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Los problemas en el liberalismo. Surgen algunas diferencias

La necesidad de armonizar las relaciones de las fuerzas que componían el Pacto y especialmente las que correspondían al recién iniciado Gobierno, determinó que ambos partidos designaran sendas comisiones encargadas de arreglar las cuestiones pendientes.

La integraban -por el partido liberal- su presidente, el senador nacional Evaristo Pérez Virasoro; el senador provincial, doctor Ernesto R. Meabe; y el doctor José A. Contte; y, por los autonomistas, el senador nacional y presidente del partido, doctor Juan Ramón Vidal; el diputado nacional, doctor Luciano Romero; y el senador provincial Ramón M. Gómez.

Es decir, el más alto nivel de la conducción político-partidaria de la coalición que, al parecer, habrían dejado solucionado sus recíprocos problemas en los primeros días del recién iniciado año 1926. Pese a ello, uno de los dos partidos, o al menos un sector, no había quedado muy conforme con lo actuado.

Dentro de este esquema de desencuentros generado con la asunción del nuevo gobernante -el primero de filiación autonomista que lo hacía desde 1913-, una situación que aflora con cierta gravedad es la relativa a la cobertura de las cuatro intendencias municipales más importantes de la provincia. Esto era atribución del Poder Ejecutivo -con acuerdo del Senado- pero, al estar este cuerpo en receso, las designaciones forzosamente iban a ser de carácter provisorio.

En principio, las autoridades de ambos partidos habían convenido que la Municipalidad de la Ciudad de Corrientes sería dirigida por un hombre de las filas liberales, de acuerdo al principio de alternancia, ya que en el Gobierno anterior había estado a su frente un autonomista.

Con tal motivo se presentó como candidato para ocupar la función al doctor Armando Meabe, pero el comité liberal de la capital por su lado resolvió hacer llegar al gobernador de la provincia como una simple manifestación de anhelos, que el intendente fuera designado de entre las personas que integraban una terna elevada para su consideración y que integraban Eulogio Cabral, el doctor José Eudoro Robert (gobernador saliente) y Rodolfo V. Mohando.

Esta discrepancia acerca de los candidatos a ocupar esa importante función, era producto de las diferencias existentes en el liberalismo y dio lugar a una enérgica decisión por parte del Comité Ejecutivo en el sentido de que en el caso de que no fuera aceptado el candidato propuesto, las cosas quedaran como antes, esto es, la Ciudad de Corrientes en manos autonomistas y las de Goya, Mercedes y Curuzú Cuatiá en manos liberales.

Ante esta última decisión, que produjo desagradable efecto entre muchos liberales, el gobernador se apresuró a designar intendente municipal a Ricardo Márquez -autonomista- figura que ya había desempeñado esa función en el Gobierno anterior y cuyo mandato fenecía en esos días; y, para la Ciudad de Goya a Luis María Díaz Colodrero, auspiciado por algunos dirigentes liberales de aquélla.

- Los problemas en el liberalismo

Las disidencias ya no se disimulaban y existía una verdadera desorientación en el seno del partido liberal, asegurándose que varios miembros de su Junta Ejecutiva habían anticipado la presentación de sus renuncias. Mientras tanto, otros problemas los acuciaban: las elecciones internas de algunos comités de cuyo resultado podía depender el mayor o menor apoyo a las candidaturas para diputados nacionales y el predominio de una de las tendencias.

Realizados los comicios en los departamentos de San Cosme y General Paz ganó -en ambos- la “Lista Blanca”, que respondía a “los viejos” -como se denominaba al grupo dirigente tradicional- por contraposición a “los jóvenes” o “jóvenes turcos” -como serán llamados más adelante- en obvia alusión al movimiento revolucionario de Turquía unos años antes.

Mientras tanto, el diario “El Día”, dirigido por el doctor Mariano Gómez, que pertenecía al grupo de los jóvenes, publicaba una carta política de su firma y la del doctor M. Lorenzo Martínez en la que se fustigaba al comité de la capital y a su presidente, el doctor Justo Alvarez Hayes. En ella manifestaban que guardar silencio en esos momentos frente a las circunstancias que se atravesaban, si no era un delito político era al menos una complicidad que no estaban dispuestos a asumir.

Señalaba que después de las elecciones del comité de la capital había quedado formalizado un compromiso de reconstruir en un solo bloque a la familia liberal, pero que ello no podría lograrse si el recién asumido Gobierno la estaba barriendo de todos los cargos públicos y en todos sus actos parecía empeñado en demostrarle su profundo desprecio, sin que los dirigentes que tenían mayor obligación de defenderla levantaran su voz ante los mandatarios y, por el contrario, “emplean todas sus fuerzas para luchar contra los propios compañeros animados por el deseo de una hegemonía personal”.

La carta, sin duda muy violenta, arreciaba en declaraciones contra el partido aliado, expresando que el Gobierno autonomista no cumplía con el pacto político que lo había generado, en total falta de respeto y consulta a sus autoridades, tratando a los “compañeros liberales” como gente desvalida que no merece consideración alguna.

Pedían a la Junta que no se ejercite la venganza y que no se luche contra los propios correligionarios; que se forme una sola línea frente al Gobierno ya que por ofuscación momentánea se estaba haciendo lucha de círculos, sin advertir que se caía en un verdadero suicidio dejando arrasar todo lo que era liberal, ante la indiferencia de sus dirigentes. Reclamaba finalmente que, sin rencores ni agravios, se sumaran fuerzas en defensa de la causa común que se estaba resquebrajando.

Una inmediata respuesta de la Junta aludida compartiendo el anhelo de concordia, aunque formulando reparos a algunas apreciaciones, pareció traer un poco de tranquilidad al agitado ambiente liberal(1).

(1) Diario “La Prensa” (Buenos Aires), ediciones del 24 y 26 de Enero de 1926. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Aquellas diferencias iban a tener su caja de resonancia en la convención general partidaria convocada para el mes de Febrero. Tal vez haya que buscar la explicación de estos enfrentamientos -producidos a poco menos de un mes de haber asumido el nuevo titular del Gobierno- en un sordo resquemor que ya venía manifestándose desde el período anterior, en lo que Hernán Félix Gómez(2) califica como un manejo desleal del gobernador (José) Robert con las fuerzas autonomistas que habían contribuido a su elección, manejo que atribuye a las intrigas del ex ministro de Gobierno Manuel Bermúdez.

(2) Hernán Félix Gómez. “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la provincia de Corrientes. 1870-1930” (1931), pp. 297-299. Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Tal vez hubo amarguras -dice ese autor-; los hombres del Poder Ejecutivo vencidos en la convención de 1924 acentuaron la gestión personalista y los actos de prepotencia, pero la palabra de orden era callar”.

Aquel ministro Bermúdez, que había puesto en la defensa de “los viejos” -o lo grupo de “los profesionales”- todo el peso de la autoridad oficial, veía ahora la oportunidad de consagrar su candidatura a diputado nacional, para lo cual debía aplastar a los jóvenes que buscaban el mismo sitial para expresar desde allí sus ideales e inquietudes.

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