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Alegre, Juan Nepomuceno

BIOGRAFIA I

Nacido en Corrientes, fray Juan Nepomuceno Alegre perteneció a la Orden franciscana, cuyas virtudes y bondad encarnó, sembrando el bien, asistiendo espiritualmente a sus conciudadanos y trabajando por el progreso de la provincia(1).

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “Diccionario Biográfico” (inédito).

Fue un sacerdote filólogo de gran erudición y sobre todo un guaranizante insuperable.

Hizo sus estudios en Buenos Aires, en el convento franciscano de aquella ciudad, que puso en él sus mejores esperanzas. Estaba a cargo del convento y desempeñaba la cátedra de Gramática, cuando a fines de 1847 el gobernador Benjamín Virasoro peticionó del ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Confederación, doctor Felipe Arana, gestionase su venida, junto con la de otros sacerdotes, para las parroquias vacantes de la Provincia.

El ministro Arana logró ese permiso y lo comunicó a Virasoro en 1848, con los inconvenientes que debió vencer, especialmente con el R. P. guardián fray Nicolás Aldazor. Con tal motivo se determinaron las virtudes de fray Alegre, de quien se esperaba una gran carrera, quien vino pro tempore, con dependencia de su convento y su prelado, autorización que le fue ampliada en sucesivos períodos bienales.

Aquí en su provincia natal, el Padre Alegre pudo rendir el fruto de su cultura. Designado cura párroco de Itatí, el Padre Alegre presidió una verdadera reorganización de aquel modesto pueblo, restableciendo las líneas de su planta urbana y ejidos, y reconstruyendo el templo de Nuestra Señora de Itatí. A ese efecto usó de las calizas de la región para fabricar la cal necesaria.

Dio a la iglesia la magnitud actual con dos pequeñas torres. Posteriormente, sustituido el viejo techo de dos aguas con una bóveda y reconstruidas las torres, se logró el templo que antecedió a la actual basílica.

La iglesia del Padre Alegre ha sido comentada por De Moussy en su libro "Descripción de la Confederación Argentina".

La habilidad demostrada por el virtuoso sacerdote determinó al gobernador, Dr. Juan Pujol a traérselo a la Capital, donde di­rigió los trabajos de la actual iglesia Catedral. También se le debe la individualización del lugar y restos del fuerte inicial de la fundación de Corrientes, descubrimiento que fue documentado oficialmente.

El fuerte quedaba sobre la barranca del Arasaty. Su ruina consistía en “un muro, teniendo de Norte a Sud cincuenta varas castellanas de longitud; de Este a Oeste, por ambas extremidades, seis varas de latitud, formando un área cuadrangular; y una vara de altura, a una profundidad bajo de tierra, siendo las paredes construidas de piedra tosca, cortada de la misma de que está formada la barranca a la costa del río, habiendo hallado una gran porción de fragmentos de losa barro de tiesto, que por su material se conoce ser trabajado en el Paraguay, y una estacada de palo a pique de cincuenta varas castellanas de longitud en dirección de Sud a Norte, trabajada y dispuesta como se ve en las trincheras de las guardias y fortines de la República del Paraguay, donde se conserva la costumbre primitiva de los españoles”.

El lugar, según el Acta, quedaba al Noroeste de la ciudad. Se hizo mérito de que ésta fue -según observaciones del Padre José Quiroga-, fundada a los 27° 43' de latitud y 318° 57' de longitud, como de una información levantada a petición del mayordomo de la Cruz del Milagro, S. M. F. Alarcón, y tomada por el ministro Tomás de Zalazar, cura párroco de la parroquia de San Roque, de la ciudad de Santa Fe.

Estos restos del Fuerte inicial quedaban al oeste de la columna erigida, para señalar el lugar donde se levantaba la Cruz del Milagro en el momento de la fundación, que fue trasladada a la ermita donde se le rindió culto hasta 1730, año en que se la trasladó al santuario construido en el lugar en que se levanta el templo de nuestros días.

Las instalaciones ferroviarias construidas después en esta parte de la ciudad, han cambiado su topografía. En sus inmediaciones se erigió (1929), la estatua del general Carlos María de Alvear, en cuya oportunidad restos arqueológicos de la época colonial fueron hallados, depositándoselos en el Museo Histórico Colonial de Bellas Aries de la Provincia. Hoy, el lugar, es nuevamente un paseo, dominado por el puente interprovincial “Manuel Belgrano” y por la majestuosa Costanera.

Pero de la ruina de 1588, individualizada en 1857, nada puede observarse en el lugar.

Sólo un resto de aquella empalizada histórica escapó al abandono, debido a un gesto de gentil homenaje cumplido, en aquel entonces, por el gobernador de la Provincia, doctor Juan Pujol. Referimos al envío de un fragmento de la palizada de madera, hecho al primer presidente constitucional, general Justo José de Urquiza, que se custodia en nuestros días en el Palacio San José (Concepción del Uruguay), ex residencia de aquel ilustre argentino. De esa madera, tres veces centenaria, sólo nos queda su amable recuerdo.

Cuando el Adelantado, después de su protesta, llegó al paraje Siete Corrientes para fundar la ciudad, el fuerte inicial debió de estar terminado y listo para la defensa, lo que explica el hecho de que la ciudad se situara en la punta llamada Pucará, sin que haya argumento alguno para negar la construcción del fuerte, que fue centro de la vida de aquel núcleo, hasta que las construcciones de la ciudad fueron hechas. Y ellas no fueron tarea de un día, sino de una década.

Por eso, el fuerte inicial se llama Pucará, amparo del núcleo fundador en los momentos de peligro, como fueron los pucarás de la civilización incaica y en todo el Noroeste argentino.

Juan Nepomuceno Alegre es autor del libro "Antigüedades Correntinas", en cuyas piezas documentales puede verse la firma de lo más significativo de Corrientes.

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BIOGRAFIA II

Nació en 1811 en la Ciudad de Corrientes y en 1837 tomó los hábitos de la Orden de San Francisco, para profesar al año siguiente(2).

(2) Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Actuó en el Convento de la Orden en la Ciudad de Buenos Aires hasta que en 1869 se trasladó a su ciudad natal.

Fue un hombre estudioso y dejó algunos apuntes históricos sobre la Compañía a la que pertenecía y algunos relojes de sol que construyó personalmente.

En 1867 editó un folleto titulado “Antigüedades Correntinas”, donde hizo relación del descubrimiento que efectuó de la primera fortaleza española construida en Corrientes.

Esto lo llevó a cabo siendo cura de San José en 1857.

Se ha dicho que sus esfuerzos impulsaron la reconstrucción de la iglesia de Itatí.

Falleció en la ciudad que lo vio nacer el 20 de Febrero de 1881.

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