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La renuncia del ministro de Hacienda. Se enturbia la armonía de la coalición

Con motivo de lo resuelto por el alto organismo del partido liberal, el ministro de Hacienda Federico Fernández Serrano, renunció a su cargo. Al visitarlo en su despacho el presidente en ejercicio del Comité Ejecutivo, doctor Justo Alvarez Hayes y sus secretarios los doctores Ernesto R. Meabe y Carlos Abadie Acuña, para comunicarle la decisión tomada por la convención, se les informó que por toda contestación entregaría inmediatamente su renuncia al gobernador y a los visitantes un memorial explicativo de su actuación en el Ministerio, en el que les señalaba que las agrupaciones políticas carecen de atribuciones para juzgar la conducta de los Secretarios de Estado a quienes la Constitución fija normas y establece el tribunal que puede conocer de sus actos como tales.

Decía, asimismo, que en su condición de afiliado liberal podía la convención pronunciar un voto de censura, pero no podía ella decretar que se llame al seno de un comité político al ministro del Poder Ejecutivo para dictarle normas de conducta o pedirle cuenta de sus actos, atribuciones que estaban reservados a los jueces de la Constitución.

No demostraba, a través de este memorial, que fueran infundadas las observaciones formuladas en la convención, pero su actitud era la que correspondía ante la insólita pretensión partidaria.

La renuncia de Fernández Serrano provocó la natural preocupación entre los partidos coligados, máxime cuando el gobernador de la provincia explicó que, en caso de no lograrse el retiro de la dimisión, se vería obligado a buscar un colaborador que sustituyera al dimitente de entre los hombres destacados del liberalismo radicados en la Ciudad de Buenos Aires, que honrarían a su Gobierno, pero no podría ser ministro ninguno de los hombres de esa filiación residente en Corrientes, pues todos ellos tenían partido tomado en la incidencia, y que elegiría a alguien que se encontrara en un plano de total independencia, sin apasionamientos políticos, como afirmaba actuar el propio gobernador.

Los jefes de ambos partidos, senadores nacionales Juan Ramón Vidal y Evaristo Pérez Virasoro, otros altos dirigentes y, naturalmente, el propio gobernador Benjamín S. González insistieron en la necesidad de que retirara su renuncia, lo que finalmente fue logrado, dictando el Poder Ejecutivo un decreto por el cual la rechazaba porque los motivos determinantes de la actitud no podían privar al Gobierno de la patriótica y eficaz colaboración que había venido prestándole con una consagración digna de ser señalada como ejemplo.

No había de terminar el problema con lo resuelto por la convención y el retiro de su renuncia por el ministro. El descontento subyacía en muchas voluntades de ambos lados y no tardaron en ponerse en evidencia, determinando en algún caso la creación de comités rupturistas (Mercedes, Monte Caseros) y divisiones con enfrentamiento policial (La Cruz), o con las expresiones que se atribuyeron al ministro Fernández Serrano tan pronto se reintegró a su cargo en el sentido de que en lo sucesivo el Gobierno sólo haría política netamente coalicionista, no teniéndose en cuenta a los liberales “rupturistas” que se habían puesto de manifiesto en la convención de Goya.

Un inmediato desmentido del funcionario resultó peor como remedio que la propia enfermedad, pues si bien pretendía desvirtuar aquella aseveración, terminaba diciendo que trabajaría para la coalición, pero “para servir a esa política debía elegir elementos afines a ella y, por ello, al hacer una selección del personal, no podía dejar de tener presente los sentimientos que esas personas pudieran alentar con respecto a la política de coalición”, aunque no era su propósito desalojar a empleado alguno.

Superado por el momento el incidente ministerial, todos los partidos se aprestaban a la lucha electoral con miras inmediatas a la renovación legislativa provincial, eligiendo sus candidatos a senadores y diputados(1), pero con la vista puesta en la futura renovación presidencial, aspecto que preocupaba excluyentemente a todos los sectores.

(1) Los candidatos elegidos fueron: PARTIDO LIBERAL: senadores: doctores Adolfo Mohando, Mariano Gómez, Carlos Abadie Acuña y señor Marcelino Pérez. Para Diputados: doctor Francisco F. Contte, Enrique Maróttoli, Eliseo Paiba, doctor Oreste Frattini, doctor Saturnino Erro, José de la Cruz Gallardo, Roberto Soto y Ovidio Ciolli. Suplentes: doctor Pedro Pablo Silva, Remigio Acuña, J. B. Riquelme y José Decotto.
PARTIDO AUTONOMISTA: senadores: Manuel Vicente Molina, Antonio Solari, Eugenio Laffont y Carlos Araujo. Suplentes: doctor Eufrasio Cabrera y Walberto Acosta. Para Diputados: doctores Nicandro Paiva, Julio H. Solano y Nazario Gómez; Francisco Velar (que renunció y fue reemplazado por el suplente, Francisco Velazco), Angel Obregón, Daniel Lubary, Fernando A. Fernández y Oscar J. Dansey. Suplentes: Francisco Velazco, Dardo Solari y José Sánchez Negrette.
PARTIDO RADICAL ANTIPERSONALISTA: senadores: doctor Bernardino Acosta y Emilio L. Monzón, Justo Erro y doctor Pedro M. Amadey. Para Diputados: doctores y señores Clemente Benítez, Francisco Ayala López Torres, Urbano Mora y Araujo, Fernando Miranda Gallino, Ángel Gutiérrez, Pericles Gómez, Juan Soto y Francisco Vanasco.
PARTIDO RADICAL LOMONAQUISTA: para senadores: Juan Maciel Aguilar, Augusto Abelenda, Antonio Iglesia, Víctor Schweizer. Suplentes: Arsenio Maidana, Martín Elcoro, Joaquín Aquino. Para Diputados: Manuel Esquivel, Rómulo Torres, José Insaurralde, Pedro Fedullo, Ricardo Farizano Gómez, Waldimiro Serpa, Celestino Stoup y Juan Elcoro. Suplentes: Edisto Paiz, Nicolás Belcastro y Domingo Ramírez.
PARTIDO RADICAL PERSONALISTA: para senadores: J. Aristóbulo Gómez, José Martínez Rolón, Raúl F. Arballo y Víctor G. Benítez.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El primer triunfo electoral del año correspondió a los radicales antipersonalistas en la provincia de Jujuy, alentando las expectativas de ese partido.

Los radicales personalistas -a su vez- iniciaron el año con todos sus bríos puestos en activar el partido en toda la República. En Corrientes apareció una publicación periódica semanal titulada “Vanguardia Radical”, y el Comité Nacional dio un manifiesto incitando a la reorganización del partido en la provincia y haciendo conocer los nombres de los integrantes de la comisión encargada de cumplir esa misión, la que estaba presidida por el doctor Juan B. Fleitas, acompañado -como vicepresidente- por Samuel I. Fernández y la secretaría de los doctores Raúl F. Arballo y Julio Acosta, actuando en calidad de vocales el doctor Eudoro Vargas Gómez, José M. Arbo y Blanco, doctor Francisco A. Benítez, doctor Blas Benjamín de la Vega, José B. Barreiro, Julio C. Serial, Eugenio Artaza, José Martínez Rolón, doctor Víctor G. Benítez, Luciano Acuña, Pedro Gallino Hardoy, Pedro Madariaga, Antonio Garín, doctor Pedro Díaz de Vivar, Guillermo Vallejos y Claudio Canceló.

El Poder Ejecutivo de la provincia dictó el decreto de convocatoria a elecciones que debían llevarse a cabo el día 27 de Marzo, para reemplazar a los legisladores que terminaban su mandato el 30 de Abril, senadores, doctor Carlos Abadie Acuña, Augusto Costaguta, Eugenio Laffont y Antonio Solari; y diputados Silvio F. Velazco, doctor Mariano Gómez, doctor Saúl Breard, José Vázquez, Juan P. Ruiz, Saturnino E. Erro, José M. Decotto y Manuel Mora y Araujo.

- Se enturbia la armonía de la coalición

La aparente tranquilidad que se había logrado entre los partidos del Pacto con el rechazo de la renuncia del ministro de Hacienda, se verá rápidamente turbada por nuevos hechos de carácter administrativo y político que éste seguirá realizando y que a juicio de la autoridad partidaria liberal hacían incompatible su continuidad dentro del Gobierno que pretendían debía ser la expresión coincidente de ambos partidos.

El presidente de esa agrupación, senador Pérez Virasoro, y el integrante del Comité Ejecutivo, diputado nacional Manuel Bermúdez(2), expresaron las razones que habían movido a ese organismo a resolver que Fernández Serrano había dejado de representar al partido en el Gobierno.

(2) Periódico “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 16 y 20 de Febrero de 1927. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Pérez Virasoro se anticipó a señalar que la decisión tomada no obedecía a un pretendido avance de los comités en el ejercicio de las funciones públicas, sino de imponer soluciones eminentemente políticas en defensa de los elementos esenciales de la situación de Corrientes y los derechos e intereses propios del partido liberal que, en esta oportunidad, consideraba eran también los generales de la provincia y del Gobierno:

No puede sostenerse -decía- que el partido invada la esfera de los funcionarios públicos cuando declara que alguno de sus miembros ha dejado de reflejar su pensamiento o de responder a su confianza de interpretar fielmente su voluntad”.

Atribuía al ministro un ofuscamiento incomprensible que le hacía intentar por todos los medios la anarquía y división del partido pretendiendo constituir un núcleo que apoyara su gestión, haciendo el papel de una fracción liberal.

Decía que esa actitud era de visible contradicción con los motivos que determinaron su nombramiento y su reingreso más tarde, por lo que el gobernador tendría que pensar que, por más confianza que le dispensara a su ministro, éste había dejado de reunir las condiciones requeridas por una interpretación justa y seria del pacto político que era la base del Gobierno de Corrientes y que no tenía razón de ser su presencia a través de lo que expresaban las cláusulas fundamentales del convenio liberal-autonomista.

Llegó incluso a hacer público que, según las palabras del propio ministro, “ni la ruptura de la coalición lo arrancaría de su despacho”, salvo que se le asegurara para el futuro una diputación nacional. Terminaba afirmando el senador Pérez Virasoro, que al partido le bastaría con que su reemplazante sea un hombre fiel a sus principios y leal a su tradición, lo que le permitiría ser igualmente leal al gobernador y a sus deberes y confiaba en la reconocida experiencia y autoridad del senador Juan Ramón Vidal para restablecer las cosas a su quicio.

El diputado Bermúdez que, como se recordará, al inicio de la gestión gubernativa había sostenido la figura de Fernández Serrano como ministro de Hacienda, se mostraba ahora partidario de su dimisión, ya que se había producido una divergencia fundamental entre el partido liberal y el Gobierno, y el ministro compartía absolutamente el criterio, los propósitos y actos del Gobierno, poniéndose en contra de los intereses y aspiraciones de su propio partido como surgía de una serie de actos políticos por él realizados, a lo que se agregaba lo manifestado a la comisión integrada por el propio Bermúdez y el doctor José A. Contte, que lo visitó para sugerirle la necesidad de su renuncia como un gesto de su parte para hallar solución al conflicto.

El ministro vivió horas de vacilación, negándose primero, ofreciendo su renuncia después, para expresar mas luego que consultaría con altos dirigentes de su partido y poniendo condiciones para su eliminación, razón por la cual el Comité Ejecutivo liberal, ante tantas dilaciones, adoptó la resolución conocida, para así dedicarse a abordar con las autoridades superiores del partido autonomista la decisión final que habría de adoptarse.

Para el ministro, el origen de la delicada situación se encontraba en la completa desarmonía existente entre el Comité Ejecutivo del partido y el Poder Ejecutivo Provincial y los ataques que se hacían a su persona tenían en realidad miras más altas, que eran las de minar en su base la forma en que se desenvolvía el Gobierno de la coalición. A su juicio eran los actos producidos por el Comité Ejecutivo los que habían llevado a esta situación y no por el propio ministro -simple colaborador del gobernador- y que por ello las diferencias debían buscar de superarse con la intervención del gobernador en primer término y sin separar previamente a su ministro que por deber de solidaridad y de respeto a los actos en que había participado como Secretario de Estado, debía intervenir a su lado para buscar las soluciones que la Junta liberal deseara encontrar.

Mientras estas nerviosas deliberaciones enturbiaban una vez más la armonía de la coalición, otros hechos no menos importantes agravaban la situación. Uno de ellos fue el conflicto surgido en la Municipalidad de Curuzú Cuatiá que originó el envío de una Intervención por parte del Poder Ejecutivo, la que se consideró lesiva a los intereses liberales.

El otro, fue la decisión tomada en acuerdo de ministros por la cual se resolvió enviar al ministro de Hacienda, Federico Fernández Serrano, a la Ciudad de Buenos Aires para realizar gestiones ante los poderes nacionales, entidades bancarias e instituciones privadas; esto último, que parecía tener como finalidad apartar transitoriamente al funcionario que generaba el conflicto, produjo -al igual que lo primero- la indignación de la dirigencia liberal que se consideraba agraviada deliberadamente por el gobernador González.

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