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Alvear y la división radical. Las otras fuerzas políticas

Nuevos valores personales aparecieron, definiéndose en la masa igualitaria del radicalismo, de la que sólo habían surgido hasta entonces aquéllos indicados por la voluntad de Hipólito Yrigoyen.

El suceso, que en los primeros meses del Gobierno del doctor Marcelo Torcuato de Alvear no despertó mayores obstáculos, se orientó después hacia la definición de tendencias, rodeando al presidente Alvear quienes resistían el personalismo de los procedimientos del jefe del partido radical y, a éste, los obsecuentes, quienes sólo veían y actuaban bajo la sugestión directa de su voluntad.

Al diario “La Epoca” -tribuna del yrigoyenismo- correspondió “La Acción”, diario de los antipersonalistas, iniciándose en todo el país un movimiento que perseguía la división del partido.

Ella se produjo en la Ciudad de Buenos Aires y en la mayoría de las provincias argentinas -incluso Corrientes- donde el radicalismo disidente en los comicios generales que presidió la Intervención Federal de 1919, fue la base de esa evolución.

A contar de este momento, la política de armonía y de acuerdo del doctor José Robert evolucionó en el sentido de una acción propia, como si buscase imponerse en el seno de su partido -el liberal- y crear grupos soldados por intereses personales en el autonomista.

En realidad, la iniciativa no fue personal, del gobernante; correspondió a su ministro de Gobierno, el profesor Manuel A. Bermúdez, el mismo que inspiró la política de disolución conservadora -desde el mismo cargo- durante el Gobierno del doctor Mariano Loza.

En el año 1925 se consagrará gobernador de la provincia de Corrientes al ciudadano Benjamín Solano González. Gobernaba en la Nación el presidente, doctor Marcelo Torcuato de Alvear, elegido con holgada mayoría en los comicios del año 1922. Este distinguido político -de raigambre radical- fue indicado por el presidente saliente, doctor Hipólito Yrigoyen, a la convención general del partido radical que lo consagró como su candidato.

En los tres años de gobierno había demostrado con holgura su capacidad para administrar con independencia y criterio propio, contrariando así el pensamiento de una gran parte de la dirigencia de ese sector que quería ver en su figura la continuación de los métodos e ideas del anciano líder partidario.

Alvear, desde el inicio mismo de su gestión, actuó con absoluta independencia en la designación de sus ministros, al extremo de que sólo uno de ellos respondía en forma incondicional y solidaria al doctor Yrigoyen(1).

(1) Romero Carranza - Rodríguez Varela - Ventura Flores Pirán. “Historia Política de la Argentina” (1975), volúmen 3, p. 566. Edit. Panedile, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Estas diferencias en el radicalismo venían -aunque en forma larvada- desde muy lejos, advirtiéndose algunos signos de ellas a partir de 1918 a poco de iniciarse el primer mandato del doctor Yrigoyen, y habrán de manifestarse con serios caracteres durante la gestión del doctor Alvear, llegando a producir la escisión partidaria y, una de las consecuencias, será la incidencia negativa que ello traerá aparejada en la gestión de este último gobernante, al extremo de que los legisladores de su propio partido serán los más enconados opositores a su actuación y, paradójicamente, corresponderá a los legisladores conservadores ser los puntales de muchas de sus iniciativas.

Las fuerzas políticas de mayor significación en el escenario nacional la constituirán los partidos radicales secesionados en personalistas y antipersonalistas (partidarios de Yrigoyen y contrarios a él); los conservadores, que no habían logrado conformar una fuerza nacional, pero eran fuertes en muchas provincias; y los socialistas, que tenían su reducto en la capital de la República.

El panorama político del país parecía equilibrado: Córdoba, Corrientes, Salta y San Luis, en manos de los conservadores; Entre Ríos y Santa Fe, antipersonalistas; Mendoza y San Juan intervenidas y, aparentemente, inclinadas hacia el oficialismo; y las demás provincias y -especialmente la influyente Buenos Aires- respondían a la tendencia del doctor Yrigoyen.

El partido radical se había dividido formalmente en Septiembre de 1924, luego de las elecciones internas en la Capital Federal, y el sector escisionado antipersonalista recibió la autorización legal para funcionar con esa denominación por primera vez en Avellaneda(2).

(2) Raúl A. Molina. “Presidencia de Marcelo T. de Alvear”, capítulo XVI de “Historia Argentina Contemporánea” - tomo I de “Historia de las Presidencias. 1898-1930” (1963), p. 296, Nota Nro. 13. Ed. El Ateneo, Buenos Aires . // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Esta división vino a confirmar una situación de hecho que venía de lejos. Dos tendencias, dos modos de entender la política, dos actitudes. En los escindidos, con la falta de un programa partidario coherente que le diera el sustento doctrinario y, muy especialmente, la falta de atracción de las masas que permanecieron en general adictas al viejo caudillo.

Puede afirmarse que la vieja intelectualidad radical acompañó a los escindidos, mientras que una nueva y vigorosa juventud se agrupó tras Yrigoyen. Tal el caso de los nucleados en el grupo F.O.R.J.A., que van a imprimirle una nueva mística al partido y un fuerte contenido nacional y populista a su programa. No puede dudarse la jerarquía intelectual de los hombres que conformaron el antipersonalismo, pero el merecido prestigio de que gozaban en los círculos áulicos no concitaba la mayoritaria adhesión de los sectores populares.

Tampoco puede decirse que estas últimas hayan pasado una época dura en el período que estamos analizando; por el contrario, fue un período floreciente el del Gobierno de Alvear, sin embargo de lo cual las masas no olvidaban muchas medidas de corte social del anterior Gobierno y en base a ese accionar se había creado una mística radical que se contraponía a todo lo que significara la clase del sector “Azul” o de los “galeritas” que rodeaban al presidente Alvear.

Algunos autores -sin embargo- afirman que en la década del 20, el radicalismo no estuvo dividido en dos grupos sino en tres, el yrigoyenismo, el antipersonalismo y el alvearismo(3).

(3) David Rock. “El Radicalismo Argentino. 1890 - 1930” (1977), p. 339, Nota Nro. 494. Amorrortu Editores, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Los conservadores, luego del fracaso de la coalición que con el nombre de Concentración Nacional llevó como candidatos a Norberto Piñero y Rafael Núñez -en 1922-, disolvieron de hecho esta unión electoral y sus dirigentes se recluyeron en las provincias para defender sus posiciones locales, sin perjuicio de la presencia en el escenario nacional a través de sus dirigentes afirmados en ambas Cámaras del Congreso Nacional.

El socialismo -ya lo hemos dicho- tenía su fuerte en la Ciudad de Buenos Aires, aunque siempre relegado numéricamente en relación al radicalismo, con una representación en la Cámara de Diputados de la Nación que se destacaba por su actividad e inteligencia realizando una oposición de gran nivel, censurando críticamente al Gobierno, aunque sin retacear su apoyo cuando las circunstancias así lo exigían.

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