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La Intervención devuelve la titularidad del P. E. a Loza

- El oficialismo cambia de frente en las candidaturas presidenciales a cambio del Gobierno

El 2 de Abril de 1916 realizóse la justa demócrata en un medio de amplia libertad electoral, obteniendo los partidos de referencia, en los grandes totales de electores para presidente y vicepresidente de la Nación, un número de 16.745; 9.614; y 13.149 votos, respectivamente. El número del electorado radical constituyó una sorpresa para la opinión pública, señalando al oficialismo el norte de sus futuros empeños.

Imposible la reanudación del pacto con el autonomismo de tradición, le indicó la conveniencia de minar la débil unidad del radicalismo correntino. 

Los resultados dieron el triunfo al oficialismo del doctor Loza, que obtuvo de esta manera la mayoría de los electores, correspondiendo la minoría al radicalismo. Ante la decisión de los primeros de volcar sus electores a favor de la fórmula Rojas-Serú, dejando de lado la de De la Torre-Carbó, el Gobierno Nacional resolvió restituir al gobernador Loza a sus funciones, en el mes de Junio de 1916.

Su reposición al Gobierno no produjo la paz en lo que restaba de la gestión del doctor Loza. Los elementos conservadores, una parte del autonomismo y otra del liberalismo, lo acosaban, no contaba con la Legislatura y se acercaban las elecciones de renovación del Gobierno Provincial, además de la tenaz oposición del radicalismo.

Tres circunstancias se produjeron a raíz de los comicios del 2 de Abril:

1.- el que el partido autonomista de Tradición quedó sin banca en la Cámara de Diputados nacional y sin personería en la cuestión presidencia;
2.- el que el oficialismo -sin interés en las complementarias- maniobrase para elegir el candidato radical que correspondía a la minoría, dividiendo sus influencias: mientras los liberales votaban por el doctor Antonio Mora y Araujo, los principistas lo hacían por Juan P. Acosta, empatando ambos candidatos, dando un sorteo honesto el triunfo al último; y
3.- que el oficialismo, para lograr la restitución del Gobierno, se rindió ante la Intervención Federal, pasándose con sus electores de mayoría de la fórmula De la Torre - Carbó a la de Rojas - Serú.

De acuerdo a lo últimamente expuesto, el interventor Saenz Valiente puso en el Poder Ejecutivo de la provincia, el 3 de Junio (1916), al titular gobernador doctor Loza. Lo hizo previo extenso decreto en el que estudiaba el conflicto entre la Legislatura y el gobernante, declarando que la mayoría legal, para separar de su cargo al doctor Loza, era la de dos tercios de votos de la totalidad de los miembros de cada Cámara, y no la de dos tercios de los presentes; que habiendo sido esta última la obtenida por la cesantía del gobernador, el error estaba en haberse proclamado “afirmativa” por la presidencia, pues debió corresponder la de “negativa”.

Si el radicalismo había obtenido en el país 152 electores, la actitud de una disidencia, en la provincia de Santa Fe, hacía verosímil que ninguno de los candidatos lograse la mayoría legal. Hasta que estos no votaron, en su hora, por Hipólito Yrigoyen - Pelagio Luna, se creyó que el Congreso Nacional diría en la cuestión la última palabra, por lo que la situación política de Corrientes siguió contando con el auspicio del presidente.

Este apoyo lanzó al oficialismo a una ofensiva sistemática contra el autonomismo de tradición y, claro está, que aquellos elementos que se habían incorporado al autonomismo de Principios, inspirados en el programa de que la continuación del pacto beneficiaba a la provincia y podía reconstituir una generosa política de concordia, iniciaron su retorno a las filas del partido tradicional.

- Para robustecerse, el oficialismo organiza la Concentración Cívica

El gobernador intentó organizar -con los elementos adictos- un partido político, al que llamó “Concentración Cívica”, que no logró demasiadas adhesiones y, efectuados los comicios, hubo una abstención generalizada, sufragando un muy reducido número de ciudadanos.

El oficialismo desarrolló un nuevo plan de defensa: consistió en organizar con sus elementos una nueva fuerza cívica que comprendería a los liberales y a los principistas que restaron incondicionalmente a los doctores Breard y Solari y a la que (restado el prejuicio de las banderías históricas) pudiesen incorporarse otros hombres, hasta del mismo radicalismo.

Simultáneamente, se ejercitaron influencias ante los dirigentes del partido radical de Corrientes en el sentido de debilitar su acción.

Si el radicalismo correntino se hubiese definido por los procedimientos normales a toda fuerza demócrata, de crecimiento por atracción individual, el año 1916 habría estado en condiciones de ser un partido de gobierno. Su declaración de repudio y condena del Gobierno del doctor Loza (28 de Diciembre de 1915), el triunfo de Hipólito Yrigoyen en el país después del arrastre de los votos santafesinos, y el número de sufragios obtenidos en los comicios provinciales de 1916 -apenas inferior en 3.800 al oficialismo- le daban una base sólida de acción, suficiente para el éxito político.

Bastaba para ello que el presidente de la República enviase una Intervención Federal, condición posible cuando Hipólito Yrigoyen ocupase esa magistratura, el 12 de Octubre de 1916, porque estaba dentro de la ideología del partido:

La arquitectura constitucional de la República -dice un publicista radical- define la soberanía de la Nación y consagra la autonomía de las provincias. La reparación institucional no admite situaciones superpuestas, desvinculadas entre sí por la autonomía que concreta sus actitudes.
La legalidad, con todas sus prerrogativas, debe estimular en la Nación y en las provincias, el ejercicio del derecho en todas las manifestaciones políticas y civiles. Esta concepción sintética caracteriza la autonomía provincial dentro de la potestad nacional. Si la Nación tutela las libertades, las provincias se amparan con esas garantías.
Por estas circunstancias las fórmulas estatuarias son resortes de la representación pública. El postulado no admite distingos. La autonomía no resguarda las transgresiones y las prevalencias de los Gobiernos arbitrarios. La autonomía resguarda el pleno ejercicio de los derechos individuales y colectivos, en el escenario de las provincias.
Es, para decirlo en términos esquemáticos, la garantía del pueblo para el pueblo, con el orden y la jerarquía con que las instituciones organizan el gobierno federativo.
Estas ideas, dogmáticas en el pensamiento radical, aclaran las cosas a producirse. Según ellas, intervenir las provincias era resguardar la autonomía de las mismas, para que se sintieran garantidas en el ejercicio de sus derechos y en el cumplimiento de sus deberes”.

Agréguese a este punto de vista del presidente Yrigoyen las circunstancias del problema local, y el hecho de que el partido autonomista de Tradición también pedía se interviniera a Corrientes, y se tendrá la definición de la hora vivida.

El único que falló en la lógica del proceso político fue el partido radical correntino, por los vicios internos de su constitución. Al aludir a su crecimiento, hemos hecho notar la incorporación en masa de otras fuerzas políticas, y las sucesivas reorganizaciones de sus autoridades para dar lugar a los dirigentes de las mismas. Si el procedimiento aumentaba su electorado en forma geométrica, atentaba a su unidad ideológica.

No era en realidad un partido de radicales; era como una federación de grupos políticos bajo la bandera radical, grupos que mantenían sus jefes, y jefes venidos del campo conservador con vinculaciones de toda naturaleza y cuyos lazos mantenía la vida de relación.

El caudillo del pueblo radical era el coronel Angel S. Blanco; con él estaba el electorado modesto de las campañas y de las ciudades y esos capitanes de los grupos pequeños que se definen en la espontaneidad de la vida de relación; él había vitalizado los primeros adherentes, los había fervorizado en una base de sacrificio e idealismo y había esparcido ideas curiosas de democracia práctica, la soberanía efectiva de las masas.

Pero junto a Blanco, en el mismo plano de las autoridades del partido, estaban los nuevos radicales, dirigentes de los grupos incorporados que, voto por voto, valían lo mismo para las decisiones de la Junta de Gobierno y de las mesas directivas de los comités.

A estos valores “artificiales” del radicalismo correntino, figuras de papel que no tienen tras de sí a un solo elector, se dirigieron los hombres del oficialismo Loza, ejercitando influencias de toda naturaleza y especulando sobre el egoísmo humano ante la mesa servida. El triunfo radical en esa hora era la exaltación del coronel Blanco y, frente a esa posibilidad, hicieron muralla los nuevos jefes.

- En lo nacional ocupa la presidencia Hipólito Yrigoyen. El radicalismo correntino: su división

La Convención Provincial reunida en los días 22 y 23 de Septiembre de 1916 ofreció el espectáculo de los primeros choques y si bien la declaración condenatoria para el Gobierno del doctor Loza se ratificó, fue después de un debate agitado. Los que se oponían a la gestión intervencionista no se dieron por vencidos y, cuando el 27 de Octubre (1916), a los quince días de ocupar la presidencia Yrigoyen, se trató en el Comité Central del radicalismo el pedido de Intervención a la provincia, el choque de intereses hizo crisis.

Propúsose declarar “que toda gestión de Intervención Federal era inoportuna en el momento”, votando por la afirmativa el senador nacional doctor Soto, el diputado nacional Acosta, los doctores P. T. Sánchez, Carlos J. Benítez, Luis Zerviño, Amado Sosa y Lindor Delfino. Angel Blanco que, como presidente del Comité, apeló ante la Convención, sólo obtuvo cinco votos, en minoría.

La escisión se produjo. La Convención radical del 24 de Noviembre de 1916 vio retirarse de su seno a los disidentes, de cuyo grupo se separó el diputado Acosta y, después de sancionar el pedido de Intervención, expulsó a algunos de ellos convictos de minar la unidad partidaria.

La crisis del radicalismo correntino continúa su proceso llegando hasta la alta dirección del partido, que no concebía estas querellas en el momento mismo de su exaltación al Gobierno de la República. Designados sucesivamente para presidir su reorganización, como fórmula de solución de esta crisis llegaron a la provincia los doctores Víctor M. Molinas y Tomás de Veiga, quienes dieron fin a su cometido sobre la base de la anulación de los hechos consumados, en cuanto afectaban la conducta política de correligionarios, y del respeto de las decisiones de la mayoría.

Mientras tanto el problema político general en la provincia se agudizaba. Había llegado la fecha de renovación del tercio legislativo de las Cámaras de Diputados y Senadores, en ninguna de las cuales contaba el oficialismo con mayoría.

Realizados los comicios el 25 de Marzo y 29 de Abril de 1917, sólo concurrieron las fuerzas del Gobierno y, como estaba previsto, los electos fueron rechazados por la oposición. La provincia quedaba prácticamente sin Poder Legislativo.

Bajo la presidencia del comicionado doctor Tomás de Veiga, se reunía -a fines de Julio, en la capital de la provincia- la Convención del partido radical, designando después de un laborioso escrutinio teniendo como presidente al coronel Angel Blanco.

El doctor De Veiga glosó elocuentemente la unidad partidaria que entendía dejar establecida, ausentándose de Corrientes. Al día siguiente, 30 de Julio de 1917, la Convención votaba la fórmula radical para los próximos comicios de gobernador y vicegobernador, eligiendo al coronel Blanco y a Mariano Madariaga por 26 votos contra 12 en blanco. Eran estos sufragios -los de los radicales disidentes- que desde ese acto se apartaron en forma definitiva del radicalismo oficial.

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