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Se busca la unificación nacional de las fuerzas conservadoras

Mientras diversos acontecimientos políticos se desarrollaban en Corrientes, desde Córdoba, el presidente del partido demócrata de aquella provincia, doctor Julio A. Roca (h), convocaba a una reunión cuyo objetivo era el de iniciar un movimiento de unificación de las fuerzas conservadoras, al que adhirieron los principales partidos provinciales de ese signo: el conservador de Buenos Aires, los liberales de San Luis, Mendoza y Tucumán, la Unión Provincial de Salta, los conservadores de San Juan y, por supuesto, los liberales y autonomistas de Corrientes, estos últimos representados por Evaristo Pérez Virasoro y el doctor Félix María Gómez.

Los partidos allí reunidos reafirmaron el propósito de formar un gran partido nacional integrado por las fuerzas afines y que debía urgir como un organismo nuevo concretado en una moderna agrupación de tipo popular y democrático, para lo cual se resolvía convocar a una Convención General que debía reunirse a la brevedad.

Expresaba también su propósito de combatir por todos los medios legítimos cualquier candidato que surgiera del radicalismo personalista, por cuanto entendían que ello significaba una amenaza contra el imperio y la estabilidad de las instituciones, el desarrollo de la economía nacional, el orden moral y administrativo, el nivel de cultura social e intelectual y el prestigio exterior de la República.

Se comprometían además a no levantar candidaturas presidenciales propias y apoyar a una fórmula que se oponga al personalismo, lo que implícitamente estaba asegurando el apoyo al antipersonalismo.

Bajo estos favorables auspicios, los radicales antipersonalistas tenían su Convención Nacional en la Ciudad de Buenos Aires. Allí concurrieron -representando al distrito Corrientes- los doctores Martín Goitia, Miguel Sussini, Justo Díaz de Vivar, Clemente J. Benítez y señores Pedro M. Amadey, Manuel Farizano Gómez y Pedro Telmo Grabre.

Los nombres de los doctores Vicente Carmelo Gallo y Leopoldo Melo polarizaban las adhesiones de los delegados a aquella convención. Las tramitaciones tendientes a escoger a uno de ellos llegaron a ponerse muy difíciles y en algún momento se pensó que no llegarían a feliz término, hasta que se requirió la mediación del presidente Alvear quien, pese a sus protestas de prescindencia, se decidió en favor de la candidatura del doctor Melo, su amigo y condiscípulo, prefiriéndolo a su ex ministro, doctor Gallo, de quien no guardaba buen recuerdo por su gestión.

En otro orden de ideas, los partidarios del doctor Melo representaban a los Gobiernos hasta entonces con sólida mayoría electoral de Entre Ríos, Santa Fe y Mendoza, San Juan, Catamarca, Santiago del Estero y San Luis(1), a los que había que agregar las gobernaciones conservadoras de algunas provincias que no ocultaban sus simpatías, como las de Córdoba, Salta y Corrientes.

(1) Raúl A. Molina. “Presidencia de Marcelo T. de Alvear”, capítulo XVI de “Historia Argentina Contemporánea” - tomo I de “Historia de las Presidencias. 1898-1930” (1963), p. 337, nota Nro. 6. Ed. El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

No fue extraña -a la decisión en favor del doctor Melo- la gravitante figura del senador nacional por Corrientes, doctor Juan Ramón Vidal, que en esos días realizó arduas gestiones y entrevistas, trasladándose inclusive a la provincia de Córdoba para conferenciar con los doctores Julio A.Roca (h) y Rodolfo Moreno (h), y aún con el propio presidente de la Nación, doctor Marcelo Torcuato de Alvear en su despacho, por lo que -concluida felizmente la designación- a nadie sorprendió su presencia en un palco “avant scène” del local en que se proclamó la fórmula radical antipersonalista, acompañado por el doctor Pedro Numa Soto, el senador nacional Evaristo Pérez Virasoro, el doctor Enrique Mosca y otros destacados políticos y que, advertida su presencia, se le tributara un cálido aplauso reconociéndose la importancia de su mediación.

No fue fácil conciliar las posiciones antagónicas, al extremo de que llegaron a producirse las renuncias de algunos altos funcionarios del Gobierno del doctor Alvear, como la del doctor Carlos Martín Noel en la Intendencia Municipal de la Ciudad de Buenos Aires; del Jefe de Policía, Jacinto Fernández; y otros, en disidencia con la preferencia presidencial.

Pese a todo, el cielo parecía sonreír a las fuerzas agrupadas tras el antipersonalismo y a mediados de 1927 nadie dudaba de que el triunfo les correspondería holgadamente en las futuras elecciones presidenciales.

- Nuevamente se habla de Intervenir a la provincia de Buenos Aires

Otro hecho vino a sumarse a esta esperanzada posibilidad y era la de la Intervención a la provincia de Buenos Aires, que había comenzado a agitarse nuevamente, aunque esta vez por manos de los socialistas que, a través de un proyecto de ley presentado por el diputado Enrique Dickmann, argumentaba que en aquella provincia estaba legalizado el juego, lo que era rigurosamente cierto.

Pero, al derogarse rápidamente por la Legislatura de la provincia -de mayoría yrigoyenista- las disposiciones que lo favorecían, el doctor Juan B. Justo, presidente del partido, hizo retirar el proyecto, provocando un espectacular debate en el Congreso, en el que se acusó a sus iniciadores de estar en connivencia con los antipersonalistas y conservadores, lo que dio lugar poco después a la división del socialismo(2).

(2) Raúl A. Molina. “Presidencia de Marcelo T. de Alvear”, capítulo XVI de “Historia Argentina Contemporánea” - tomo I de “Historia de las Presidencias. 1898-1930” (1963), p. 339. Ed. El Ateneo, Buenos Aires; Fernando A. Sabsay y Roberto Etchepareborda. “El Estado Liberal Democrático”, p. 231; Joaquín Cocca. “El Contubernio”, p. 91.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En ese entonces se habló de una entrevista del doctor Hipólito Yrigoyen con el doctor Justo, en la que el primero de los nombrados se habría comprometido a hacer derogar la legislación cuestionada para que los socialistas retiraran a su vez el proyecto de Intervención Federal(3).

(3) Revista “Todo es Historia”, Nro. 62, Junio de 1972; y Joaquín Cocca. “El Contubernio”, pp. 213 a 218. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Demás está decir que con el apoyo de los legisladores socialistas, la Intervención habría podido ser aprobada en Diputados y en el Senado no cabían dudas de la suerte que correría el proyecto, dada la amplia mayoría antiyrigoyenista.

Buenos Aires era el gran baluarte del radicalismo personalista y no dejó de preocupar a los círculos políticos la decisión socialista, llegando a hablarse inclusive de la renuncia de los candidatos Melo y Gallo, pero se le restó finalmente importancia y el propio senador Juan Ramón Vidal expresó en un reportaje de la época que las fuerzas conservadoras no variarían por ello su decisión, ya que en el cálculo de electores que se había realizado, nadie discutía que el triunfo habría de corresponderles.

Sin embargo, el hecho puntualizado y otros que se irán sucediendo comenzará a minar el optimismo de muchos sectores en el país y en la provincia, hasta entonces claramente volcados contra el personalismo.

- Aparente encauzamiento del pacto autonomista-liberal

En Corrientes, mientras se seguía el curso de los acontecimientos nacionales, pareció que podría llegar a encauzarse el acuerdo político conservador con la designación como ministro de Hacienda de Manuel Cabral (h), de reconocida filiación liberal.

Sin embargo, las cosas no andaban bien, y el reflejo de ello era la Legislatura, en cuya Cámara de Senadores -de clara mayoría pactista- no se elegían las autoridades. Conforme al pacto político, correspondía la vicepresidencia primera a los autonomistas y la segunda a los liberales pero, ante la duda de la continuidad de aquella política, se levantaba una y otra vez la sesión sin promoverse este asunto.

La Cámara de Diputados, a su vez, no se reunía por falta de número y había quedado en el ambiente el agrio resquemor de que por obra y acción de sus aliados, los autonomistas habían perdido un senador que consideraban ganado.

La falta de funcionamiento del Poder Legislativo hizo que el gobernador les enviara el mensaje que debe leer al iniciarse el período de sesiones, al que acompañaba varios proyectos de interés general. La misma circunstancia de la falta de sesiones había determinado que el Poder Ejecutivo interviniera por decreto las municipalidades de Saladas y de Esquina y, lo que muchos no dejaron de considerar una deliberada provocación, el envío de un proyecto por el cual se implantaba un impuesto a las entradas del Hipódromo San Martín de la Ciudad de Corrientes y los circos similares que pudieran crearse en el futuro. ¡Precisamente un atentado directo a los que practicaban el deporte de los reyes..!

La opinión pública preveía un año de esterilidad parlamentaria, por el atraso que ya se llevaba y por la certeza que estaba en el ambiente de que existía el propósito de censurar y poner obstáculos a la marcha del Gobierno.

La Legislatura se enlutaba en esos días con la desaparición del diputado José León Guerrero, del antipersonalismo, uno de los más entusiastas legisladores de su sector. Será reemplazado por Justo P. Erro.

El doctor González -por su parte- demostraba su agilidad en el Gobierno realizando periódicos viajes al Interior, interiorizándose de sus necesidades e inaugurando obras públicas, muchas veces de carácter nacional, como los muelles flotantes de Ituzaingó, Lavalle, Goya, Bella Vista y otros o el importante edificio de la Municipalidad de Monte Caseros construido con el aporte privado de dicha ciudad.

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