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HIPOLITO YRIGOYEN, PRESIDENTE (PRIMER MANDATO)

Fue ésta una vida de contrastes... Surgió de un hogar muy humilde y, sin embargo, alternó, señorialmente, con los aristócratas más linajudos de su época... Vivió preparando sediciones y, sin embargo, llegó al poder en mérito a los comicios más limpios hasta entonces conocidos... No pronunció nunca un discurso en las plazas públicas y, sin embargo, con sólo verle, las multitudes vivaban su nombre hasta enronquecer...

Salvo Montevideo, no conoció nada más allá de las fronteras nacionales y, sin embargo, sustentó -para los hombres- fraternidades en escala universal... Gobernó sin estado de sitio y sin presos políticos y, sin embargo, pasó las tres últimas Navidades de sus ochenta años en la soledad de Martín García, donde lo encerraron los enemigos que con Yrigoyen inauguraron esa isla como cárcel para los presidentes argentinos...

Hijo de Martín Yrigoyen Dodagaray, un inmigrante vasco-francés que se desempeñó en tareas humildes (tal vez lechero, tal repartidor de pan, tal vez peón en una cabaña de criadores de ovejas...); la madre, Marcelina Alem, era una porteña morena de ojos oscuros cuyo padre era dueño de una pulpería y de varias casitas edificadas para renta.

Este abuelo materno, partidario de Rosas, habría intervenido en hechos en los cuales la violencia de la época desdibujaba las fronteras de la política y del crimen... De ahí -después de Caseros- Leandro Nicéforo Alem, ése era su nombre, resultara sometido a proceso conjuntamente con el famoso comandante Cuitiño, de quien fue amigo y colaborador. Y, en cumplimiento del fallo, “el 29 de Diciembre de 1853, en la plaza de Concepción, ante un gentío no menor de 6.000 personas, fueron fusilados, y luego colgados de la horca, Cuitiño y Alem(1).

(1) Luis V. Sommi. “Hipólito Yrigoyen (su Vida y su Epoca)”. Ed. Monteagudo, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La sombra de este drama familiar no dejaría de ser presencia en la cuna del pequeño Hipólito que, nacido en Julio de 1852, fue bautizado recién en Octubre de 1856. Dos hermanos menores -Roque y Martín- y dos hermanas -Amelia y Marcelina- integraban el grupo familiar(2).

(2) Hipólito Yrigoyen nació en Buenos Aires el 12 de Julio de 1852. Ejerció la presidencia de la República en dos mandatos: desde el 12 de Octubre de 1916 hasta el 12 de Octubre de 1922 (primer mandato); y desde el 12 de Octubre de 1928 hasta el 6 de Septiembre de 1930 (segundo mandato). Falleció en Buenos Aires, el 3 de Julio de 1933. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 15to. y 17mo. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título. Es el primer presidente en ser electo mediante la Ley Sáenz Peña (voto secreto y obligatorio), en 1916. El apellido Yrigoyen a menudo fue escrito en la forma “Irigoyen”; pero el dirigente radical -quizá para diferenciarse- insistía en esta forma peculiar cuando firmaba. En este escrito se ha respetado su preferencia.

Un hermano de la madre, del mismo nombre del ajusticiado y que diez años mayor que Yrigoyen compartió con éste muchas horas hogareñas, debe figurar entre las influencias que conformaron una infancia de niño grave, retraído y triste...

Lo inscribieron como alumno interno en el Colegio San José, de sacerdotes bayoneses, establecimiento donde se educaban la mayoría de los hijos de vascos de alguna posición en el país.

En ese establecimiento sólo estuvo un año, pues continuó sus estudios en el Colegio de la América del Sud, un instituto privado, en el cual el tío de Hipólito, Leandro Nicéforo Alem, dictaba dos cursos de Filosofía. Yrigoyen fue alumno del América del Sud hasta 1866/1867. Durante las vacaciones, ayudaba al padre en las tareas administrativas de una empresa de carros o en la directa conducción de los vehículos.

El sobrino maduraba junto a Alem, que superaba la herencia negativa de “hijo de un ahorcado”, combatiendo valientemente en las trincheras paraguayas; terminando sus estudios de abogado en las aulas universitarias, donde se vinculara con el sector más ilustrado de la juventud de la época; certificando inquietudes ciudadanas al enrolarse en las filas de esa vanguardia popular porteña que era el Partido Autonomista que lideraba Adolfo Alsina.

Siguiendo a Alem, Hipólito Yrigoyen se afilia entre las huestes del “autonomismo” que -en 1868- apoyará, para las elecciones presidenciales, la fórmula que integra Alsina y encabeza Sarmiento.

Este, ya Primer Magistrado, accediendo a un pedido de Alem, designa a Hipólito Yrigoyen empleado de la Contaduría General. Así se incorpora a la Administración el futuro Jefe del Estado; el nombramiento tiene fecha 29 de Marzo de 1870 y carácter de supernumerario...

La fiebre amarilla de 1871, que respeta a Hipólito, enferma a Alem (que logra sin embargo curarse) y mata a la madre de éste, abuela materna de Yrigoyen.

Ya en las elecciones para diputados provinciales de 1872, Alem figura entre los candidatos del autonomismo integrando una lista que incluye a figuras como Carlos Pellegrini, Dardo Rocha, José Estrada...

El ascenso político de Alem explica que el 17 de Agosto de 1872, Hipólito Yrigoyen sea designado comisario de Balvanera... La policía era -en aquella época, y sin mucho disimulo- un apéndice de los clubes políticos y de los comités partidarios:

Es el tiempo del coraje. Las elecciones se ganan ‘a lo macho’; a balazos o a punta de cuchillo. En el atrio de su iglesia se vuelcan los padrones o no se deja votar a uno de los bandos.
Es un barrio, éste, el de Balvanera, de ‘compadres’ y ‘galleros’(3).

(3) Es decir, dueños de reñideros de gallos. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En sus zaguanes y rejas florecen y se eternizan los amores. Muchos en el barrio han conocido la guerra y se juegan la vida por cualquier cosa. Unos usan chambergo de ala ancha, requintado sobre la frente; otros llevan quepis; los de familia acomodada calan galerita torcida hacia la nuca.
"Todos calzan, bajo el pantalón, botas con taco alto. La muchachada se deja crecer la melena -que es romántica- y se inclina al compadraje(4).

(4) Luis V. Sommi. “Hipólito Yrigoyen (su Vida y su Epoca)”. Ed. Monteagudo, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Yrigoyen tiene veinte años... Debe haber aprendido mucho en una tarea donde es inevitable averiguar.. . y los vecinos tienen -en el comisario- un posible testigo de descargo que es también juez en los pleitos de menor cuantía...

Yrigoyen actúa con dignidad. Resuelve cursar estudios universitarios y recibirse de abogado. En la solicitud para inscribirse declara haber perdido el certificado de sus estudios secundarios que le otorgara el Colegio de la América del Sud. Pide que se haga fe de lo que afirman dos profesores que fueron tales en el mencionado instituto; uno de los profesores es el propio Alem, tío del solicitante... Además, la inscripción se pide fuera de época: se está a mitad de año...

Pero todo lo resuelve, favorablemente, la indulgente tolerancia del secretario de la Universidad quien aconseja se considere al señor Hipólito Yrigoyen, “como matriculado con anterioridad al mes de Abril”. Con ese “visto bueno” del secretario, el rector de la Universidad se limita a agregar: “Téngase por resolución” y firma: Vicente Fidel López. ¿Podía sospechar el rector-historiador que en ese trámite curiosearía la posteridad, porque el beneficiado iba a ser un protagonista de la historia..?

El comisario Yrigoyen -ahora universitario- soslaya distracciones, apura sumarios, acelera trámites y estudia... A fines de 1874 aprueba el primer curso de Derecho...

En 1877, acusado de “haber permanecido durante el acto electoral en la parroquia de Balvanera, en vez de atender la comisaría a su cargo”, el gobernador lo separa “por haber faltado a sus deberes...”. ¿No sería que, a juicio del gobernador, el comisario no había contribuido al triunfo del oficialismo de turno?

Yrigoyen no interrumpe sus estudios aunque acentúa su participación en las contiendas electorales... En los libros de actas de la Facultad de Derecho se conservan las constancias correspondientes a Marzo de 1878 y de los exámenes que aprobó del tercer y cuarto curso de Civil. El plan de estudios de ese entonces continuaba siendo el de 1857: cuatro años, una práctica ulterior de jurisprudencia y luego una tesis.

Cumplió Yrigoyen la práctica en el estudio que compartían Alem y el doctor Silveira. No llegó a rendir la tesis. Pero en 1880 una ley dictada por la provincia de Buenos Aires reconocía el título de Doctores a quienes hubiesen cursado las materias básicas, excluyendo la tesis.

En las elecciones del 31 de Marzo de 1878 obtiene una banca de Diputado Provincial y con mandato por dos años jura y se incorpora en Mayo de ese año. Integra la Comisión de Presupuestos. Las alternativas de la política pretenderán después que la elección que llevó a Yrigoyen a la Cámara ha sido fraudulenta; Yrigoyen escucha con despectivo silencio la maniobra y no acepta renunciar como se pretende que lo haga...

Partidario del presidente Avellaneda cuando éste es enfrentado por Carlos Tejedor, Yrigoyen es nombrado, el 13 de Junio de 1880, Administrador General de Patentes y Sellos. Ocupará este cargo breve tiempo; el 19 de Septiembre de ese año es elegido Diputado Nacional.

El 11 de Octubre se incorpora a la Cámara y figura entre quienes -identificados con Avellaneda- actúan desde la insurrección de Tejedor en el vecino pueblo de Belgrano. El sorteo ha determinado que su diputación es por dos años...

Sin embargo, Yrigoyen no asiste a la Asamblea Legislativa ante la cual Julio Argentino Roca presta -el 12 de Octubre de 1880- el juramento constitucional de presidente de la República. En la Cámara se opone a que se trate sobre tablas el aumento de las dietas:

Si hay algún asunto que la Cámara no puede ni debe tratar es éste, porque no tiene más propósito ni tendencia que hacer un beneficio personal a los miembros del Congreso”.

Derrotado en esta apreciación cuando propone que el asunto pase a sesiones de prórroga, Yrigoyen -ejemplificando- no aceptó el beneficio y renunció a sus dietas.

El 20 de Enero de 1881 es nombrado para “regentear” la cátedra de Historia Argentina e Instrucción Cívica de la Escuela Normal de Maestras de la provincia(5), asignatura creada a iniciativa de la directora. Tiene la misma fecha su designación, en esa escuela, de profesor de Filosofía.

(5) Actualmente Escuela Normal Nacional de Profesoras Nro. 1 “‘Presidente Roque Saenz Peña”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Con el festejo del centenario de su fundación, en 1974 recibe el nombre de “Escuela Normal Superior de Profesorado Nro. 1 “Pte. Roque Sáenz Peña” y, al año siguiente, la ley 21.181 declara Monumento Histórico Nacional el edificio de esta Escuela.

A partir de Marzo de 1885 hace donación de los sueldos docentes que le corresponden, $ 150 mensuales, en beneficio del Hospital de Niños y del Asilo de Niños Desvalidos(6).

(6) Yrigoyen fue profesor de ese establecimiento hasta que, por su actitud revolucionaria de Febrero de 1905, fue declarado cesante (el decreto de cesantía tiene fecha 1 de Marzo de 1905). // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Marzo de 1881, Sarmiento, que se desempeña como Superintendente Nacional de Educación de la Capital, designa a Hipólito Yrigoyen, miembro del Consejo Escolar de la parroquia de Balvanera. El antiguo comisario vuelve como educador...(7).

(7) Al renunciar Sarmiento a su cargo, Yrigoyen adopta igual actitud con el suyo. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Este es el Hipólito Yrigoyen que se proyecta en la vida pública... Buceando en su intimidad aparecen, claro está, otras facetas...

En lo sentimental, cuando era comisario, a los veinte años “se enamora de Antonia Pavón, una jovencita hija de un empleado de policía, criada y educada por un familiar de Yrigoyen. Tiene con ella una hija, Elena, que será su predilecta; la educa cuidadosamente y resultará la compañera inseparable de Yrigoyen(8).

(8) José Landa. “Hipólito Yrigoyen” (1958), Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No mucho después vive un romance con Dominga Campos, hija de un estanciero. La joven, que ha heredado la hermosura de la madre irlandesa, tiene elegancia y distinción. Como el padre se opone a su unión con Yrigoyen, ella abandona el hogar y se va a convivir con éste en una situación irregular... Tan irregular que los hijos que nacen de esta pareja, eludiendo imperativos de vieja tradición colonial, no serán bautizados...(9).

(9) José Landa. “Hipólito Yrigoyen” (1958), Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Siendo Diputado consigue un crédito en el Banco de la provincia que le permite arrendar dos estancias en el partido 9 de Julio. Dedica esos campos al engorde de ganado vacuno exclusivamente; es un rubro de provechosos beneficios porque ha comenzado la etapa de los frigoríficos y ése es el tipo de animal que ellos adquieren para la exportación.

La ascendente escala de ganancias en esta actividad le permite reunir una suma que, agregada a la que le corresponde por herencia -cuando en 1888 fallece su padre- hizo posible la compra de una estancia: “El Trigo”, de 10.000 hectáreas, en Las Flores. En ella, la agricultura comparte, con la ganadería, la explotación del suelo.

En 1889 muere Dominga Campos; el amor había fructificado en muchos hijos de los cuales sólo tres sobreviven a la madre... Yrigoyen, que seguirá soltero, atiende, responsablemente, a las necesidades de ellos. Le multiplica sus posibilidades financieras la austeridad con que vive: ignora el juego y la bebida; en su estancia, la casa habitación, apenas algo más que un rancho, tiene el piso de cemento y un moblaje modesto: una cama de hierro, un juego de lavatorio y unas cuantas sillas...

Se levanta al clarear el día junto con los peones y a caballo trabaja a la par de ellos; al concluir la jornada, mientras los peones duermen sus fatigas, Yrigoyen, a la luz de un candil, lee un par de horas...

Si es en la tierra y en los trabajos de campo que Yrigoyen ha hundido sus raíces y hallado su firmeza, es en los libros donde él encuentra el mensaje que le traerá, para sus horas de político, un quehacer de trascendencia... Muchas de las páginas que Yrigoyen incorporó a sus meditaciones, lo fueron como resultado de su obligada tarea de profesor: “Si quieres aprender, enseña”, decían los antiguos griegos con sobrada razón...

Entre las lecturas de Yrigoyen hay las de un autor que resulta indispensable mencionar, pues le dio un sistema de ideas coherente que Yrigoyen mostró en su conducta política: se trata del pensamiento de Carlos Cristian Federico Krause(10). El sistema krausiano supone un mundo dividido en dos modos de ser fundamentales: la naturaleza y el espíritu, unidos en la humanidad.

(10) Carlos Cristian Federico Krause (1781-1823). Filósofo alemán, docente en varias universidades de su país. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Para el krausismo, son la familia y la nación los factores fundamentales de la moralidad. El krausismo aspira a “una federación de las asociaciones universales sin sacrificio de su peculiaridad. De esta manera se llega a una Humanidad que proporciona a cada uno de sus miembros la participación en la razón suprema y en el Bien(11).

(11) José Ferrater Mora. “Diccionario de Filosofía”(1959), cuarta edición. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Difundido en Bélgica y Holanda, el krausismo llegó a Yrigoyen a través de los pensadores españoles que, en la década de 1870-1880, e identificados con el sentir republicano, vieron en el krausísmo una orientación renovadora que se enfrentó con el escolasticismo y la tradición.

Yrigoyen participó de la Revolución del 90, encrucijada ideológica desde la cual marcharon después, rumbo a todos los horizontes posibles, vidas tan distintas como las de Juan B. Justo, José Félix Uriburu, Lisandro de la Torre y Aristóbulo del Valle...

Yrigoyen aceptó -sin mucho entusiasmo- la designación de Jefe de Policía del Gobierno a instalarse después de la insurrección; es muy probable le desagradara la visible ausencia de un comando unificado y de precisas órdenes a impartirse a los grupos lanzados a la lucha... Mucho entusiasmo y poco hacer disciplinado; tal es acaso la crítica que él formularía antes y después de concluida la sedición...

Es posible que después del 90 hayan comenzado a señalarse divergencias entre Alem e Yrigoyen; temperamentos muy diversos, más dado a la oratoria y a la improvización Alem, retraído y más volcado en las tareas de paciente organización Yrigoyen, es razonable aparecieran criterios diferentes para encarar la acción política...

No debe descartarse que los vínculos de familia, cuando se aflojan, agravan las disputas... ¿Es verdad que alguien le escuchó a Alem un reproche de ingratitud para Yrigoyen: “¡Carrerito desagradecido!”, aludiendo al oficio humilde que Yrigoyen practicó hasta que Alem lo ayudó a estudiar..?

Yrigoyen habría, en cambio, señalado errores políticos del tío: “Leandro está mal rodeado...”.

Lo cierto es que en 1891, Yrigoyen aparece con un importante cargo partidario: presidente, provisorio primero y luego titular, del comité del radicalismo en la provincia de Buenos Aires... Este cargo, al individualizar su tarea, le permitiría montar la pieza más importante en su futuro...

En la insurrección de Julio de 1893, realizada con el apoyo del gabinete nacional que encabezaba Aristóbulo del Valle, figura Yrigoyen de manera destacada. Mientras Alem actúa en Rosario, Yrigoyen la inicia con partidarios de Las Flores; se desplaza luego hacia varias poblaciones del centro de la provincia, que ocupa sin mayores inconvenientes, y reforzado con los voluntarios que se le incorporan llega -al frente de fuertes milicias ciudadanas- a Témperley.

Este empalme ferroviario hace de sitio de concentración y, desde allí, con su hermano, el coronel Martín Yrigoyen, nombrado jefe militar de la sedeición, Hipólito Yrigoyen avanza sobre La Plata. El gobernador, impotente ante los acontecimientos, ha renunciado, y la capital de la provincia es ocupada sin lucha. Los rebeldes, encabezados por los hermanos Yrigoyen, desfilan por las calles de La Plata recibiendo la adhesión entusiasta de los habitantes... Yrigoyen se opone, obstinado, a aceptar el cargo de gobernador de Buenos Aires que le ofrecen los partidarios...

La insurrección muestra triunfos en Santa Fe, en San Luis... ¿Será cierto que las oligarquías están por caer así, con tanta relativa prontitud y facilidad? La insurrección radical de Julio del 93 vivió esa ingenuidad... Olvidó que todo había sido auspiciado por el gabinete en el cual Aristóbulo del Valle -como ministro de Guerra- ordenara la disolución de las ilegales milicias provinciales que apuntalaban a los gobernadores y ello había contribuido a la caída de éstos...

Pocas horas después, la oligarquía reaccionaba: presionaba al inestable presidente Luis Saenz Peña para que lo renunciara a Aristóbulo del Valle y éste, desautorizado en su política de tolerancia para los rebeldes, dejaba el poder.

Y otra ingenuidad fue la de Yrigoyen; bajo su directa responsabilidad había ordenado que el tren donde regresaba, desde el norte del país, su personal amigo Carlos Pellegrini, no fuera detenido... Así, facilitado su arribo a Buenos Aires, Pellegrini mostró que era amigo de la oligarquía: con la colaboración activa de Quintana y el pasivo nuevo viraje de Luis Saenz Peña, organizó, concienzudamente, la derrota de la insurrección de Julio...

Sin resignarse, Alem volvió a Santa Fe y antes de sesenta días encabezaba un nuevo movimiento. Pero, ausente Yrigoyen de la sedición que el 20 de Septiembre de 1893 acaudilló Alem desde Rosario, esta actitud acentuó sus diferencias con el jefe de la Unión Cívica Radical. Su no participación en el mencionado movimiento no impidió que el 21 de Septiembre lo detuvieran a Yrigoyen en su casa y lo trasladaran al crucero “9 de Julio”, para, quince días después, optar por el destierro y marchar a Montevideo...

La insurrección de Julio de 1893 concretó para Yrigoyen un serio quebranto financiero; en el deseo de allegar recursos a ella, había solicitado préstamos y para el pago de esas deudas -que carecían de documentación pues le fueron facilitadas bajo la única garantía de su palabra- debió Yrigoyen vender la estancia “El Trigo”...

Desaparecidos en 1896 Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem, se acrecientan las responsabilidades políticas de Yrigoyen. En 1897, ante la inminente renovación presidencial, dos tendencias se enfrentan en el radicalismo, una de ellas encabezada por Yrigoyen. A la convención partidaria llega una agresiva renuncia de Lisandro de la Torre:

El partido radical desde su origen ha tenido en su seno una influencia hostil y perturbadora”.

Acusa a esa influencia haber hecho fracasar la insurrección del 93 y destruir -en esos instantes- la gran política de la conciliación, anteponiendo, a las conveniencias del país y a los anhelos del partido, sentimientos pequeños e inconfesables. “Esa influencia negativa pero terrible es la de Hipólito Yrigoyen”. A la resonancia escandalosa de la acusación, se añade el duelo que se concierta entre Yrigoyen y Lisandro de la Torre, a realizarse en San Fernando(12).

(12) El duelo se verificó el 6 de Septiembre de 1897. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Uno de los padrinos de Yrigoyen es Marcelo Torcuato de Alvear. Yrigoyen, que reclama en su carácter de ofendido el derecho de elegir el arma, solicita que sea a sable con filo contrafilo y punta... Parece demasiado sable; Yrigoyen no había empuñado jamás dicha arma y en cambio Lisandro de la Torre era consumado espadachín...

En el deseo de mejorar las defensas de Yrigoyen, Alvear insiste en que su ahijado reciba algunas nociones preparatorias y le envía su propio profesor de esgrima... Semejante pedagogía resultó inoperante; el día del encuentro, Yrigoyen usó el sable como si fuera un hacha y, superando la habilidad de su contrincante, lo hirió en la cara ocasionándole una hemorragia que determinó finalizara el combate.

Los duelistas no se reconciliaron y Lisandro de la Torre cubrirá con la barba -que usó a partir de entonces- la cicatriz facial que le había dejado el adversario...

Yrigoyen resultó el jefe de un partido que hizo tajante condenación de un sistema que encaramaba autoridades por medio de elecciones fraudulentas y las sostenía por la fuerza... Para los radicales de Yrigoyen, el único remedio pareció eliminar el fraude y el camino para lograr esto el de la insurrección.

De ahí que las horas de Yrigoyen se repartieran en atender las tareas de campo que le posibilitaran rehacer su patrimonio, dictar sus clases de profesor y, desde luego, la principalísima de conspirador...

En sus sueños de pureza democrática lo siguió acompañando un grupo de civiles para quienes Yrigoyen fue el oráculo... Pero la insurrección a cumplirse debía, en lo fundamental, contar con el apoyo de jefes y oficiales del Ejército de diversas guarniciones... Yrigoyen enviaba a los probables insurgentes, emisarios que viajaban al Interior, iniciaban los contactos y concretaban las entrevistas con Yrigoyen a verificarse después en Buenos Aires(13).

(13) Las entrevistas se verifican en el domicilio de Yrigoyen, en la Escuela Normal donde era profesor, en un salón de redacción de “La Prensa”, en diversos estudios jurídicos, en el Hotel España, en el hall del Banco de Londres y Río de la Plata, y hasta en los bancos de Plaza Italia, señala Roberto Etchepareborda. “Tres Revoluciones” (Agosto de 1968). Ed. Pleamar. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La policía, conocedora de esta actividad, vigilaba a Yrigoyen y éste terminó adquiriendo una indudable veteranía para desaparecer tras una casa o edificio que tuviera otra puerta inadvertida, o descolgarse, a la vuelta de una esquina, del coche de caballos en que iba y que continuaba su marcha sin el jefe conspirador...

En las conversaciones con los oficiales, Yrigoyen invocaba consignas exentas de beneficios personales y sólo atingentes a los sentimientos de progreso colectivo. Es fama que en este trabajo de persuasión los resultados eran extraordinariamente convincentes:

Les hablaba, según cuadrase, ya con dulzura, ya con calor, ya con energía; elevaba poco a poco el tono hasta llegar a las copas de la grandilocuencia, que es donde más le gustaba hacer planear su avión; a esa altura describía el cuadro sombrío del presente y la visión luminosa del porvenir; invocaba, entonces, el deber, el honor, la gloria, la patria...”; “... y todo ello vibraba en el timbre persuasivo de su voz(14).

(14) Carlos Rodríguez Larreta. “Las Cumbres de la Historia”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Preparada la revuelta para estallar en Septiembre de 1904, se calcula aprisionar al general Roca que ejercía la presidencia de la Nación y, como lo relataría el propio Yrigoyen, la detención debía cumplirse “de manera que el general Roca no pudiera hacer resistencia y no sufriera daño alguno ni dañara a quienes iban a tomarlo”. Y el encargado de esta misión, “se correría enseguida a tranquilizar a la familia de Roca, haciéndole saber que al presidente no le había ocurrido nada, ni sufriría en su detención la menor molestia(15).

(15) Roberto Etchepareborda. “Tres Revoluciones” (Agosto de 1968). Ed. Pleamar. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Aplazada para una fecha posterior, cuando la insurrección se hizo, el 4 de Febrero de 1905, delaciones oportunamente recibidas por el Gobierno permitieron al presidente Quintana hacerla abortar en la capital y fracasar en el resto del país. El episodio más resonante tuvo por escenario a Córdoba, donde un audaz golpe de mano permitió a los rebeldes apoderarse del vicepresidente de la República, José Figueroa Alcorta.

Yrigoyen, que según el plan convenido debía concentrarse con algunos civiles y militares en el Arsenal de Guerra, advertido que ya estaban allí fuerzas armadas comandadas por el propio ministro de Guerra, se retiró; por unos días se ocultó en diversos domicilios “antes de presentarse ante la Justicia, para hacerse él solo responsable de los acontecimientos...(16).

(16) Roberto Etchepareborda. “Tres Revoluciones” (Agosto de 1968). Ed. Pleamar. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Un decreto de cesantía de Yrigoyen como profesor de historia y filosofía puso, tras veinticuatro años, punto final a su tarea docente... No la olvidaría; la filosofía “krausista” y la historia argentina seguirían vinculadas a su quehacer político...

El fracaso de la insurrección del 4 de Febrero no dejó un saldo totalmente negativo... Cuando, después del fallecimiento de Quintana, el doctor José Figueroa Alcorta asumió la presidencia, el proyecto de amnistía para los militares partícipes de esa revuelta reabrió un esclarecedor debate sobre la situación institucional de la República.

Desde su banca en la Cámara de Diputados, Pellegrini, ahora distanciado de Roca, rectificaba su posición de diez años antes y afirmaba:

¿Cuál es la autoridad que podríamos invocar para dar estas leyes de perdón? ¿Quién perdona a quién? ¿Quién nos perdonará a nosotros? ¿Es acaso cobijando todas las oligarquías y aprobando todos los fraudes y todas las violencias? ¿Es acaso arrebatando al pueblo sus derechos y cerrando las puertas a toda reclamación?

La comprensión que estas palabras de Pellegrini evidenciaban se vieron completadas por la acción del presidente Figueroa Alcorta, que tenazmente “desmantelaba” al “roquismo” y auspiciaba -para sucederlo en la Primera Magistratura- a Roque Saenz Peña, antiguo adversario de “el Zorro” y partidario de buscar, en nuevos sistemas de elección, la necesaria pureza del sufragio...

A este enfoque contribuyó Yrigoyen. Mantuvo entrevistas con Figueroa Alcorta y Roque Saenz Peña, reiteró que su partido no aceptaba cargos para compartir el Gobierno y anticipó que, de modificarse el sistema electoral y garantizarse la verdad comicial, el radicalismo abandonaría su abstención revolucionaria y aceptaría concurrir a las urnas.

La lealtad de Roque Saenz Peña, que auspició desde el poder el cambio de la legislación electoral y presidió comicios imparciales, y la subsiguiente conducta de Victorino de la Plaza que adoptó -al asumir la presidencia- la misma actitud, permitieron que en sucesivas convocatorias el radicalismo mostrara su volumen ciudadano.

Triunfante en la elección de gobernador de Santa Fe y en la de diputados nacionales en la Capital Federal (año de 1914), Yrigoyen alcanzó -en 1916- la presidencia. El partido debió insistir para que aceptara la candidatura. Luego se comprobó la inalterable confianza en sí mismo que tenía Yrigoyen: cuando una disidencia partidaria en Santa Fe hizo peligrar la necesaria mayoría de electores, Yrigoyen se negó a cualquier negociación con el grupo disidente y éste fue quien espontáneamente debió rectificarse.

El día de la transmisión del mando, el 12 de Octubre de 1916, por primera vez en la historia de los presidentes argentinos, el que abandonaba el cargo, Victorino de la Plaza, e Hipólito Yrigoyen, que llegaba al poder, recién se conocían...

En el Gobierno, Yrigoyen introdujo prácticas novedosas... En general los ministros no fueron elegidos entre los hombres de mayor fuste intelectual del partido y largos y cotidianos acuerdos de gabinete mostraron -sin disimulo- la vigilante influencia del presidente en todas las resoluciones del Poder Ejecutivo.

Yrigoyen no se preocupó de que los ministres contestaran personalmente, según era tradicional, las interpelaciones parlamentarias, y éstas se satisfacían mediante comunicaciones escritas... Para las carteras militares designó colaboradores civiles y no a jefes de las Fuerzas Armadas...

Se limitaron al mínimo las recepciones diplomáticas y sociales; resaltaron en cambio frecuentes las visitas al despacho presidencial de delegaciones obreras y estudiantiles. La función pública sufrió una evidente democratización; la anchurosa clase media, tan típica expresión de la dinámica social traída por los inmigrantes, penetró en la Administración Nacional, en el Poder Judicial y conquistó buena parte del profesorado universitario.

Claro está que, clase media al fin, muchos de quienes la integraban interpretaron esa mejora lograda como si el mundo al que acababan de ingresar debiera ser el definitivo... Psicológicamente cerraron tras ellos las puertas del acceso obtenido y sobre las mismas colocaron el egoísta y conservador cartelito de: “No perturbar...”.

La insurrección de 1930 rompería el cartelito ... y no sólo psicológicamente...

Yrigoyen acentuó el carácter argentino y americano del país. Lo hizo reiterando, ante la guerra europea iniciada en 1914, la neutralidad ya proclamada por el presidente De la Plaza y mostrándose reacio a los deseos “rupturistas” del Congreso, que votó a favor de nuestra incorporación al bando Aliado. Por esa equidistancia, que le valió el respeto del bando alemán, obtuvo de éste que los submarinos germanos no perturbaran el indispensable tráfico de nuestro comercio exterior.

Pero fue terminada la contienda, y en el escenario de Ginebra donde la naciente Sociedad de las Naciones -esperanzaba con la convivencia pacífica de los pueblos- cuando Yrigoyen mostró su resolución de que la Argentina contribuyera a superar la violencia, y la paz se asentara renunciando discriminar entre vencedores, neutrales y vencidos de la contienda que acababa de concluir.

Como ese criterio no fue aceptado, Yrigoyen no vaciló en ordenar el retiro de la delegación enviada (Diciembre de 1920), y en manifestaciones que se hicieron públicas, el sabor “krausista” de su idealismo, le inspira a Yrigoyen afirmar que la Argentina ha asistido a la Asamblea sin prejuicios ni inclinaciones, llevando en su definición de conceptos “la unción santa de una nueva vida universal que siente y profesa profundamente...”. Y si bien se ha encontrado sola, “sentíase poderosa para llevar al seno de la Humanidad el aporte de su concurso...”; “... íntimamente convencida de que al fin la suprema justicia se impondrá en el mundo...”.

La visión nacional y continental de Yrigoyen la probaría, entre otros hechos, la construcción del ferrocarril de Huaytiquina. Partiendo de Salta, el mismo debía vincular el Norte argentino con las costas del Pacífico, valorizadas para el intercambio comercial desde la inauguración del Canal de Panamá.

En las universidades aceptó Yrigoyen la renovación de los planes de estudio y los sistemas de gobierno de las mismas, reclamos formulados por los estudiantes del llamado movimiento reformista. La trascendencia de este movimiento quedó documentada en la frase que figura en el inicial manifiesto juvenil: “Estamos pisando una hora americana...”.

Yrigoyen defendió, previsoramente, la riqueza petrolífera del país y rectificó a algún gobernador que intentó, desaprensivamente, enajenar la tierra fiscal de su provincia.

Una mejora del ciento por ciento en los salarios reales, sí modificó favorablemente algunos aspectos de la vida de la clase obrera; no llegó a impedir se realizaran huelgas con desbordes anárquicos y saldos tan sangrientos como lamentables... La presidencia de Yrigoyen correspondía a una época en la cual las conmociones sociales, al concluir en 1918 la guerra europea, difundían por el mundo capitalista, protestas violentas...

No facilitaría transitar caminos de entendimiento, el sentido intolerante de muchos empresarios ni la actitud equívoca de profesionales que, militando en el radicalismo, pretendían servir intereses que no eran precisamente populares...

Combatido por los diarios más importantes del país, ridiculizado por los caricaturistas con una agresividad hasta entonces ignorada en la política, el material que más se utilizó para atacarlo fue el de un prolijo inventario de las características personales de Yrigoyen.

Su atuendo, que no seguía el ritmo de la moda; el lenguaje de sus escritos, mechado de términos nada comunes; su callada hurañez... Esto último hizo que por analogía campera, a Yrigoyen se le apodara “el Peludo”... Pero nada le quitó popularidad...

Por esa curiosa ley de atracción de los contrarios, la gran ciudad sobrada de gente afanosa de riquezas y de vanidosas ostentaciones, sobrada de gente preocupada para hablar largo de sí misma, resultó conquistada por este hombre silencioso que, desinteresado, había regalado su sueldo de presidente a la Sociedad de Beneficencia y seguía alojándose en su pobre casa vecinal de siempre, vestida con el moblaje ascético de antes...

Aunque en esa casa hubo, sí, unas burbujas, única infracción a la modestia: Hipólito Yrigoyen almorzaba con champagne francés...

Fue en los sectores humildes donde más enraizó la obra y la figura de Yrigoyen... De ahí que al concluir su período presidencial, continuaba su indiscutible dominio sobre el partido y, por consiguiente, en condiciones de señalar el candidato a sucederlo...

Por otra parte, como los setenta años lo mostraban disfrutando de un físico vigoroso, el día que Alvear asumía la Primera Magistratura era fácil prever que Yrigoyen seguiría gravitando...

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