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Acuña, Juan Gregorio ("El Mocito")

BIOGRAFIA I

Hijo de Corrientes, el capitán Juan Gregorio Acuña era profundo conocedor de la provincia(1).

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “Diccionario Biográfico” (inédito).

Fue el guía baqueano en Jefe de los Ejércitos que Corrientes armó para libertar y organizar a la Nación.

Su espíritu jovial y optimista, como su físico delgado y elegante, popularizaran el apodo de “Mocito Acuña” con el que es conocido por la historia y la tradición.

Su condición de guía de los ejércitos no le restó a la acción y al heroísmo.

El capitán Acuña figura entre los 108 milicianos de la provincia que en 1843 cruzaron el río Uruguay, proveniente del Brasil, para iniciar desde el emplazamiento actual de Paso de los Libres la reacción antirrosista correntina.

La provincia había caído en poder rosista después de Arroyo Grande (Diciembre de 1842) y aquellos heroicos soldados soñaron su recuperación ejecutándola con los triunfos de Laguna Brava (1843), Río Corriente y Bella Vista.

“Mocito” Acuña, así denominábase, con cariño, al capitán de Guías Juan Gregorio Acuña, “observador, sagaz astrónomo y geógrafo empírico” que conocía el territorio de Corrientes y de Entre Ríos con todas sus peculiaridades.

Era oriundo de la región del Ombú, en el actual Departamento Mercedes.

Este capitán de las Guías correntinas fue un gran colaborador de los ejércitos libertadores de la provincia.

Sirvió con el general José María Paz a quien asesoró desde la formación del ejército que venció en Caá Guazú, indicándole las particularidades geográficas de Corrientes que permitieron a aquel estratego sus hábiles movimientos y planos de guerra.

“Mocito” Acuña formó entre los 108 hombres que, con el general Joaquín Madariaga recuperaron para el antirrosismo la provincia, desde Paso de los Libres, donde pusieron pie el 31 de Marzo de 1843.

A su hábil dirección se debió la marcha rápida, hasta la capital, iniciada desde el cauce del río Uruguay y que permitió a Joaquín Madariaga vencer en Laguna Brava(2).

(2) En su oportunidad, a la Escuela Nacional Nro. 268 de Paso de los Libres, se había propuesto la denominación con su nombre. Hay una calle en el barrio “Laguna Brava” (calle N.-S) de la Ciudad de Corrientes, que se lleva su nombre.

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BIOGRAFIA II

Natural de Corrientes, siendo sus padres Juan Manuel Acuña Rocha y Juana Rosa Sánchez(3).

(3) Citado por el capitán de fragata Jacinto R. Yabén. “Biografías Argentinas y Sudamericanas”.

Fueron sus rasgos sobresalientes el talento, el valor y el patriotismo. Estas cualidades y su aptitud para escribir con soltura y propiedad justificaron su designación de Comandante Militar interino del Partido del Ombú en reemplazo de Manuel Chamorro, en Julio de 1829 y para Juez Comisionado del mismo al año siguiente, propuesto por el coronel Manuel Antonio Ledesma, permaneciendo en este cargo hasta 1832.

Desde Curuzú Cuatiá, Genaro Berón de Astrada -que se hallaba al frente de su Escuadrón de Granaderos- propuso a Acuña, el 30 de Noviembre de 1834, para Maestro de Posta del paraje conocido por “Mbahá”.

De energías notables para el trabajo, Juan Gregorio Acuña se trasladó en 1836 a las misiones desde donde, después de una intensa labor en sus bosques vírgenes, conducía en mulas “cargueras” y pesadas carretas, “sobornales” de yerba mate para introducirlos luego en Curuzú Cuatiá, punto que empezó a adquirir importancia por su giro comercial.

En Junio de 1837 Berón de Astrada, que había comprobado la habilidad de Acuña como “vichador”, le dio la comisión de trasladarse al Estado Oriental para que se informara sobre la situación del país vecino que se ha­llaba entonces azotado por la guerra civil encabezada por Fructuoso Rivera.

“Mocito Acuña”, que era muy circunspecto pero provisto de un don natural simpático, se introdujo en el Cuartel del general revolucionario donde obtuvo interesante información.

El camino de regreso lo realizó por el territorio del Río Grande, agitado igualmente por la guerra civil. Acrecentó sus datos con las observaciones que logró respecto a las fuerzas del militar Bento Manuel Ribeiro y del general José Ignacio Abreu y Lima, dirigentes revolucionarios.

Se halló en la sangrienta batalla de Pago Largo y, formando parte del Escuadrón Paiubre, al mando de su pariente Joaquín Madariaga, asistió a todos los combates que este cuerpo libró contra los caudillos federales Takuave, Abraham y Pablos.

Como es notorio, el general Juan Lavalle se refugió en el Rincón del Ombú, “guarida de los Acuña”, para organizar el Ejército Libertador. Fue el “Mocito” quien con su ingenio y actividad proverbiales el que más se destacó allanando el problema serio y urgente que se le presentó al “Héroe de Ríobamba”, para completar sus caballadas.

En los primeros días de Enero de 1840 Acuña se dirigió hacia las praderas del Aguapey donde contaba con parientes y hacendados amigos, regresando poco después con 770 caballos en buen estado.

Entusiasmado por este resultado, el general Lavalle le encomendó una misión con el mismo propósito de obtener más caballadas, pues se hallaba impaciente por abrir las operaciones.

Para facilitar la tarea de Acuña dirigió cartas a los fuertes hacendados Blas y José Inocencio Márquez y Juan Chamorro, que poseían grandes estancias ubicadas en los actuales Departamentos San Martín y Santo Tomé. “Mocito” regresó a comienzos de Febrero de aquel año con abundantes caballos.

Con estos y con los animales en gran número repuestos en la invernada de “Tapantuá”, pudo iniciar su avance sobre Entre Ríos por el camino marcado por el Mocoretá, uno de cuyos pasos, el Cerrito, fue franqueado, entrando en el territorio enemigo el Ejército Libertador.

Fue también el “Mocito Acuña” el que condujo al gobernador Pedro Ferré el Parte de Lavalle sobre el combate de Don Cristóbal, librado el 10 de Abril de 1840, habiendo aquél formado parte en el curso de la campaña y en la acción de referencia del grupo de oficiales que rodeaban al General en Jefe.

Cuando poco después el ilustre general José María Paz organizaba el Ejército de Reserva, al conocer a Acuña y darse cuenta de las condiciones naturales que le adornaban, lo dio de alta en la “Compañía de Guías” como jefe y con la jerarquía de Capitán.

El “Mocito”, que permanecía siempre al lado del gran estratega argentino, dio a éste una minuciosa información sobre los pasos del río Corriente, Capitá Miní, Moreira y Caá Guazú, que se hallaban en la zona de operaciones.

Paz, de acuerdo con tales datos, decidió utilizar el último para realizar su sigiloso pasaje del río y sorprender tácticamente a su adversario, obteniendo el triunfo que lo coloca entre los primeros generales de América.

En el Parte circunstanciado de la acción que elevó al gobernador Ferré el 8 de Diciembre de 1841, de acuerdo al temperamento parco y estricto del general vencedor, refiere en él la conducta destacada que tuvieron jefes y oficiales, pero sin mencionar más nombres que los de tres de sus colaboradores, en la siguiente forma:

“Mi edecán, don José Ignacio Serrano y mis ayudantes de campo, todos han desempeñado sus funciones con honor y exactitud; mi secretario militar, ciudadano don Gregorio García y Castro, no se ha separado un momento durante el combate, como tampoco el capitán de guías, don Juan Gregorio Acuña, el cual ha prestado muy buenos servicios durante la campaña”.

Hizo la campaña de Entre Ríos asistiendo a la ocupación de La Bajada, a fines de Enero de 1842, y cuando se produjo el distanciamiento entre Ferré y Paz, motivando el retiro a Corrientes del ejército de esta Provincia, “Mocito” hizo lo propio, acompañando a sus comprovincianos que se reconcentraron en Abalos (Curuzú Cuatiá).

Meses después aquellas fuerzas se unían a las orientales en Entre Ríos bajo el superior comando del general Fructuoso Rivera, asistiendo al tremendo desastre de Arroyo Grande, el 6 de Diciembre de 1842.

Después de este combate, el “Mocito” y sus hermanos se incorporaron al grupo formado por Joaquín, Juan y Antonio Madariaga, Bernardino y Plácido López, Cecilio Carreras, Zenón Pérez y Victoriano Alemí y, después de un breve descanso en Curuzú Cuatiá, siguiendo el curso del río Uruguay, llegaron al paraje llamado “Cruz Alta” por donde vadearon el río penetrando en territorio brasileño.

La reacción no tardó en producirse entre los emigrados correntinos y se preparó la penetración a la provincia de su nacimiento.

El paso del río Uruguay, el 31 de Marzo de 1843, por los ciento ocho invictos, fue la realización de una promesa hecha en solemnes momentos.

Los Acuña se destacaron en la difícil empresa por su decisión: Prudencio y Bernabé -ayudados por otros jóvenes- prepararon las barcazas o balsas para realizar el pasaje del río y el “Mocito” puso toda su actividad, inteligencia, conocimiento y astucia para el buen éxito de la empresa: fue elegido por el voto unánime de sus compañeros para ser “el oficial de derrota” de la peligrosa empresa.

Desembarcados los invasores frente a “Tapitaocay” con relativa facilidad, a pesar del recio vendaval, Acuña piloteó por sendas ignoradas y sorteando los puntos de peligro representados por las fuerzas pro porteñas que se proponían hacer malograr la atrevida empresa, logrando así introducirse en los bosques del Miriñay.

Los correntinos se dividieron en dos grupos: uno se encaminó hacia “Abalos”, buscando la incorporación de Nicanor Cáceres quien, con indomable energía, se había mantenido en los montes de la precitada zona; otro, con Joaquín Madariaga a la cabeza, tomó el camino de Mercedes y en éste iba Juan Gregorio Acuña.

Reforzados en el camino, los insurgentes sumaban 800 hombres cuando efectuaron su conjunción en la banda occidental del río Corriente.

El “Mocito” se halló en las dos acciones: de “Laguna Brava” el 6 de Mayo de 1843, a las órdenes de Joaquín Madariaga; y en la del Paso “Oscuro”, del río Corriente, el día 11 del mismo mes, donde Juan Madariaga remató a los vencidos por su hermano.

En carta que el primero de los nombrados dirigió al general José María Paz, el 24 del mismo mes y año, decía: “Mocito Acuña se ha portado también como acostumbra; a sus conocimientos topográficos de esta provincia debemos nuestra entrada a ella sin ser vistos”.

Nombrado, Acuña, Comandante Militar del distrito del Uruguay, en Agosto de 1843, recibió orden del gobernador Madariaga de fundar -frente a Uruguayana- un pueblo que se denominó “Paso de los Libres”, en recuerdo de la hazaña que practicaron los 108 correntinos que iban a llevar su pensamiento de libertad a sus paisanos, nombre aquél que fue cambiado cuatro años después por el de “Villa Restauración”, gobernando el general Benjamín Virasoro. En 1864 volverá a recuperar su nombre primitivo.

Acuña estuvo agregado al E. M. del coronel Juan Madariaga en la campaña que realizó a fines de 1843 y comienzos del año siguiente contra las fuerzas pro porteñas a las órdenes del general Eugenio Garzón, desempeñando el cargo de Jefe de Exploradores.

En 1844 fue destinado como titular a la Comandancia de Paso de los Libres, habiendo sido recompensados sus importantes servicios con la jerarquía de Teniente Coronel. Permaneció en la Comandancia de referencia hasta que las necesidades de la guerra lo obligaron a reintegrarse al Ejército Libertador para ejercer sus funciones de Guía.

Cuando la irrupción de Justo José de Urquiza en 1846, Acuña estuvo incorporado a la división de Vanguardia al mando del general Juan Madariaga y, después del desastre de Laguna Limpia, el 4 de Febrero de aquel año, con un grupo de compañeros de la Legión López se incorporó a los pocos días al cuerpo principal del Ejército Aliado Pacificador, justamente en los momentos en que llegaba a las Lomas de Ibahay donde el eminente general Paz iba a ocupar una posición defensiva formidable que no se atrevería a atacar el enemigo.

Producida la retirada de Urquiza y la desinteligencia del Director de la Guerra con el gobernador Madariaga (que dio por resultado la disolución del ejército) Acuña quedó en su provincia natal y cuando se organizaron nuevas fuerzas para hacer frente a la irrupción pro porteña de 1847 a raíz de la desaprobación de Rosas a los Tratados de Alcaraz, el “Mocito” fue uno de los principales puntales de aquéllas.

Después de la derrota de Vences, el 27 de Noviembre, acompañado del comandante Juan Bautista Sandoval, se dirigió hacia el sur y despuntando los bañados de Iberá se abrió camino hacia el Este, en dirección a la costa del Uruguay, que atravesó por el Paso de “Garruchos” emigrando al Brasil, burlando la vigilancia de los enemigos que habían desprendido fuertes patrullas para interceptar a los derrotados en fuga, especialmente para capturar al “salvaje unitario Mocito Acuña”.

El 15 de Enero de 1848 el gobernador general Benjamín Virasoro dispuso que los miembros de la familia de aquél no fueran admitidos en la provincia, impartiendo órdenes al Comandante Militar de Paso de los Libres.

Al año siguiente tuvo lugar en São Borja una reunión de emigrados correntinos, entre los que se hallaban: Gregorio Valdés; generales José Domingo Abalos y Juan Madariaga; coroneles Bernardino López, Victoriano Alemí, Plácido López, Zenón Pérez, José Luis Madariaga y el teniente coronel Juan Gregorio Acuña; y, espontáneamente eligieron gobernador de Corrientes al primero de los nombrados para que, investido de tan alta representación, interviniera en las conferencias iniciadas por el coronel Manuel Legueisa, jefe que al frente de fuertes columnas paraguayas había invadido parte del territorio correntino.

El jefe de referencia, facultado por su presidente Carlos Antonio López, intentó reanudar la Alianza con Corrientes para intensificar la lucha contra Rosas.

Es el último acto público conocido del “Mocito Acuña”, la reunión de São Borja.

El autor de este trabajo no ha podido hallar otros antecedentes. Su apodo provenía de su físico pequeño pero armónico; era de corazón bondadoso, valiente e inteligente.

“Su rostro ligeramente ovalado -dice Valerio Bonastre en su obra ‘Varones Correntinos’ (de la que tomamos la casi totalidad de los datos contenidos en esta biografía)- circundado por corta barba, iluminábase por unos ojos grandes y negros como yvapurũ y protegidos por largas pestañas.

“Su tez cetrina se tornó tostada como consecuencia de mucho ‘andar’ siempre a caballo en cumplimiento de sus delicadas funciones. Mirada suave, semblante risueño, inadvertidamente abría su corazón conquistando adeptos. No era locuaz; su perenne sonrisa suplía a menudo el gasto de palabras superfluas”.

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BIOGRAFIA III

A fines del siglo XVIII, en fecha imprecisa, nació en la Ciudad de Corrientes Juan Gregorio Acuña, siendo sus padres Juan Manuel Acuña y Juana Sánchez(4).

(4) Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

En sus primeros años se dedicó al comercio yerbatero, lo que le dio un gran conocimiento del territorio de su provincia y de Misiones.

En 1837, después de haber prestado algunos servicios importantes al Gobierno provincial, fue comisionado por el gobernador Berón de Astrada para tratar de lograr informaciones de carácter militar en la Banda Oriental y en Entre Ríos, prestando, desde entonces, durante diez años, servicios en los ejércitos que lucharon contra los federales rosistas.

Estuvo junto al general Lavalle, en 1840 e intervino en la campaña de Entre Ríos, pero luego regresó a Corrientes y formó en las filas del Ejército de Reserva del general Paz, combatiendo valientemente en Caá Guazú, mereciendo elogios de sus jefes en el parte del general al gobernador Ferré.

También participó en la batalla de Arroyo Grande y luego de la derrota emigró, como otros correntinos, al Brasil.

Volvió a la provincia con los hermanos Madariaga y, nombrado comandante militar, fundó el pueblo de Paso de los Libres.

En 1846 y 1847 luchó contra las fuerzas entrerrianas del general Urquiza, emigrando nuevamente al Brasil, después de la derrota de Vences.

La última referencia que se tiene de este correntino, al que se conoció con el apodo de “El Mocito”, es de una reunión que emigrados correntinos realizaron en San Borja y en la que se proyectó una Alianza con el presidente paraguayo, doctor Carlos Antonio López.

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