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MARCELO TORCUATO DE ALVEAR, PRESIDENTE

La historia de la Revolución de Mayo y de la Guerra de la Independencia la aprendió -antes que en los colegios- en los retratos, en los documentos y en la evocación oral de los descendientes de los protagonistas... ¿No era nieto de ese General, brillante y ambicioso, que fue Carlos María de Alvear, capaz de ser ministro de Guerra de Rivadavia y luego embajador de Rosas en los Estados Unidos?

Ya muchacho vio y oyó, en la casa de su padre, don Torcuato de Alvear, tejer los hilos de la historia argentina contemporánea. Supo de los personajes desde la intimidad de las sobremesas y de los apodos: “el Zorro”, era Roca; “Taquito”, era Avellaneda; “el Gringo”, era Pellegrini...

Hoy son nombres de próceres de las calles en la ciudad que el propio don Torcuato, ejecutivo intendente porteño, modernizaba, teniendo a París como modelo...

Desbordando este marco familiar de minorías tradicionales, el joven Marcelo entró en la política por la puerta grande de las agitaciones ciudadanas que surgen oxigenadas en la plaza pública. Lo hizo afiliado públicamente a un partido al que ayudó a nacer... Y murió, entregando a ese partido y sin metáfora, los últimos instantes de su vida. No renegó de su cuna; simplemente hizo de ella una actualizada y democrática ampliación...

Cursaba la Facultad de Derecho cuando figura entre los universitarios que señalan su disconformidad con el “unicato” de Juárez Celman e invitan a la ciudadanía al mitin del Jardín Florida, en Septiembre de 1889... Tan importante resultó el acto, que él ha podido señalarse como el primer síntoma público de la reacción del país contra los vicios institucionales y políticos entonces predominantes.

La entidad organizadora del mitin que Alvear integraba, era la Unión Cívica de la Juventud; fue tal la adhesión de hombres maduros y de personalidades presentes -entre ellos Mitre, Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem- que la entidad pasó a ser pronto menos joven en su dirección pero ampliada en su humana latitud, adoptó la más razonable designación de Unión Cívica.

No encontrando solución pacífica para su disconformidad, la Unión Cívica preparó la protesta armada del 26 de Julio de 1890, y Alvear participó de ella(1).

(1) La Revolución de 1890 se denomina también “del Parque’’, por ser el Parque de Artillería -en la actual plaza Lavalle- el principal lugar de ella. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En 1891 se recibió de abogado; su tesis para optar al grado de Doctor en Jurisprudencia se titulaba “De los Albaceas”. Compañeros de su misma camada de egreso de la Facultad fueron, entre otros, sus amigos Tomás Le Bretón y Leopoldo Melo.

En 1892, Alvear integra el núcleo que en disidencia con la política “del Acuerdo”, auspiciada por Mitre y Roca para las elecciones presidenciales de ese año, constituyó, bajo la jefatura de Leandro N. Alem, la Unión Cívica Radical. De ahí que la insurrección de Julio de 1893 -dirigida por Alem, y auspiciada desde el poder por Aristóbulo del Valle- se lo contara a Alvear entre sus combatientes decididos: al frente de 75 civiles armados, Alvear cumplió con éxito la misión encomendada de apoderarse de la comisaría y de la estación de Témperley, esta última importante “nudo” ferroviario.

Triunfante el movimiento en la provincia de Buenos Aires e instalado en La Plata un Gobierno rebelde, Alvear fue nombrado ministro de Obras de él. Un brusco viraje de la política nacional, al negarse el presidente Luis Saenz Peña a seguir apoyando el rumbo que señalaba el gabinete de Aristóbulo del Valle, provocó -días después- la caída de éste y el fin de las autoridades insurrectas de la provincia.

La dura represión del ministerio de Quintana le hizo conocer a Alvear -como a otros muchos partidarios de la Unión Cívica- la cárcel y el destierro... Luego, en 1896, la muerte de Aristóbulo del Valle (víctima de una apoplejía fulminante, el 29 de Enero) y el suicidio de Alem (en Julio), deben sumarse a las preocupaciones del país por el conflicto de límites con Chile, para explicar la falta de exteriorizaciones revolucionarias del radicalismo.

De su actuación en Témperley resultaría para Alvear una valiosa y perdurable vinculación: la amistad personal -no sólo política- con Hipólito Yrigoyen. Este, sobrino de Alem y heredero de la jefatura de la Unión Cívica Radical, le mostraría a partir de ese momento una evidente simpatía. En 1897, Alvear es uno de los padrinos de Yrigoyen en el duelo suscitado entre Yrigoyen y Lisandro de la Torre. El mismo año, en una clara disidencia con un sector del partido que sigue a Bernardo de Irigoyen, Hipólito Yrigoyen suscribe una afirmación doctrinaria adversa a todo entendimiento con las fuerzas de la oligarquía tradicional. Y la firma de Marcelo Torcuato de Alvear está junto a esa definitoria actitud de Hipólito Yrigoyen.

Alvear no fue indiferente a las preocupaciones suscitadas en el orden internacional por el conflicto de límites con Chile y a los preparativos bélicos del país cumplidos en previsión de que la paz fuera alterada. Con el grado de Teniente Coronel de las Guardias Nacionales participó de las maniobras de Cura Malal cumplidas en 1898.

Luego, durante la pausa política ya señalada, volcó sus energías en una vocacional actividad deportiva. La esgrima, la equitación, el tiro al blanco, lo vieron destacarse. El manejo de máquinas -entonces novedosas- suscitaron el entusiasmo de Alvear: en 1900, con su vehículo “Locomotive”, ganó la primera carrera automovilística realizada en el país.

El físico alto y atlético daba soporte a un espíritu que no desertaba de los salones y de las tertulias amables, en las cuales se le escuchaba con simpatía y con indulgencia para el ceceo que demoraba sus palabras... Temperamento espontáneo, generoso y firme en la amistad, sin preocupaciones ante las necesidades primarias pues le correspondieron por herencia bienes cuantiosos, claro está que no precisaba empeñarse mucho para ser un afortunado en amores...

Es posible sin embargo que nada perdurable resultara de esas aventuras y que el amor se le apareciera por primera vez, y sorpresivamente, recién en un teatro del Buenos Aires de 1898. Una voz femenina que cantaba en el escenario, imantó allí a Alvear y él resolvió seguir escuchándola. Viajó tras ella; la siguió a Europa con cambio de escenarios y de países...

La persiguió obstinado; cuando se hablaron y entendieron, el impetuoso soltero resultó encontrando, en la dueña de esa voz, el puerto donde se echan todas las anclas... Se llamaba Regina Pacini; hija de un barítono italiano y de una dama portuguesa, Regina ya había recibido, de la famosa Adelina Patti, el espaldarazo de la sucesión en el expresivo canoro del teatro lineo...

Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini se casaron en Europa en 1906. La dignidad comprensiva de la pareja aseguró la felicidad hogareña. Ella renunció a los halagos del público y de los aplausos... Retirada del teatro, compartiría -años después- señorialmente, los relieves sociales del poder presidencial... Y también los sinsabores de la adversidad política, cuando los Gobiernos de los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo quisieron silenciar la voz de Alvear como dirigente opositor.

En los años que siguieron, Alvear residió en Europa y era en la Argentina poco más que una visita...

La sociabilidad vinculaba allá al matrimonio de Marcelo de Alvear y de doña Regina Pacini con personalidades francesas y europeas. En la hospitalidad generosa de ellos, cabía anotar gentes de las artes y de las letras, de la política, de la aristocracia...

Alvear había ido frecuentando lecturas provechosas, depurando la gustación conocedora de los cuadros, reteniendo la alucinante resonancia de las palabras y el juego fisonómico que son dimensiones del teatro... En la intimidad de esas tertulias reducidas, Regina brindada complacida sus dotes de cantante y se curaba un poco de las nostalgias de los escenarios que abandonara a cambio del amor por Alvear...

La política no le retenía en el país... El radicalismo dirigido por Hipólito Yrigoyen seguía en la abstención electoral y en la prédica de movimientos sediciosos... Claro que los años habían traído cambios: el poder presidencial se había acentuado; eran menos importantes los Gobiernos provinciales; y había perdido categoría bélica la Guardia Nacional, armada de Remingtons...

La insurrección que obstinadamente preparaba Yrigoyen tenía cada vez más calor de cuartel con militares profesionales que de cantones con civiles corajudos... El movimiento de 1905, contra el presidente Quintana, había fracasado; Alvear no figuró en él para nada.

Roque Saenz Peña y su ley electoral modificaron -en 1912- el horizonte institucional y político del país. Consiguientemente concluye la abstención radical; el partido que dirige Hipólito Yrigoyen se presentará en las elecciones.

En la lista de candidatos a diputados por la capital figura Marcelo Torcuato de Alvear. Triunfante esta lista, Alvear se incorpora a la Cámara.

De su actuación parlamentaria puede recordarse que, presidente de la Comisión de Casas Baratas, al aludirse al problema de la vivienda, señaló: “... el alojamiento estrecho, malsano y caro es, seguramente, el mayor proveedor del asilo, del hospital y de la cárcel...”.

Proyectó una ley de accidentes del trabajo que obligaba a los patrones a asegurar a su exclusivo costo a obreros y empleados.

En 1914, en una enérgica interpelación al ministro de Guerra, Alvear censuró la gestión del mismo a propósito de las recientes maniobras que -a juicio del diputado interpelante- habían probado “que la alta dirección del Ejército es incompetente”; “lejos de mi espíritu el criticar a los jefes y oficiales...”, “...el único responsable es el ministro de Guerra...”.

Reelegido diputado, representaba a la provincia de Buenos Aires cuando, a poco de iniciarse la presidencia de Yrigoyen, éste le ofreció la embajada argentina en París. Alvear la aceptó como un halago que sabría prestigiar.

El nombramiento diplomático de Alvear demostraría más tarde su intencionada importancia política. La amistad que Yrigoyen le había evidenciado en situaciones anteriores(2) se hizo presente en 1920 cuando, a propósito de la actitud de la delegación argentina ante la flamante Sociedad de las Naciones, Alvear -miembro de la delegación- discrepó con Yrigoyen. Este soslayó con tolerancia las consecuencias de la divergencia en asunto tan fundamental y en un mensaje personal le retiraba su amistad...

(2) En 1890, Yrigoyen había comisionado a Alvear y al doctor Demaría para solicitar de Pellegrini aclaraciones que parecían aludirlo a su gestión política. En 1897, Alvear había apadrinado a Yrigoyen en el resonante duelo que éste tuvo con Lisandro de la Torre. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Es que se aproximaban las elecciones de renovación presidencial y el radicalismo, afianzado en el poder bajo la autoridad de Yrigoyen, tenía prácticamente asegurado su triunfo en los comicios. Dentro del partido se elegiría candidato a quien Yrigoyen designase tal: en resumen el verdadero elector sería Yrigoyen...

Cabe pensar que calculando todo esto era que Yrigoyen había designado a Alvear embajador en París, deseoso de apartarlo del “desgaste” que hubiera significado retenerlo en la Argentina para una militancia en la política interna.

En efecto; confirmando estas intenciones, en 1922 la voluntad de Yrigoyen impuso la candidatura presidencial de Alvear y éste fue elegido Jefe del Estado en los comicios de Abril de dicho año, mientras desempeñaba su cargo de embajador(3).

(3) Marcelo Torcuato de Alvear nació en Buenos Aires el 4 de Octubre de 1868. Ejerció la presidencia de la República desde el 12 de Octubre de 1922 hasta el 12 de Octubre de 1928. Falleció en Buenos Aires, el 23 de Marzo de 1942. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 16to. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

Antes de embarcarse de regreso al país, recibió, como presidente electo, invitaciones para visitar diversos países (Inglaterra, Italia, España), naciones que sumaron sus agasajos a los que le dispensó Francia.

En el ejercicio del cargo, Alvear señaló modalidades contrarias a las de Yrigoyen, expresivas -por otra parte- de un temperamento muy diferente del de su antecesor.

Al retraimiento huraño de Yrigoyen, Alvear opuso su vocación por las reuniones sociales; a la identificación total de Yrigoyen con la vida política, mostró Alvear una sistemática simpatía por compartir las más diversas actividades...

Retomó la costumbre, tradicional en los Jefes del Estado, de asistir en determinadas ocasiones al Hipódromo; y siempre en compañía de su esposa concurrió, regularmente, a las funciones teatrales, inclusive a las de revistas donde lo caricaturizaban; a las exposiciones de escultura y pintura; a los conciertos y, desde luego, a las funciones de gala del Teatro Colón...

Doña Regina Pacini concretó por otra parte su apoyo a los artistas de la escena, auspiciando la creación de la sede social, la Casa del Teatro, que debía servir para refugio de quienes -obligados por los años o las dolencias- se vieran forzados a abandonar las tablas...(4).

(4) El teatro que, con la denominación de “Regina” funciona hoy en la “Casa del Teatro”, testimonia la gratitud por esa iniciativa y realización de la esposa de Alvear. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Veraneando en Mar del Plata, al pasear por la rambla Bristol, Alvear se incorporaba a la aristocrática tertulia del “Ocean Club” a dialogar con sus amigos. Pero en Buenos Aires no desdeñaba entrar como un simple ciudadano a un conocido café de la Avenida de Mayo y entablar una charla de matices ideológicos con jóvenes y talentosos escritores de la izquierda comunista...

Sólo gustaba de poner distancias cuando, remozando viejas aficiones deportivas tomaba, al salir de su domicilio, el volante del coche presidencial y camino de la Casa de Gobierno respondía con una “acelerada” afirmativa al automovilista anónimo que lo incitaba a iniciar una “carrerita”...

La Argentina conoció bajo la presidencia de Alvear los beneficios de la libertad y de la paz interna; como en los tiempos de Yrigoyen, siguió ignorándose el “estado de sitio”, la “censura a la prensa”... Es innegable que esto fue posible en el marco de una economía internacional que valorizaba la producción agropecuaria del país y permitía precios récord en los remates de ganado de la Sociedad Rural ... y que lograba para el peso argentino, en Mayo de 1927, una cotización a la par del dólar y de la libra esterlina...

Pero el equilibrio de Alvear, que conocía sus limitaciones y reiteraba en conducta un constante respeto por la legalidad, contribuyó sin duda a crear esa atmósfera de armonía política y social... Llegaron, para retribuir las visitas cumplidas por Alvear como presidente electo, el príncipe Humberto, heredero de la monarquía italiana (arribado en Agosto de 1924) y, en Agosto de 1925, el príncipe de Gales, heredero de la Corona británica.

Se había por otra parte reanudado la inmigración, paralizada hasta poco antes por la guerra de 1914-1918.

Y el país, mostrando su vocacional tradición pacifista, podía proclamar en una conferencia internacional cumplida en Santiago de Chile, en 1923, que la Argentina tenía dos maestros por cada soldado...

Frente a la indiscutible hegemonía que Yrigoyen siguió ejerciendo en el partido, Alvear se limitó a resguardar su autonomía de gobernante... Las fuerzas conservadoras, esperanzadas en una división del radicalismo, alentaron esta posibilidad, calculando que Alvear concluiría enfrentando a su antecesor en la presidencia.

Pero Alvear, si bien aceptó la colaboración de ministros radicales antiyrigoyenistas, dosificó las divergencias con el jefe del radicalismo y hábilmente buscó una solución que atenuara la influencia de Yrigoyen y le permitiera propiciar un candidato radical para las elecciones de renovación del Poder Ejecutivo Nacional(5).

(5) Alvear calculaba la candidatura radical del doctor Valentín Vergara, a cuya elección de gobernador de la provincia de Buenos Aires -en 1926- había contribuido Alvear de manera decisiva. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Lamentablemente, Yrigoyen insistió en aceptar su candidatura para una nueva presidencia, desdeñando estimar, objetivamente, los factores adversos que resultarían de sus setenta y seis años... y Alvear vio fracasar sus planes de una presidencia radical que no fuera la de Yrigoyen...

Pero, respetuoso de las decisiones del partido a cayo nacimiento había contribuido y de la voluntad del electorado que por una extraordinaria mayoría consagró a Yrigoyen, el 12 de Octubre de 1928 entregó el cargo a su sucesor y semanas después se embarcaba para Europa.

En su último mensaje al Congreso, en Mayo de ese año, lamentando la falta de resolución de problemas motivados por las divergencias internas del radicalismo, dijo con pesar:

Nadie nos aliviará del cargo y la tristeza con que hemos de recordar lo que pudo ser y no se hizo...”.

En París lo sorprendió la insurrección del general Uriburu y la destitución de Yrigoyen (6 de Septiembre de 1930). Aunque compartió en un principio las críticas al Gobierno depuesto cuando, meses después retornó al país, no vaciló en asumir la dirección del radicalismo -vacante por el encarcelamiento de Yrigoyen- y enfrentar resueltamente la posición de los generales Uriburu y Justo, ejecutores del movimiento de Septiembre, en quienes vio claros planes antidemocráticos y, especialmente en Uriburu, definidos criterios profascistas...

La crisis capitalista de 1929 había traído descrédito para los sistemas democráticos y el fascismo italiano parecía la solución...

Convertido en líder opositor a un Gobierno dictatorial que se ufanaba de sus tendencias antipopulares, Alvear vio desconocidos los escrutinios favorables al radicalismo y sufrió, por su protesta contra esta actitud, detenciones y destierro. La adversidad lo agrandó y este hombre que, hacía años, sólo conocía los halagas del apellido, la fortuna y el poder, se perfiló como un vigoroso jefe de la democracia representativa.

Obligado a expatriarse, lo hizo el 28 de Julio de 1931, después de redactar un manifiesto, que circuló clandestinamente, en donde conjugó las realidades del momento con proféticas prevenciones:

... Me alejo del territorio de mi patria con un sentimiento profundo por la oscura nube que se cierne sobre sus destinos; con sincera conmiseración por los hombres que ejercen su autoridad de facto...
Compadezco a los que no saben mantener ese reposo y esa serenidad que es la dignidad del Gobierno. Deseo que no tengan que responder ante la posteridad de haber dispersado el caudal de los sacrificios argentinos en aventuras inciertas...”.

En Río de Janeiro, donde fijó su residencia y desde donde mantuvo los posibles contactos partidarios, recibió la decisión radical de que encabezara la fórmula para la elección presidencial de Noviembre de 1931. Renunciada por entender que debía facilitarse la renovación de los dirigentes y por escrúpulos legalistas, pues no habían transcurrido aún -desde la terminación de su mandato- los seis años que la Constitución establece, el partido insistió en ella y Alvear aceptó la candidatura.

Pero las posibilidades de triunfo de ella eran tantas que la dictadura de Uriburu terminó vetándola y auspiciando la del general Justo en elecciones jaqueadas de violencia y proscripciones.

Vuelto al país en 1932, Alvear se reintegró a la actividad partidaria. Identificado con una línea de intransigente oposición al general Agustín Pedro Justo, siguió siendo la víctima de mayor jerarquía que la violencia y el fraude señalaron como clima normal de la política de un Gobierno que no disimulaba su orfandad popular.

Para perturbar la reorganización partidaria del radicalismo, el más concreto episodio de subversión ocurrido en el territorio era interpretado como un movimiento revolucionario que, preparado por la jefatura de Alvear, estaba destinado a conmover el orden... Y así pretendían justificarse los atropellos que los alegatos de los abogados de la defensa han documentado:

La detención del doctor Alvear se produjo en forma irregular, con el empleo de subterfugios que importaban un vejamen inútilmente inferido.
Se le dijo que el juez lo citaba para prestar declaración en el Departamento de Policía y se lo condujo luego, sorpresivamente, al crucero ‘25 de Mayo’, donde permaneció incomunicado.
La incomunicación rigurosa del doctor Alvear ha excedido el término establecido por el artículo 257 del Código...”, “... violando los artículos 23 y 95 de la Constitución Nacional ... el presidente de la República, por su propia autoridad, trasladó al doctor Alvear a Martín García, no obstante encontrarse el procesado a disposición de la Justicia, cuyos fueros aparecen así vulnerados.
El doctor Alvear, por orden del presidente de la República, se encuentra alojado en Martín García, con prohibición terminante de pasar los dinteles de su celda, en una casa habitación con techos de cinc, que la hacen insoportable, mientras los condenados, presos en la isla, gozan de relativa libertad”.

Cuando el ex presidente expresó su voluntad de abandonar el territorio argentino, en ejercicio del derecho que le otorgaba el artículo 23 de la Constitución, ese derecho le fue desconocido por el Poder Ejecutivo; concedido por el juez de primera instancia, el Poder Ejecutivo no acató la orden y el asunto pasó a la Cámara de Apelaciones la cual -por fin- hizo lugar al recurso, el 21 de Febrero de 1933.

La situación volvería a repetirse meses después. Reunida la convención radical en Santa Fe -a fines de 1933- un episodio sedicioso ocurrido en dicha ciudad pareció razón suficiente para imaginarlo a Alvear causante del mismo y nuevamente fue llevado preso a Martín García. Desde allí dirigió “al general Justo” (Enero de 1934) una comunicación en la cual, negándose a reconocer ninguna participación en los sucesos producidos en Santa Fe, le manifestaba qu

la Convención Nacional del radicalismo se había reunido allí para fijar las orientaciones del partido. Si de ellas hubiera de resultar la preparación de un movimiento revolucionario, puede usted estar seguro de que él no sería un irreflexivo motín aislado, sino un gran movimiento nacional, digno de la Unión Cívica Radical y de los hombres que hoy la dirigen, los que en tal caso sabríamos asumir todas las responsabilidades...”.

Para medir lo que estas sanciones contra Alvear significaban, se impone una comparación. En 1874 -sesenta años atrás- detenido el general Bartolomé Mitre por su reconocida jefatura de la insurrección estallada ese año contra el presidente Sarmiento y alojado en la cárcel de Luján, Mitre pudo escribir el prólogo a su historia de San Martín y de la independencia sudamericana...

Ya para ese entonces, a las preocupaciones que suponían el enfrentamiento con el Gobierno de Justo se agregaron, para Alvear, el amanecer de corrientes juveniles que dentro del radicalismo buscaban ensanchar sus demandas programáticas y cuestionaban el sometimiento del país a los intereses del capitalismo internacional...

Ese relacionar la estructura económico-social de la oligarquía argentina con los factores extranjeros, no figuraba en la política de Alvear; éste seguía ajustando su conducta de líder a la defensa del sufragio libre...

En 1937, proclamado nuevamente candidato a la presidencia, el fraude comicial le dio el triunfo al doctor Roberto M. Ortiz, el candidato oficial. Desde 1939, el estallido de la segunda guerra mundial movilizó los sentimientos de Alvear que no vaciló en definirse contra el bando nazi; claro que la contienda iniciada en Europa hizo más compleja su tarea de jefe de un partido en el cual no tardaron en surgir las divergencias que ese acontecimiento de la historia universal desataba en todas las latitudes...

Con el partido radical sacudido por ásperos enfrentamientos y el mundo ensombrecido por los triunfos obtenidos por el nazismo en los años 1940 y 1941, Alvear, cumplidos ya los setenta y tres años, sintió -a comienzos de 1942- que su salud decaía... La crisis en la dirección partidaria, que ya no era acatada como antes, debió vivirla Alvear desde su lecho de enfermo, y enfermo envió su renuncia a una jefatura que veía discutida...

Su alejamiento coincidía con la reagravación de la afección cardíaca que le obligaba, por imperativa prescripción médica, a guardar un reposo absoluto... Para asegurar éste, doña Regina vigilaba el cumplimiento severo de una consigna que prohibía las visitas... Los dirigentes del radicalismo vivieron la dramática instancia de tratar la renuncia de un jefe que así se despedía de ellos y del mundo...

Entendieron que, además de rechazar la dimisión, era imprescindible ir a verlo. Saben que será imposible conversar con el líder, pero saben también que el partido no lo olvidaría nunca si se quedasen quietos.

Llegan a la quinta donde el ex presidente aguarda la muerte. Allí se les explica: el reposo ordenado por los médicos, la necesidad de evitarle cualquier emoción... Pero Alvear ha oído las voces de los visitantes y exige que lo enteren de cuánto ha ocurrido. Acceden sus secretarios y, al escuchar el relato, el enfermo se incorpora, se reanima. La esposa ha llegado inquieta y exclama: “¡Esto es lo que yo quería evitar!

Marcelo T. de Alvear comprende la ansiedad de quien desea retenerlo siempre un día más; sin embargo, con dulzura en la voz, le ruega:

- “¡Regina, por favor, déjame vivir!(6).

(6) De la crónica necrológica de “La Nación” del 24 de Marzo de 1942. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y este final donde en conducta la palabras vida v muerte se equiparaban, resultó ser el testamento político de Alvear...

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