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GOBIERNO DE ADOLFO CONTTE

Desde el 11 de Agosto de 1919 (fecha en que recibió el P. E. de la Intervención Federal) al 25 de Diciembre de 1921, administrará la provincia el doctor Adolfo Contte. Lo acompañó en el P. E. como vicegobernador, Edmundo Resoagli. Contte es el 40mo. gobernador constitucional propietario de Corrientes.

Elegido y en posesión del P. E. previo juramento de obediencia al orden de las instituciones, el gobernador de la provincia lo ejerce durante el período constitucional, de tres años hasta 1889 y de cuatro a contar de la reforma de ese año(1).

(1) La entrega del mando al gobernador electo, por el cesante, había sido determinada por ley del 19 de Diciembre de 1828. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Instituciones de la provincia de Corrientes” (1922). J. Lajouane & Cia. Editores - Librería Nacional, Buenos Aires.

Hasta la reforma de 1856 en que -ya organizada la República- se afirmaron los valores políticos, sucedía a veces que las vicisitudes de la guerra dificultaban la renovación de los poderes y, en ese caso alguna vez los Congresos de Corrientes resolvieron prorrogarse y extender también el período de mando del gobernador hasta que las condiciones permitieran el procedimiento eleccionario.

La serenidad de los hábitos y más que todo la provisión -en dicha reforma- del subrogante, imposibilitó esta práctica antidemocrática, que la Constitución de ese año y las posteriores obstaculizan en absoluto al declarar que los gobernadores cesan en el mando el mismo día que termina el período, sin que evento alguno justifique su prórroga o el que se les compete el término.

No es ésta la única finalidad del precepto; su estudio afirma en el concepto de que las Constituciones correntinas han querido estabilizar los períodos del gobernador en forma que sus plazos se alternen con los períodos asignados a otras magistraturas, sin sacrificio de la estabilidad institucional.

Entendiéndolo así, la Intervención Federal que gobernara la provincia desde fines del período del doctor Mariano Indalecio Loza (1917) hasta mediados de 1919, puso en posesión del P. E. al gobernador electo, doctor Adolfo Contte, con cese al 25 de Diciembre de 1921(2), vale decir, por dos años y meses en vez de los cuatro del período normal.

(2) Desde 1821, el cese y establecimiento regular del Poder Ejecutivo se efectúa los 25 de Diciembre. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Instituciones de la provincia de Corrientes” (1922). J. Lajouane & Cia. Editores - Librería Nacional, Buenos Aires.

- El Gobierno del doctor Contte; su carácter temperado

Si el doctor Adolfo Contte ocupaba el Poder Ejecutivo sin compromisos políticos que ataran su iniciativa -de acuerdo a las notificaciones que le formularon sus electores- no es menos exacto que su designación se produjo por pertenecer al partido liberal, cuya bandera seguía manteniendo como inspirador del grupo de liberales tradicionalistas que se opusieron a entrar en la Concentración Cívica.

Su exaltación al Gobierno significaba para los hombres dirigentes de los partidos conservadores correntinos, sin oírlo ni consultarlo, y por la sola definición de su personalidad, establecer un régimen de concordia, tender a una política de acuerdo y reintegrar en su unidad y personalidad a las fuerzas históricas de la provincia, los partidos autonomista y liberal.

Así también lo entendió el doctor Contte. Convencido de que debía llevar a los dos Ministerios del Poder Ejecutivo a hombres de los dos partidos, pero sin convertirlos en algo así como reductos o cantones de sus correligionarios respectivos, eligió dos personalidades alejadas de la política militante o de detalle, encontrando reunidas estas calidades en el doctor Domingo Danuzzo, autonomista -de exclusiva actuación judiciaria- y en el doctor J. Honorio Silgueira, liberal, jurista de nota con larga residencia en la capital de la República y en la provincia de Buenos Aires, donde había definido calidades sobresalientes.

El doctor Silgueira no lo acompañó todo el período; razones de orden privado, cuando la paz se hizo en el campo político, lleváronlo a reintegrarse a su actividad profesional, sustituyéndolo en la secretaría de Gobierno, Manuel Cabral (hijo).

- Administración: política fiscal

Días antes de procederse, por la Intervención Federal, a la entrega del Poder Ejecutivo al doctor Contte, le fue notificado que el suceso implicaría la cesantía de hecho de todo el personal de funcionarios y empleados. Y si a esto agregamos era público que el Jefe de Policía de la misma, coronel Alfonso, había retirado el armamento moderno de propiedad de la provincia, reputándolo por de la Nación, dado su tipo, tendremos definidas las dificultades de esa hora y la tarea que a breve plazo debía llenarse por el gobernante electo.

Con la buena voluntad de todos y armas que se dijeron pertenecer a dirigentes autonomistas, la nueva situación pudo hacer frente a los servicios públicos y custodiar el orden, en las cárceles y en el pueblo, mientras reorganizaba con actos sucesivos la Administración General.

Era necesario un reajuste de todo el organismo institucional de la provincia, en que la Intervención había innovado ex legis, fundada en la prepotencia presidencial. Si el Presupuesto, donde se dan recursos y se definen las actividades del Estado, tiene la clave de la individualidad de un cuerpo administrativo, en nuestro caso la Intervención Nacional había obrado fuera de las leyes correntinas, estableciendo los Presupuestos por acuerdos.

Al llegar el doctor Contte al Gobierno -en 1919- regía uno establecido el 30 de Enero de ese año, en el que se consultaban las mil exigencias de un personal en buena parte importado por la Intervención y, claro está, que el primer acto de Gobierno fue restituir el manejo de la renta fiscal dentro de las normas constitucionales, declarando en vigencia (20 de Agosto) el último Presupuesto sancionado por las Cámaras correntinas.

Era éste el establecido para 1913, que una ley del 31 de Diciembre de ese año había puesto en vigor para 1914, de un monto nominal de 2.007.869 pesos, mientras el de la Intervención ascendía a 4.143.525 pesos, sin incluir las contribuciones del Fisco para municipalidades y escuelas.

En los meses transcurridos de 1919, la misión federal había gastado 2.500.018 pesos, dejando fondos en Caja equivalentes en más o menos, a las cuentas impagas. Con este instrumento modesto de Gobierno se iniciaron las tareas de la nueva Administración, circunstancia providencial porque la renta pública empezó a disminuir como consecuencia del malestar económico en toda la Nación.

Su medida, para la provincia, puede tenerse al establecer que las entradas fiscales en 1919 fueron inferiores en 400.000 pesos a las de 1918.

Para establecer las bases de la política fiscal, como para el reajuste del mecanismo de contabilidad y recaudación, el Poder Ejecutivo confió -por decreto del 24 de Febrero de 1920- a una Comisión de Contadores Interventores de fama mundial, el estudio de las finanzas y la economía correntinas. Resultó establecido que la provincia poseía bienes fiscales de toda especie por un valor nominal de 20.000.000 de pesos, como los totales de los créditos por impuestos, que se abonan a base de padrones, cuyo manejo deficiente databa de años.

Reformas de diversa naturaleza en el mecanismo de cobro de impuestos y de su manejo permitieron se hiciera frente con regularidad relativa a los gastos presupuestados, sobre todo cuando se incorporaron -en 1920- dos nuevas fuentes de renta: el Impuesto al Tabaco Elaborado y el de las Sucesiones.

Hubo en ese año un verdadero reajuste del organismo económico provincial. Hasta el 31 de Diciembre de 1919 habían regido las leyes de impuestos de 1913, por lo que -con el apoyo legislativo- se aumentó en 1920 el quantum de los impuestos en una forma gradual y buscando que ello gravitase sobre las fortunas cuantiosas.

Lo mismo se efectuó para 1921, con un criterio tan prudente que el aumento en el impuesto de contribución territorial resultó en la práctica insignificante, porque se mantuvieron las antiguas avaluaciones. Más aún; estas avaluaciones se estipularon de acuerdo a zonas y calidades, no apreciándose para nada las instalaciones ganaderas, mejoras de toda naturaleza y quintas de frutales o arboledas en general. De ahí que el impuesto fuese prácticamente como un gravamen a la tierra libre del mayor valor por las adherencias del trabajo.

La innovación más importante del período, en materia fiscal, fue el cambio fundamental del concepto que inspiraba el viejo Impuesto al Ganado, que se percibía en el momento de su venta.

El Estado dependía de las operaciones ganaderas; cobraba su renta si las enajenaciones eran regulares, y veía en ruinas su Caja si ellas se estancaban. Al aspecto fiscal del equivocado sistema agregábase la cómoda situación de los hacendados que no estaban urgidos por la venta de sus productos y no pagaban impuestos, por el fácil crédito bancario que les asistía.

Por las mismas razones, en vez de buscar o crearse mercados para sus haciendas, dejábanse estar con perjuicio general de la economía de la provincia.

Propuso el Poder Ejecutivo -y las Cámaras sancionaron- una ley por la que en concepto de impuesto al ganado se cobraba una pequeña cuota por hectárea, según zonas inteligentemente definidas. Pagábase sin tomar en cuenta el número de los ganados del propietario y aún cuando los campos estuviesen vacíos.

En la práctica, la innovación tuvo dos consecuencias loables que los años transcurridos permiten enunciar con fundamento: fue la primera el que el estanciero racionalizase su ganadería, mejorara sus productos y no mantuviese sus campos libres de utilización o, en otras palabras, la mejora del rodeo provincial en número y calidad; y, la segunda, el de que los mismos hacendados apresuraran la venta de sus haciendas, compitiendo en el abasto de los pueblos, correteándolos con actividad o reuniéndose en cooperativas para la producción de tasajo.

Además del gran número de hacendados que se interesaron en el saladero de Concordia, se organizaron otros en Santo Tomé y Mercedes, y hasta el de Lavalle entró en actividad.

La preocupación financiera comprendió el estado de la deuda externa de la provincia, cuyo servicio habíase suspendido desde la Administración del doctor Mariano I. Loza. La Intervención Federal que le siguió hizo entregas en concepto de intereses, pero no por todo el tiempo de su gestión.

El doctor Contte se preocupó con preferencia del asunto; sin aludir a sus empeños en arreglar ese empréstito aprovechándose del estado del cambio, que resultó imposible dados los términos del bono general, en el que se habían limitado las estipulaciones del contrato original, cabe consignar cuidó de conservar el patrimonio de la provincia y la propia garantía de ese empréstito, interviniendo la contabilidad de los Ferrocarriles Económicos, haciendo inventario de sus existencias, evitando -en una palabra- el manejo ad libitum de sus bienes en perjuicio de su capital.

Esa empresa era deudora de la mayor parte del empréstito externo correntino, habiéndose habituado a no entregar centavo alguno a la provincia y a dispersar su material, desde el periodo del doctor Loza, en que fue pública la salida de rieles y locomotoras sin uso con anuencia del propio Gobierno.

 

- Obras públicas

 

Aún cuando la crisis del Tesoro lo explica, este período fue estéril en obras materiales. Con excepción de reformas al edificio de “La Pólvora” que pasó a ser hospital de infecciosos, y mejoras en los de la receptoría de Curuzú Cuatiá, Palacio de Gobierno, comisaría de Mercedes, Cárcel Penitenciaria, etc., sólo deben mencionarse un puente en el camino de la Costa, que sale de la capital, y un juego de zanjas y terraplenes para evitar las inundaciones que producían en el distrito de la capital las lagunas Valenzuela, Lomas y Pampín.

- Instrucción pública, régimen municipal, las nuevas ciudades, etc.

El saldo de la obra administrativa consiste en sus iniciativas en cuanto a la Instrucción Pública y en lo que respecta al régimen municipal.

En cuanto al problema educacional, el doctor Contte lo puso en manos de un conocido especialista del país, el doctor José B. Zubiaur quien, sin embargo, llegaba al cargo en las postrimerías de su brillante carrera, y sin las energías necesarias para doblar su pensamiento en acción.

Contó la provincia -en 1920- con 135 escuelas de primera enseñanza, número superior al que tuvieron en el período del doctor Loza los establecimientos provinciales, y con cuatro de un carácter especializado, incluso una escuela-cantina para los menores de actividades callejeras.

El pensamiento fue dar a la enseñanza una tendencia eminentemente práctica y utilitaria, a base del empleo de las materias primas brindadas por la rica naturaleza de Corrientes, creando manualidades que pudiesen lograr un mercado abundante de consumo.

Mucho se hizo al respecto; junto a ello, personal técnico divulgó los elementos primos de la agronomía, estableciéndose la granja escolar y, como anexo, sociedades de cooperación que usaban los recursos obtenidos y los de cuotas voluntarias, en subvenir a las necesidades más premiosas del alumnado.

La copa de leche, la galleta, el puchero -según las características de los vencindarios- hicieron mucho bien a la infancia sembrando ideas de solidaridad. Todo este noble empeño se vino a tierra en el período gubernativo que va a seguir al del doctor Contte, como consecuencia del personalismo de los hombres del Poder Ejecutivo.

En lo que respecta a las municipalidades correntinas, la obra oficial significó una verdadera reparación democrática. Al estudiar la reforma constitucional de 1913 consignamos fue su base limitar la acción de las comunas a los límites de los ejidos de cada pueblo, como distribuir los municipios en tres categoráis: los autónomos; los sujetos al gobierno de comisiones municipales; y aquéllos con comisiones de fomento. En estas últimas comunas, sus autoridades no tenían un origen popular, desde que eran designadas por el Poder Ejecutivo.

Dependiendo la categoría o dignación de cada Municipio de su población y de su renta, y no habiéndose dictado la Ley Orgánica reglamentaria de la reforma, el ex gobernador Mariano Loza se creyó capacitado para avocarse el asunto, ante la inacción legislativa, resolviéndolo con decretos. Con ese criterio, dio una resolución duramente criticada en su hora, en la que con carácter provisorio dividió en categorías a las comunas de la provincia, teniendo en cuenta las condiciones de renta y población del año y aplicándolas con rigorismo matemático.

Como la reforma constitucional había sido severa al determinar la una y la otra, resultaron muchas comunas despojadas de su Gobierno propio, de origen popular, reduciéndoselas a comisiones de fomento.

En aquél entonces, los partidos autonomista y radical protestaron; las libertades públicas conquistadas por una comunidad no pueden perderse, desde que nadie marcha hacia la servidumbre; y así como una provincia argentina no podría dejar de serlo, ni perder representación en el Congreso -por disminución de sus habitantes- una comuna de libre gobierno no podía descender a sucursal del Poder Ejecutivo por la elevación del quantum de su población y de su renta.

Fuera de toda duda, el Gobierno del doctor Loza, al proceder en esta forma, había consultado su interés político, frente a la oposición formidable que logró conquistarse, situación irregular que no fue resuelta por la Intervención Federal que le siguió, reducida a reorganizar las autoridades del Gobierno General de Corrientes.

Sobre estos antecedentes, el doctor Contte buscó una reparación democrática en el régimen de las comunas. Propuso y logró la Ley de Emergencia Nro. 260 sobre cuidado y custodia de los intereses municipales -para lo que se creyó sin facultades- y consignación de las bases como punto de partida para reorganizar los Municipios así que fuese dada su Ley Orgánica.

El 6 de Octubre (1919), el Poder Ejecutivo aplicó esta ley y en los dos meses siguientes ya entraban en vigencia la Orgánica de las Municipalidades y otra autorizándolo a clasificar provisionalmente las Comunas y fijar sus jurisdicciones.

Dio entonces el Poder Ejecutivo un decreto en que reparó de hecho las demasías del ex gobernador Loza, restableciendo el Gobierno popular en buen número de comunas y exaltando a la categoría de municipalidades autónomas a Curuzú Cuatiá y Mercedes.

Cuando esa nueva clasificación, puesta en vigencia de inmediato, se elevó el 4 de Junio de 1924 a las Honorables Cámaras, la opinión pública estuvo con el gobernante, precipitando la ley aprobatoria de Septiembre del mismo año.

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