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Se dicta el decreto de Intervención Federal de 1929

A los dos días del sangriento suceso registrado en la Ciudad de Curuzú Cuatiá se dictaba el decreto de Intervención, fundado en una serie de consideraciones muy vagas, tales como “el estado de profunda descomposición existente en la provincia, sometida a la arbitrariedad de un Gobierno de composición viciosa y funcionamiento irregular” ... "negación completa del sistema republicano representativo, los poderes gubernamentales originarios del fraude mantienen un régimen de opresión mediante la más desenfrenada violencia caracterizada siniestramente por frecuentes derramamientos de sangre, como lo evidencian los asesinatos cometidos en toda la provincia y seguidos invariablemente de la más absoluta impunidad.
La vida, seguridad y libertad de las personas se hallan a merced de los delincuentes y carecen de la más elemental justicia. Falta de seguridades para la práctica de los derechos políticos y falta de respeto a los pronunciamientos del sufragio, han determinado la abstención electoral de los partidos; vida administrativa caracterizada por las más vergonzosas inmoralidades y perversiones, y los gobernantes son acusados de la comisión de graves delitos sin preocuparse en levantar o esclarecer esos cargos(1).

(1) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 25 de Abril de 1929. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Seguía diciendo después que “la prensa independiente recoge a diario comprobaciones de violaciones a la ley, atropellos a las personas y atentados de todo orden” ... “que han llegado hasta el asesinato alevoso por las policías provinciales de un grupo de jóvenes ciudadanos que servían a la patria bajo las banderas del Ejército Nacional.
El Poder Legislativo no constituye la expresión legítima de la voluntad del pueblo, desde que sólo se mantiene el oficialismo incorporado en él, como consecuencia de la renuncia de sus bancas hechas por los legisladores que representan aproximadamente el 70 % del electorado” (¡!).
Ese poder es sólo una ficción dentro de la provincia. El Poder Judicial adolece de una irregularidad que lo vicia” ... “con el Superior Tribunal desintegrado” ... “educación primaria en completo abandono y el régimen municipal no existe, dándose en consecuencia los supuestos de los artículos 5to. y 6to. de la Constitución Nacional”.

Los diarios de prestigio e independencia de la Ciudad de Buenos Aires, que llegaban a todo el país, expresaban en sus editoriales un criterio muy distinto del oficial. “La Nación” -por ejemplo- expresaba que el decreto de Intervención sorprendía por su carácter realmente insólito, ya que ningún suceso extraordinario, ninguno de esos hechos sensacionales que podrían explicar una medida tan extrema había ocurrido en Corrientes.

Señalaba que allí funcionaban el Ejecutivo, las Cámaras y la Justicia, sino con una perfección inaccesible a la crítica bajo algunos aspectos puramente políticos, por lo menos con la indispensable regularidad como para no suscitar un atropello.

Luego de analizar la situación vigente en la provincia, atribuía a los radicales personalistas la denuncia del sistema gubernativo y el pedido de Intervención Federal, señalaba que no se habían guiado por principios esencialmente desinteresados, sino por móviles de conveniencia particulares y, a esa gestión intervencionista, se habían adherido núcleos desprendidos del liberalismo, cuya conducta la consideraba como digna de la más severa censura por asociarse a un medio que pone en peligro -por causas pequeñas e impulsos apasionados- las autonomías provinciales y no daba prestigio moral a un procedimiento que estaba en absoluto fuera de las normas más elementales de la moralidad política.

Continuaba expresando que la resolución del Gobierno Central no se fundaba en razones constitucionales aceptables o discutibles siquiera, sino que representaba sencillamente una violación del régimen establecido por la Constitución y significaba un acontecimiento destinado a originar complicaciones delicadas. Para el diario, el verdadero propósito de la Intervención estaba limitado en medida violenta a puros intereses de partido, aplicándola con una tendencia visible de absorción y de dominio, que el propio radicalismo había definido unos lustros antes como la “política del unicato”.

Señalaba como ejemplo de esta arbitraria expedición de conquista federal, el derrumbamiento de la Justicia en la provincia de Santa Fe y, ahora en Corrientes, indicando que no era un hecho requerido con apremio por presumibles anomalías sino, constitucionalmente juzgado, como un acto de ruda prepotencia.

Luego de otras consideraciones institucionales, terminaba expresando que para completar lo antojadizo del decreto, no se había omitido entre sus fundamentos una alusión al episodio policial de Curuzú Cuatiá, como si se pudiera responsabilizar al Gobierno correntino sin descubrir en ello una excesiva ostentación de falta de buena fe:

La Intervención tiene un significado político. Toda argumentación de orden jurídico o ético en que se pretende apoyarla, sólo llevará a la opinión a la certidumbre de que se quiere someter al país a un sistema del cual está ausente el sentimiento de la democracia y el respeto por la Constitución Nacional”.

El matutino “La Prensa”(2) descartaba por inconsistentes los argumentos en que pretendía apoyarse la medida, como le daba asidero el hecho de haberse producido sucesos de índole puramente policial que caían bajo la jurisdicción de los Tribunales de la provincia, ya que al Gobierno Nacional no le estaba acordada ninguna función tutelar para hacer a un lado a las legítimas autoridades de un Estado cuando no gozasen de su confianza.

(2) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 25 de Abril de 1929. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En un artículo editorial(3), señalaba que el decreto carecía de fundamentos, ya que no se desprendía de él un solo cargo concreto y serio:

No hay más que frases o mención de hechos que no son los que autorizan la medida excepcional”, tales como “composición viciosa y funcionamiento irregular”, o, “poderes que son originarios del fraude” y, aunque se hablaba de comisión de delitos, en ninguna parte se determinaba que el Estado los haya amparado o cuáles eran los que determinaban carta blanca para los elementos del crimen.

La pintura que hace el decreto -continuaba- avergonzaría a la civilización argentina sino existiese la convicción absoluta de que en ellase han puesto tintas que no debieran figurar en las acusaciones de adversarios electorales.
Corrientes no es un campo de bandolerismo, pese a la literatura oficial y a las imputaciones que hagan los que debieran mostrarse más celosos de las autonomías provinciales que de las ventajas inmediatas a lograr con la deposición de las autoridades”.

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 26 de Abril de 1929. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Algunos partidos políticos hicieron oír también su voz de condenación. El partido nacionalista de Buenos Aires formuló una declaración de protesta en la que expresaba que “una provincia argentina, Corrientes, contempla pisoteados sus derechos y autonomía por un decreto ilegal de Intervención” y por ello levantaba su voz “ante la conciencia cívica del país(4)

(4) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 26 de Abril de 1929. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En igual forma, protestó el Comité Acción de la Unión Cívica Radical Antipersonalista de la Ciudad de Buenos Aires.

- Festejo radical-liberal por la medida intervencionista

Por supuesto, no todo fueron protestas, ya que los partidos radical personalista y liberal rupturista festejaron con alborozo (disparos de bombas, manifestaciones callejeras y discursos incendiarios) el advenimiento de este nuevo avasallamiento de la provincia. En el período constitucional ésta había sido intervenida en los años 1878, 1892, 1893, 1907, 1909 y en 1916, prolongándose esta última hasta 1919(5).

(5) Federico Palma. “Cronología de Gobernantes Correntinos. 1588 - 1961” (1964). Imprenta del Estado. Corrientes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El senador Juan Ramón Vidal, que en esos días se hallaba convaleciente de una enfermedad, declaraba que no había circunstancias que justificaran esta nueva Intervención, ya que la pretendida falta de garantías electorales quedaba destruida con las elecciones donde triunfó la tendencia del actual presidente, las fallas administrativas eran inexistentes y el actual Gobierno -con el mismo Presupuesto de años anteriores y sin aumentar los impuestos- había hecho importantes obras públicas y regularizado los sueldos de la Administración, cosa que no habían hecho sus antecesores.

Con relación a los hechos policiales de Curuzú Cuatiá, ellos estaban siendo investigados y no podía castigarse a la provincia por este motivo. Finalmente, decía que las expresiones contenidas en el decreto podían considerarse exageraciones de propaganda de los comités, pero no como fundamento de una medida de gobierno(6). El gobernador Benjamín S. González se abstuvo de formular declaraciones

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 26 de Abril de 1929. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Analizando esta etapa de la política correntina, que parecía querer concluir con la medida resuelta por el Gobierno de la Nación, forzoso es reconocer que la motivante fundamental del grave desconcierto fue la ruptura del pacto que unía a las tradicionales fuerzas conservadoras. La situación era aparentemente análoga a la que existía cuando fue enviada la Intervención en el primer mandato de Yrigoyen, ya que entonces, como en este momento, liberales y autonomistas estaban divididos y los radicales se consideraban una fuerza que debía aumentar considerablemente al amparo del calor oficial.

- Incertidumbre sobre el futuro político provincial

La incertidumbre se centraba en si habría o no continuidad de la coalición conservadora. Esta continuidad y estas diferencias venían de lejos. Agrupaciones con temperamentos diferentes y de hábitos democráticos distintos, se habían combatido otrora sin cesar y esa hostilidad se había manifestado más de una vez en sacudidas que conmovieron la provincia, a menudo con la anuencia del oficialismo central.

Autonomistas y liberales -dice Cordova Alsina(7)- fueron los dos términos dialécticos de la política correntina, ambos de origen conservador, de las que no se podría decir con justicia que una tuviera signos más popular que la otra; ambas estaban nutridas por el entusiasmo de grandes contingentes populares, comprometidos con sus caudillos respectivos más que con ideas concretas.

(7) Ernesto Córdova Alsina. “Juan Ramón Vidal (el ‘Ruvicha’ de Corrientes)”, en: revista “Todo es Historia”, Agosto de 1970, Nro. 10, p. 10. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Una Intervención Federal había arrasado el Gobierno liberal del doctor Juan Esteban Martínez, en 1907 y, en las postrimerías del Gobierno del doctor Martín Goitia -del mismo signo político- en 1909, cuando también fue desplazado por una Intervención, surgió la alianza entre liberales y autonomistas que va a tener vigencia hasta la gestión del doctor Mariano Indalecio Loza, en la que nuevamente se rompe. A este Gobierno lo Interviene -en 1916- el radicalismo.

Esta ruptura del pacto hizo creer a las fuerzas del oficialismo nacional en la factibilidad de un triunfo en la provincia bajo los auspicios del Gobierno Central pero, contrariamente a lo imaginado, lo que lograron fue que en la práctica se volviera nuevamente al Pacto, al coincidir ambas fuerzas en una candidatura común, la del liberal, doctor Adolfo Contte.

A partir de este último Gobierno se cumplió celosamente el pacto, más allá de circunstanciales diferencias, hasta producirse el conflicto con el gobernador Benjamín Solano González, autonomista, partido al que después de doce años le correspondía la Primera Magistratura.

Su especial estilo de gobierno, al que no estaban acostumbrados sus aliados, habría de generar roces que se fueron acentuando en la medida en que se manifestaba una tendencia a establecer la preponderancia de su agrupación sobre sus aliados liberales, aunque contando con la buena voluntad de un sector de éstos, que no eran la expresión del grupo directivo mayoritario.

Más allá de las ofuscaciones del momento y de un excesivo celo y mal entendido amor propio, era evidente que los liberales tampoco podían quedar exentos de reproche en relación al acto de fuerza producido por el Gobierno Central, porque frente a una tradición honrosa compartida por ambos partidos, no era posible comprender que un momento desgraciado de la historia política correntina les hubiera hecho olvidar el deber primordial de defender la integridad de los principios en que reposaba la armonía institucional del país.

Y esta abdicación de ideales es lo que había permitido formar ambiente propicio a la nueva intentona intervencionista, que esta vez encontraba debilitadas a las filas ciudadanas que en toda ocasión supieron oponerle valiente y serena resistencia(8).

(8) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 25 de Abril de 1929. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El radicalismo personalista, aunque había crecido el número de adherentes, adolecía de la falta de homogeneidad, advirtiéndose en su seno tres fracciones que se hallaban inspiradas en personalidades con elevadas vinculaciones en el oficialismo.

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