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La convención liberal rompe el Pacto

- La chispa que provocó el incendio

Cuando la situación política gubernista parecía encaminarse por el buen sendero, las Cámaras comenzaban a funcionar y se esperaba la sanción de la ley del empréstito que regularizaría el endeudamiento externo de la provincia, inmerso todo ello dentro de un excelente panorama nacional en el que la cotización del peso argentino estaba a la par de la libra y el dólar, en el que se afirmaba el prestigio exterior de la República con la apertura de la Caja de Conversión que daba la pauta de la firmeza de los negocios públicos y privados, un hecho lamentable terminó siendo la chispa que provocó el incendio destructor de una coincidencia política sostenida durante casi veinte años por las dos fuerzas conservadoras de Corrientes.

El ministro de Hacienda, Manuel Cabral (h), había sido comisionado para representar al Gobierno en los actos organizados con motivo de la Exposición de la Sociedad Rural de Curuzú Cuatiá y, a su regreso, luego de varios días de ausencia, tomó conocimiento de algunos decretos y resoluciones dictados en su área, refrendados por el Ministro General, doctor Felipe C. Solari, algunos de los cuales no coincidían precisamente con su criterio, lo que lo puso en una situación incómoda de menoscabo de su persona, determinando su decisión de renunciar.

Muchas gestiones se hicieron para hacerlo desistir, incluso a través de hombres expectables del partido liberal y del Gobierno, como el vicegobernador Martínez, el presidente del Superior Tribunal de Justicia, doctor José E. Robert, los doctores Alvarez Hayes, Contte, Mohando, Castillo Ódena y otros amigos, pero no consiguieron que el ministro reviera su actitud, porque entendía que las explicaciones dadas por el titular del Poder Ejecutivo no resultaban a su juicio satisfactorias y hacían moralmente imposible su continuidad en aquella función, considerando incluso que el propio gobernador con sus actitudes había preparado la ocasión y escogido los medios para causar su retiro.

En la nota de elevación de su renuncia, Cabral puntualizaba sus razones y formulaba algunos cargos, los que en el decreto de aceptación de aquella se trata de rebatir motivando un intercambio epistolar que toma estado público y conmueven el ambiente político altamente sensibilizado.

Como la situación se ponía seria y los diarios que respondían a ambos partidos se trenzaban en polémicas en las que salían a la luz las medidas tomadas durante la ausencia del ministro, las autoridades de ambos partidos convocaron a sus órganos de decisión, muchos de cuyos integrantes más destacados se hallaban en la Ciudad de Buenos Aires cumpliendo mandatos legislativos.

De las conversaciones mantenidas, resultó que los liberales reclamaban la renuncia del ministro de Gobierno, doctor Solari -como posible base de solución- y que se designara en su reemplazo a otro autonomista de arraigo y prestigio, asegurándosele una banca de diputado nacional el próximo año.

La propuesta fue rechazada y el Comité Ejecutivo del partido liberal, que atribuía los manejos cuestionados a ese funcionario, resolvió suspender las tratativas que se venían realizando y convocar a la Convención General para el día 15 de Noviembre, a fin de interiorizarla de las causas de la crisis ministerial, las gestiones realizadas para superarla y “adoptar el temperamento más conveniente para salvaguardar su integridad y decoro partidario, ya que los propósitos esenciales que imperaron en el pacto político, que eran las de asegurar para la provincia un Gobierno estábil de paz, de justicia y de libertad, a la vez que su norma de evolución y progreso, no ha podido cumplirse con eficacia por los hombres que integran el actual Gobierno(1).

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 21 de Octubre de 1927. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La decisión del Comité Ejecutivo causó sorpresa en los círculos políticos, pues se suponía que la incidencia se arreglaría en forma satisfactoria y rápidamente, pero la actitud intransigente de reclamar la renuncia del ministro de Gobierno, como la firme defensa de su persona por parte del doctor Vidal, produjo este “impasse” que no parecía ofrecer buen pronóstico.

La Junta Ejecutiva del partido autonomista, a su vez, tomó en forma inmediata una resolución por la que rechazaba la posibilidad del retiro del ministro, porque ello “no sólo hubiese afectado su dignidad y solidaridad con funcionarios salidos de su seno, sino que implicaría una complicidad en una subversión al régimen constitucional de gobierno, contraria a sus constantes principios”.

Seguía la resolución, reprochando al partido liberal la falta de cooperación legislativa y partidaria que debía esperar en obras de interés general y de bien público, hasta el extremo de no obtener -en dos años de gobierno- la aprobación del Presupuesto y el arreglo de la deuda externa para rehabilitar el crédito de la provincia tan gravemente perjudicado.

Señalaba el contraste con los anteriores Gobiernos liberales, en que el partido autonomista había prestado su cooperación más completa concurriendo a rodear a la autoridad pública de los prestigios y medios de acción necesarios para desenvolverse en el ejercicio de sus altas funciones. Terminaba la resolución ratificando su completa solidaridad con los hombres que ejercían el Poder Ejecutivo en la provincia.

Los dramáticos días que se sucedieron hasta la reunión de la convención liberal no trabaron el accionar administrativo del Gobierno, que designó Subsecretario de Hacienda a Ernesto P. Fernández y con carácter interino al frente de dicha cartera. Fernández se trataba de un antiguo funcionario liberal, que en su juventud había sido secretario y bibliotecario del general Bartolomé Mitre y que en ese momento se desempeñaba como subdirector de la Dirección de Estadística y Trabajo de la provincia.

En los Gobiernos liberales de Valentín Virasoro, Juan Esteban Martínez y José Rafael Gómez, había ejercido el mismo cargo de Subsecretario de Hacienda, acompañando a los ministros del ramo,doctores Avelino Verón, José Alfredo Ferreyra, José Eudoro Robert, José Rafael Lubary y Carlos María Reyna, y los señores Héctor Billinghurst y Benito Sánchez.

Si bien el nuevo ministro interino contaba con sólidos prestigios, el partido de que formaba parte no le había dado su aval como representante en la coalición, aunque tampoco había producido ningún acto de descalificación, a la espera del pronunciamiento de la convención general.

El gobernador, doctor González, por su parte, expresaba a la prensa que se ocupaba más de las cuestiones administrativas que de política, concretándose a darle a cada partido la representación que le correspondía en el Gobierno de los partidos coligados y, con relación a la designación de Fernández, sostenía que ella tenía la ventaja de haber recaído en una persona que estaba retirada de las actividades y de las distintas tendencias que actuaban dentro del partido liberal(2).

(2) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 27 de Octubre de 1927. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La juventud del partido liberal se hacía presente nuevamente como factor gravitante al solicitar de los comités departamentales la ruptura del Pacto, “del cual deriva” -decía el proyecto preparado por el doctor Justo Alvarez Hayes (h)- “el retroceso moral y material que sufre la provincia, acentuado por el Gobierno actual por el constante atropello de la Constitución, de las leyes y de las más elementales formas y normas cívicas y políticas”.

Terminaba diciendo que “el partido liberal no puede seguir complicándose con su tolerancia y su silencio con las medidas arbitrarias y desenfrenadas del gobernador González, ni los representantes del partido en las Cámaras permanecer en la impasibilidad ante la gestión desacertada e ilegal contrariando la voluntad de la mayoría de los afiliados al partido(3).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 16 de Octubre de 1927. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- La convención liberal rompe el Pacto

Finalmente, el 15 de Noviembre de 1927 se reunió la convención del partido liberal en el Salón Cervantes -hoy Sociedad Española- con la presencia de 76 convencionales(4), iniciándose las deliberaciones con las palabras de su presidente, el senador nacional Pérez Virasoro quien informó sobre el origen del conflicto y las tramitaciones hechas para resolverlo como así sus resultados negativos, terminando por declararse partidario de la ruptura del Pacto.

(4) Nómina de convencionales asistentes a la Convención General del partido liberal reunida el 15 de Noviembre de 1927: CAPITAL: Adolfo Mohando, Manuel A. Bermúdez, Enrique Maróttoli, Juan J. Ortiz, Paulino Sánchez, Pascual Maróttoli y Justo Alvarez Hayes (h); SAN COSME: Francisco Velar y Arturo N. Artigas; GOYA: Benigno Martínez, Evaristo Pérez Virasoro, Gervasio Z. Siris, Justo Alvarez Hayes, Manuel Cabral (h), Adolfo Contte (h) y Julián Montiel; SALADAS: F. Benigno Martínez y Daniel Speroni; SANTO TOME: Víctor Navajas Centeno; LAVALLE: Camilo J. Matta, Ramón Echevarría, José del Giorgio, Camilo Córdoba (h), Gerardo Aquino; BERON DE ASTRADA: Eduardo Díaz Colodrero; SAN MIGUEL: Tomás Castillo Odena; SAUCE: Fernando Valenzuela y Eliseo A. Paiba; SAN LUIS DEL PALMAR: Mariano Gómez, Abdón Valenzuela, Marcelino C. Pérez, Adolfo Encinas, José Agustín Pérez y Adolfo Barrios; MERCEDES: Leonardo Sánchez, José Brouchou, César Duhagon, José Delmidio Meza, Augusto Costaguta y J. Lacour; LA CRUZ: F. Benigno Garay, José María Bianchi y Ernesto R. Meabe; CURUZÚ CUATIÁ: Carlos Abadir Acuña, Vicente S. Segovia, Pablo Manchiamello, Benjamín Virasoro Gauna, y Teófilo Moreyra; PERUGORRIA: Rafael Meabe; MONTE CASEROS: Saturnino Erro, M. Marambio Ballesteros y Oscar Dalurzo; GENERAL PAZ: Eudoro Pérez, Gervasio Blanco y José Aguirre; PASO DE LOS LIBRES: Samuel Boronat; EMPEDRADO: Juan R. Riquelme y Telmo Faraone; CONCEPCION: Albino Arbo y Alcibíades Z. Rojas; BELLA VISTA: Juan B. Palma, Enrique Carbone y P. Virgilio Ciolli; SAN ROQUE: Valentín Fredes y Raymundo Meabe; MBURUCUYA: Hildebrando Gómez y Roberto Gigliani; ITUZAINGO: Pedro Masó y Juan Aguirre Contte; ESQUINA: Luis P. Piragini, Rafael Díaz de Vivar, José de la Cruz Gallardo, José de Bossini, Julio Valenzuela y José María Fonseca; ITATI: Pedro Gandulfo. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Seguidamente, el doctor Justo Alvarez Mayes (h) presentó la moción concreta en tal sentido fundándola meticulosamente y resaltando que ése era el anhelo de la juventud liberal. El doctor Justo Alvarez Hayes apoyó el proyecto presentado por su hijo y en igual sentido se pronunciaron los doctores Raymundo Meabe, Mariano Gómez y Augusto Costaguta, aunque dejando en claro que eran partidarios de la coalición como sistema de co-gobiemo en la provincia pero, en el caso particular del conflicto actual, creían llegado el momento de la ruptura.

Paradójicamente, correspondió a Manuel Cabral (h), quien había motivado con su renuncia el planteo liberal, asumir la posición de defensa de la continuidad del pacto, expresando que tal vez estaba en condiciones de exhibir en la emergencia una experiencia política vivida en función del Gobierno actual, lo que le daba la autoridad necesaria para reclamar el mantenimiento del acuerdo, no sólo por ser de interés general para la provincia, sino en particular para el partido liberal.

Luego de reseñar antecedentes de la política local, hacía resaltar la circunstancia de que cada vez que el partido se separaba de la coalición, más tarde o más temprano volvía a integrarse a ella, pero con su caudal electoral diezmado. Llamaba la atención sobre la magnitud de las condiciones en que quedaría el partido y ante algunas interrupciones críticas que se le formulaban, contestaba que si bien era cierto que el Poder Ejecutivo durante su actuación como ministro le había dado muchos dolores de cabeza, podía asegurar que la Junta Directiva del partido liberal le había dado muchos más con los pedidos de puestos para los correligionarios.

Y en ese orden de ideas les decía también que los partidos están para servir al país y no para que éstos se sirvan del país y los partidarios están para servir al partido y no deben éstos servirse del partido.

Sin ninguna duda, el documento que pintaba en la forma más descarnada la situación que habría de sobrevenir fue una nota que Manuel Cabral (h) envió a sus amigos políticos del Interior, que en lo sustancial expresaba “su posición contraria a las tendencias rupturistas, ya que ello importaría la inmediata cesantía de los empleados públicos liberales y la consiguiente posición desventajosa del partido para las luchas comiciales y la pérdida de la gobernación en el próximo período.
Quedarían los liberales -decía- con menos arraigo en Corrientes y sin ninguno o muy escaso en el orden nacional”.

Y se preguntaba:

¿Cuáles serían sus fuerzas cuando, trabajado el electorado por el Gobierno autonomista, por los personalistas y los antipersonalistas?”, concluyendo en que la ruptura del Pacto sólo llevaría a una pérdida política y administrativa, “y no se habrá impedido ninguna irregularidad en la Administración estando fuera de ella, pues ya se sabe que a pesar de los discursos, en la Legislatura no se consigue nada y el Poder Judicial tiene un alcance político insignificante a lo que debía agregarse que los jueces liberales se desgranarían de a poco, unos por decoro partidario y otros por conclusión de su mandato”.

Y ante la objeción de que los autonomistas tampoco podían gobernar sin el apoyo liberal, se contestaba que “ello era un engaño: primero, porque se quedan con el Gobierno; segundo, porque contarán con el apoyo del antipersonalismo, que ya lo tienen; y, tercero, porque el Gobierno será siempre preferido en todo arreglo antes que un partido de oposición que ha roto su compromiso.
Quedaría así, para los liberales, la disyuntiva de auxiliar a los personalistas -que en su intransigencia no admiten acuerdos- o bien volver a pactar con los autonomistas, es decir volver a caer en el punto de partida”.

Por esas razones y encarando la cuestión dentro del ambiente político del país y dado el momento de la cuestión presidencial y de las próximas elecciones de diputados nacionales y provinciales y las que dentro de un año y medio debían realizarse para elegir gobernador y vicegobernador de la provincia, les hacía saber que entre varios liberales se proponían trabajar por el acuerdo liberal-autonomista, que cualquiera fueran sus incidencias, sus asperezas y sus inconvenientes, conservaban la paz de la provincia, se marchaba adelante y los hombres capacitados y sanos del partido liberal proseguirían al frente de los cargos públicos nacionales y provinciales.

Terminaba diciendo que la Junta de Gobierno del partido autonomista no deseaba la ruptura, que el Poder Ejecutivo de la provincia mantendría en sus cargos a todos los funcionarios que respondan a la política del acuerdo, por lo que requería la opinión de sus amigos al respecto a fin de comenzar la organización de los comités acuerdistas en toda la provincia.

Cabral (h) no estaba equivocado en su evaluación, a la luz de los acontecimientos que se sucedieron en varias décadas.

Agotado el debate en la convención, votaron por la ruptura del Pacto 62 convencionales, mientras que por su mantenimiento lo hicieron sólo 5: Manuel Cabral (h), Albino Arbo, Alcibíades Z. Rojas y los diputados Eduardo Díaz Colodrero y Enrique Maróttoli. Se abstuvieron de sufragar 9 convencionales.

Seguidamente se redactó un manifiesto, especificando los motivos de la ruptura en el que se expresaba que “luego de analizar la situación creada a la marcha de la coalición por los hombres del Poder Ejecutivo y por el partido autonomista que ha expresado su solidaridad con los mismos, declara que desde la iniciación del período gubernativo se advirtió una desviación de normas y prácticas que habían orientado la actuación de los Gobiernos liberales, dentro del marco de la Constitución y las leyes y con la mayor lealtad y respeto por el partido aliado en el orden político.
Anteriores convenciones reclamaron mayor continencia de gastos públicos, mayor respeto a los principios del Derecho y a la palabra empeñada, lealtad política y corrección administrativa y, de igual forma, las gestiones del Comité Ejecutivo en la obtención de estos fines.
Se llegó a una extrema tolerancia en la esperanza de lograr la regularidad de la Administración Pública que le permitiera compartir solidariamente las responsabilidades que ella comporta. Se ha destacado en los hechos -seguía diciendo- la deslealtad del Gobierno para con el partido liberal, cuya integridad ha buscado por todos los medios quebrantar para producir su anarquía y división, atentando contra su propia existencia, lo que implica en el partido gobernante una inexcusable transgresión de las normas de la moral política que deben regir las relaciones de los partidos que comparten las responsabilidades del Gobierno creado por el esfuerzo común.
Este propósito, ya fracasado otras veces, es lo que más ha herido la sensibilidad del partido liberal, que veía en peligro su cohesión y decoro y, frente a esas maniobras del Gobierno, el partido debía resolverse a defender su patrimonio moral y su tradición histórica, oponiendo franco repudio a esa política de agresión desleal”.

Más adelante decía “que en el orden institucional ejerció una injerencia regresiva y desquiciante sobre los demás poderes del Estado, subvirtiendo principios republicanos y se intentó empañar la más honrosa conquista de nuestra democracia en materia de libertad electoral que la provincia ostenta desde hace más de un cuarto de siglo.
La coalición, fórmula más avanzada de cooperación para desenvolver la tarea de gobierno, no ha podido realizarse en el actual porque no ofrecía las bases morales ni administrativas para sustentarlas, por lo que, finalmente, se resolvía disolver de hecho el pacto político existente con el partido autonomista(5).

(5) Periódicos “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 16 y 17de Noviembre de 1927 y “El Liberal”, (Corrientes), ediciones del 16 y 17 de Noviembre de 1927. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El Pacto Autonomista-Liberal había sido roto. ¡Quedaban allí casi veinte años de Gobiernos surgidos bajo su inspiración! Habría de transcurrir un tercio del siglo XX para que recién ambas fuerzas volvieran a reunirse en base a una nueva coalición política.

Mucha agua habrá de correr bajo el puente y muy distintas serán las circunstancias en que volverán a encontrarse.

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