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La situación nacional al asumir el gobernador Velazco

El general Juan Filomeno Velazco gobernó la provincia, como interventor federal, desde Septiembre de 1947 hasta Octubre de 1948, una etapa del proceso peronista que se caracterizó por una euforia que abarcó todos los ámbitos de la vida nacional, tanto en lo político, como en lo social, institucional y económico.

Algún autor se atrevió a decir que “la Argentina era una fiesta”. No es el momento aquí de reiterar lo ya informado acerca de esa gestión exitosa, que fue su trampolín para asegurarse la gobernación de la provincia, en la que se mantuvo desde el 12 de Marzo de 1949 hasta el 4 de Junio de 1953.

En el análisis acerca de la situación nacional, al asumir Velazco como gobernador, seguimos a Mario Rapoport, en su notable “Historia Económica, Política y Social de la Argentina”, en el capítulo referido a los Gobiernos peronistas.

Dice que la aparición fulminante de Perón en la escena política argentina no fue producto del azar, constituyendo más bien la lógica consecuencia de un proceso que los viejos actores no estaban en condiciones de controlar y que los nuevos supieron aprovechar. El nuevo presidente aseguró su éxito, apoyándose en el respaldo mayoritario que le habían dado los sectores populares y, en particular, los trabajadores.

Para el logro de sus fines gubernativos, desde el punto de vista político, consiguió la destitución de los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y muchos otros jueces, asegurando, de esta manera, la lealtad de la estructura judicial; afectó las autonomías provinciales, mediante intervenciones federales, no sólo la de Corrientes, como hemos visto, sino en varias otras en las que habían surgido desavenencias entre sus propios partidarios.

La holgada mayoría de la Cámara de Diputados y la unanimidad del Senado, a consecuencia del rechazo de los representantes correntinos, le permitió contar con un Congreso casi totalmente adicto a sus planes, que si bien, en una primera etapa, tuvo algún tipo de significación, en los años en que nos estamos refiriendo terminó burocratizándose como mero instrumento de aprobación de los proyectos elaborados por el Poder Ejecutivo.

En el campo social se perfiló un Estado de corte igualitarista, que encontró su base legal en la Constitución sancionada en 1949, impulsando la redistribución de la riqueza a favor de los sectores asalariados, reconociendo derechos especiales en el orden laboral, la familia, la ancianidad, la educación y la cultura.

Las conquistas obreras después de la elección de Perón como presidente, superaron sustancialmente a las obtenidas por los trabajadores en el período precedente, sigue señalando Rapoport, alcanzando a la totalidad de la mano de obra urbana. Los acuerdos alcanzados, reglamentaban las condiciones de trabajo, otorgaban mejoras sociales y concedían grandes aumentos salariales. Esto produjo una expansión impresionante del movimiento obrero organizado, y su papel económico y político fue estimulado por el Gobierno.

La política social encarada contribuyó a su arraigo entre los sectores populares, realizando una redistribución del ingreso a favor de los desposeídos, a lo que debe agregarse la importante tarea desempeñada por la Fundación que presidía la esposa del presidente, doña María Eva Duarte.

Esta política distributiva del Gobierno debió encontrar los fundamentos financieros para desarrollarla, y los economistas son contestes en general, en atribuirla a dos grandes factores: El primero, la gran concentración de reservas con que contaba el Estado, como consecuencia de los importantes saldos favorables producidos durante el transcurso de la Guerra Mundial, a lo que debía añadirse los saldos positivos de la exportación de productos agrarios.

Precisamente, uno de los cambios más significativos de este Gobierno, radicó en el control de exportaciones a través de la política desarrollada por el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (I. A. P. I.), que adquiría y pagaba los productos agropecuarios al cambio oficial del dólar, mientras se encargaba de venderlos al cambio libre al exterior, obteniendo grandes beneficios, una parte de los cuales estaba dirigida al accionar social, y el resto a estimular la política de sustitución de importaciones, favoreciendo el desarrollo industrial del país.

Sin embargo, esta situación comenzará a desmejorarse a partir, precisamente, del año 1949, iniciándose una crisis que recién será superada en 1952 y que, como veremos, determinará un cambio de rumbo en aspectos de política económica y social.

La llamada “fiesta peronista”, estaba sustentada en el crecimiento del salario real, que subió entre 1946 y 1949 un sesenta por ciento, y en el Gasto estatal que se triplicó en ese mismo lapso: viviendas obreras, campos deportivos, sidra y juguetes navideños, vacaciones por cuenta de los gremios, escuelas, hogares, hospitales y policlínicos modernos y bien equipados. Lo que antes brindaban en parte unos pocos grandes sindicatos, se extendía ahora a la generalidad de los gremios, mientras la Fundación Eva Perón proporcionaba asistencia a los “descamisados”, “cabecitas negras” o “grasitas”(1).

(1) María Sáenz Quesada. “La Argentina (Historia del País y de su Gente)” (2001). p. 548. Editorial Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

La incertidumbre respecto de los precios que regirán a la producción, el aumento desmesurado de los impuestos en el orden nacional y provincial, los casos de expropiación total o parcial... han creado un ambiente nada propicio... a la expansión o intensificación del negocio de producción de carnes.
Sólo después de la crisis económica que afectó particularmente al agro (1949 - 1952), la política peronista hacia el sector iba a cambiar”.

En esos años se produjeron grandes sequías, con la pérdida de cosechas de cereales y la casi totalidad de los pastoreos naturales y alfalfares para la ganadería.

Estas referencias a la situación nacional, la considero necesarias para comprender mejor el proceso gubernativo en que le tocó actuar al general Velazco.

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