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Martínez y Cires, Isidoro

Durante el período hispánico, Corrientes fue conformando una sociedad con diferentes niveles socioculturales, pero todos, desde el más encumbrado hasta el arte­sano más humilde ponía lo mejor de sí en bien del territorio. También tuvo hombres que contribuyeron con su presencia a recordar la herencia de la Madre Patria. Uno de ellos fue don Isidoro Martínez y Cires, nacido en Buyezo, provincia de Liébana, Obispa­do de León -España-, hacia el año 1762, en el hogar de don Ma­nuel Martínez y doña Froilana de Cires.

Siendo joven llegó a América, radicándose para siempre en Corrientes; contrajo matrimonio en 1789 con la dama María Fran­cisca de Lagraña y Dícido y Zamudio, proveniente de una de las fa­milias correntinas de mayor al­curnia del Corrientes hispánico.

La unión de los bienes de la nueva pareja, entre ellos la famosa estancia El Caimán, le permitió vi­vir holgadamente, ayudando a to­dos los que reclamaban su auxilio.

Su carrera pública comenzó en 1798, cuando fue electo alcalde de 2do. voto; al año siguiente y en 1807 lo será de 1er. voto.

Don Félix de Azara lo recuerda como: “Diputado que fue del Real Consulado y uno de los vecinos de más honra y mérito de dicha ciudad...”, cargo que ocupó de 1800 a 1802. Fue desde este puesto que escribió un estado del Comer­cio en Corrientes, que se publicara en el Telégrafo Mercantil del 22 de Agosto de 1801; al finalizar la impresión, el editor escribió que “no pude me­nos de felicitarlo por la satis­facción de haber impartido con lo­able celo unas noticias tan cir­cunstanciadas que pueden servir de modelo a los demás Diputa­dos”.

Al trabajo lo dividió en los si­guientes rubros: Cueros, Algodón, Lana, Tintes, Caña Dulce, Ganado Vacuno, Caballar, Mular, Lanar, Fábricas de curtiembres, Cáscara, Astilleros, Navegación, cuya lectu­ra proporciona un panorama de esas actividades a principios del siglo XIX.

También fue Subdelegado de la Real Renta de Correos, entre 1801 y 1804. El alto respeto que se había granjeado de sus contemporá­neos le permitió -entre otras distinciones-, el ser designado comi­sionado del Cabildo para opinar sobre la cuestión de la jurisdicción de Corrientes. La responsabilidad e inquietud por cumplir acabada­mente su cometido, lo llevaron a revisar el pasado correntino en sus fuentes documentales.

Esas intervenciones de las que fuera responsable, entre ellas el pleito con el Paraguay, lo motivaron a re­dactar un trabajo titulado “Relación Histórica de la Ciudad de S. (an) Juan de Vera de las siete Corrientes, y Partidos de su juris­dicción, de la comprehensión del Virreynato de Buenos Ayres”. El mismo fue impreso en el Telégrafo Mercantil, en las ediciones de los días 14, 21, 28 de Marzo; 4, 11, 18, 25 de Abril; 1 y 22 de Agosto de 1802. Para algunos escritores, este trabajo es el primero de carácter histórico para la Provincia de Corrientes.

El mismo está docu­mentado en la compulsa de las ac­tas capitulares, y no pocos estu­dios posteriores se apoyaron o inspiraron en él. En ese mismo pe­riódico publicó el 3 de Septiembre de 1802 un ar­tículo titulado “Corrientes. Histo­ria Natural”, en el que describe las formas y utilidades del “maíz de agua”, abundante en las lagunas correntinas.

Fue uno de los vecinos carac­terizados que concurrieron a la reunión celebrada en el Cabildo el 22 de Junio de 1810, para elegir un diputado a la Junta de Mayo, elección en la que Martínez y Cires obtuvo seis votos, contra veintitrés del Dr. García de Cossio.

En ese año de 1810, tan caro al sentimiento argentino, este viejo español le hace llegar al general Manuel Belgrano un Informe en el que historia someramente los lími­tes de la jurisdicción correntina. Este Informe y la desinteresada y patriótica colaboración prestada al general Belgrano, permitió el naci­miento de una amistad, que quedó documentada en la correspondencia intercambiada entre estos hombres.

Por otra parte, Belgrano consignó en sus “Memorias”“Toca en este lugar que hago mención del digno europeo Isidoro Fernández Martínez (sic), que me auxilió mucho y se manifestó co­mo uno de los mejores patriotas...”. Es así que al producirse la in­vasión paraguayo-realista de 1811, permaneció neutral, pero en el fondo de su espíritu ya había abra­zado la causa de los patriotas.

El comerciante Juan Parish Robertson dejó en sus “Cartas... “ una interesante descripción de Martínez y Cires, catalogándolo como “...de un español chapado a la antigua... Por sus maneras, por su conducta, lenguaje y cortesía, era este hombre, según creo, el dechado del caballero a la antigua usanza, como no he conocido otro, la quintaesencia de la gentileza, de la amabilidad y buena educa­ción”, y continúa la larga descrip­ción de la personalidad de don Martínez y Cires, toda ella con marcado tono elogioso, para señalar que “Don Isidoro era la única persona en Corrientes que disponía de una buena biblioteca de obras generales... Mucho de lo poco que conozco sobre el país lo debo a sus libros y a sus sagaces, aunque no siempre amplios, co­mentarios y críticas sobre ellos; y muchas de sus cartas que guardo en mi poder, las considero como perfectos modelos de español epistolar”.

Refiriéndose a su relación con la sociedad expresa: “La influen­cia ejercida por el talento, el buen sentido y la tolerancia de Don Isi­doro, era maravillosa: Aplacaba to­da discordia y extinguía esos ele­mentos nocivos que suelen in­filtrarse en las discusiones y re­yertas políticas”.

Así vivió don Isidoro Martínez y Cires en Corrientes, con la admi­ración y el respeto de los propios y extraños, hasta que el 29 de Enero de 1831 se produjo su fallecimiento con gran congoja de sus contemporáneos.

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