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Se define el antipersonalismo. Tirantez política conservadora

- Se define el antipersonalismo

En el orden nacional, fracasado todo arreglo con la fracción yrigoyenista, el antipersonalismo se lanzó decidido a la lucha para afrontar la campaña electoral con fórmula propia. Dice el doctor Raúl A. Molina(1), que el espíritu que animaba a esta fracción estaba condensado en el rótulo, en su credo y en el repudio de los métodos de la presidencia anterior.

(1) Raúl A. Molina. “Presidencia de Marcelo T. de Alvear”, capítulo XVI de “Historia Argentina Contemporánea” - tomo I de “Historia de las Presidencias. 1898-1930” (1963), p. 335. Ed. El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Contaba con polarizar a todas las fuerzas conservadoras del país, que hasta entonces habían mirado con simpatía su prédica independiente y, además, con el apoyo moral del presidente Alvear. Para este fin y a objeto de que en el elemento independiente no quedara duda, sus autoridades suscribieron un manifiesto con fecha 9 de Febrero que abundaba en términos condenatorios para la fracción antagónica:

El personalismo -decía- es una fuerza excluyente con la que había de chocar definitivamente en los comicios, porque el radicalismo había nacido para purificar las costumbres políticas del país, moralizar la Administración Pública y cumplir la Constitución”, condenando al personalismo “como un peligro para la nación por el incondicionalismo de sus hombres sometidos a la voluntad y hasta el capricho de un ciudadano”.

Los conservadores no necesitaban más; era la palabra definitiva que esperaban, satisfechos de jugar el papel decisorio de la elección, por lo que emprendieron inmediatamente la reorganización de sus fuerzas para prestar el apoyo que de ellos dependía, a cuyo fin convocaron a una asamblea de todas las fuerzas de la derecha a realizarse en la Ciudad de Córdoba. El país entero seguía expectante la situación correntina, uno de los baluartes de aquella combinación naciente.

La decisión acerca de la figura que habría de encabezar la fórmula antipersonalista comenzó a agitar el ambiente político. Las voluntades estaban divididas para decidir entre dos figuras que se disputaban aquella nominación: la de los doctores Vicente Carmelo Gallo -por un lado- y el doctor Leopoldo Melo, por el otro.

Los antipersonalistas correntinos estaban a favor del doctor Leopoldo Melo, y fueron elegidos para representar a la provincia en la convención nacional los doctores J. Bernardino Acosta, J. Hortensio Quijano, Miguel Sussini, Clemente Benítez, Martín Goitia y Justo Díaz de Vivar.

- Se acentúa la tirantez política de los conservadores en Corrientes

La tirantez política entre el partido liberal y el Gobierno Provincial se iba acentuando como consecuencia de declaraciones efectuadas por el ministro Fernández Serrano durante su estadía en la Ciudad de Buenos Aires, conducta política que encrespaba los ánimos liberales, llegando a decir su presidente que “a través de ellas se advertía un empeño decidido de colocar a este partido y a los Gobiernos formados por éste, en situación de notoria inferioridad, que ni al más fervoroso autonomista se le habría ocurrido las combinaciones que el ministro hacía en su reportaje, deformando deliberadamente los hechos para desmadrar al partido que decía representar(2).

(2) Periódico “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 26 de Marzo de 1927. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Poco antes, Vidal y Pérez Virasoro habían conferenciado y arribado a una solución que pasaba por la aceptación de la renuncia del ministro hecho que, sin embargo, no se concretaba pasando los días sin novedades, motivando protestas por considerarse esta demora como deliberada, mientras el ministro continuaba realizando las gestiones en Buenos Aires encomendadas por el Gobierno.

El Comité Ejecutivo liberal, decidido a no esperar más, resolvió separar de sus filas al afiliado Fernández Serrano y, consecuente con esa decisión, exigió de sus aliados la inmediata cesantía del ministro, por estar en pugna con las cláusulas del pacto político que los unía, convocando una vez más a la convención partidaria.

La renuncia de Fernández Serrano y su posterior aceptación se produjeron unas semanas más tarde, una vez regresado de su comisión en la Ciudad de Buenos Aires, dejando latente la protesta de los liberales contra los procedimientos que consideraban una deliberada afrenta de los autonomistas.

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