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La U. E. S., el conflicto con la Iglesia y los contratos petroleros

Los estudiosos de esta etapa de la historia argentina en general, parecieran estar contestes en aceptar que el principio del fin de esta primera etapa gubernativa del peronismo, tuvo su origen en el conflicto surgido con la Iglesia Católica, aunque no se descartan otros factores que contribuyeron a generar las causas que lo motivaron.

Cabe recordar que, cuando se produce el cambio posterior a la insurrección de Junio de 1943, el país contaba con casi 15 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente un 95 % pertenecían al culto sostenido por la Constitución Nacional.

Perón se presentó en el escenario nacional como misionero de la doctrina social católica”, y en 1946, numerosos miembros de la Iglesia consideraban que debían comprometerse con las nuevas circunstancias, pues “la justicia social pregonada, facilitaba la participación de los católicos sociales que tanto habían clamado contra la indiferencia liberal hacia los sectores humildes(1).

(1) Estos y otros conceptos vertidos, responden al pensamiento de historiadores como Pedro Santos Martínez (“La nueva Argentina” - Ed. La Bastilla); Joseph A. Page (“Perón” - Ed. Javier Vergara); Luis Alberto Romero, (“Breve historia contemporánea de la Argentina” - Fondo de Cultura Económica); Félix Luna (“Historia integral de la Argentina” - Ed. Planeta); Floria y García Belsunce (“Historia de los Argentinos” - Ed. Larousse); y Ricardo del Barco y otros (“Historia política argentina” - Editorial de Belgrano), entre otros. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Desde su accionar en la Secretaría de Trabajo y Previsión, Juan Domingo Perón afirmó públicamente que iba a poner en práctica las encíclicas papales. Se presentaba la oportunidad de recuperar el mundo obrero argentino para la Iglesia.

En las vísperas de los comicios de 1946, el Episcopado argentino emitió una pastoral, recordando a los fieles que no podían dar su voto a los partidos que sostuvieran la separación de la Iglesia y el Estado; la supresión de derechos legales reconocidos a la religión; el divorcio legal y el laicismo escolar.

El peronismo adhirió a estos conceptos a diferencia del conglomerado de partidos, que constituyeron la Unión Democrática, muchos de los cuales sostenían principios condenados por los obispos argentinos, y hacían gala de un ardiente anticlericalismo.

Durante la primera etapa de su gestión, el general Perón hizo gala de su catolicismo, junto a su esposa. Uno de los autores que seguimos, cita la opinión de Ludovico García de Loydi, sobre las etapas del proceso de relaciones de Perón con la Iglesia, que resume de la siguiente manera:

Perón quiso, primero, conquistarla, prodigando sus actos de religiosidad; luego, multiplicando sus dádivas; por último, esgrimiendo el arma del escándalo, pensando así aterrorizar a la jerarquía y a los católicos. Y el 10 de Noviembre de 1954, dá estado público a esa vieja controversia(2).

(2) Ludovico García de Loydi. “La Iglesia frente al Peronismo (Bosquejo Histórico)” (1956). (Ed. C. I. C.), Buenos Aires. Reproducido por Pedro Santos Martínez. “La nueva Argentina” (1976), p. 164, ( dos tomos). Ed. La Bastilla, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Antes de su elección como presidente, Perón tuvo algunas dificultades con miembros del clero; por ejemplo, monseñor D’Andrea, disentía con las modalidades empleadas por el secretario de Trabajo y Previsión; fue enfrentado por el Padre Agustín Luchia Puig, director del semanario católico “Estrada”, y por el presbítero José María Dumphy, y muchas personalidades laicas católicas, que aconsejaron votar por los candidatos radicales.

Otro antecedente que debió afectar mucho a Perón, resultó la imposibilidad de conseguir, en 1947, la más alta condecoración pontificia para Eva Perón, lo cual se atribuyó a la oposición del cardenal Santiago L. Copello.

Por el contrario, la ratificación por ley -tras una áspera discusión en Diputados- del decreto de 1943 relativo a la enseñanza religiosa en las escuelas, fue un factor que atrajo el apoyo de las jerarquías religiosas. Hubo distintas situaciones, unas enfrentándolo y, otras, de apoyo, pero la situación se enturbió definitivamente en el “año fatídico de 1954”, como lo califica Pedro S. Martínez(3).

(3) Pedro Santos Martínez. “La nueva Argentina” (1976), pp. 183 y sigtes., ( dos tomos). Ed. La Bastilla, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Perón había señalado la solidez del régimen, diciendo que los problemas sociales y económicos habían sido resueltos definitivamente. Pero, sin embargo, tres temas importantes enturbiaban la serenidad general: a.- Las actividades de la U. E. S.; b.- El conflicto con la Iglesia; y c.- Los contratos petroleros; a los que se agregaba, la formación de un partido político llamado Demócrata Cristiano, fundado en Rosario, con apoyo de núcleos católicos.

- La etapa “sibarítica”

El investigador estadounidense del pasado reciente de la Argentina, Joseph Page(4), denomina como “la etapa sibarítica” en la que el general Juan D. Perón necesitaba algo más para mantener vivo su interés.

(4) Joseph A. Page. “Perón” (1984), pp. 37 y sigtes., (primera y segunda parte). Ed. Javier Vergara Editor, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El peronismo se había convertido en una autocracia, en la que el líder estaba sentado, en espléndida soledad, sobre la cima de una estructura organizada sobre el principio fundamental de la verticalidad. La muerte de Evita había liberado a Perón, dándole mayor campo de acción, sin tener que responder ante ella de sus actos.

En 1953 quedaban pocos opositores que pudieran darle algo más que un dolor de cabeza -dice el autor citado- y dentro del hastío que lo poseía, su pasión por los deportes le ocupó más tiempo que nunca; era adicto a las motocicletas, a los autos de carrera y lanchas de alta velocidad, y al boxeo, que seguía siendo su deporte predilecto como espectador.

Fue en esta etapa que el ministro de Educación, Méndez San Martín, creó la Unión de Estudiantes Secundarios (U. E. S.), como una forma de promover la recreación a través de los deportes, y se fijó la residencia de Olivos para asiento de estas actividades; la presencia constante de jóvenes muchachas en una de las residencias presidenciales, produjo la más funesta ola de rumores, en el sentido de que la función de la U. E. S., era la de divertir a Perón, creándose una atmósfera llena de intensidad erótica. La preocupación presidencial con las jóvenes coincidió con una grave crisis política que tomó forma hacia fines de 1954.

Son coincidentes en su apreciación, sobre esta etapa, tanto José Luis Romero, Carlos Floria, César A. García Belsunce y Félix Luna, entre otros(5).

(5) La muerte de María Eva Duarte desarboló a Perón. Con ella se fue todo. Los años felices. Los días en la quinta de San Vicente. El invierno con leños encendidos.
El líder se transforma. Entre 1953 y 1955 es una sombra. Invita a la quinta presidencial a chicas muy jóvenes y afiliadas a la UES (Unión de Estudiantes Secundarios). Entre sus risas y su bullanga se siente revivir. Y se fija en una.
- Tenemos amiguitas nuevas. ¿Cómo te llamás?
No contesta. Pero al rato le dice a una amiga:
- Nunca me voy a separar de este hombre.
Perón se acercaba a los 60 años. Nelly (Rivas) tenía 14.
El escándalo sopló con fuerza. Perón se defendió: “No cometí ninguna transgresión”. Pero derrocado en 1955, el Gobierno de facto de la llamada “Revolución Libertadora” lo acusó de estupro, condenó a los padres de Nelly y los confinó en la cárcel de Villa Devoto y, ella, fue a parar a un correccional de menores.
Nelly se casó y tuvo dos hijos. En 1973, retorno de Perón, se encontró con él. La acompañaba su marido. Perón le susurró: “Entenderás que ésta es la última vez que nos vemos”.
Nelly Rivas murió en 2012, a los 73 años. // Citado por Alfredo Serra en Nota especial para el diario digital Infobae del 20 de Agosto de 2017.

- El conflicto con la Iglesia

Félix Luna(6) reconoce que Perón había logrado la organización de un Estado monolíticamente centralizado y verticalista a mediados de 1954. Dice después que sólo había una institución nacional, que era ajena a esa unanimidad: la Iglesia Católica.

(6) Félix Luna. “Historia integral de la Argentina”, capítulo 9: “Conservadores y Peronistas” (1997), pp. 313 y sigtes. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Expresa que el apoyo indisimulado que ésta había otorgado a Perón, desde 1946, se había ido enfriando al compás del incremento de las características coercitivas del régimen. En la reunión de gobernadores, realizada el 10 de Noviembre de 1954, Perón lanza un ataque virulento contra la Iglesia, acusando públicamente a algunos obispos y sacerdotes de sabotear la obra de su Gobierno.

Luego de haber escuchado los informes de los mandatarios provinciales, el presidente se manifestó en forma agresiva contra el radicalismo, contra la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), contra miembros de la Acción Católica, incluso contra el clero de la Iglesia Católica. Dijo que el obispo de Santa Fe, monseñor Fassolino, y su secretario Legendecke, y el obispo de Córdoba, monseñor Laffite, y los curas Carmelutti, Andretta y Olmos, y otros de Córdoba, son sindicados como enemigos del Gobierno.

Refiriéndose a la provincia de Corrientes, acusa al Reverendo Padre Bonamín, de Rosario, que va a dar conferencias en contra del Gobierno, y de esta manera va mencionando los lugares en que los sacerdotes actúan en contra del éste:

Su estallido indicaba un cambio radical, e iba a tener un efecto devastador en el pueblo argentino afiliado al peronismo, pues le crearía un conflicto entre su fe (o los dignatarios de su fe, agregamos), y las demandas de su líder secular(7).

(7) Joseph A. Page. “Perón” (1984), pp. 47 y sigtes., (primera y segunda parte). Ed. Javier Vergara Editor, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El discurso de Perón estremeció la coexistencia pacífica -lesionada ya desde hacía un tiempo- entre el peronismo y la Iglesia. Por ejemplo, “por decreto del Poder Ejecutivo, ya había eliminado de la lista de feriados nacionales ciertas festividades católicas y otras celebraciones como la de San José, la de San Pedro y San Pablo, mientras el Congreso estaba considerando una ley que legalizaría la prostitución y otra que haría posible el divorcio”.

En el mes de Septiembre de 1954, los diputados peronistas presentaron un proyecto de ley que garantizaba los mismos derechos a los ilegítimos que a los hijos de matrimonios bien constituidos; la Casa Rosada empezó a recibir informes de que los sacerdotes estaban utilizando el púlpito para prevenir a los padres de que no enviaran a sus hijas a “clubes estudiantiles de dudosa moralidad”.

Por su parte, la C. G. T. se quejaba, ante el presidente, de la excesiva injerencia clerical en el movimiento gremial.

El 22 de Octubre de 1954 parecía que se insinuaba una solución -dice Page- cuando Perón asumió su rol favorito de mediador, recibiendo a representantes de la curia, integrada ésta última por 2 cardenales y 16 obispos y el nuncio apostólico, y los del movimiento peronista, de la C. G. T. y de la U. E. S., reunión que se desarrolló sin inconvenientes, expresando en la oportunidad, el cardenal Caggiano, que la Iglesia no era hostil al régimen, y que pondría fin a cualquier accionar subversivo que se estuviera desarrollando dentro de su institución.

Sin embargo, su discurso del 10 de Noviembre de 1954 encendió la mecha de un enfrentamiento que ya no tendría paz hasta la definitiva caída del régimen. Algunos sacerdotes, a quienes se había acusado de subversivos, fueron detenidos por la Policía, y la jerarquía remitió una carta al presidente expresando el asombro y estupor que habían causado sus acusaciones.

Corrientes estaba expectante de los sucesos que se iban desarrollando en el país, conmoviendo sus esencias más íntimas. Preocupado por esa situación, el gobernador Raúl Benito Castillo convocó a una reunión en la Casa de Gobierno, con la participación de todos sus ministros, del interventor del partido Peronista, la secretaria de la Sección Femenina, representantes de la Confederación General de Profesionales, de la Confederación General Económica, de la Unión de Estudiantes Secundarios y el obispo diocesano, monseñor Francisco Vicentín, especialmente invitado.

En la reunión, se dejó expresamente aclarado que no existía ningún problema entre la Iglesia y el Gobierno, comprometiéndose los asistentes -dice la información- a mantener una estrecha vigilancia, con el fin de neutralizar cualquier intento destinado a perturbar las buenas relaciones reinantes(8).

(8) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 16 de Noviembre de 1954. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Sin embargo, por su parte, el Consejo Superior del partido daba una declaración, en la misma fecha, refiriéndose a la infiltración clerical en las organizaciones del pueblo, considerándola como una de las tantas maniobras efectuadas estos últimos años para confundir a la opinión pública y alejar al pueblo de su verdadero destino.

Quienes fracasaron en todos los terrenos, no vacilan ahora en su rencor -seguía diciendo el comunicado- en mezclar el problema religioso con la actividad política subversiva, “pero el general Perón ha sido suficientemente claro cuando ha dicho que éste no es un problema con la Iglesia, que no existe cuestión religiosa, sino que es una simple acción política antinacional, promovida por falsos católicos y malos sacerdotes”.

El comunicado terminaba transcribiendo una resolución, por la cual todo peronista debía denunciar, a las autoridades partidarias, a cualquier persona o entidad que, por su conducta, se convierta en un motivo de perturbación, y tendrá que vigilar las actividades de todos aquellos elementos clericales que, por su posición notoriamente agresiva, aparezcan como enemigos y, en particular, con los infiltrados en el partido.

Terminaba encomendando a cada Unidad Básica a organizar la vigilancia de las entidades donde puedan realizarse actos que sirvan para crear un clima de opinión desfavorable(9).

(9) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 16 de Noviembre de 1954. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El 19 de Noviembre de 1954, los obispos presentaron una carta al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, pidiendo se concretaran los cargos contra los sacerdotes denunciados(10).

(10) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 24 de Noviembre de 1954. En la carta dirigida al Primer Magistrado, y en una pastoral colectiva, al clero y a los fieles, se señalaban las muy buenas relaciones que habían mantenido con el Gobierno, con hechos tan significativos como la Ley de Enseñanza Religiosa, no podían menos que experimentar una expresión de asombro y estupor frente a las declaraciones hechas públicas por el presidente para toda la nación, por denuncias recibidas contra un muy reducido grupo de sacerdotes, acusados de intromisión en organizaciones sindicales y estudiantiles. Señalaba las muchas declaraciones que había hecho Perón con relación a la Iglesia y a su doctrina, cordiales por cierto; le rogaban hiciera conocer las denuncias formuladas contra la actuación de tales sacerdotes, como se lo pidieran en la última audiencia, a fin de que los superiores eclesiásticos estén en condiciones de comprobar la objetividad de los cargos y el grado de responsabilidad existente, para adoptar las medidas que pudieran corresponder, conforme a derecho. Analizaba en el documento, a las asociaciones que difunden la doctrina católica, que se rigen por estatutos que le marcan una orientación espiritual ajena a toda actividad de carácter político. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Terminaba dicha misiva, expresando que "la alta comprensión y su decidido interés por el bien público harán que las dificultades surgidas encuentren pronta y completa solución, a fin de que el clima desfavorable que se intenta crear a la Iglesia y a su misión desaparezcan en bien de la paz pública y de la profunda unidad de la Nación”. Entre los obispos firmantes figuraba monseñor Francisco Vicentín, de la diócesis de Corrientes.

Los partidos políticos opositores comenzaron a dar declaraciones de solidaridad para con la Iglesia.

Los partidarios de Perón realizaron un gran acto en el Luna Park de la Ciudad de Buenos Aires, el 25 de Noviembre de 1954, en el que hablaron, el vicepresidente Alberto Teisaire, representando al partido; Delia Degliuomini de Parodi, por la rama Femenina; y Eduardo Vuletich, Secretario General de la C. G. T.; quienes realizaron fuertes cuestionamientos a la infiltración clerical, cerrando el acto el presidente, cuyas palabras fueron esencia de la moderación, si bien señalaba que no era un problema de Estado, ni del peronismo y la Iglesia, y destacaba que era “la acción de unos pocos clérigos que no sabían cumplir con su deber”, señalando enfáticamente que "al Gobierno no lo domina nada que no sea el pueblo”.

La Iglesia, mediante una pastoral colectiva del Episcopado, se dirigió al clero diocesano y regular y a todos los fíeles, donde señalaba que “la misión de la Iglesia era el deseo superior y sobrenatural de fortalecer la fe religiosa y hacerla más ilustrada, como puede y debe hacerlo todo espíritu cristiano, para llenar mejor su propia misión humana(11).

(11) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), ediciones del 24 de Noviembre y 6 de Diciembre de 1954. La extensa pastoral expresaba que, frente a denuncias hechas contra algunos sacerdotes y asociaciones católicas, hubiéramos deseado conocerlas como obispos a fin de que -debidamente comprobadas- adoptáramos, en proporción a su gravedad, las medidas pertinentes. Señalaba que la Iglesia no es una sociedad como las demás, ya que tiene un aspecto trascendente, pero también un aspecto temporal, y porque tiene un aspecto temporal, la Iglesia es una sociedad visible y jerárquica, cuyos jefes son el Papa y los obispos, con la autoridad necesaria para salvaguardar la fe, administrar la gracia de los sacramentos y mantener la disciplina de los fieles. Después de recordar que, formada por hombres, tenga en su seno justos y pecadores, recordando también que ellos están obligados a no comprometer los sagrados intereses de la Iglesia, obrando como no corresponde al carácter de sus funciones. Luego de recordar que ningún sacerdote debe tomar parte en las luchas de partidos políticos, sin comprometer su investidura y a la misma Iglesia, aclaraba que en el caso de la defensa de sus principios fundamentales no se trataría de oposición política sino de defensa obligada del Altar. Finalmente, precisaba que frente al comunismo ateo y materialista, frente al divorcio absoluto, frente a la escuela laica y obligatoria, como a otras cuestiones esenciales de doctrina, ningún sacerdote podría permanecer indiferente, sino que debiera asumir la defensa serena y firme de los valores eternos. La misión de la Iglesia no debía circunscribirse al ámbito de sus templos, y ella debía predicar el Evangelio en todas partes, según el mandato de su Divino Fundador. Se quejaba, finalmente, de que se les podrían cerrar las puertas de muchos ambientes, por lo que deplorarían no poder cumplir allí sus deberes, y si habían tenido sus obispos y sacerdotes, en gran parte hijos de trabajadores, relaciones en razón de nuestro ministerio sacerdotal con los trabajadores de nuestro pueblo, ello ha sido porque respondimos a su deseo expreso y formal. “No hubo ninguna segunda intención y ninguno fue el móvil humano que guió la acción sacerdotal, sino el superior y sobrenatural de fortalecer la fe religiosa y hacerla más ilustrada, como puede y debe hacerlo todo espíritu cristiano para llenar mejor su propia misión humana”. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El 8 de Diciembre de 1954 era la celebración de la Inmaculada Concepción, y asimismo el día de la clausura del Año Mariano. Pese a los esfuerzos del Gobierno tendientes a trabar la celebración pública de estos festejos, el acto religioso congregó unas 100.000 almas.

En la Iglesia Catedral de Buenos Aires, materialmente colmada, se celebró una solemne Misa vespertina, mientras en la Plaza de Mayo los fíeles la desbordaban a poco de iniciarse el sagrado rito.

Suspendidas la concentración y el desfile con la Imagen de la Virgen, el vasto concurso tuvo una actitud de piadoso recogimiento, creándose un clima espiritual enfervorizado por la palabra emocionada del locutor, especialmente cuando el presidente de la Comisión Central, monseñor Manuel Tato, desde el micrófono colocado en la curia, y luego desde el propileo de la catedral, comenzó a preparar a la multitud para la Misa, que estuvo a cargo del vicario general del arzobispado, monseñor, doctor Antonio Rocca.

Al día siguiente, el presidente de la nación habló en la sede de la C. G. T. para clausurar las deliberaciones del Comité Central, y se expresó en forma cada vez más agresiva contra la oligarquía a la que vinculaba, sin decirlo expresamente, con la actividad desarrollada por los sacerdotes, que condenaba como subversiva(12).

(12) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 10 de Diciembre de 1954. Perón señalaba que la acción de la oligarquía tenía una perseverancia superior a las razones de Justicia que enunciaban cuando, de distintas formas, disfrazada de distinta manera, haciendo actuar a distintas fuerzas e ideologías, la veían pugnar por rehacerse, comprobando que se repetían fenómenos como el de Plaza San Martín, donde se reunió, por distintas causas y pretextos, pero siempre por los mismos motivos, que los conocemos por las caras, por los apellidos, por los automóviles y por las ceremonias que realizaban. “Ahora resulta que ellos, la oligarquía, son los obreristas, y nosotros, los peronistas, explotadores de las clases trabajadoras de los argentinos”, finalizaba. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

La situación se iba enrareciendo cada vez más; en el Congreso, mientras se debatía un proyecto de reforma al Código Civil, se introdujo, sorpresivamente, en el tratamiento, el tema de la disolución del vínculo matrimonial, es decir el divorcio absoluto, que tomó el número de ley Nro. 14.394.

En el curso de los meses siguientes, dice Luna(13), la mayoría peronista del Congreso sancionó una serie de leyes directamente dirigidas contra la Iglesia: se prohibieron las procesiones y los actos religiosos en las calles; se derogó la enseñanza religiosa -piedra angular del apoyo a Perón en 1946- ; se retiró el apoyo oficial a los institutos privados católicos de enseñanza; y se autorizó la apertura de lenocinios, prohibidos desde 1933.

(13) Félix Luna. “Historia integral de la Argentina”, p. 314. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Finalmente, ya en Mayo de 1955, el Congreso sancionó una ley que declaraba la necesidad de reformar la Constitución Nacional para establecer la separación entre la Iglesia y el Estado.

- Los contratos petroleros

Autorizados intérpretes del momento histórico que venimos analizando, afirman que el conflicto con la Iglesia fue la cortina de humo con que se querían ocultar los convenios petroleros. En el Mensaje de 1954, el Poder Ejecutivo señalaba que ningún país puede desarrollarse sin petróleo e insistía en la gravedad del problema energético.

El déficit de combustible había sobrepasado el 50 % y no había la seguridad de una provisión regular para circunstancias críticas, ni era posible contar con su disponibilidad para el desarrollo económico general.

Ante la crisis económica general y energética, el Gobierno abrió negociaciones con los Estados Unidos, favorecidas, en el ámbito local, por lo dispuesto en el "Segundo Plan Quinquenal", como la ley Nro. 14.122 de inversiones extranjeras, que pusieron de manifiesto crear condiciones favorables para los capitales extranjeros.

Perón manifestaba que no le interesaba quién extrajera el petróleo, porque “nosotros vamos a consumirlo”, recordando, en Noviembre de 1954, que el país importaba el 50 % del combustible que se consumía. Comenzaban así las negociaciones con distintas empresas petroleras, terminando por suscribir un contrato de explotación con La California Argentina de Petróleo S. A., subsidiaria de la Standard Oil de California.

Pero surgía un inconveniente, al parecer insalvable: la vigencia del artículo 40 de la Constitución de 1949, que decía: Los yacimientos de petróleo, son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación, con su correspondiente participación en su producto con las provincias...”.

Aún cuando el contrato hubiese sido aprobado en el Congreso, no eludía las terminantes prescripciones del mencionado artículo, por lo que la compañía extranjera exigía la derogación de esa cláusula. Pero no podía convocarse a la Convención Constituyente sólo para reformar el artículo 40.

Por ello, consideran los estudiosos(14), Perón aprovechó el conflicto con la Iglesia para propiciar la reforma de la Constitución, “en cuanto se vincula a la Iglesia y sus relaciones con el Estado”, pero, recordando que la Convención de 1949 se había declarado soberana para decidir las reformas que habría de considerar, era fácil pasar a la reforma relativa del artículo 40, después de haber tratado el problema de la Iglesia y el Estado.

(14) Joseph A. Page y Félix Luna, entre otros. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea (1949 - 1955). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

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