redactar “La Ilustración Argentina” dirigida por Bernardo de Irigoyen, todopoderoso procónsul de Rosas en las provincias de Cuyo.

El objeto de este periódico era contrarrestar la prédica antirrosista de “El Mercurio” y “El Progreso”, filtrada a través de la cordillera. En esas tareas lo encontró el Pronunciamiento de Urquiza y Llerena fue enviado a Buenos Aires como “plenipotenciario” de Mendoza ante el Restaurador para expresar la adhesión de la provincia a su persona y a su causa. Junto a Rosas pasaría las vísperas angustiosas de Caseros.

No se acercó a Urquiza; no se consideró “vencedor”. Volvió a San Luis donde, a principios de 1853, conoció la renuncia de Adeodato de Gondra, que también fuera “diplomático” ante el Jefe de la Confederación. Era una buena ocasión para Pablo Lucero, el gobernador, de nombrar a un puntano letrado e inteligente.

Llerena aceptó esta ocasión de viajar y se fue a Santa Fe con una magnífica carta de Lucero para Urquiza:

“Marcha a ésa, provisto de las credenciales que deben acreditarlo en el carácter de Diputado a la Asamblea Nacional, el doctor don Juan Llerena. El infrascripto se permite recomendar a la atención de V. E. al expresado ciudadano como a un hombre adicto a los principios proclamados por nuestra grande y gloriosa generación, consagrados por V. E. en el triunfo inmortal de Caseros”.

Desluce la espontaneidad del elogio y explica la distraída frase “nuestra generación”, que el borrador fuese “de puño y letra del mismo Llerena que hemos visto” como afirma el historiador puntano Sosa Loyola(5).

(5) G. Sosa Loyola. “Juan Llerena (el Constituyente que anheló la Unidad Nacional)”, en “Jornadas de la Constitución” de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe, Mayo de 1943). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

- El último viajero

Después de Santa Fe ... el “eterno caminar y gemir de Ashaverus”: Europa, Australia, Norteamérica, los cinco continentes y los siete mares. Anduvo errante estudiando todo, queriendo saberlo todo, en un anhelo incontenible y jamás satisfecho.

Alguna vez con misiones oficiales conseguidas por Bernardo de Irigoyen, su viejo compañero de Mendoza; otras por su bolsillo y riesgo. En un intervalo, y por poco tiempo, ocupó la banca de San Luis en el Senado de la Nación.

Cuando la edad y los achaques lo anclaron físicamente en su casita de Belgrano, recorría el cielo con su telescopio en andar imaginario por el mundo de las estrellas. Este viajero incansable sería el último de los constituyentes en partir para el viaje definitivo, ya cerca de los 80 años, el 15 de Marzo de 1900.

Muy pocos sabían que ese pacífico vecino de Belgrano aficionado a la astronomía había sido -en su lejana juventud- diputado del Congreso de Santa Fe. “La Prensa” dio la información de su muerte en el “El Día Social” con dos renglones de fórmula:

“Muy sentida será la noticia del fallecimiento del señor Juan Llerena, cuyos restos serán sepultados a las 4 de la tarde en el Cementerio del Norte”. Nada más.
"'La Nación', algo más elocuente, dedica una pequeña crónica también de 'Sociales' a elogiar al “distinguido ciudadano que, hallábase extensamente vinculado con nuestra sociedad que lo rodeó siempre de generosas y merecidas consideraciones”. Tampoco considera importante que hubiera sido constituyente del 53 y ahorra mencionarlo.

La muerte de Llerena fue en 1900 un acontecimiento de “Sociales”. Ni una palabra del Congreso, de sus libros, de sus viajes. Esa fue la despedida de la prensa al último de los varones que votaron la Constitución.

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