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FANATISMO ANTIPERONISTA Y ATRASO ECONOMICO

Posguerra... la economía del mundo occidental sigue desarrollándose. Avanzan los procesos de cooperación económica en Europa. Las economías de escala y la política agraria proteccionista habían derivado en una competencia por los mercados y la especialización entre la Comunidad Económica Europea -creada en 1958- y Estados Unidos.

El éxito comercial de la primera había generado en el presidente John Fitzgerald Kennedy, el deseo de aliarse con ella y con Japón, para mostrar al mundo la fuerza capitalista.

En contrapartida al Plan Marshall, el espíritu cooperativo aumenta entre los países socialistas del Consejo para la Ayuda Económica Mutua (Comecon), sobre todo en el campo energético.

El Cercano Oriente comienza un proceso anticolonialista y de emancipación política y económica. Latinoamérica, no demuestra mucho interés en su integración y sigue importando bienes de capital, a pesar de las ideas de Raúl Prebisch -de 1961- en la ALAC de “compensar el tamaño reducido de los mercados nacionales que trababan las estrategias de sustitución de importaciones de sus miembros(1) y de su tesis sobre el avance tecnológico y el intercambio desigual como explicación del desarrollo y el subdesarrollo.

(1) Mario Rapoport. “Historia Económica, Política y Social de la Argentina. 1880 - 2000” (2003), tercera edición, p. 496. Ed. Macchi, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Los productos alimenticios bajan sus precios por la mayor demanda de los industriales. Países subdesarrollados, como la Argentina, se ven afectados por la Política Agraria Común que reduce sus exportaciones.

Se flexibilizan las relaciones entre Estados Unidos y la URSS y se agudiza la crisis comunista que provoca el levantamiento del muro de Berlín en el 60-61.

Cuba es expulsada de la OEA después de la revolución cubana de 1959, con Fidel Castro y Ernesto Guevara.

El liberalismo del siglo XX -en la sociedades latinoamericanas- pierde su carácter progresista y se convierte en una ideología conservadora, incapaz de resolver problemas como el agotamiento de la economía primaria exportadora y el surgimiento de nuevos actores sociales reprimidos y excluidos como las clases populares.

La “planificación” del desarrollo surge con los Estados socialistas y sus planes nacionales; luego en el intervencionismo estatal en la doctrina de John Maynard Keynes; y, más tarde los países descolonizados intentan economías autodeterminadas contrarias al esquema de división internacional del trabajo y a los defensores colonialistas de la teoría liberal económica.

Los procesos de modernización e industrialización se realizan bajo otro signo ideológico: el desarrollismo, que combina el keynesianismo económico, el estatismo y el populismo(2) y bajo cuya denominación se agrupan los movimientos o partidos que impulsan la industrialización sustitutiva apoyada en el Estado.

(2) A. Flisfisch - N. Lechner - T. Moulián. “Problemas de la Democracia en América Latina”, en Varios Autores. “Democracia y Desarrollo en América Latina” (1985), p. 54. Ed. Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Los ejes ideológicos del desarrollismo son: una visión de la historia como progreso; un desarrollo social previa industrialización; un Estado como integrador social; una racionalización cultural que produzca estabilización; y eliminación de las formas cesaristas de la política.

Después de la segunda guerra mundial, se universaliza esta ideología del desarrollo o modernización:

El concepto de desarrollo se originó en la sociología de fines del siglo XIX, relativa a las crecientes diferencias entre sociedades agrícolas e industriales.
Durkheim, Weber y otros fueron los iniciadores del análisis estructural moderno cuyo ejemplo más reciente es de Parsons(3).

(3) David Apter. “Estudio de la Modernización” (1970), p. 288. Ed. Amorrortu Editores, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Max Weber afirmaba que, dada las condiciones económicas, para que surja un sistema de acumulación del capital, el hecho de que el crecimiento económico se produzca o no se produzca en forma sistemática dependería de los valores vigentes. Las condiciones estructurales hacen posible el desarrollo, los factores culturales determinan si la posibilidad se convierte o no en realidad.

Este enfoque weberiano y las variables-patrón de Talcott Parsons son utilizados para relacionar los sistemas de valores y las condiciones de desarrollo (eficiencia - adscripción, universalismo - particularismo, especificidad - disposición) en muchos países subdesarrollados contemporáneos(4).

(4) Seymour Martín Lipset. “Elites, Educación y Función Empresarial”, en: Seymour Martín Lipset y A. E. Solari. “Elites y Desarrollo en América Latina” (1967), p. 18. Ed. Paidós, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

El desarrollo ideológico fue acompañado de crecimiento y ascenso social y político de los sectores medios, que se tradujo en “crecimiento económico” o “progreso”, que depende a su vez de las medidas sociales y políticas.

La concepción de un moderno Estado Nacional y nacionalista a la vez, de una autoridad política cuya función teórica y práctica sea representar a la gran masa de población y defender los intereses generales de cada país en un sistema internacional en el que predomina la desigual distribución de poder y de riqueza, implica promover el bienestar general, mejorar niveles de vida, intervenir en los mecanismos económicos y asegurar una mayor justicia social.

Es el Estado “empresario” en el aspecto político, económico y cultural, cuyo deber es promover, fomentar, invertir, arriesgarse y asumir casi todas las funciones empresariales en materia económica.

El “progresismo” o avance y progreso social y económico de las clases medias, en la etapa del acceso al poder, nace asociado a la confianza de la acción colectiva del Estado pero, en las etapas de compromiso y consolidación coexiste con la ideología liberal que acentúa los derechos de propiedad y las garantías individuales.

El nacionalismo económico, las promesas de mejor nivel de vida a las masas y la industria fueron la orientación política económica de los sectores medios. La fábrica emergió como el único y verdadero símbolo del progreso.

El desarrollo comprende distintos tipos de crecimiento: “económico” (como el aumento de la producción “indirecta”), de “diferenciación” (que es resultado de la necesaria especialización de funciones y pautas cada vez más complejas de integración social, como formación de grupos solidarios).

Este desarrollo tiene varios indicadores: el crecimiento del ingreso per cápita o del producto bruto nacional; el número de funcionarios de la Administración Pública; y la proliferación de roles instrumentales especializados (financieros, tecnocráticos, etc.).

Los factores iniciales del desarrollo parecen ligarse a la crisis de 1930 y a la guerra mundial. La desarticulación del sistema mundial de comercio y, más tarde, la escasez de divisas, actuaron favorablemente como condiciones de posibilidad y estímulos de mercados (es decir independientemente de una política económica) a la industrialización.

La industrialización como un proceso de expansión de la empresa productiva y factor integrador de la vida social, crea demanda de capacidades y educación y mecanismos básicos de asignación y distribución pero, a la vez, intensifica la exclusión social, propia del capitalismo periférico.

En principio, “las alianzas desarrollistas” concilian los intentos proteccionistas, la presión de masas y las inversiones extranjeras pero, luego de la “etapa de sustitución fácil de importaciones”, las empresas nacionales y monopolistas extranjeras y financieras reafirman relaciones y excluyen a industriales de una primera etapa (agroindustrial), al proletariado tradicional y al sector urbano-popular que defiende sus unidades productivas privadas y lucha por más productividad y menor mano de obra. Así, la reconstrucción de orden social se torna más lenta.

La estructura ocupacional cambia. El sector terciario crece y absorbe mano de obra rural, producto de la poca modernización del campo, que crea áreas marginales y desocupación. El sector industrial y primario disminuye.

La población urbana creció -hasta 1962- del 29,5 % al 47,4 % y la ocupación fabril se incrementó del 3,5 % al 7,5 %. Emerge un estrato medio -como resultado de “tercerización” y de la posición periférica- en el sector servicios, donde influyen la urbanización y escolaridad media para mayor movilidad ascendente que la industrialización misma(5).

(5) José Luis Reyna. “Sociología del Desarrollo”, en: “Seminario sobre aspectos teóricos y metodológicos” (1970), pp. 74-84, del Centro Latinoamericano de Investigaciones en Ciencias Sociales - UNESCO. Ed. Solar Hachette, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Las naciones subdesarrolladas enfrentan -en su lucha por el progreso- dos desafíos que se complementan: la producción, artificialmente inducida de la industrialización, y la conquista de la autonomía cultural(6).

(6) Darcy Ribeiro. “La Universidad Latinoamericana y el Desarrollo Social”, en: “Seymour Martín Lipset y A. E. Solari. “Elites y Desarrollo en América Latina” (1967), tercera parte: “El Sistema Educacional), p. 424. Ed. Paidós, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

El desarrollo contempla entonces tanto programas de ampliación productiva como iniciativas de renovación cultural, inclusive educacionales y, especialmente, de nivel superior. La educación media técnica se amplía en las clases medias y en área urbanas. Las Universidades amplían la formación científica de cuadros profesionales y las especializaciones para atender demandas de la producción:

Cuando más se acerca un país en vías de modernización a la etapa de industrialización, mayor será el problema político de controlar e integrar el proceso(7).

(7) David Apter. “Estudio de la Modernización” (1970), p. 291. Ed. Amorrortu Editores, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Si el desarrollo político lo consideramos un aspecto de progreso multidimensional como es el cambio social, el desarrollo sería un aspecto de la modernización, caracterizada por el estilo urbano y racionalización funcional, que implica igualdad: mayor participación política del pueblo, institucionalización política, que solucione problemas de tecnología y de inversión, el estado de derecho, capacidad e idoneidad política, racionalización administrativa del Estado, diferenciación o especialízación, o sea, división de poderes y trabajo racional en el Estado.

Por eso, el cambio a la industrialización exige un sistema político organizado y con un constante y alto grado de control.

En el siglo XIX, Argentina conoció el poder económico extranjero que influyó en círculos sociales, culturales y políticos y promovió una ideología opuesta a la superación del progreso alcanzado, que defendía la especialización y desalentaba la actividad industrial de otras fuentes de riqueza.

A principios del siglo XX, el mercado urbano capitalista y de ingresos altos indujo un comienzo de industrialización que recibió impulso por la restricción a la importación debido a la primera guerra mundial. Dice O’Donnell:

No es cierto que la industrialización argentina comenzara con la crisis mundial del ’30; lo hizo antes y más tempranamente que en el resto de América Latina(8).

(8) Guillermo O’Donnell. “Estado y Alianzas en la Argentina. 1956-1976” (1977), en: “Desarrollo Económico”, p. 527. Revista de Ciencias Sociales, volumen 16, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Desde 1940, los países latinoamericanos crecen industrialmente por el ISI (sustitución de importaciones). Pero la capacidad de importar se liga estrechamente al PNB y la exportación de bienes manufacturados. Por eso, tenemos países semiindustrializados con divisas que aumentan poco, con menor tasa de crecimiento y mayor endeudamiento externo(9).

(9) David Félix. “El dilema de sustitución de importaciones en Argentina”, en: Gustavo F. Papanek. “Teoría y Práctica de la Política del Desarrollo” (1972), p. 66. Ed. FCE, México. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Argentina, aislada política y económicamente del mundo, no participa de la creación del FMI y del Banco Mundial, en la internacionalización de la economía y la restricción de las soberanías nacionales que intentan las potencias triunfantes de la guerra.

Nuevo orden mundial y Argentina no rescata del conflicto entre ingleses (a los que estaba ligada económicamente) y estadounidenses, la oportunidad para el proceso de industrialización. A pesar del ingreso a la ONU, los regímenes de facto y la falta de la consolidación de la democracia creaban desconfianza en el país.

A principios del 1960 en algunas naciones se produce una “tendencia” hacia la socialización revolucionaria de la economía y la sociedad. Es una “nivelación” o equilibrio para planificar y regular la economía, incluyendo industrias básicas y servicios en el sector público.

Se amplían los sistemas económicos liberales de regímenes capitalistas, para hacer lugar a las demandas y aspiraciones socialistas. Argentina, hasta el año 1965 aproximadamente, se halla entre los países con control estatal sobre condiciones operativas del sector privado nacional y foráneo, sin intención de restringir o eliminar el sector privado, pero tiene como principal oposición al socialismo(10).

(10) Charles Anderson - Fred R. von der Mehden - Crarcford Young. “Problemas del Desarrollo Político” (1973), capítulo II, pp. 356-357. Ed. Edit. Libera, Buenos Aires. // Citado por María Alejandra Lovatto de Cocchia. “Fernando Piragine Niveyro (el desarrollista correntino)” (2005). Ed. Al Margen, La Plata.

Fines de 1950 y, el país que había crecido internamente, al frente del justicialismo, sufre una crisis económica que replantea mejorar las relaciones con Estados Unidos y la URSS, plasmadas en el Contrato de California, que no resuelve el problema de fondo: el subdesarrollo.

La situación social empeora; comienzan los abusos políticos y las ofensivas militares de ultraliberales que desembocan en la denominada “Revolución Libertadora” de 1955 y con ella una etapa posterior de falta de comprensión, de fanatismo antiperonista y atraso económico.

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