El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

La sociedad correntina a principios del siglo XX

Es conveniente presentar algunos rasgos de la sociedad correntina de principios del siglo XX, que también se verán reflejados en sus prácticas políticas. Esta problemática constituye en sí misma una línea de investigación que excede los objetivos propuestos para esta tesis, razón por la cual aquí sólo se mencionan algunas cuestiones que seguramente necesitarían una profundización a través de trabajos de investigación específicos(1).

(1) Cabe aclarar aquí que, a pesar de la importancia de este tema para la comprensión del devenir histórico de la provincia de Corrientes, ha sido escasamente abordado por los historiadores locales. Para la descripción de la sociedad urbana se siguió a M. G. Quiñónez. “La Elite, la Ciudad y las Prácticas Sociales (Corrientes entre 1880 y 1930)” (2000), p. 187, Tesis de Licenciatura en Historia (inédita), Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste; y los relatos de Gabriel Carrasco. “Cartas de Viaje por el Paraguay, los Territorios Nacionales del Chaco Formosa y Misiones y las provincias de Corrientes y Entre Ríos” (1889), p. 319. Ed. Imprenta, Litografía y Encuadernación de Jacob Peuser, La Plata, Buenos Aires; Jules Huret. “La Argentina (de Buenos Aires al Gran Chaco)” (¿1910?). Eugene Fasquelle Editor - Sociedad de Ediciones Louis Michad, s/f, París-Buenos Aires; Héctor López Herrera. “Viajando por Corrientes” (1937). Edición del Autor, Corrientes. Para la descripción de la sociedad rural y sectores populares se siguió a Juan Bialet Massé. “Informe sobre el Estado de las Clases Obreras en el Interior de la República” (1904), tomo I. Imprenta y Casa Editora de Adolfo Grau, Buenos Aires; y Gaspar Bonastre. “El Paisano Correntino” (1988), p. 66. Edición del Autor, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

María Gabriela Quiñónez, siguiendo una descripción de la sociedad correntina realizada por Manuel Florencio Mantilla en 1895, distingue la existencia de tres sectores sociales: “alta sociedad”, “sociedad nueva” y “masa popular”(2).

(2) Alberto Rivera. “Una Descripción Inédita de Manuel Florencio Mantilla sobre la Ciudad de Corrientes” (1980), p. 200, en: “Folia Histórica del Nordeste”, Nro. 4. Ed. Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI), del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Universidad Nacional del Nordeste - CONICET, Resistencia. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

De acuerdo con sus representaciones, la primera se caracterizaba por conservar “las antiguas costumbres españolas”; la segunda prefería “las innovaciones del modernismo ligero que fomenta la ostentación y los placeres fugaces, con descuido de conveniencias permanentes del orden social”; y, finalmente, la masa popular se manifestaba “... blanda en ideas, propósitos y dirección templadas...”, carente de vicios, “... laboriosa y guapa para cualquier trabajo(3).

(3) Alberto Rivera. “Una Descripción Inédita de Manuel Florencio Mantilla sobre la Ciudad de Corrientes” (1980), p. 200, en: “Folia Histórica del Nordeste”, Nro. 4. Ed. Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI), del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Universidad Nacional del Nordeste - CONICET, Resistencia. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

Esta descripción, realizada por un intelectual que se reconocía parte del primer grupo da cuenta de, por una parte, la noción de una estructura jerárquica de la sociedad percibida por sus propios miembros que se venía configurado desde los tiempos coloniales y, por otra, la existencia de tensiones entre los dos sectores que componían la élite social a fines del siglo XIX (tanto la alta sociedad como la sociedad nueva) y la presencia de transformaciones no bien recibidas.

El sector que Mantilla denominó “alta sociedad” estaba constituido por el patriciado correntino que se consideraba con derecho a ocupar la cúspide de la estructura social. Este sector, conformado por familias de pretensiones aristocráticas, defensoras de sus tradiciones, se había consolidado en la segunda mitad del siglo XIX.

Las familias patricias se arrogaban privilegios y responsabilidades que eran transmitidos de generación en generación, junto al apellido y las posesiones simbólicas. El largo proceso de configuración de este sector social contribuyó en la formación de un conjunto de rasgos identitarios, que si bien lo asemejaban a otros patriciados provincianos, constituidos a través de procesos semejantes, también le aportaba caracteres distintivos(4).

(4) Ernesto Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776 - 1810” (1981). Ed. Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

El patriciado que se consolida en Corrientes a partir del último tercio del siglo XIX, más allá de sus vínculos con linajes de raigambre colonial, se distinguiría fundamentalmente por la actuación de sus antepasados en el proceso de independencia y en las luchas por la organización institucional de la provincia y del país, y por la participación destacada que sus miembros habían tenido tanto en el manejo de las instituciones como en la conducción de las milicias(5).

(5) José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes, Primera Mitad del siglo XIX)” (1991). Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

Ya consolidado -en la segunda mitad del siglo XIX- el patriciado correntino presentaba un perfil homogéneo que se traducía en una serie de rasgos que identificaba a quienes lo componían y al mismo tiempo permitía que se diferenciaran de quienes no pertenecían a él. Unidos por intereses económicos pero muchas veces enfrentados en la arena política, compartían una misma visión del pasado y del futuro de la provincia, tenían una comprensión en común del lugar que ocupaban en la sociedad, gozaban de igual rango o prestigio heredado y regían sus relaciones y conductas por pautas socialmente establecidas que sustentaban los vínculos personales y familiares.

Su preeminencia social respondía sustancialmente a su tradición como grupo dirigente, al nivel cultural adquirido por sus miembros, que habían tenido acceso a estratos educativos superiores y a los beneficios obtenidos por la explotación de los recursos ganaderos. El manejo del aparato institucional de los municipios y de la provincia y la imposición de las reglas que regulaban el ascenso social, los convertía en sostenedores del orden socio-económico del que eran beneficiarios.

De allí el importante papel que se otorgaba a los roles admitidos para cada género, a las circunstancias que rodeaban las concertaciones matrimoniales y a la preservación de las relaciones familiares extensas, que permitían el sostenimiento solidario del rango social de todos sus miembros.

La “sociedad nueva” estaba constituida por familias de reciente arraigo en la sociedad, que habrían arribado con posterioridad al período de las luchas civiles y la organización nacional. Este sector, que carecía del linaje que caracterizaba a las familias del patriciado, aportaba nuevos valores de estimación social, vinculados con el éxito económico obtenido generalmente en las actividades comerciales e industriales.

Alejados del apasionamiento con el cual las familias tradicionales vivían las cuestiones políticas, esta “burguesía empresaria” canalizaba su potencial en sus actividades económicas. Por el creciente poder que adquirió a fines del siglo XIX, sus integrantes comenzaron a ocupar un espacio cada vez más importante en la sociedad y la vida política e institucional de la ciudad y la provincia. Su escasa notabilidad fue paulatinamente subsanada, al vincularse a través de los negocios y las alianzas matrimoniales con las familias del patriciado.

En síntesis, la élite correntina finisecular se caracterizaba precisamente por estar integrada por individuos provenientes tanto del patriciado -de prestigio social heredado- como de la burguesía comercial de origen extranjero, que fue ascendiendo en la escala social. Es así que, a principios del siglo XX, el viejo patriciado y la sociedad nueva conformaban una suerte de “élite dirigente” integrada por círculos de relaciones estables que se interrelacionaban en distintos ámbitos: ya sea en la política, en los negocios como en las prácticas sociales.

Sus miembros compartían intereses económicos, la formación cultural, el estilo de vida, ideas, proyectos y valores. Se identificaban entre sí por el respeto hacia las convenciones que regían la vida social y se diferenciaban del resto de la sociedad por los lugares en que vivían, los sitios que frecuentaban, los bienes que poseían y las actividades que desarrollaban.

La sociedad nueva, en el terreno de la sociabilidad, se sometió a las reglas del patriciado en numerosos aspectos; sin embargo, la ostentación, cualidad atribuida a los nuevos miembros, se convirtió en un rasgo distintivo de todas las familias de la élite de mayor poder económico.

En el otro extremo, los sectores populares, se encontraban completamente ajenos a la posibilidad de ascenso social. En la mentalidad de la clase alta, los sectores populares constituían una masa de población pasiva sujeta al trabajo y necesitada de su amparo y dirección. Por otra parte, constituían la base de reclutamiento de la clientela política para los hombres del grupo dirigente.

Los trabajadores, tanto urbanos como rurales, vivían en condiciones muy precarias, sometidos a duros regímenes y a salarios muy bajos que no les alcanzaban para costear ni siquiera lo mínimo. El concubinato estaba generalizado tanto en las zonas rurales como en los centros poblados, lo que dejaba en una situación de desamparo especialmente a la mujer y elevaba de manera impresionante el número de hijos naturales.

Esto generaba la inexistencia de la institución familiar típica y la constitución de una especie de matriarcado de orden inferior. Los mendigos y la prostitución abundaban en toda la provincia como consecuencia de las mismas condiciones de vida a las que estaban sometidos estos sectores.

En el campo, además de la desprotección y miseria en la que vivían los peones y capataces, existía un tercer grupo de trabajadores denominado “pobladores”, que se encontraban en condiciones aún más precarias. El patrón le permitía al poblador hacer un rancho en la estancia, principalmente junto a las tranqueras, y usar una porción pequeña de tierra, pero a cambio contraía la obligación de trabajar gratis en los momentos en que se lo requería y no podía tomar otro trabajo fuera del establecimiento sin su anuencia. El robo, el juego y la falta de educación básica eran una constante. El guaraní era la lengua más utilizada por estos sectores sociales, muchos de los cuales -especialmente en la campaña- no conocían el español.

La relación clientelar que se estableció entre trabajadores rurales y patronos era interpretada como símbolo de lealtad por éstos últimos. La militancia partidaria se transmitía de padres a hijos y consistía fundamentalmente en la fidelidad al caudillo político local. Se trataba de una adhesión de carácter emocional más que racional, puesto que apuntaba más al hombre que al programa o contenido político de los partidos, muchas veces completamente desconocido. El día de la votación se los llevaba en grupos hasta el comicio, momento en el que debían demostrar esa lealtad hacia sus patrones.

Promediando la segunda década del siglo XX, algunos sectores de trabajadores urbanos empezaron a tener una actuación más significativa en la esfera pública provincial a través de diferentes asociaciones gremiales y sindicatos organizados y movilizados.

Diferencias muy marcadas, desde el punto de vista de las necesidades y de las posibilidades, mantenían una estricta separación entre estos sectores y los círculos sociales anteriormente caracterizados. Un párrafo del informe sobre el estado de las clases obreras en el Interior de la provincia presentado por Juan Bialet Massé, sintetiza con claridad y crudeza las características de la sociedad correntina a principios del siglo XX: “apatía, rutina, indiferencia y decadencia en las clases pudientes; salarios insuficientes, falta de trabajo y de moralidad en las clases trabajadoras; y en todas una alta intelectualidad que se esfuma y pierde en el vacío(6).

(6) Juan Bialet Massé. “Informe sobre el Estado de las Clases Obreras en el Interior de la República” (1904), tomo I, p. 369. Imprenta y Casa Editora de Adolfo Grau, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

La conciencia pública, monopolizada por la visión del grupo dirigente, denotaba los intereses, los objetivos y las preocupaciones que se instalaban y debatían en el seno de ese sector que conducía a la sociedad en su conjunto. Los principales dirigentes de los partidos políticos actuantes en la provincia durante el período aquí analizado pertenecieron a esa élite social y económica, quienes se sentían naturalmente llamados a dirigir los destinos de la provincia.

Interesados fundamentalmente en la política partidaria, no se preocuparon demasiado por transformar la estructura económica y social de Corrientes.

- Algunos rasgos de los sectores dirigentes correntinos a principios del siglo XX. Ideas dominantes y prácticas sociales

La élite dirigente correntina fue permeable a las ideas liberales y al credo positivista circulante en el país a fines del siglo XIX(7).

(7) Sobre las ideas circulantes en Argentina a fines del siglo XIX puede consultarse a Natalio Botana. “Pensamiento y Proyectos Políticos. 1880 - 1914”, en: Academia Nacional de la Historia. “Nueva Historia de la Nación Argentina - La Configuración de la República Independiente (1810 - c. 1914)” (2000), pp. 47 - 75. Ed. Planeta, Buenos Aires; Carlos Floria. “El Clima Ideológico de la Querella Escolar”, en: Ezequiel Gallo y Gustavo Ferrari (comp). “La Argentina del Ochenta al Centenario” (1980), pp. 851-870. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

Sus concepciones acerca de la sociedad y su desarrollo cultural y los medios para llevarlas a la práctica, no fueron planteados como un proyecto explícito y deliberado, pero pueden advertirse a través de las expresiones de sus principales representantes, en el discurso político y periodístico y en forma implícita en los referentes materiales y las prácticas sociales.

La búsqueda permanente del progreso moral y material de la sociedad movilizó a la élite correntina en torno a las ventajas del asociacionismo orientado hacia diversos fines, como medio adecuado para encauzar los esfuerzos aislados hacia realizaciones concretas al estimular el intercambio de ideas, el surgimiento de proyectos, la vinculación de la acción particular con la oficial y la interacción de los sectores sociales.

Sus principales representantes formaban parte de las distintas Comisiones Directivas de los clubes sociales “Del Progreso”, “Social” y “Jockey Club”, de las asociaciones gremiales como los “Círculos de Obreros” (tanto laico como católico) y de las asociaciones católicas como “Conferencia San Vicente de Paul”, “Hermandad del Santísimo” y “Tercera Orden Franciscana”.

Las mujeres también participaban de diferentes asociaciones -especialmente católicas- destinadas a la beneficencia, como “Tercera Orden Fraciscana”, “Apostolado de la Oración”, “Pía Unión de San Antonio”, “Hijas de María”(8).

(8) Véase: P. Benjamín Serrano. “Guía General de la Provincia de Corrientes. 1910” (1910). Ed. Talleres de Teodoro Heinecke, Corrientes. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

El positivismo, con su más importante representante en Corrientes, J. Alfredo Ferreyra(9), tuvo una directa incidencia en el ámbito educativo correntino desde fines del siglo XIX a través del impulso que le dio el Consejo General de Educación.

(9) J. Alfredo Ferreyra nació en Esquina (Corrientes), el 29 de Abril de 1862 y falleció en Buenos Aires el 21 de Mayo de 1938; egresó del Colegio Nacional y Escuela Normal Anexa con el doble carácter de Bachiller y Maestro y, posteriormente, se trasladó a Buenos Aires donde obtuvo el título de Abogado. Desempeñó importantes cargos en el ámbito educativo provincial y nacional, destacándose durante su labor como presidente del Consejo Provincial de Educación a fines del siglo XIX. Malvina A. de Gabardini. Revista “La Escuela Positiva (Corrientes 1895-1899)” (1995), p. 6, Introducción e Indices. Ed. SECYT - UNNE. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

De acuerdo con los postulados de esta corriente ideológica, la educación era concebida como el instrumento más eficaz para dar forma a la estructura social, determinando el desarrollo de las capacidades y talentos a través de propuestas educativas acordes con las condiciones innatas que se le atribuían a cada individuo.

Elevar el nivel intelectual de las personas y fomentar el desarrollo de la cultura pública, en función del progreso moral y material del conjunto de la sociedad, eran los objetivos que orientaron las iniciativas y acciones de la élite en el terreno de la educación que, sin embargo, hasta mediados del siglo XX y a juzgar por los datos censales sobre escolaridad y analfabetismo, alcanzaba sólo a un sector minoritario de la población.

El tradicionalismo católico y la religiosidad, rasgos que caracterizaron a la sociedad correntina desde su origen, se vieron afectados a fines del siglo XIX por los embates del liberalismo. La moral cristiana cedió paso a la moral liberal, orientada hacia el acatamiento de las normas que aseguraran la convivencia social y mantuvieran su predominio de clase.

Los postulados del liberalismo, además, justificaban la persecución de objetivos terrenales, como el progreso material, atacando la excesiva influencia del espiritualismo dogmático. Esto se reflejó, también, en la organización institucional de la provincia, puesto que en la reforma de la Constitución de 1889 se decidió separar completamente la Iglesia del Estado y se suprimió el artículo que expresaba la obligación del Estado Provincial de sostener al culto católico, fundando esa idea en la necesidad de garantizar la libertad de cultos(10).

(10) En la Convención Constituyente se discutió levemente este tema; una muy pequeña minoría se mostró disconforme con la reforma. Entre ellos pueden mencionarse a Rómulo Amadey, J. Benjamín Romero y Juan B. Aguirre Silva, mientras que entre los que fundaron su voto a favor estuvieron Félix María Gómez y José M. Guastavino. Véase el “Diario de Sesiones de la Convención Constituyente de 1889”, en: Hernán Félix Gómez. “Bases del Derecho Público Correntino” (1926), tomos II y III, Corrientes. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

La formación universitaria se transformó en una exigencia de la condición social de la élite. Los bachilleres se trasladaban a Buenos Aires o Córdoba para iniciar los estudios universitarios (especialmente Medicina y Derecho). Sin embargo, mientras permanecían en la universidad mantenían una fuerte cohesión en torno de su condición de “hijos de Corrientes”, razón que motivó el surgimiento de agrupaciones a través de las cuales mantenían contactos institucionales con las asociaciones o centros de la provincia natal.

Con el título universitario regresaban a Corrientes, muchos de ellos ingresaban al terreno de la política partidaria y, eventualmente, al desempeño de cargos en la función pública. La pertenencia o adhesión a determinado partido político era un factor de conflicto en las relaciones sociales y se materializaba en la existencia -desde el siglo XIX- de dos Clubes identificados con las dos tendencias políticas tradicionales de Corrientes: El Progreso -de los liberales- y El Social, de los autonomistas.

Además, era frecuente ver a los hijos militando en el partido de sus padres, aunque la irrupción de la Unión Cívica Radical en el escenario político provincial consiguió quebrar esa polarización de la clase dirigente y favoreció, en algunos casos, la adhesión a distintos partidos de miembros de una misma familia.

La influencia de la masonería en la política correntina, aunque aún no se haya estudiado en profundidad, se evidencia en el importante número de figuras relevantes de los partidos políticos correntinos que adhirieron a ella. La logia “Constante Unión” -fundada en la capital correntina en 1834- y las existentes en distintas localidades del Interior provincial nuclearon a los principales dirigentes de todos los partidos políticos correntinos. Entre ellos figuraron Ramón Contreras, Desiderio Dante, Rómulo Amadey, Guillermo Rojas, Leandro Caussat, Lorenzo Aquino, Avelino Verón, Lindor Delfino, que ejercieron el cargo de presidente de la logia y tuvieron una actuación relevante en la política correntina en el período aquí estudiado.

También estuvieron ligados a la masonería Juan Esteban Martínez, Juan Resoagli, Juan Ramón Vidal, Valentín Virasoro, Juan Balestra, Manuel Bermúdez, Manuel Cabral (h), Adolfo Contte, Justo Díaz de Vivar, José Miguel Guastavino, Manuel Mora y Araujo y Felipe y Justino Solari, todos ellos figuras protagónicas de la política correntina de principios del siglo XX(11).

(11) Véase Guillermo Ricardo J. G. Harvey. “Políticos Masones en la Historia Política Correntina” (2000), en: “XX Encuentro de Geohistoria Regional”, tomo I, pp. 465-486. Ed. Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI), del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Universidad Nacional del Nordeste - CONICET, Resistencia; y Albicíades Lappas. “La Logia ‘Constante Unión’ de la Ciudad de Corrientes”, en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes” (1971), Nros. 5-6. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

El desarrollo de la masonería y la difusión de las ideas liberales durante el siglo XIX provocaron una disminución en la devoción cristiana de los hombres, que se tradujo en el apoyo a la educación laica, la separación de la Iglesia y el Estado y la configuración de un conjunto de concepciones morales que justificaban la persecución de fines terrenales, como el progreso material.

El avance del liberalismo, con su ataque a los dogmas, sumado al materialismo creciente, restaron profundidad al sentimiento religioso. Sin embargo, los principales dirigentes de la provincia no encontraron, al asistir a los tedeum y fiestas religiosas, ninguna contradicción consus principios ideológicos y lo siguieron haciendo con regularidad.

La influencia del liberalismo llegó también a la práctica de la beneficencia, donde sus fines coincidían con sus postulados filantrópicos, que tendían a lograr que los sectores beneficiados aceptaran su condición moral y social como natural.

En Corrientes, el “liberalismo de estilo conservador” se mantuvo en los partidos tradicionales a principios del siglo XX y se caracterizó por un difuso liberalismo político y económico conjugado con una marcada resistencia a aceptar los cambios que traía aparejada la instauración de la institucionalidad democrática(12).

(12) En ese sentido, se lo puede caracterizar como un “liberalismo reaccionario”, que se profundiza hacia fines del período aquí estudiado. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

Liberales, antes que demócratas, republicanos de viejo estilo, pragmáticos a la hora de disputar el poder, recibieron la denominación común de conservadores más por la actitud de rechazo a las consecuencias de la irrupción de la democracia masiva que por la pertenencia ideológica al conservadorismo, tal como se lo conocía en Europa.

El republicanismo democrático estuvo presente moderadamente en el radicalismo correntino y las ideas socialistas prendieron escasamente en la población, lo que se refleja en lo limitado de los alcances que tuvo el socialismo como partido en la provincia(13).

(13) Sobre las corrientes ideológicas a principios del siglo XX puede consultarse a Carlos Egües. “El Pensamiento Político (1914 - 1943)”, en: Academia Nacional de la Historia. “Nueva Historia de la Nación Argentina”, tomo VII: “La Argentina del Siglo XX” (2001), pp. 401- 432. Ed. Planeta, Buenos Aires; y Ricardo Falcón. “Militantes, Intelectuales e Ideas Políticas”, en: Ricardo Falcón (dir). “Nueva Historia Argentina”, tomo VI: “Democracia, Conflicto Social y Renovación de Ideas (1916- 1930)” (2000), pp. 323- 356. Ed. Sudamericana, Buenos Aires.

Información adicional