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Cambios en el esquema político. La renuncia del gobernador

Los resultados electorales en la nación y en la provincia habrían de determinar algunos cambios sustanciales en el esquema político tradicional que por muchos años había aparecido como inamovible en Corrientes.

El primer síntoma preelectoral estuvo dado por la decisión rupturista de la mayoría del liberalismo, empujado por su juventud, alejándose del aliado histórico autonomista, buscando un acercamiento hacia la fuerza que en aquellos momentos aparecía como un movimiento popular incontenible en su avance en toda la República.

Ese acercamiento no se manifestó en forma institucional por parte del liberalismo, pero la decisión tomada por sus autoridades dando libertad de acción a sus afiliados era en los hechos una indicación concreta de votar en favor del radicalismo personalista.

Pero esto, en suma, determinó un fenómeno de trasvasamiento de votos y voluntades en favor del radicalismo que resultó común a todas las provincias que hasta entonces se las tenía como opositoras a Yrigoyen.

El radicalismo recibió el aporte de votos para la candidatura presidencial pero no respondió en igual forma, como en las vísperas del comicio se descontaba.

El cambio en el espectro político no fue tan sólo para los liberales. Ya se ha visto que los antipersonalistas votaron en común con autonomistas y liberales pactistas los candidatos del Frente Unico. Pero no lo hicieron así con los candidatos a diputados nacionales de sus aliados. En este aspecto, ambos radicalismos se parecían bastante: estaban dispuestos a recibir aportes de otras fuerzas pero eran intransigentes para corresponder de igual manera, seguramente porque ello se entendería como expresión de un “contubernio”.

A medida que los días pasaban y se acentuaba la idea de que el futuro Gobierno Nacional iría a Intervenir la provincia, muchos grupos -invocando distintas razones- buscaron mejores posicionamientos.

Así, en el propio partido autonomista tan férreamente conducido por el doctor Juan Ramón Vidal, se produjeron divisiones internas protagonizadas -en este caso- por un sector liderado por el ex diputado nacional, doctor Luciano Romero, al que acompañaban entre otros el doctor Julio C. Rivero y los ex diputados provinciales, doctor Saúl Breard y señor Carlos Moreno, constituyéndose una Junta de Gobierno provisional.

Entre los aliados liberales pactistas surgieron también algunas diferencias significativas que determinaron el desplazamiento de Manuel Cabral (h) de la presidencia, que pasó a Luis Barberán, acompañado por varios legisladores provinciales. La posición de los amigos de Cabral (h) era la de oficializar el pacto con el partido autonomista, respetar las posiciones del liberalismo en el Gobierno y, además, invitar en un manifiesto al sector “rupturista” a reanudar el Pacto y restablecer la concordancia de las fuerzas conservadoras de la provincia.

Los segundos, por su parte, eran contrarios a la oficialización del Pacto(1).

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 6 de Junio de 1928. La convención liberal pactista eligió presidente a Luis Barberán; vicepresidente 1ro. a Enrique Maróttoli; vicepresidente 2do. al coronel Jorge Macfarquhar; secretario a Agustín Solari; tesorero a Eduardo Díaz Colodrero; y vocales a Manuel Cabral (h), doctor Adolfo B. Sánchez, J. Federico Fernández Serrano e Hildebrando Gómez. Macfarquhar y Cabral (h) renunciaron. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- La renuncia del gobernador González exigida para recomponer el Pacto

No eran del todo ajenas a estas situaciones producidas en el seno de los autonomistas y liberales pactistas, ciertas actitudes intemperantes del gobernador Benjamín Solano González en el manejo de las relaciones entre el Gobierno y los partidos. La situación del Gobierno se complicaba cada vez más por la falta de apoyo de los diversos sectores.

A las situaciones conflictivas creadas como consecuencia de las Intervenciones dispuestas por el Poder Ejecutivo a varias municipalidades, que habían originado diversos planteos e interpelaciones, se unía una situación de crisis en el Concejo Deliberante de la ciudad capital, donde los sectores gubernistas eligieron presidente del cuerpo a Elías Abad y motivaron la airada renuncia de Manuel Cabral (h) que había venido desempeñando ese cargo.

A ello se agregaban las diversas propuestas de designaciones de funcionarios y magistrados que requerían acuerdo senatorial y que en forma sistemática les eran negados por un Senado mayoritariamente adverso. También seguía sin solución la desintegración del Superior Tribunal de Justicia, con tres camaristas oficialistas y tres liberales que se negaban a concurrir a sus funciones y habían pedido la Intervención Federal.

La situación se puso realmente angustiante, al extremo de que si no se lograba una solución no era difícil que terminara con la renuncia del Primer Mandatario o, en su defecto, se consideraba casi segura la Intervención Federal, pues el régimen municipal como el Poder Judicial se hallaban prácticamente subvertidos por factores artificialmente generados.

El gobernador quedaba rodeado del círculo de hierro de los partidos que lo llevaron a la alta magistratura, los que estaban soportando las fracturas a que hemos referido y, el jefe de uno de ellos, el doctor Vidal, se mantenía en estricto silencio, lo que hacía suponer a muchos que aquél ya no contaba con el apoyo político de la agrupación de cuyo seno surgiera.

Lo que pasaba es que las fuerzas conservadoras buscaban reagruparse ante el peligro radical, pero la condición que se exigía para esa recomposición era la renuncia del doctor González, cuya conducta era resistida por el partido liberal y una parte del autonomismo y la entrega del mando al vicegobernador Erasmo Martínez (liberal) para asegurar de esta manera que en la renovación gubernativa del próximo año se lograse el triunfo con la comodidad de siempre.

Dilema de hierro, sin duda: o la renuncia del gobernador y un nuevo pacto político para afianzar la situación conservadora en Corrientes o la repetición del caso del Gobierno del doctor Mariano Indalecio Loza, con el pedido de Intervención Federal debido a la falta de cooperación del Poder Legislativo que impedía al Gobierno desarrollar su acción administrativa produciendo el falseamiento del régimen republicano de gobierno(2).

(2) Semanario “El Trabajo”, (Mercedes), edición del 17 de Julio de 1928. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Es que, en realidad, se estaban creando las dificultades necesarias para justificar el pedido de Intervención Federal. Tiempo antes de las elecciones, los tres miembros de origen liberal del Superior Tribunal de Justicia la habían solicitado al presidente Marcelo Torcuato de Alvear sin éxito, y ahora volvían a la carga, en este caso con el aval de la Junta Ejecutiva de su partido, reclamándola en forma imperativa al Congreso.

También lo habían hecho los radicales personalistas en la Cámara de Diputados de la Nación y hasta los propios antipersonalistas se reunían a pedido de su Comité de la Juventud en apoyo del remedio federal para “normalizar” el régimen de gobierno de la provincia.

Se dejaba de lado la obra progresista del gobernante y se la entorpecía negándosele acuerdos, no dándole presupuesto, no autorizándole empréstitos para el pago de la deuda externa proveniente de Gobiernos anteriores, permitiendo con ello que la provincia fuera demandada y ejecutada ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tratando de ofrecer así al país la imagen de la subversión institucional que justificase aquella medida extrema de la Intervención Federal(3).

(3) Semanario “El Trabajo”, (Mercedes), edición del 31 de Julio de 1928. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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