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SEGUNDO MANDATO DE JUAN RAMON VIDAL

El doctor Juan Ramón Vidal (autonomista) ocupó el Poder Ejecutivo -en un segundo mandato- el 25 de Diciembre de 1909, designando ministros, en las carteras de Gobierno y Hacienda e Instrucción Pública a los doctores Manuel Mora y Araujo y Ramón A. Beltrán, respectivamente. Beltrán será luego reemplazado por Manuel Bonastre.

Vidal estará al frente del P. E. desde Diciembre de 1909 a Diciembre de 1913. Es el 38vo. gobernador constitucional propietario de Corrientes. El vicegobernador electo será el doctor José Rafael Gómez (liberal).

Vidal llega por segunda vez a la Primera Magistratura provincial tras cerrar un acuerdo los partidos autonomista y liberal. Se puede decir que uno de los hechos más destacados en la historia política de Corrientes del siglo XX fue el pacto entre autonomistas y liberales. En vez de combatirse como en el siglo XIX, estos partidos celebran diversos pactos, algunas veces dejados sin efecto para luego reanudarse

Especialmente esos pactos han sido efectuados para impedir el triunfo de partidos políticos nacionales. La coalición liberal - autonomista sale victoriosa en el año 1909, al elegirse nuavemente gobernador a Juan Ramón Vidal (autonomista) y vicegobernador a José Rafael Gómez (liberal martinista). El radicalismo se abstuvo de participar en la lucha cívica por disconformidad de Hipólito Yrigoyen con los padrones utilizados para esa elección.

Es importante aclarar que con este mandato -iniciado en 1909- se origina un nuevo período político en Corrientes. Es que el año 1909 (y no 1912), es un año trascendente para la vida política provincial, ya que en él se firmó el primer pacto escrito sellado entre los dos partidos conservadores de Corrientes (autonomista y liberal), hecho que marca el inicio de una práctica que será fundamental para los conservadores de la provincia, tradicionalmente opositores entre sí; además, ese año se reorganizó el radicalismo provincial y se preparó para iniciar su participación en las contiendas electorales; y, por último, coincidentemente, ese año desaparecen físicamente los dos principales líderes del liberalismo de fines del siglo XIX: Manuel Florencio Mantilla y Juan Esteban Martínez(1), hecho que encumbrará la figura del líder autonomista Juan Ramón Vidal, hábil negociador y defensor de la política del acuerdo, que se convertirá en una figura central de la política correntina de esta etapa.

(1) Juan Esteban Martínez falleció el 23 de Mayo de 1909, en la Ciudad de Goya, y Manuel Florencio Mantilla falleció en Buenos Aires, el 17 de Octubre de 1909.

El doctor Mora y Araujo representaba al liberalismo, en cuyo seno constituía un valor positivo por sus dotes de elocuencia e ilustración y por su gran prestigio personal en el electorado. Compartía -con el doctor Leopoldo Sosa- los afectos de la masa del partido liberal, que lo reputaba uno de sus tribunos, prestigios que puso sin condiciones al servicio de la política del Acuerdo.

El Gobierno del doctor Juan Ramón Vidal tuvo todo el auspicio de la opinión. Su discurso-programa, leído ante la Asamblea Legislativa en que prestó juramento, acentuó esta impresión al incorporar a las ideas del Poder Ejecutivo la solución de los problemas de todo orden de Corrientes.

Después de veinte años -decía- vuelvo al Gobierno de la provincia con mayor experiencia, con los mismos entusiasmos y la misma fe por el porvenir grandioso de esta tierra, sin agravios ni prevenciones para nadie, que no concibo en las luchas políticas sino en espíritus muy estrechos, y sin más ambición que llenar dignamente los deberes del cargo que vuelvo a desempeñar, ofreciendo poner todo el esfuerzo de que sea capaz al servicio de su prosperidad y bienestar”.

- Amplio programa de acción. Paz y progreso

Desde este punto de vista, el gobernante ofrecía especializar su acción en cuanto al respeto y la garantía de los derechos y prerrogativas de los ciudadanos; la custodia de la propiedad privada y su forma más indefensa -la del ganado- con la selección del personal de agentes; la entrega de las funciones a ciudadanos mejores que las ejercieran como una carga pública ante lo exiguo de las remuneraciones de presupuesto; conservación, con la firmeza necesaria, de la paz pública; la iniciativa oficial en obras y actividades tales como la valorización de los campos, el perfeccionamiento de la ganadería, el fomento de la agricultura, el del ferrocarril de trocha mínima a llevarse hasta General Paz y Mburucuyá; la de la colonización en su doble aspecto de reiniciación de la oficial y fomento de la particular; la mejora de la red de caminos y sus obras de arte; los desagües para reintegrar a la producción extensas zonas cubiertas por los esteros y bañados, dando al Gobierno enorme fuente de renta; el fomento de la instrucción pública mejorando la condición del maestro, proveyendo de edificios adecuados e imprimiéndoles una orientación agropecuaria; la observación de las leyes judiciales y la selección de su personal y la mejora edilicia de la capital.

Participo -expresaba- de todas las impaciencias de los que quisieran ver transformarse en un día a esta provincia y alcanzar el grado de prosperidad que indudablemente le depara el porvenir. Y si bien no nos es dado alterar las leyes de la naturaleza, que exigen la acción del tiempo para operar la evolución del progreso, no omitiré esfuerzo para que tan halagadoras perspectivas sean satisfechas”.

Para todo ello, expresaba contar con la garantía de la solución patriótica de los problemas políticos. Y decía:

Los partidos tradicionales han depuesto sus insignias partidistas para presentarse como una sola agrupación, movida por un solo y único propósito: abrir para Corrientes un período de tranquilidad que -restañando las heridas abiertas en las luchas pasadas- le asegure su bienestar en el presente y su grandeza en el futuro”.

La amplia visión del gobernante encontró su posibilidad de ejecución, no sólo en la sólida base -de indiscutida mayoría democrática- de las fuerzas electorales oficialistas, sino en el advenimiento de una emoción cívica francamente constructiva filtrada en el país todo, orgulloso de conmemorar, el 25 de Mayo de 1910, el Centenario de su liberación política.

La trascendencia del acontecimiento que imponía a la visión estrecha de los problemas generales una condición de espíritu digna de la de aquélla generación que forjó el primer sillar de la patria, repercutió en el corazón del pueblo argentino que, olvidando sus querellas democráticas, postergando los egoísmos, dominando sus pasiones, encontró en los manantiales generosos y buenos de su tradición, la nota justa para cooperar en cuanto traducía el culto de los bienes superiores de la colectividad.

Desde las clases más modestas a los hombres dirigentes, la ola de sincera adhesión al Centenario excedió a la mera consagración de los homenajes, y se tradujo en el apoyo popular a las fuerzas vivas que afirmaban la grandeza nacional.

El gobernador de Corrientes tuvo la visión del fenómeno e instituyó una Comisión del Centenario integrada por hombres de todos los sectores, bajo la presidencia del ministro de Gobierno, doctor Mora y Araujo, designándose secretario al doctor Hernán Félix Gómez. Era como entregar la dirección del movimiento conmemorativo al pueblo mismo, en sus más altas personalidades, que naturalmente rodeó a sus dirigentes poniendo todo el calor de su entusiasmo en el propósito.

Sin detenernos a las iniciativas oficiales, la colaboración de las colonias extranjeras, el tributo de los organismos de cultura y beneficencia y de los resortes todos de la sociedad, Corrientes ofreció al país un espectáculo de emoción ciudadana justamente aplaudida. El 22 de Mayo de 1910 -en todos los municipios- con la presidencia de las autoridades de cada comuna, realizóse un cabildo abierto de homenaje y afirmación al programa de Mayo, que progresivamente se realizaba en el tiempo.

Las actas levantadas, los discursos pronunciados por ciudadanos de todos los grupos políticos y los programas con que cada vecindario conmemoró el acontecimiento, se publicaron por el P. E. -con la dirección del secretario doctor Gómez- y su edición esparció por el país la celebración auspiciosa que reconstituía la unidad emotiva de la familia correntina.

Por más de un año -en sus ediciones mensuales- la Revista de Historia y Letras del doctor Estanislao S. Zeballos, reeditó la oratoria de los cabildos provinciales. La amplia acción del gobernante, el primero que a contar de 1890 terminó su período sin querellas armadas o crisis políticas, debe analizarse a través de las especialidades de su actividad oficial.

- Gestión agropecuaria. Colonización

Sin perjuicio de las ideas expuestas en su programa de gobierno, el doctor Vidal, fue más concreto en su Mensaje a la Legislatura de 1910:

Se dice -expresó- que la colonización particular es mejor que la oficial; pero hace muchos años que estamos esperando se produzca espontáneamente, si nos limitamos a esperar y no se decide el Gobierno ha abordar el problema agrícola, para demostrar al capital receloso los grandes beneficios que ella promete.
Los sacrificios que se hagan con ese objeto serán insignificantes con relación a los grandes beneficios que ellos ofrecen y que obtendremos seguramente con la implantación de algunas colonias que, administradas y con elementos seleccionados, florecerán y transformarán en poco tiempo la situación económica de esta provincia, como estamos viendo producirse en otras.
Hay que resolver el problema agrícola y ganadero de la provincia con la creación de colonias y la mestización de nuestros ganados”.

Con estos enunciados categóricos, mantenidos invariablemente en los cuatro años del período, el doctor Vidal dejó una obra abundante.

En lo que respecta a colonias, adquirió tierras y organizó las siguientes: Gobernador Pujol, en el límite de los departamentos de General Paz y Mburucuyá; la Oficial, en el departamento de Empedrado, sobre la línea férrea del N. E. A.; la de Nueva Valencia, en el distrito de la Capital, concebida a base de regadío y su concesión a una empresa poderosa; la de Concepción, convertida en centro de población nativa de la zona, de la que era desalojada por la sistematización de la ganadería; la de Riachuelo, con sus reservas para instituciones como un haras y escuelas experimentales; y la de Libertad, en esa estación del Ferrocarril Nordeste Argentino.

Con el mismo criterio moderno se vivificaron organismos rudimentarios, como los de Garabí, San Carlos y Esquina, regularizándose otros centros agrícolas que existían en las zonas fiscales vecinas a pueblos establecidos, como el de Itatí o en las islas de Apipé en las inmediaciones de Ituzaingó.

Esta actividad colonizadora tan ampliamente iniciada no podía humanamente concluirse en un período constitucional. A efectos de conservar las bases del plan originario, dióse la Ley de Colonización del 15 de Septiembre de 1910, en la que orgánicamente se consignan las regalías reservadas a estas actividades, sobre la base de la ayuda al agricultor y la creación del hogar del propietario, mediante la venta de la tierra en diez anualidades.

El doctor Mariano Indalecio Loza -que sustituyó al doctor Vidal en el Gobierno- elogia en su Mensaje Legislativo de 1914, ésta “consagración encomiable” del funcionario, pero fuese por la crisis política que anuló la actividad constructiva de su Gobierno o la incapacidad de sus colaboradores, la colonización oficial decayó para resurgir recién como preocupación efectiva en 1925.

La cuestión pecuaria, cuya clave veía el doctor Vidal en la mestización de los ganados, fue afrontada en la ley Nro. 91, que reducía en un 20 % los impuestos de contribución territorial, cuando en los establecimientos ganaderos se usaban reproductores de raza. El ejemplo de pocos hacendados progresistas, que abonaban menor impuesto y obtenían mejores precios, cundió con rapidez, especialmente cuando esos datos dejaron de ser para los timoratos meros informes de la prensa, al constatarlos en persona en las exposiciones ferias.

Buscóse por ello multiplicar estos certámenes, que si eran habituales en la zona sur de la provincia, en que mucho se había hecho por la mestización, resultaban desconocidos en el norte. El Poder Ejecutivo entregó a la Sociedad de Hacendados -con sede en la capital- los recursos necesarios, realizándose en 1911 la Primera Exposición Feria. Los precios, la calidad de los ganados del sur correntino que se trajeron con orgullo por los cabañeros y la emulación lógica que se produjo, estimularon el progreso del rodeo provincial.

El gobernante completó su programa divulgando los métodos modernos de una explotación pecuaria, la necesidad de bañaderos y profilaxis y procuró que los hacendados escapasen al monopolio de las compras para que gozaran de un legítimo beneficio. Al efecto, se concedieron regalías a una empresa saladeril, cuya fábrica debía levantarse en Lavalle y, si el alza circunstancial de los precios del ganado evitó el arraigo definitivo de esa industria, quedó la semilla para iniciativas más sistemáticas.

- Gestión Fiscal

La trascendencia de las iniciativas oficiales en lo que respecta al régimen fiscal de la provincia a todo lo que tiene relación con el manejo de los dineros del Estado, debe apreciarse sobre la circunstancia de que el último Presupuesto y las leyes impositivas con que inauguró su actividad databan de 1904. Siguiendo la obra del gobernador Juan Luis Resoagli, en cuanto al mejor control de la renta, el período del doctor Vidal ofrece el espectáculo de una elevación enorme de recursos.

Al iniciarse, la renta pública era 2.008.779 pesos y en su tercer año de Gobierno crece a 3.125.646 pesos. El aumento de 1.117.000 pesos, en números redondos, no corresponde a la elevación del monto de la cuota en los impuestos, ni al establecimiento de otros nuevos, ni siquiera a una justipreciación mayor de las tasaciones, que hubiera sido lógica por la valorización general de la propiedad. La razón de ser estuvo exclusivamente en la selección del personal y en la reglamentación de garantía de los impuestos.

En 1913, fruto de esta vigilancia fiscal, se adoptaron reformas fundamentales en cuanto a la Ley de Contribución Territorial y a la que gravaba a las herencias. La primera se modificó, estableciéndose la escala progresiva para las propiedades rurales, de acuerdo con los capitales respectivos de los contribuyentes. Se abandonó el sistema del impuesto proporcional, de aparente igualdad, porque sanciona en la práctica irritantes injusticias, desde que el ideal -como decía el gobernante- no es que todos paguen una cuota única, sino que cada cual pague de acuerdo con su capacidad contributiva.

La escala iniciada con el 41/2 por mil, terminaba con el 8, y su concepción sólo elevó la cuenta del impuesto en 469 propiedades de los catastros. El mismo sistema progresivo se aplicó al impuesto a las herencias, cuyo monto apenas si llega a la mitad del por ciento de la ley nacional.

- Administración en general: caminos, mapa catastral, gráfico y político, obras públicas, etc.

A las especializaciones consignadas vino a sumarse buen número de iniciativas diversas. Una ley nacional de 1909, había separado a la provincia de la diócesis de Paraná, dando autonomía a la Iglesia correntina. Aprobada la iniciativa por el Sumo Pontífice, se procedió a la consagración del prelado, monseñor Luis María Niella, el 4 de Junio de 1911, con la aquiescencia del Poder Ejecutivo, iniciándose las tareas de completar la diócesis, para la que años después (23 de Abril de 1918), se proclamaría como Patrona y Protectora a la “Pura y Limpia Concepción de N. S. de Itatí”.

La política ferroviaria comprendió tanto las iniciativas para estimular el desarrollo del N. E. A. que cruza la provincia articulándola al sistema carril argentino, como al fomento de nuevas empresas.

La concesión Molet, que arrancando de la Capital la unía a los pueblos del norte, fue contratada iniciándose la construcción de los terraplenes y, cubriéndose -según informes que se hicieron públicos- los capitales que la magna obra exigiría y que la tensión del mercado universal, que antecedió a la guerra europea, llevó por tierra.

Pero si esta iniciativa fue esterilizada por el orden fatal de los sucesos, no ocurrió así al Ferrocarril Correntino de trocha angosta, que unía la Capital con los pueblos de Santa Ana, Ingenio y San Luis.

El 27 de Junio de 1911 se inauguró la línea a General Paz, obra de romanos, porque los terraplenes cruzaron los extensos Esteros de las Maloyas, prosiguiéndose los estudios y tareas para su prolongación a Mburucuyá.

Para posibilitar esta empresa que articulaba a pueblos mediterráneos, sacándolos del aislamiento, su propietario, Carlos Dodero, con el patrocinio del doctor Leopoldo Sosa -verdadero asesor de sus valiosas iniciativas- solicitó la colaboración oficial, en el sentido de que la provincia contratase un empréstito externo, cuyos capitales serían entregados al Ferrocarril Correntino con cargo de servir la amortización y los intereses. Era como un anticipo, con la garantía de las propiedades, las vías y el material rodante, en que la provincia actuaría como contratante con el capital y prestamista con la empresa.

Como las iniciativas del Poder Ejecutivo sobre colonización demandaban fondos, el empréstito se hizo por dos millones de pesos oro, entregándose un millón doscientos mil pesos a la empresa ferroviaria. El 30 de Mayo de 1912, ella fue enajenada a la Compañía General de Ferrocarriles Económicos, sociedad anónima constituida en la Capital Federal, con un activo de cinco millones de pesos.

La Administración de Justicia fue mejorada por leyes sucesivas. Con la creación de un cargo más de camarista, fue posible organizar dos Cámaras de Apelaciones para los juicios tramitados ante jueces letrados, utilizándose los servicios de los cinco vocales del Tribunal Superior de Justicia.

Las Cámaras, al principio con jurisdicción excluyente en lo Civil y Comercial y en lo Criminal y Correccional, tuvieron después una misma competencia, sucediéndose por turnos mensuales. Aumentóse -asimismo- el número de jueces de primera instancia y de fiscales, pudiendo afirmarse que la actual organización judiciaria de Corrientes es la que se le imprimió en este período de gobierno.

Como consecuencia del progreso, el organismo económico de la provincia reajustó su mecanismo bancario. El Popular y el Mercantil de Corrientes ampliaron su capital, renovando sus estatutos sociales, evolucionando el último hacia el Banco de Comercio de nuestros días.

Creóse, además, el Banco de la Provincia de Corrientes, que inauguró el 17 de Enero de 1912 sus actividades con un directorio constituido por lo más calificado de los capitalistas de la provincia. Sucursales en Saladas, Alvear y Goya, y un monto de casi un millón y medio en sus depósitos y sus descuentos, al año de iniciar sus operaciones probó su correspondencia con las necesidades generales.

Una interesante iniciativa, de un Banco Hipotecario Provincial, que no llegó a la práctica, dejó -por lo menos- un magnífico edificio después adquirido por el Fisco.

La Instrucción Pública tuvo, como reforma básica, la adopción a título de ensayo, desde 1912, del Plan Nacional de Escuelas Primarias. Se completó la iniciativa con una elevación proporcional de sueldos al personal docente y con el aumento del número de escuelas. Con un criterio severo, no se hizo en esta actividad del Estado en proporción a las iniciativas de otro orden, suceso que por otra parte no fue particular a Corrientes. La Nación dio vuelo a su gestión directa de la Instrucción Primaria en todo el país y es obvio que las provincias -no pudiendo competir en recursos- vieron el arrastre de sus docentes a las nuevas escuelas que se abrían en sus territorios.

La característica obligaba a las provincias a especializar sus establecimientos educativos sin pretender competir con la nación y, en tal sentido, el período ofreció dos escuelas de ese tipo: la Profesional de Mujeres y la Industrial de la provincia.

En cuanto a edificación escolar, se ampliaron y refaccionaron algunos en la Capital, Lavalle, Empedrado, Goya, General Paz y Saladas, comprándose otros para ampliar la capacidad de las escuelas en Paso de los Libres y en la Capital.

La Salud Pública entró a constituir una especialidad en los actos de gobierno. Desde las leyes de profilaxia de la lepra inspiradas por el técnico doctor Pont, el Gobierno correntino no había hecho nada de carácter orgánico. El Consejo de Higiene, que venía actuando como gestor de estos asuntos, habíase convertido en una repartición burócrata, de control de diplomas profesionales. La ley del 15 de Octubre de 1909, sobre vacunación obligatoria, vitalizó a la institución y le dio la acción popular que correspondía.

Debemos agregar el establecimiento de hospitales, por sociedades de beneficencia y municipios, especialmente en la Capital.

La vialidad -en la que nada se había hecho hasta esa fecha- tuvo su principio modesto con algunas iniciativas como las obras de arte en el camino de General Paz a San Luis, terraplenes en el Riachuelo, Riachuelito, Desaguadero y Curuzú Cuatiá, un canal en el Santa Lucía entre San Miguel y General Paz, el puente en la Tranquera de Loreto y otras de menor importancia que quedaron en cartera de las oficinas técnicas.

De este plan caminero fue la compra y utilización, en diversas partes, del primer equipo, con su tractor Champion e implementos, que se introdujo a la provincia. En 1912, año en que la adquisición se efectuó, la maquinaria fue toda una novedad.

Desgraciadamente, la iniciativa no se continuó; la siguiente Administración mantuvo el equipo caminero inactivo y abandonado y así continuó hasta el Gobierno del doctor Benjamín Solano González (1925 - 1929) quien lo hizo preparar pasando al dominio de la Municipalidad de la Capital, donde hoy se utiliza.

Otra iniciativa no menos valiosa fue la confección de un mapa catastral, gráfico y político, por la oficina de Tierras y Obras Públicas dirigida por el ingeniero Jorge Serón. Al recibirse el sucesor del doctor Juan Ramón Vidal, el mapa estaba no sólo concluido sino hasta contratada su impresión, lo que el doctor Loza dejó sin efecto para hacer editar el que lleva el subtítulo de su Administración.

El rubro de obras públicas estuvo constituido por la reedificación o mejora de los edificios fiscales en todos los departamentos, en forma tan completa que no quedó ninguno en que los obreros del Gobierno no hubiesen realizado algún trabajo.

Entre esa tarea dispersa, toda ella mencionada en las publicaciones oficiales, debemos recordar al edificio de la Escuela Industrial en la Capital, la adquisición de edificios para oficinas en Esquina, Concepción y San Miguel; de terrenos para los Cuarteles de la nación en la capital, reformas en la Cárcel Penitenciaria y establecimiento de los talleres de sastrería, carpintería y zapatería, etc.

En la misma Cárcel Penitenciaria se estableció -el último año del período- una imprenta oficial, cuyos talleres fueron escuela para los penados y por la que apareció, de conformidad a la ley del 31 de Octubre de 1912, el Boletín Oficial, el 1 de Abril de 1913.

Bajo el impulso de esta actividad del Poder Ejecutivo, las Comunas sacudieron su viejo quietismo y se lanzaron a iniciativas progresistas. La de la Capital inauguró el Teatro Municipal “Juan de Vera”, el 25 de Mayo de 1913; pavimentó la calle San Juan y macadanizó la Avenida 3 de Abril, para establecer un acceso fácil a la estación del F. C. N. E. A.; instaló obras de salubridad en el mercado; etc., etc..

- La obra política: partidos y elecciones

Si la gestión del gobernador doctor Juan Ramón Vidal resulta valiosa juzgándola desde el punto de vista de las especializaciones funcionales del Estado, el aspecto político de su actividad ofrece un amplio margen favorable, que el correr de los años acentúa progresivamente.

El fenómeno es de fácil explicación. Los contemporáneos a un orden de actividad ven y juzgan del detalle bajo la impresión de las causas y de los efectos inmediatos y es tan poderoso el vínculo de causalidad que no imaginan una evolución diversa o un orden de cosas contradictorio.

Pero, pasan los días; el orden de cosas ya no se juzga de cerca; junto al escenario inmediato que antes delimitó la posibilidad objetiva de la visión se ven acontecimientos concomitantes pero, más lejanos en la impresión de perspectiva del conjunto y, entonces, lo que apareció lógico, saldo obligado de las relaciones de causa a efecto, no se aprecia con esa matemática del concepto. Fue así, pero, pudo verse en otra forma y, a veces, o casi siempre, llégase a aplaudir a quien les imprimió ese orden antes tan ilógico para los contemporáneos.

Dentro de este orden de razonamientos, la acción política del gobernador Vidal se agranda con el tiempo. Ocupa el Poder Ejecutivo en virtud de un pacto, con una fuerza política que recién acababa de perder a su caudillo, el doctor Martínez. Pudiendo trabajar la unidad de ese organismo, definir preeminencias y quebrarlo en fracciones sin valor ofensivo, lo defiende, vigila la definición de sus valías personales, las sustituye en las funciones del Estado y mantiene -junto con su equilibrio- su unidad.

Al ministro doctor Mora y Araujo, que pasa a una diputación nacional, sustitúyelo con Evaristo Pérez Virasoro, de otra ideología y otro origen, en el seno liberal, y cuando en él los valores aparecen definidos y soplan vientos de fronda, cumple el pacto y entrega el mando a un ciudadano en quien el liberalismo unido había visto -en 1893- una prenda de concordia: el doctor Mariano Indalecio Loza.

Si a través de esta síntesis no resultase evidente el propósito de defender al liberalismo de la anarquía, débese recordar que el pacto sólo comprendía a los asuntos locales, de la provincia. En las cuestiones nacionales, autonomistas y liberales conservaban su independencia, con la circunstancia curiosa de que los primeros eran partidarios del presidente y los segundos opositores.

No solamente el autonomismo no aprovechó de ello para desplazar al aliado, no sólo cuidó de su unidad en el medio provincial, sino que tendió a sumar sus valías políticas, para que ambos contribuyeran a las soluciones nacionales y se calificaran de consuno para ante la opinión del país.

La hora era de prueba para las clases gobernantes argentinas. La muerte casi simultánea -en los primeros meses de 1906- de Mitre, Pellegrini y Quintana, hombres guías del pueblo nacional, habíalas tomado casi de sorpresa, sin encontrar en el escenario del país valores consagrados que pudiesen polarizarlas.

La presidencia de José Figueroa Alcorta, desarrollada en este desconcierto, ahondó en él, cuando orientó sus esfuerzos a la anulación de la influencia que el general Julio Argentino Roca conservaba, y lo logró tan cabalmente que este preclaro ciudadano se refugió en la vida de su hogar.

Producida la abstención radical, quedó como único valor político la influencia del presidente, suficientemente hábil para no ejercitarla de frente, en espera de que las soluciones que le eran afectas se iniciaran en la opinión, que luego apoyaría como un acto de patriotismo.

Las clases gobernantes del país buscaron al argentino que sumara las virtudes necesarias para abrir cauce en la opinión y las encontraron en un ciudadano que era -para los hombres de los oficialismos conservadores- algo así como una víctima de la política de círculos, personalidad romántica que sabía de los sacrificios tranquilos, y con notorio prestigio por su actuación en la Guerra del Pacífico y, por su ilustración, en los pueblos hermanos de América.

Referimos al doctor Roque Saenz Peña. En torno a su nombre, al que se adhirió de inmediato la juventud universitaria, que encontraba en su celebrada frase, “América para el Mundo”, un programa de su espíritu lealmente generoso, fueron nucléandose los grupos y los hombres.

Fueron, primero, el saldo de los “modernistas”, como se llamó a los nuevos del P. A. N., a fines de la segunda presidencia del general Roca; después, los amigos de Pellegrini; más tarde, los autores de su sacrificio, cuando se proclamó presidente a su padre, Luis Saenz Peña, para ahogar su candidatura y, después, la banca, el comercio y las fuerzas todas del país.

El presidente Figueroa Alcorta no hizo más que homologar este movimiento que se organizó en la “Concentración Nacional” -de vida efímera- pura y exclusivamente para llevar a Saenz Peña a la presidencia de la Nación.

En Abril de 1910 se producía la elección y Saenz Peña -entonces en Europa- vino al país rodeado de los más altos prestigios. Su exaltación al Gobierno, saludada con el aplauso y la esperanza general de días mejores, pues hasta el radicalismo, al que solicitó cooperación, tuvo la evidencia de los acontecimientos trascendentales, significa en el proceso democrático argentino el punto de arranque de una nueva etapa en que las masas populares lograrían la conciencia de su personalidad.

En ese reajuste de hombres y de círculos, el autonomismo correntino estuvo con el presidente y secundó su política de renovación. Lo hizo con la conciencia de sus actos y por el carácter netamente popular de sus orígenes.

El centro de esta reforma la constituye la Ley Electoral del 10 de Febrero de 1912, construida sobre la adopción del padrón militar para los comicios nacionales, del voto secreto como procedimiento eleccionario y de la lista incompleta para dar representación a la minoría más apreciable.

Con esta ley, el partido radical se preparó a la acción y fue en todo el país a los comicios del 7 de Abril de 1912, triunfando en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Santa Fe, en los comicios de diputados nacionales, como días antes (31 de Marzo), había vencido en las elecciones de gobernador de este último Estado.

En Corrientes, no logró la minoría. La coalición liberal-autonomista fue suficientemente fuerte para desdoblar sus elementos, sufragando por una lista que compensaba los saldos en los grandes totales, y obtuvo las cuatro vacantes a llenarse.

El gobernador Vidal, en su Mensaje Legislativo de 1912, exalta la grandiosidad del espectáculo cívico que había ofrecido el país en los comicios de Abril, sobre todo por sus resultados inevitables de propender a la formación de grandes partidos orgánicos.

El problema de Corrientes -dice- no era despertar el espíritu cívico del pueblo; era el de encauzar las fuerzas cívicas dentro de un orden regular y probando que contribuía a la solución; recordaba haber propuesto a las Cámaras la adopción del padrón nacional para los comicios de la provincia. La Legislatura había aceptado el pensamiento, y fue así cómo las elecciones del tercio legislativo de 1912 debieron postergarse -por falta de padrones- del 15 de Marzo al 14 de Abril de ese año, en que se realizó.

Con ello, Corrientes fue la primera provincia que adoptó el padrón militar inobjetable para los partidos y garantía de la seriedad de su oficialismo.

Influencia de esta doble reforma electoral, en la nación y en la provincia, como de la necesidad de robustecer los partidos de minoría, para evitar que un desdoblamiento les quitara la representación en el sistema de lista incompleta, fue la actividad demócrata orientada hacia la unión de los grupos opositores. Jugaban este rol -en la provincia- los liberales disidentes y los radicales y, entre ellos, los últimos, presentábanse calificados por el triunfo del partido en Buenos Aires y Santa Fe.

Prodújose entonces un arrastre en torno del radicalismo local, siempre dirigido por el coronel Angel Saturnino Blanco, iniciándose con la adhesión (a fines de 1913), de Juan P. Acosta y sus amigos de Mercedes, Curuzú Cuatiá y General Paz, todos ellos pertenecientes al partido autonomista.

- El juicio de sus contemporáneos

Llegamos a fines de un período fecundo en progreso y sillar granítico de la grandeza de Corrientes. Su juicio no pertenece a la historia, desde que ha sido formulado por los contemporáneos del gobernante, y consta documentado en pergamino artístico, en lugar de honor, de la sala de trabajo del político. Dice así ese testimonio de sincera admiración:

Al señor doctor Juan Ramón Vidal:
La provincia de Corrientes en evolución hacia destinos superiores, dentro de la comunidad nacional, puede ostentar con cívico orgullo los períodos históricos de 1886 - 1889 y de 1909 - 1913, en que sobreponiéndose a sus propias vicisitudes políticas, el ciudadano que rigió la tarea gubernamental en aquéllos períodos inició una era de concordia en la familia correntina, de progreso y bienestar general.
La obra cívica del doctor Juan Ramón Vidal, como encarnación de esa alta política, merece señalarse especialmente a la consideración de sus conciudadanos.
Los suscriptos, para perpetuar esta acción educativa y civilizadora, le ofrecen una medalla de oro con la inscripción siguiente: anverso: ‘Al doctor Juan Ramón Vidal, sus amigos’; reverso: ‘Gobernador de Corrientes - 25 de Diciembre. 1886 - 1889; 1909 - 1913, y formulan votos porque su obra patriótica sirva de ejemplo para los hombres públicos de Corrientes’.
Buenos Aires, Diciembre 25 de 1913.
Delfino Pacheco, A. E. Ramayón, Manuel V. Figuerero, Francisco M. Billordo, M. Mora y Araujo, J. Ortiz Pereira, S. Luque, Pedro Bonastre, Nicanor González, Manuel Bonastre, Ernesto Sánchez, Luis Peluffo, Onías Acosta, Evaristo Pérez Virasoro, Eduardo Díaz Colodrero, Eugenio Breard, Celada, Juan C. Guerreño, Justino I. Solari, Juan G. Beltrán, Eugenio Balbastro, Marcos Costa, Juan Pedevilla, E. Batalla, Guillermo Rojas, Jorge Macfacquar, Gustavo Gómez, Julio Dousset, Justo Silva, A. Márquez, Montiel, José A. González, F. Fernández Serrano, Juan Gandulfo, Román Avalos Billinghurst, Ernesto Meabe, T. L. Díaz, Julio C. Rivero, Albino Arbo, Luciano Romero, Venancio Quijano, Rafael Martínez, Martín Abelenda, Ramón A. Beltrán, Mariano I. Loza, Manuel Echavarría, Astrolabio Godoy, Abel Delpiano, (siguen las firmas)”.

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