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La conspiración militar con apoyo de civiles

Dicen Sabsay y Etchepareborda(1) que la conjura avanzó imperturbable gracias a los desaciertos y a la inconsciente ceguera del radicalismo.

(1) Fernando L. Sabsay y Roberto Etchepareborda. “El Estado Liberal Democrático”, pp. 328 y sigtes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Los compromisos entre oficiales se entrelazaron y nuevas unidades se conectaron al golpe.

Mientras tanto, Uriburu mantuvo constantes entrevistas con dirigentes políticos opositores. Federico Pinedo habló con él, pero también con Justo, preocupado por la tendencia que evidenciaba aquél de ir más allá del mero derrocamiento de Yrigoyen.

A todo esto, Lisandro de la Torre rechazaba la cartera de Interior que le ofrecía Uriburu, temiendo quizá las consecuencias de la subversión institucional.

Los dirigentes políticos opositores, entre los cuales tuvieron descollante actuación Federico Pinedo, Antonio Santamarina, Leopoldo Melo, entre otros, se apersonaron al jefe de la conspiración y en las numerosas entrevistas mantenidas le hicieron saber que juzgarían el derrocamiento de las autoridades -por los medios que fueran posibles- como un verdadero servicio al país y aunque ocupaban a justo título las bancas en el Congreso, se le afirmaba que los legisladores opositores verían con buenos ojos la disolución del Congreso, que por su composición y su conducta sólo merecía el desprecio público.

La postura favorable a la presencia de civiles políticos prevaleció de acuerdo con las inspiraciones del general Justo y, de allí que la víspera del movimiento insurreccional se reunían en el diario porteño “Crítica” aproximadamente unos 40 rebeldes en cuya oportunidad el teniente coronel Bartolomé Descalzo les informó detalladamente del plan que se pondría en marcha y de la participación que en él les correspondería a los civiles comprometidos.

En esta histórica reunión -dice el general José María Sarobe(2)- se hallaban las personalidades más calificadas de la política nacional, entre otros, el doctor Leopoldo Melo, que había renunciado a su banca de senador en disidencia con el personalismo; el gobernador electo de San Luis, doctor Laureano Landaburu; y la mayoría de los 44 legisladores nacionales pertenecientes a los partidos Unión Provincial, de Salta; Liberal, de Tucumán; Demócrata, de Córdoba; Liberal, de San Luis; Conservador, de Buenos Aires; Autonomista, de Corrientes; y Socialista Independiente, de la Ciudad de Buenos Aires”.

(2) Juan V. Orona. “La Revolución del 6 de Septiembre” (1966), con cita del trabajo del general José María Sarobe. Ed. Imprenta López, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

"Allí se encontraba el general retirado Isidro Arroyo; el senador Juan Ramón Vidal; los diputados conservadores Moreno, Fresco, Grisolía, Díaz, Alfredo Rodríguez; socialistas independientes De Tomaso, Pinedo, González Iramain, Noble, Rouco Oliva, Zacagnini; demócratade Córdoba, Astrada, Aguirre Cámara, Fernández, Gómez Palmés, Cárcano, Costa Méndez; de Salta, Alvarado; de Tucumán, Penna; Autonomista, de Corrientes, Felipe C. Solari; el coronel García, el ingeniero Carlos R. Porto, el doctor Mariano P. Cevallos y otras personas”.

Era la noche del 5 de Septiembre.

Adquiere relevancia la presencia del senador Vidal, ya que uno de los cursos posibles del movimiento rebelde podía pasar por obligar a Yrigoyen y al vicepresidente Martínez a renunciar, y dejar a cargo de la presidencia al vicepresidente 1ro. del Senado, el radical antipersonalista Luis Etchevere, aplicándose la ley de acefalía en coincidencia con la orientación de las ideas del general Justo(3). Recuérdese que el senador Vidal era el vicepresidente 2do. del mismo cuerpo.

(3) Rosendo Fraga. “El General Justo” (1993), p. 181. Emecé Editores, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- La otra conspiración

Corresponde ahora, referirnos a la tercera conspiración, la que se llevaba a cabo dentro de las esferas del propio Gobierno. Algunos han querido ver en ésta una traición al presidente, y así lo informa a su Gobierno el propio embajador de los Estados Unidos, Robert Bliss, que atribuía al ministro del Interior, Elpidio González -vicepresidente durante la Administración de Marcelo Torcuato de Alvear- y al ministro de Relaciones Exteriores, doctor Horacio B. Oyhanarte, ser los integrantes del gabinete que disputaban para obtener suficiente apoyo para apoderarse de la presidencia(4).

(4) Fernando L. Sabsay y Roberto Etchepareborda. “El Estado Liberal Democrático”, pp. 317 y sigtes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

A estas maniobras, no era ajeno tampoco el vicepresidente Enrique Martínez, sucesor legal del presidente. Existen versiones en el sentido de que Uriburu le habría hecho saber que el objetivo del movimiento tendría por finalidad lograr la renuncia del anciano presidente y restablecer -dentro del marco de la Constitución- el regular funcionamiento de las instituciones(5).

(5) Juan V. Orona. “La Revolución del 6 de Septiembre” (1966), p. 47. Ed. Imprenta López, Buenos Aires. Este autor transcribe párrafos del trabajo de Félix Luna. “Yrigoyen, el Templario de la Libertad”, donde dice que José Félix Uriburu hacía creer a Enrique Martínez que la insurrección sólo trataba de alejar a Yrigoyen del Gobierno, para dejarlo al vicepresidente en la Primera Magistratura, que el gestor del entendimiento habría sido un hermano de Martínez y que llegó a labrarse un acta entre el jefe de la conspiración y el vicepresidente. Pero ese documento nunca apareció. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Por ello, no puede sorprender que, obligado por la enfermedad y su declinación física, Yrigoyen tuvo que delegar el mando y que, lo que debiera haber sido nada más que un transitorio período a cargo del vicepresidente, haya tenido todos los visos de un proyecto de largo aliento, al extremo de que tan pronto hubo asumido en el carácter de titular del Poder Ejecutivo, intentará reorganizar el gabinete que acompañaba al presidente Yrigoyen, haciendo ofrecimientos a destacadas personalidades del radicalismo. entre ellas a Enrique Larreta, para Relaciones Exteriores; al almirante Segundo Rosa Storni, para Marina; y a Honorio Pueyrredón, para Agricultura y, por intermedio de su ayudante, el capitán López Jordán, ofreciera telegráficamente el Ministerio del Interior al doctor Eudoro Vargas Gómez, prestigioso dirigente del radicalismo correntino.

Ese posible cambio de gabinete quedó frustrado en la mañana del 6 de Septiembre al negar facultades el doctor Oyhanarte al vicepresidente para adoptar esas medidas y las de extender el estado de sitio recientemente dispuesto en la capital, a todo el país, y suspender los comicios del 7 de Septiembre en Mendoza y San Juan, sin realizar las consultas del caso al presidente Yrigoyen.

En ese tumultuoso acuerdo de ministros, en el que Oyhanarte terminó presentando su renuncia, Elpidio González -que ya había asumido la cartera de Guerra, por renuncia de Dellepiane, se mantuvo extrañamente ausente. No debe ello extrañar tanto -agregamos- si se tiene en cuenta que dos días antes este ministro había tenido una entrevista con el general Justo y, si bien no hay ningún relato ni testimonio sobre lo tratado en ese sugestivo encuentro, es probable que el general haya alentado la alternativa de que una renuncia de Yrigoyen y un cambio de gabinete podrían ser suficientes para frenar el golpe(6).

(6) Fernando L. Sabsay y Roberto Etchepareborda. “El Estado Liberal Democrático”, p. 337; Rosendo Fraga. “El General Justo” (1993), p. 191. Emecé Editores, Buenos Aires. // Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Creemos que resulta un poco fuerte hablar de traición. La crítica situación del país demandaba soluciones heoricas y la posibilidad analizada no era tan descabellada, teniendo en consideración la notoria declinación del anciano presidente. Por otra parte, era reconocida la lealtad que Elpidio González tenía para con Yrigoyen. Son significativos en tal sentido los escritos del capitán Francisco Reynolds, Director del Colegio Militar, que participó de tales propósitos, cuando refería que “en el mes de Agosto (de 1930) hubo reuniones continuadas de numerosos jefes adictos al Gobierno, que buscábamos de mantener la legalidad institucional, alejando al presidcnte de su cargo, para proceder con el vicepresidente a reorganizar el gabinete y poner en funcionamiento todos los mecanismos del Estado, detenidos y descompuestos(7).

(7) Fernando L. Sabsay y Roberto Etchepareborda. “El Estado Liberal Democrático”, p. 338. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Los diarios de esos días atribuían a los ministros y a un grupo de legisladores y políticos oficialistas la determinación de inducir al doctor Yrigoyen a una solución constitucional(8).

(8) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 3 de Septiembre de 1930. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

No debió ser extraño a este esquema de pensamiento, la designación del doctor Figueroa Alcorta como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, otra de las alternativas que, con toda seguridad, se debieron barajar en ese momento en que la insurrección aún no había salido a la calle.

El periodismo recibía una copia del decreto estableciendo el estado de sitio en la capital por 30 días y la orden de abstenerse de publicar noticias que pudieran afectar los intereses nacionales, en forma pública o de cualquier otro orden, limitando la actividad a la información comercial o económica, bajo apercibimiento de las sanciones que el decreto establecía(9).

(9) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 6 de Septiembre de 1930. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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