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Etapa jesuítica (1610 - 1768)

La fundación y la historia de los cuatro pueblos que los jesuitas fundaron en la actual provincia de Corrientes no constituyó un hecho aislado, sino que formó parte de la gran expansión que en el primer tercio del siglo XVII desplegaron aquellos misioneros(1).

(1) Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

Luego de la creación de la Provincia Jesuítica del Paraguay (1607), el Padre Provincial Diego de Torres dispuso el envío de misiones a los numerosos poblados guaraníes que se hallaban en la periferia del ámbito dominado por la conquista española en el Paraguay y el Río de la Plata. Una de esas vanguardias evangelizadoras se localizó en el Sur del Paraguay y allí fundó San Ignacio Guazú (1610).

Otros misioneros se dirigieron por el Paraná hasta la región del Guairá, donde fundaron las reducciones de San Ignacio y Nuestra Señora de Loreto (1610). En esa misma región, y ya en la década de 1620, lograron multiplicar el número de fundaciones, al Sur del Paranapanema (hoy Estado de Paraná, Brasil).

Al mismo tiempo que dichas misiones se consolidaban, otros jesuitas se internaban en el territorio ubicado entre los ríos Paraná y Uruguay (hoy Misiones y Nordeste de Corrientes). En pocos años lograron establecer allí las reducciones de Encarnación de Itapúa (1615), Concepción (1620), Corpus (1622) y, mucho más al Sur, Yapeyú (1627). En esa empresa sobresalió, por su celo e iniciativa, el Padre Roque González de Santa Cruz.

Cabe señalar, que la fundación de reducciones en la Cuenca del río Uruguay, no constituyó una acción independiente de los jesuitas, sino que esa iniciativa fue autorizada por el gobernador de Buenos Aires, Francisco de Céspedes, en 1626. Los pueblos fueron confirmados en 1632 por su sucesor, Pedro Esteban Dávila.

Desde el punto de vista político, estos pueblos quedaron en la jurisdicción de la provincia de Buenos Aires, a la cual también pertenecían las ciudades de Santa Fe y Corrientes(2).

(2) La historia de las misiones jesuíticas de guaraníes ha dado lugar a una bibliografía muy numerosa. Dado que esta obra está referida sólo a los cuatro pueblos del Uruguay, las referencias bibliográficas respecto de las misiones y su contexto histórico, serán sólo una selección de las indispensables para brindar al lector una visión general de las mismas. Entre ellas, la ya clásica del Padre Pablo Hernández, “Organización social de las doctrinas guaraníes de la Compañía de Jesús” (1913), Barcelona, , en dos volúmenes; más recientemente, Guillermo Furlong S. J. “Misiones y sus pueblos de guaraníes” (1962), Buenos Aires (hay reedición); Magnus Morner. “Actividades políticas y económicas de los jesuitas en el Río de la Plata” (1968), Buenos Aires (hay reedición); Alberto Arman, “Ciudad de Dios y ciudad del sol (el Estado jesuita de los guaraníes)” (1982), México; Máxime Aubert, “La vida cotidiana de los indios y jesuitas en las misiones del Paraguay” (1991), Madrid; Silvio Palacios y Ena Zóffoli, “Gloria y tragedia de las misiones jesuíticas”(1991), Bilbao; Rafael Carbonell de Masy, “Estrategias de desarrollo rural en los pueblos guaraníes (1609 - 1767)” (1992), Madrid; y también, Ernesto J. A. Maeder, “Aproximación a las misiones guaraníticas” (1996), Buenos Aires.
Sobre la historia de los pueblos del Uruguay en particular, el más atendido ha sido Yapeyú, en el ya clásico libro de José Torre Revello, “Yapeyú. Ensayo histórico” (1958), Buenos Aires; y también en la útil recopilación “La gloria de Yapeyú” (1978), Buenos Aires, publicadas, ambos, por el Instituto Nacional Sanmartiniano.
// Todo citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

Años más tarde, otra vanguardia misionera, de la cual también participó el Padre Roque, cruzó el río Uruguay y se dirigió a las tierras ubicadas al Este, llegando hasta las serranías del Tapé (hoy Estado de Río Grande do Sul). En la cuenca de los ríos Ibicuy y Jacuy, lograron los Padres misioneros fundar otras reducciones, en la década de 1630. Entre los pueblos fundados entonces, se hallaban Nuestra Señora de la Anunciación (1630), San Carlos (1631) y Santo Tomé (1632).

Estas tres reducciones, amenazadas, al igual que otras, por la irrupción de las bandeiras paulistas, debieron emigrar, y concluyeron arraigándose, en sitio seguro, tras la frontera del río Uruguay. Junto a Yapeyú, integraron así el grupo de las llamadas misiones del Uruguay, que cumplieron, a lo largo de esta etapa, una fecunda trayectoria histórica.

Fundación y traslado de las reducciones

De los cuatro pueblos ubicados en Corrientes, Yapeyú fue el primero que se fundó en ese territorio. Su origen se debió a la iniciativa misionera del Padre Roque González de Santa Cruz, quien había propiciado la fundación de varias reducciones de guaraníes en la cuenca del río Uruguay.

En 1626, el Padre Provincial Mastrilli Durán, en su visita a las misiones, quedó muy impresionado por la ubicación estratégica del sitio donde después se ubicaría Yapeyú, situado sobre la margen derecha del río Uruguay y en condiciones de facilitar desde allí una rápida comunicación fluvial del resto de las Misiones hacia Buenos Aires. En razón de ello, encomendó al Padre Roque que fuera a ese sitio y procurara fundar una reducción con los indios allí existentes(3).

(3) Para el desarrollo sobre la fundación de las reducciones, se ha tenido en cuenta “La gloria de Yapeyú” (1978), Buenos Aires, recopílación publicada por el Instituto Nacional Sanmartiniano, ya citada; y la obra de Antonio Ruiz de Montoya, “La conquista espiritual” (1640), Madrid, (hay reedición). // Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

El relato del Padre Mastrilli es por demás elocuente respecto de cómo se fundó Yapeyú:

Así lo hizo el Padre y por ser poca la gente que halló, no le pareció bastante para fundación, habiendo de ocuparse en ella los Padres que, por falta grande ellos, serían necesarios en otra parte”.

Y agrega:

Cuando volví del Guairá conformándome cada día más en que convenía ocupar este puesto, me determiné ir yo allí en persona con el Padre Roque y el Padre Pedro Romero, y dar principio a la fundación con los indios que hallase. Hicimos nuestro viaje y hallamos sólo tres casas con cien indios, los cuales me recibieron con alegría, y repartiéndoles algunas cosas que yo llevaba, para ganarles la voluntad, quedan muy amigos y gustan mucho que quisiéramos fundar allí pueblo, dando principio a él con mucho contento, el 4 de Febrero de 1627.
Y lo tomaron tan de veras que antes de partir, había ya cortada la madera para levantar una buena iglesia en el sitio que les señalé y desmontar para las sementeras, que es la primera cosa que se hace en la fundación de cada reducción”.

El desmonte lo realizaban habitualmente los guaraníes con hachas de piedra, con ímprobo trabajo. Pero en esta ocasión, el Padre Mastrilli señala que

a estos indios del Yapeyú les llevé yo (hachas de hierro) cantidad de ellas, para que comenzasen luego la fundación de su pueblo. Y al fin del mismo mes de Febrero ya tenían edificado a los Padres casa e iglesia. Y así luego, el Padre Pedro Romero, que allí dejé solo, inició el cultivo espiritual de sus almas, con grande fruto”.

Si bien el pueblo quedaba fundado, sus pobladores no eran muchos, y pronto se les agregaron otras parcialidades, como la del cacique Avakai, quien junto con su gente, provenía de las serranías del Tapé.

En orden cronológico, a la fundación de Yapeyú le sucedió la del pueblo de La Cruz en 1629. Ello fue resultado de la expansión misional que el Padre Pedro Romero prosiguió en las tierras al Oriente del río Uruguay. El pueblo tuvo varias localizaciones que incidieron en su nombre. Se lo conoció, al principio, como Nuestra Señora de la Asunción del Acaraguá; luego, como Asunción del Mbororé y, mucho más tarde, con el nombre de La Cruz, que fue el que perduró.

El Padre Cristóbal Altamirano tuvo a su cargo la atención religiosa del pueblo durante casi veinte años, y también le correspondió conducir a los guaraníes hacia la banda opuesta del río Uruguay, ante la llegada de los bandeirantes. Los emigrantes se acogieron a la generosidad de los guaraníes de Yapeyú, con quienes vivieron durante un tiempo.

Un texto inédito de la época jesuítica resume así los orígenes y primeros traslados del pueblo:

En 1629 se fundó el pueblo de La Cruz, en el Acaraguá, Uruguay arriba, donde estuvo algunos años. Tiene por patrona a la Virgen de la Asunción. Bajó después y se puso en el Mbororé y, finalmente, se juntó con Yapeyú. Se dividió y apartó de él y se puso en el puesto donde ahora está, el año de 1657”.

La radicación en Corrientes del pueblo de San Carlos también fue resultado del éxodo a que se vieron obligadas las Misiones Orientales ante la amenaza bandeirante. Este pueblo fue fundado por el Padre Pedro Mola, en 1631, en el paraje de Caapí, sobre el río Uruguay. Su nombre está dedicado a San Carlos Borromeo y, en los primeros años, se lo conoció también por su topónimo, San Carlos del Caapí.

Al principio, el pueblo estuvo ubicado en un puerto y playa sobre el río, pero la inclemencia de los vientos obligaron a mudarlo a un sitio más protegido, en 1633. Las Cartas Anuas de 1635/1637 refieren que los habitantes de San Carlos se refugiaron en la reducción de Candelaria, atemorizados por la llegada de los enemigos.

Sus pobladores, disminuidos por la desbandada, unidos a otros dispersos, cruzaron el río Uruguay en 1639, dirigiéndose a las nacientes del río Aguapey, donde volvieron a erigir el pueblo, que perduró definitivamente en ese lugar.

Finalmente, el último pueblo en trasladarse a Corrientes fue Santo Tomé Apóstol. Lo fundaron en 1632 los Padres Luis Ernot y Manuel Bertod, “en el Ibití o sobre el Tebicuacui, cerca del río Ibicuy”. Ubicado en un lugar elevado, desde donde se dominaba una amplia extensión, reunía ya en 1634 una población numerosa de 1.200 familias, cuyos niños acudían a la escuela “a leer y cantar”.

El Padre Antonio Ruiz de Montoya refiere que Santo Tomé era llamado por los indios Tapé, que quiere decir ciudad, y por la grandeza de este pueblo tomó denominación esta provincia, que comúnmente se dice “provincia del Tapé”.

En sus primeros años experimentó un rápido crecimiento, que luego se detuvo por la aparición de epidemias y una plaga de tigres cebados, que aterrorizó y dispersó a parte de la gente. La amenaza de los bandeirantes obligó a la emigración de Santo Tomé. Sus pobladores cruzaron el río en más de doscientas canoas y se refugiaron en Yapeyú. Desde allí, emprendieron camino hasta hallar su ubicación en la costa del río Uruguay, en el sitio que hoy ocupa.

De ese modo, concluyeron radicándose en Corrientes los tres pueblos que, desde fines de la década de 1630, emigraron desde el Este del río Uruguay. En este nuevo territorio rehicieron sus poblados y consolidaron su organización. Y junto con Yapeyú, constituyeron el grupo de pueblos que, por varios años, custodió la frontera oriental de las misiones.

Años después, cuando el gobernador de la provincia bonaerense, Jacinto de Lariz, pasó en 1647 por esos pueblos en su visita formal a las misiones, pudo confirmar que los mismos se mantenían poblados y con sus autoridades comunales constituidas. En esa oportunidad confirmó las elecciones de los miembros de los Cabildos. En todos ellos, los cargos, desde los alcaldes hasta los alguaciles y capitanes militares recaían en indios guaraníes, quienes, en su gran mayoría eran caciques.

La vida cotidiana en los primeros tiempos

En los primeros tiempos, lo que sabemos de la vida de las reducciones se limita al registro de algunos pocos hechos significativos. Los mismos surgen de los informes periódicos que los Padres provinciales remitían a sus superiores en Roma, sobre los progresos de la Provincia Jesuítica del Paraguay y, en particular, de las misiones(4).

(4) Sobre la vida cotidiana en los primeros tiempos, la información corresponde a las distintas Cartas Annuas del siglo XVII y principios del XVIII, en parte editadas y en parte inéditas. // Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

Los datos, casi siempre escuetos, permiten advertir algunos progresos edilicios, los problemas cotidianos, el paulatino desarrollo de la economía, el ritmo de las actividades religiosas y de los conflictos limítrofes y el crecimiento de la población.

Luego de la emigración, los pueblos procuraron encontrar su asentamiento definitivo.
Yapeyú, que no fue amenazado, no experimentó novedad, pero Santo Tomé y San Carlos volvieron a mudarse en el área cercana, en 1649 y 1652, respectivamente.

Para colaborar con los de San Carlos, acudieron allí más de 1.900 indios de otros pueblos, que los ayudaron a construir sus casas y que mantuvieron al pueblo prácticamente “de limosna”, como dicen las cartas de la época, prestándoles bueyes, hachas, arados de madera e incluso una campana. A su vez, La Cruz abandonó Yapeyú y se estableció más al norte, sobre el curso del río Uruguay.

Estos traslados, indican que en los primeros tiempos las viviendas y las iglesias eran aún provisorias, con materiales perecederos, como la madera, la paja y el barro. Los eventuales incendios y la necesidad de renovar periódicamente esos materiales, determinaron que, poco a poco, se fueran introduciendo en la construcción materiales cocidos y piedras, más durables y seguros.

La primera iglesia de Yapeyú debió ser reemplazada por otra de mayor capacidad, construida con columnas y tirantes de madera, cortados y trasladados desde montes ubicados a varias jornadas de distancia. Fue inaugurada en los inicios de la década de 1640, y según las anuas de 1647/1649, se le agregaron imágenes pintadas por el hermano Juan de la Croix. En ese tiempo, el pueblo contaba con cuatrocientas casas, para otras tantas familias. Por esos mismos años, en San Carlos se acopiaban materiales para edificar un nuevo templo y la casa grande de los Padres.

De Santo Tomé se dice que la gran casa o colegio era grande y que la iglesia “se hallaba bien provista de objetos de culto, con sus imágenes pintadas”. Veinte años después se trabajaba en su reedificación, para darle mayor capacidad.

Uno de los problemas que debieron enfrentar los misioneros fue lograr que los indios se acostumbraran a residir en la reducción en forma permanente, desterrando la costumbre de quedarse en sus chacras. Si bien todos los pueblos tenían un buen número de casas para las familias, fue necesario mejorarlas, dotándolas de materiales durables.

En 1722, durante la visita que realizó el Padre provincial al pueblo de San Carlos, indicó que debían fabricarse tejas, “pues hay mucho barro bueno, tendales y hornos acomodados, porque se necesitan muchas para las casas de los indios... y evitar así los inconvenientes al ir los indios a dormir a sus chacras”. Lo mismo ya se había indicado en 1714 para La Cruz, así como proseguir allí la obra de la iglesia.

En Santo Tomé se dispuso, en 1714, construir una casa para las viudas y huérfanas, y concluir con la edificación del segundo patio del colegio. Con el tiempo llegaron los edificios de gran porte, construidos con piedras y ladrillos. La perdurabilidad de esos materiales permitió su mejor conservación y evitó las constantes reparaciones.

Para su mantenimiento, los pueblos debían mantener una producción agrícola suficiente, que evitara la dispersión de la gente, en busca de caza y recolección de frutos silvestres. Las cartas anuas aluden frecuentemente al clima favorable y al buen rendimiento de las cosechas de cereales y algodón.

Sin embargo, también debieron afrontar los estragos causados por la sequía y las mangas de langostas que, más de una vez, asolaron los campos en toda la región.

Otra actividad en la que se destacaron los pueblos del Uruguay era la ganadería. En los inicios, algunos rebaños de vacunos proporcionaron alimento, cueros y animales para el transporte.

En Yapeyú, la primera estancia, llamada San Andrés, se formó en 1657 y, a partir de ese momento, su desarrollo ganadero fue en aumento. Ya antes, en la década de 1630, existía a “dos leguas de esta reducción, la majada de tres mil ovejas, que hizo recoger allí el Padre Francisco Vázquez, llevadas con mucho trabajo, y ha sido industria muy importante, porque se crían para cubrir con su lana la desnudez de los pobres”.

Refieren las anuas de esos años, que la lana producida por la esquila se repartía a todas las reducciones, “aunque es poca”, añade el comentarista. “Cuida de ellas el hermano Eugenio Baltodano”. Años después, otra carta refiere que los indios “se visten con ropa de lana de sus ovejas”, y que sus ponchos son de buen corte, tejido tupido y adornados con dibujos artísticos y variados.

En San Carlos se informa que era muy bueno el rendimiento del algodonal y que de sus hilados se tejía ropa para los indios. A fines de la década de 1640 poseía un rebaño de 4.000 cabezas de vacunos. Santo Tomé también logró el aumento de sus existencias ganaderas.

Durante el siglo XVII la población se acrecentó en todos los pueblos. Ello ocurrió tanto por la incorporación inicial de prófugos y grupos aislados, como por el posterior crecimiento vegetativo. Las cifras conocidas provienen de los registros demográficos que periódicamente anotaban los jesuitas y en los cuales consta el número de familias y de habitantes que había en cada uno de los pueblos de las Misiones.

Esos mismos registros y otros informes coetáneos, también ponen de manifiesto eventuales crisis de subsistencia, hambrunas o epidemias. Alguna de esas crisis, como la muy temprana de 1637/1639, hace saber los graves resultados de una epidemia de viruela en Yapeyú. Allí, según el informe “la peste arrebató en poco tiempo la tercera parte de los moradores”. Las bajas fueron cubiertas más tarde con otros indios, que se acogieron al pueblo.

La Cruz también experimentó el flagelo de la peste entre 1658/1660, con más de 1.500 enfermos. En San Carlos, el hambre se extendió entre los años 1641/1643. “Hambre cruel, dice la crónica, donde los indios debilitados vagaban por los montes buscando cualquier cosa para comer”.

Años más tarde, entre 1645/1646 una epidemia causó allí la muerte de muchos niños. Pero donde las epidemias causaron mayores estragos fue en Santo Tomé, en el año 1661, donde había una población mucho más numerosa. Allí, el sarampión se extendió rápidamente y aunque se habilitaron hospitales y se apartó a los contagiados, las víctimas fueron numerosas(5).

(5) Estudios sobre la población en las misiones puede verse en Ernesto J. A. Maeder y Alfredo S. C. Bolsi, “Evolución y características de la población de las misiones jesuíticas. (1671 - 1767)”, en “Historiografía 2”, Buenos Aires (IBIZE, 1976), pp. 113-150; “La cita del Padre Antonio Sepp”, en Guillermo Furlong S.J.: “Antonio Sepp y su Gobierno temporal (1732)” (1962), p. 114. Ed. Teoría, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

Los registros de población brindan una información completa y objetiva sobre las dimensiones de la misma y las vicisitudes que experimentaron en las primeras décadas. Esta información se torna regular después de la década de 1640, cuando los pueblos ya se hallaban estabilizados.

Año Yapeyú La Cruz San Carlos  Santo Tomé Total
F        H F            H F             H F            H H
 1647  1.600   380         1.300   3.000   2.300   8.200
 1657   437      1.828   365        1.514   839      3.494   657       2.123   8.959
1671  500      2.000  480        1.920  1.215     4.765  671        2.998  11.583
1678  560       2.240  561        2.288  1.208        551   5 .927     3.966 14.009
1682  610       2.477  556        2.251  1.395      5.243  1.006      4.420  14.391
1690  507       1.736  896        2.996  846         2.804  1.160     4.723  12.259
1694  524       2.031  704        3.121  929        3.612  1.301     5.318  14.082
1700  549       1.959  854       3.627  971       3.372  1.329     4.680  13.638
1705  562      2.150  920       4.140  979       3.891  1.301     5.212  15.393

Nota: F equivale a familias y H significa habitantes. El total se remite a los cuatro pueblos.

En cuanto a las dimensiones demográficas de los cuatro pueblos, Santo Tomé parece haber sido el que creció con mayor vigor y regularidad. En el lapso de sesenta años duplicó con creces la población inicial, al punto que pudo contribuir con sus propios habitantes a la fundación de San Borja, en 1690.

San Carlos, cuyo crecimiento demográfico fue también importante, aunque más irregular, también destinó parte de su gente para fundar el pueblo de Trinidad, en 1706. La Cruz también creció regularmente y duplicó, ya en 1690, su población inicial.

En cambio, Yapeyú mantuvo siempre una población menos numerosa pero, en general, estable. Cabe señalar que ya a mediados del siglo XVII, la población guaraní de las Misiones aumenta mucho más por su crecimiento vegetativo que por la incorporación de gente venida de afuera.

La relación existente entre el número de habitantes y de familias arroja, en general, un promedio de cuatro personas para ese núcleo, con oscilaciones extremas, que van desde 3,2 por familia, para Santo Tomé, en 1657, y 4,5 para La Cruz, en 1705.

En conjunto, los cuatro pueblos aumentaron su población entre 1647 y 1678, pero desde entonces, y hasta fines del mismo, las cifras se estabilizaron, con algunas oscilaciones poco significativas. Ese comportamiento demográfico experimentará algunos cambios importantes en la primera mitad del siglo XVIII.

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