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Domínguez, José León

Nació en la ciudad de Mendoza en 1778 (ó 1776), siendo sus padres D. Francisco Domínguez y doña Petrona Hernández, quienes en 1801 lo enviaron a Buenos Aires para que se dedicara a las tareas mercantiles, a las que se hallaba entregado cuando sobrevino la primera invasión inglesa.

Se halló en la Reconquista de esta Capital “en clase de vecino honrado y buen vasallo”, según expresa la propuesta del virrey para el ascenso de Domínguez al grado de teniente coronel.

El 9 de Octubre de 1806 fue ascendido a subteniente de la 4ta. compañía del Cuerpo de “Arribeños”, en el que había sentado plaza como soldado. El 6 de Febrero de 1807 fue nombrado 2do. ayudante mayor “por su aptitud y buena disposición”. El 13 de Abril del mismo año ascendió a capitán de la 7ma. compañía. Se batió con denuedo en los Corrales de Miserere, el 2 de Julio del año de referencia, y en la memorable Defensa de esta ciudad, hasta el día 6 del mismo mes. El 2 de Diciembre del propio año pasó a ejercer sus funciones de capitán en la compañía de granaderos de su cuerpo.

El 9 de Febrero de 1809 obtuvo despachos de teniente coronel graduado con antigüedad del 12 de Enero de igual año. En la propuesta arriba mencionada se lee: “Tiene el distinguido servicio en honor de S. M. de haber contribuido en la creación de este cuerpo por iguales partes con su capitán a vestir y uniformar 50 hombres completamente de cuya fuerza se componía dha. Compañía todo a su propia costa y sin cargo de reintegro ... A más de las contribuciones que en favor del Rey y de la Patria tiene hechos, hizo donativo de cien pesos fuertes de contado en obsequio de las urgencias de la Madre Patria. En la conmoción del día 1ro. del año (movimiento de Alzaga para derrocar a Liniers), sostuvo y conservó a toda costa con 50 granaderos los Almacenes de Municiones, Mistos y Tren de Artillería. En el cumplimiento actual de su ministerio es de los mejores Capitanes. Por cuyas circunstancias es acreedor al grado y empleo para que se propone” (Archivo General de la Nación).

Fue uno de los más entusiastas agitadores de la Revolución de Mayo. En el cabildo abierto del día 22, hizo suyo el voto del comandante de los granaderos de Infantería o Fernando VII, Juan Florencio Terrada, que apoyó el de Cornelio Saavedra, con el agregado de que debía “tener voto activo y decisivo el Síndico Procurador”.

Se incorporó al Ejército Auxiliar en calidad de teniente coronel graduado del Regimiento N° 3 de Patricios, con el que partió para el interior el 6 de Julio de 1810. Al llegar a Córdoba fue encargado por el coronel Antonio González Balcarce de perseguir a los revolucionarios encabezados por Liniers y Gutiérrez de la Concha, misión que cumplimentó en forma elogiosa, como se lee en el parte de su Jefe, fechado en la Posta del Paso del Tigre, el 7 de Agosto de aquel año, no obstante haberse enfermado Domínguez en el curso de la operación. El resultado fue la captura de todos los rebeldes y su posterior fusilamiento.

Desde Córdoba, el teniente coronel Domínguez marchó a cargo de la vanguardia hasta el punto denominado “Colorados”. En Cotagaita, el 27 de Octubre, comandó una de las columnas de ataque, y en la batalla de Suipacha, el 7 de Noviembre, tuvo actuación destacada. Reunido el ejército en Potosí, Domínguez marchó a la vanguardia hasta la ciudad de Oruro.

En Marzo de 1811 fue destinado al Regimiento N° 6 de Infantería, con el que se halló en el desastre de Yuraicoragua, el 20 de Junio del mismo año. Fue promovido a sargento mayor efectivo el 3 de Julio de igual año. Después de aquella tremenda derrota, Domínguez fue uno de los oficiales que más contribuyó para la reunión del ejército dispersado, siendo ayudado por el después coronel Juan Antonio Argerich. En circunstancias en que marchaba con el N° 6 a vanguardia, en Sica-Sica sofocó un movimiento que preparaban los cabos y soldados del cuerpo, armándose Domínguez y Argerich para contener personalmente a los más audaces, apoyado por los soldados que habían quedado leales a sus jefes.

Al llegar a Jujuy se recibió del mando interino de su regimiento. Poco después regresó a Buenos Aires donde fue destinado el 1ro. de Enero de 1812, al Regimiento N° 2 de Patricios; recibiendo la efectividad de teniente coronel de infantería el 14 de Mayo de igual año. Al poco tiempo de pasar al N° 2, Domínguez fue destinado a mandar una división encargada de defender el Rosario y Punta Gorda de los ataques de las fuerzas fluviales españolas; y de allí fue nombrado el 5 de Julio de 1813, teniente de gobernador de Corrientes, cargo que ejerció hasta el 9 de Marzo de 1814, fecha en que fue derrocado por el teniente Juan Bautista Méndez, comandante del destacamento de Dragones, única fuerza veterana que guarnecía la capital. Domínguez se había opuesto a los artiguistas que iban tomando incremento en aquella Provincia. Para no ser asesinado, debió retirarse por entre los bárbaros, a través del Chaco, para llegar a Buenos Aires.

Aquí mandó un tiempo el Regimiento N° 8 y después pasó nuevamente al N° 2, el 25 de Marzo de 1815, al mando del 1er. batallón con el que marchó por segunda vez al Alto Perú, a las órdenes del general Domingo French, Cuerpo en el cual permaneció hasta el 9 de Noviembre de 1816, en que fue destinado al 9 de infantería.

El 26 de Abril de 1817 recibió la efectividad de teniente coronel, pero con antigüedad del 9 de noviembre del año anterior. Hizo toda la campaña del Ejército Auxiliar hasta Santa Fe, en los primeros meses de 1819, contra las montoneras de Estanislao López, a las órdenes del general Belgrano, ya como coronel graduado, ascenso que había obtenido el 5 de Mayo de 1818.

El 14 de Julio de 1819 bajó a Buenos Aires con licencia, regresando después al ejército. Cuando el pronunciamiento de Arequito, el 8 de Enero de 1820, fue Domínguez uno de los jefes que permanecieron leales al general Fernández de la Cruz, el que lo comisionó para recabar del general Bustos el partido posible favorable al general en jefe, conduciéndose Domínguez en esta emergencia “con fidelidad y honor debido”, según expresa el mismo general Cruz en un informe. Desde Arequito se trasladó a Mendoza. Habiéndose abierto el camino, bajó a Buenos Aires en Mayo de 1820, presentándose al gobernador Ramos Mejía, ofreciéndole sus servicios, como lo atestiguan este mismo señor y el teniente coronel Juan Bautista Morón en informes que expidieron en 1822.

El 15 de Diciembre de 1820 se le concedió autorización para pasar a Mendoza. En 1821, el coronel Domínguez formó en Mendoza una división de las tres armas para combatir la montonera que seguía a José Miguel Carrera, fuerte de 200 hombres, con los que partió de aquella ciudad y se unió al resto de las tropas destinadas a batir a aquel caudillo, tomando el mando en jefe de todas las fuerzas el general Bruno Morón. No obstante la muerte de este distinguido jefe, en el combate de la villa del Río IV, Carrera fue vencido completamente en la Punta del Médano, el 31 de Agosto de aquel año y pasado por las armas, el 4 de Septiembre.

El 3 de Marzo de 1826, el coronel Domínguez recibió la misión de levantar las baterías de Punta Gorda, entregando todo el armamento, munición, etc., allí existente, al comandante militar de San Nicolás, D. Cipriano Ceballos, retirándose Domínguez a Buenos Aires con la tropa que formaba la guarnición de aquel punto.

El 28 de Octubre de 1826 fue dado de alta en la Plana Mayor del Ejército, en cuyas listas dejó de figurar en Febrero de 1830. El 20 de Junio de 1831 pasó a revistar en la P. M. I., en la que figuró hasta su fallecimiento. El coronel Domínguez falleció el 1 de Octubre de 1833.

Había formado su hogar con doña Juana Josefa Girado, la que le sobrevivió hasta el 22 de Febrero de 1852.

Fue uno de los oficiales que más se distinguieron en la Reconquista de Buenos Aires, así como también en la Defensa de la misma, en 1807, según expresa el general Ortiz de Ocampo en un informe de 1822, y en el que dice que Domínguez marchó al Ejército Auxiliar por pedido expreso de aquél, en el cual sostuvo a sus expensas la fuerza a su mando. Hizo los mayores esfuerzos para reunir los dispersos después de Huaqui, según expresa el general Cornelio Saavedra en otro informe. Desde Córdoba, Domínguez fue destacado por el general Ortiz de Ocampo, al mando de un destacamento, para ir a ocupar las gargantas del Perú y poner a cubierto las provincias de Salta y Jujuy, amenazadas por el enemigo.

Su marcha fue acelerada y en posta, “sin más equipajes, dice Ortiz de Ocampo en el informe mencionado, de fecha 24 de Octubre de 1822, y recursos que cien pesos y las municiones precisas, y así sin perder momento, pasó a Jujuy y ocupó el punto de Colorados hasta Mojos, donde alcanzaban las partidas del enemigo. Allí sostuvo sus choques y correrías hasta la incorporación de otras divisiones y destrucción del enemigo. La situación que ocupaba el coronel Domínguez demandaba crecidos gastos por su aridez desierta y despoblada, y escasísimos de todo recurso y como en aquellas circunstancias no se le podía auxiliar con dinero ni víveres, se le ordenó facilitara los recursos de su peculio o del modo que le dictase la prudencia, con cargo de ser reintegrado a la incorporación al Cuartel General.

“El coronel Domínguez sostuvo a sus expensas, no sólo la división de su mando, sino los animales cabalgares que servían continuamente sobre el enemigo y como destruido éste, fue preciso que las divisiones marcharan a ocupar Potosí; me consta que no ha sido reintegrado en parte alguna de los desembolsos que en aquella época hizo con generoso desprendimiento por una delicadeza de natural honradez. El coronel Domínguez siguió la marcha del ejército, ocupando su vanguardia hasta la jornada desgraciada del Desaguadero, y conducido siempre por los principios que constituyen un jefe honroso y subordinado, corrió todos los riesgos que son notorios en aquella época triste, sosteniendo el orden y disciplina, hasta haber apagado el movimiento horroroso intentado por la tropa en Jujuy”.

En Enero de 1812 bajó a Buenos Aires a tomar el puesto de sargento mayor del N° 2. El coronel José Moldes, en un informe del 28 de Octubre de 1822, dice: “Certifico por cierto que el coronel graduado D. José León Domínguez, se ha manejado con honor, actividad, vigilancia y valor, en la conjuración horrorosa del Ejército acuartelado en la ciudad de Jujuy, en aquella fecha, y que todo el tiempo que estuvo bajo mis órdenes como 2do. general llenó a satisfacción de sus jefes los deberes del cargo de comandante del Regimiento N° 6, que servía allí.

“Muy luego se siguió la marcha adelante, dice el general Juan José Viamonte en un informe del 31 de Octubre de 1822, este oficial con su compañía por sobresaliente, lo destiné a la guarnición de La Paz, que hizo mientras no se determinó la aproximación a los enemigos; en el día aciago del 20 de Junio, nada desmintió Domínguez de la justicia con que merecía su empleo. En la desgraciada dispersión, fue de los pocos que me siguieron: él marchó y contramarchó, según se lo mandé; últimamente es preciso en obsequio a su mérito, estar por cuanto dice en los pormenores de su exposición, que con el curso del tiempo corrido no es fácil tener presente, recordando solamente respecto a gastos, que en la marcha de Oruro a Chuquisaca, en la retirada debió hacer algunos que no fue posible apuntar, así por la dislocación de todo, separación de los jefes y porque no había con qué pagar.

“Los hechos porque soy citado, dice el coronel Blas José Pico en informe del 6 de Noviembre de 1822, en la presente solicitud del Sr. coronel Don José León Domínguez son ciertos y de notoriedad, como lo es también la honrosa conducta de este digno jefe y su constante adhesión a la causa del orden y oposición a la anarquía”.

El coronel Juan Antonio Argerich, dice en un informe del 12 de Noviembre de 1822: “...que hasta la prisión de los jefes prófugos de Córdoba hizo los servicios más interesantes, sorprendiendo la rapidez de sus marchas y la buena combinación de sus movimientos, de los que sin descansar, marchó al interior con el mando de la división de vanguardia, cuyos pasos siempre fueron marcados por el orden y la disciplina”.

En informe del 15 de Noviembre de 1822, el general Juan Martín de Pueyrredón, dice: “Los ventajosos informes que recibí entonces de sus jefes anteriores fueron justificados por ejemplar comportación hasta su separación de aquel mando en 1812 ...

“En un motín intentado por algunas compañías de una división que había sido nombrada para establecer la vanguardia y que debía verificarse en el día de su salida, en el Cuartel General, según las noticias privadas que se tenían, mostró el coronel Domínguez una serenidad e intrepidez que lo recomiendan, pues estando en marcha la columna fuera de la ciudad, se arrojó con prontitud y valentía sobre la primera fila de Granaderos que dio la señal de insurrección y con la espada desarmó al primero que levantó la voz en desorden y que había preparado su arma contra el dicho coronel y era su comandante: cuyo hecho sucedió a mi presencia. Certifico en toda forma lo que va expuesto en conformidad del decreto superior que lo previene”.

El general Fernández de la Cruz, en informe de 19 de Noviembre de 1822, dice: “...más particularmente es de los prestados en el tiempo que ha estado desde fines del año 15, en el Ejército Auxiliar del Perú, bajo mis órdenes; su conducta, su contracción y el desempeño puntual de cuanto se ha puesto a su cargo, ha sido el más distinguido y propio de un jefe de honor; su adhesión al orden y subordinación que siempre había sido, lo envolvieron en las mismas desgracias y mal tratamiento que cupo a todos los jefes de dicho Ejército en la revolución del mismo, en la de Enero del año 20, prestando en aquel lance servicios importantes y puedo asegurar a más, que fue invitado con instancia por los autores de aquella después que la realizaron, a que tomase partido con ellos, lo que desechó con la entereza y el desprecio que merecía tal proposición, siendo, igualmente cierto, que apenas se abrió el camino, por estar interceptado antes enteramente, se dirigió desde Mendoza, a presentarse al Gobierno de Buenos Aires”.

El general Benito Martínez, en otro informe de aquella fecha, elogia la actitud del coronel Domínguez en el pronunciamiento de Arequito. Por su parte, el coronel Juan Bautista Morón, en informe del 31 de Octubre de 1822, dice que “el 2 ó 3 de Julio de 1820 se hallaba el informante acantonado en la plaza Lorea por la aproximación de los anarquistas, a la cabeza del Batallón Tercero (hoy incorporado a la Legión Patria), y se le presentó el coronel Domínguez (que se hallaba en Buenos Aires desde el mes de Mayo), diciéndome, dice Morón, se había presentado al Excmo. Cabildo y visto al señor Presidente, a quien ofreció sus servicios; éste le dijo que todos los puestos estaban con sus jefes correspondientes y que le agregase al punto que le acomodase, y éste eligió mi división. Yo le hice retirar y le previne que en cualesquier caso se reuniese, y con frecuencia se me presentaba”.

 

Bibliografía:

* Capitán de Fragata Jacinto R. Yabén - “Biografías argentinas y sudamericanas”.

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