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El padrón electoral. Un elemento fundamental de la reforma política

Por medio de la ley nacional Nro. 8130 de Julio de 1911, se estableció la formación de un padrón electoral en base al enrolamiento general. Ese mismo año, la provincia de Corrientes decidió adoptar para todas las elecciones provinciales (con excepción de las municipales) el padrón electoral nacional.

Esta decisión unificó los registros electorales, que hasta ese momento se hacían en forma separada y, fundamentalmente, como consecuencia de su directa vinculación con el enrolamiento general, se amplió considerablemente el número de electores inscriptos.

Los responsables de la formación de este padrón eran los jueces federales que, en cada distrito, designaban a comisarios de padrón (un titular y un suplente) que eran los encargados de llevar esta tarea como carga pública remunerada.

El padrón se elaboraba de la siguiente forma: dentro de los quince días siguientes a la clausura del enrolamiento general, el Ministerio de Guerra enviaba al Ministerio del Interior el registro de enrolamiento general; el Ministerio del Interior lo enviaba en los cinco días siguientes a los jueces federales que, a su vez, lo enviaban en los diez días posteriores a los comisarios de padrón. Los comisarios los debían fijar en lugares públicos y, de ese modo, se abría el período de depuración que duraba veinte días, durante los cuales los comisarios debían dar recibo a todas las denuncias.

Con todas las listas, el juez federal debía mandar a hacer doce cuadernos, en series, de los cuales tenía que conservar tres en el archivo del juzgado y enviar otros tres al Ministerio del Interior y a cada uno de los presidentes de ambas Cámaras del Congreso.

La libreta de enrolamiento servía para los que resultaran inscriptos como partida cívica para el ejercicio del sufragio y el domicilio dado en ella determinaba la sección donde debía votar el elector.

Más allá de que el padrón electoral se hacía en base al enrolamiento militar, el procedimiento de incorporación de los enrolados no era automático. El padrón nacional era revisado cada dos años por comisarios elegidos por el Juzgado Federal durante el período de tachas y en esa comisión tenían que estar representados todos los partidos políticos.

Existía, además, un organismo nacional dirigido por el Inspector Nacional de Padrones, que era el encargado de revisar la confección de los mismos. A su vez, el padrón militar realizado en las oficinas del Estado Mayor del Ejército, se registraba en libros donde, en cualquier momento, podían hacerse adiciones o bajas, estando constantemente actualizado.

El electoral, en cambio, recién se lo tenía por tal, cuando estaba impreso y desde el momento en que se pasaba a la imprenta hasta su impresión definitiva podían ocurrir decesos, nuevos enrolamientos, pases o cambios de domicilio.

En Corrientes, por ejemplo, se observó un inconveniente con el padrón nacional, pues en la provincia había elecciones legislativas todos los años en alguna sección electoral y, como el padrón nacional se renovaba cada dos años, podía quedar desactualizado para las elecciones que se realizaban los años que no hubiera elecciones nacionales.

Eso fue justamente lo que ocurrió en 1921, año en que los radicales decretaron su abstención en las elecciones provinciales por observar una diferencia de 7.000 inscriptos entre el padrón militar y el padrón electoral(1).

(1) Diario “El Liberal”, (Corrientes), edición del 15 de Marzo de 1921, p.1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

Por ese motivo el Ministerio del Interior envió a Corrientes a Julio Olivera, Inspector Nacional de Padrones, para que analizara la cuestión, quien informó que había constatado una diferencia de 8.101 inscriptos entre el padrón militar y el electoral, y denunció, además, la mala organización del Archivo Electoral de la provincia(2).

(2) Diario “El Liberal”, (Corrientes), edición del 22 de Abril de 1921. p.1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

Tras el informe realizado por el Ministerio del Interior y constatándose falencias, se decidió rectificar los registros cívicos de la provincia y realizar un nuevo padrón(3).

(3) Diario “El Liberal”, (Corrientes), edición del 7 de Mayo de 1921. p.1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

Sin embargo, la provincia no aceptó la intromisión del Ministerio del Interior en cuestiones que le competían al Juzgado Federal y aprobó una ley por la cual se dispuso elaborar un padrón complementario al de 1920 (tal como ya había ocurrido en 1919) y arbitró los mecanismos para agilizar su actualización en las elecciones sucesivas con la realización de un padrón complementario, que debía componerse de dos registros: uno destinado a la inscripción de los ciudadanos hábiles para ser electores; y el otro a la anotación circunstanciada de los que debían ser eliminados del Padrón Cívico Nacional, como resultado de la depuración correspondiente.

Cada centro de población que gozara de municipalidad constituía un distrito para los fines de la inscripción de los electores que no figuraran en el padrón cívico de referencia y de la depuración del padrón. Esta comisión estaba compuesta por el intendente o presidente de las comisiones municipales o de fomento y del encargado del registro civil o el juez de paz.

El padrón complementario debía realizarse en cuatro registros, dos de ellos debían remitirse al presidente del Superior Tribunal de Justicia de la provincia con destino a la Junta Electoral Permanente, archivando el tercero en la oficina local del Registro Civil y fijado el cuarto en los portales del sitio de reunión de la comisión a los efectos de su publicidad y para conocimiento de los interesados. Luego vendría un período de tachas para denunciar falencias tanto en el padrón original como en el complementario.

Problemas como éste se suscitaron también en otras provincias, por lo que el sistema de empadronamiento debió ser perfeccionado a través de una nueva ley nacional sancionada en Diciembre de 1926. A partir de aquí, cada sección electoral (iguales a las secciones de Justicia) debía tener un registro cívico permanente en el que debían figurar todos los ciudadanos enrolados y domiciliados dentro de la jurisdicción.

Los jueces encargados del registro seguían siendo los jueces federales, pero a ellos se les agregó una Secretaría Electoral que tendría como función confeccionar y conservar tres ficheros de todos los ciudadanos enrolados correspondientes a la sección.

Las fichas de la ley de enrolamiento servían de base para organizar este fichero electoral, en orden alfabético dentro de cada distrito. Con una copia de las mismas se organizaba otro fichero -también por orden alfabético- y otra copia se utilizaba para organizar el fichero por orden de número de matrícula individual.

En cada ficha electoral y en los registros respectivos se debían anotar las modificaciones y anotaciones que correspondieran. Esta Secretaría tenía luego la obligación de formar, corregir y hacer imprimir listas y registros electorales, recibir y atender los reclamos interpuestos por cualquier ciudadano y por los partidos políticos.

Terminada la clasificación y ordenamiento de las fichas, los jueces de registro debían proceder a hacer imprimir listas provisionales correspondientes a cada Colegio Electoral, con los siguientes datos: número de matrícula, clase, apellido, nombre, si sabían leer y escribir, profesión y domicilio de los inscriptos.

Había también una columna de observaciones para las exclusiones e inhabilidades establecidas en la ley electoral, el otorgamiento de duplicados de la libreta de enrolamiento y cualquier otra que correspondiera.

La impresión de las listas se hacía por orden del juez, bajo su responsabilidad y fiscalización en imprentas de la localidad. Las listas se debían distribuir en todos los lugares públicos convenientes, antes del 31 de Octubre de los años impares. Allí empezaba la depuración hasta el 19 de Diciembre, donde se podía reclamar ante el juez del registro y cualquier elector o partido político podía pedir arreglos en el padrón.

Antes del 10 de Enero de los años pares, el padrón tenía que estar impreso y debía ser entregado a las Juntas Electorales (tres ejemplares), al Ministerio del Interior y a las Cámaras (tres ejemplares) y a los partidos políticos que los solicitaran por escrito en número suficiente para sus secciones o comités.

La impresión de los padrones era una tarea que competía al Juzgado Federal, que todos los años licitaba su impresión. En 1921, por ejemplo, año del conflicto por el padrón en Corrientes, ganó la licitación la imprenta del autonomista Laurentino Sienra Carranza, cuestión que generó mayores suspicacias por parte de los radicales(4).

(4) Diario “El Liberal”, (Corrientes), edición del 28 de Octubre de 1921, p.1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “La Cultura Política en Corrientes (Partidos, Elecciones y Prácticas Electorales. 1909 - 1930)”. Tesis Doctoral.

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