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Asume el nuevo interventor federal Carlos F. Gómez

El día siguiente de su arribo a la Ciudad de Corrientes, el 25 de Septiembre de 1930 asumió sus funciones el nuevo interventor nacional de Corrientes, doctor Carlos F. Gómez, designando a sus colaboradores inmediatos. En la cartera de Gobierno, al doctor Washington Ocampo y, como subsecretario al doctor Arditti Rocha; en la de Hacienda, a Mario Molina Pico y, como subsecretario, a Celso A. Lallera. Como secretario de la Gobernación a Héctor F. Pérego.

La información periodística decía que no se recordaba en los últimos años una muchedumbre como la que se congregó en la Casa de Gobierno en el momento de la transmisión del mando.

Terminada la lectura del acta, el interventor, altos funcionarios y destacados políticos ocuparon los balcones que dan frente a la plaza “25 de Mayo”, pronunciando discursos -sucesivamente- el interventor, el ex senador, doctor Juan Ramón Vidal, presidente de la Junta Autonomista; el ex diputado, doctor Raymundo Meabe, presidente de la Junta Liberal; y el ex diputado, doctor José Antonio González, radical antipersonalista. Todos los discursos fueron de orden doctrinario, coincidiendo los oradores en los propósitos de concordia y unión de todos los ciudadanos en bien del país.

Resulta sintomática una fotografía publicada por el semanario “Caras y Caretas”, de la Ciudad de Buenos Aires, en la que aparece el interventor dando lectura a su mensaje y, ubicado a su izquierda, se encuentra el doctor Vidal y a su derecha el doctor Raymundo Meabe.

La información también destacaba el contraste de este acto con el de la transmisión del mando al ex interventor Míguez, que llegó a la Casa de Gobierno con un inaudito despliegue de fuerzas del Ejército armadas de carabinas y ametralladoras. En esta nueva transmisión hubo escasísima policía, la necesaria para guardar el orden en una reunión de carácter común.

La Casa de Gobierno no fue embanderada con insignias partidarias, sino exclusivamente argentinas, mientras que en la llegada de la anterior Intervención, el edificio se embanderó con insignias radicales y desde los balcones hacían uso de la palabra elementos de comité con discursos de neto corte partidario.

Inmediatamente se hizo cargo de la Jefatura de Policía el comandante Enrique Bertoni y en la mayoría de las comisarías departamentales se designaron militares. El interventor dictó uno de sus primeros decretos prohibiendo al personal de la Administración Pública intervenir en política, para garantizar el libre sufragio del pueblo, bajo apercibimiento de ser exonerados. En tal sentido envió instrucciones a los comisarios para que ejerzan superintendencia en este aspecto, encomendándoseles -además- la tarea de formar una lista de personas respetables y neutrales para tenerlos en cuenta en futuros nombramientos.

Prohibió el juego y expendio de bebidas en los comités y reuniones políticas y se declaró en comisión a todo el personal de la Administración Pública, mientras que los funcionarios nombrados en el breve período del teniente coronel Loredo, pusieron a disposición del Gobierno sus renuncias.

Se dispuso asimismo un inventario general de bienes y un arqueo de la tesorería y un balance general. Se continuarojn las designaciones(1).

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 24, 25, 26 y 27 de Septiembre de 1930. Se designó camarista al doctor Fernando Valenzuela (liberal); intendente municipal de la capital, al teniente coronel Enrique Moreira; Contador General de la provincia a Carlos Secco; Director de la Cárcel, a Antonio Lavieri. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- La actitud de los conservadores

Edmundo F. Serpa(2) dice que “diversas manifestaciones de regocijo popular se realizaron en la capital e interior de la provincia, participando de estos actos dirigentes de agrupaciones políticas como los del partido liberal, que decidieron colaborar con la Intervención, adhiriéndose poco después el partido autonomista.
El conservadorismo correntino se sentía fuerte y tenía el convencimiento de que en la próxima contienda electoral saldría triunfante y, por ello, facilitaba las cosas a fin de que a corto plazo se llamara a elecciones para elegir constitucionalmente al Gobierno”.

(2) Edmundo F. Serpa. “Historia de los Cuatro Siglos de Corrientes” (1989), p. 264. Ed. Cicero Impresiones, Corrientes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

A muy pocos días de la insurrección, la junta directiva del partido liberal decidió colaborar con el nuevo Gobierno y en una asamblea partidaria aprobó un manifiesto dirigido al pueblo de la provincia. La inmediata decisión era de esperarse, si se tiene en cuenta que figuras destacadas de esa agrupación habían sido llamadas a colaborar tanto en el orden provincial como en el nacional(3).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 10 y 11 de Septiembre de 1930. En el Consejo Nacional de Educación que presidía el doctor Emilio Giménez Zapiola, fueron nombrados vocales: Manuel A. Bermúdez y Angel Acuña; en el Chaco había sido designado gobernador el doctor Armando Meabe; etc. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Sin embargo, la posición de la juventud liberal no era tan ampliamente favorable, pues si bien se decidió a prestar colaboración al Gobierno Provisional, ello estaba condicionado a que se llamara a elecciones en el más breve plazo, ratificando su posición antipactista y que se derogara la ley marcial, además de insistir en la candidatura del doctor Leopoldo Sosa para gobernador de la provincia.

En la edición del semanario “Norte”, órgano de difusión de sus ideas, del 7 de Septiembre, se habla del espíritu de la sublevación. Este trabajo, que parece haber sido escrito antes de conocerse el movimiento del 6 de Septiembre, daba por entendido que ella era un hecho.

Señalaba que su espíritu no era el de una insurrección que se hace para poner un muñeco en lugar de otro y afirmaba que estarían con la sublevación contra Yrigoyen o cualquier otro tiranuelo de su especie, si ésta fuera la única oportunidad de terminar con él y si los hombres e ideas que aspiraban a sustituirlo les inspiraran confianza, expresando sin embargo que a su juicio no ocurría ni lo uno ni lo otro.

Afirmaba que Yrigoyen y su sistema estaban en franca crisis definitiva y que el pueblo argentino, años más o años menos, repudiaría pacíficamente al sistema, desacreditado en todo el ámbito de la nación. Terminaba diciendo que acelerar su exterminio para poner en su lugar a los aventureros de la política vetusta, no se diferenciaba mucho de la por ellos combatida o el abrir las puertas del Gobierno a la casta militar hasta hoy felizmente alejada de las luchas cívicas, pudiera considerarse el programa de una oposición sincera y bien inspirada(4).

(4) “Norte” - Semanario de Corrientes, edición del 7 de Septiembre de 1930, que lleva Nro. 21. El Nro. 22 lleva fecha 26 de Abril de 1931, es decir, que dejó de aparecer inmediatamente después de producida la sublevación. Los ejemplares consultados se hallan encuadernados en el Archivo General de la Provincia de Corrientes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Por su parte, el autonomismo, que en esos días perdía a uno de sus caracterizados dirigentes, el doctor Luciano Romero, adhería al nuevo Gobierno, lo que a nadie sorprendía si se tiene en cuenta la febril actividad sediciosa desplegada por su máximo dirigente, el doctor Vidal, se preparaba a recibir al interventor y sus acompañantes con una gran manifestación, que en un principio fue prohibida por el Jefe de Policía pero, más luego, autorizada. Los jóvenes estudiantes autonomistas, a su vez, se manifestaron apoyando al nuevo Gobierno(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 15, 19 y 25 de Septiembre de 1930. El doctor Luciano Romero fue miembro de la Junta de Gobierno del partido autonomista; ocupó varios cargos públicos en representación de su partido; fue diputado y senador provincial, intendente municipal y últimamente diputado nacional. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El radicalismo antipersonalista realizó una reunión en el estudio del doctor J. Bernardino Acosta para cambiar ideas sobre la situación política, nombrándose una comisión que la integraban el dueño de casa y los doctores Pedro Amadey y Joaquín Díaz de Vivar, y Pedro Telmo Grabre, para que ofrecieran al nuevo Gobierno el concurso desinteresado del partido, autorizándola también para que se invitara a una próxima reunión con dirigentes del Interior para convenir la reorganización partidaria(6).

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 16 de Septiembre de 1930. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Y el radicalismo personalista se llamó a silencio, pero no quedó inactivo.

- Tentativas para conformar una fuerza nacional

Pero mientras los partidos políticos continuaban su labor de posicionarse ante las nuevas autoridades, en el orden nacional proseguían las tratativas para conformar una gran fuerza que se encolumnara detrás de una candidatura común a la presidencia de la República, para fin del mes de Septiembre, ya se daba a conocer las bases de lo que se llamaría la “Federación Nacional Democrática”.

Se historiaba en el documento cómo se llegó a la concreción de esta alianza, expresándose que los legisladores de la oposición que denunciaron los actos del anterior Gobierno, teniendo en cuenta los enunciados del Gobierno Provisional sobre elecciones libres, designó una comisión en la que participaron, entre otros, el ex senador doctor Juan Ramón Vidal y el ex diputado, doctor Raymundo Meabe, que discutió el tema y aprobó las bases que se daban a conocer, con los propósitos en torno a los cuales se haría la conjunción de las fuerzas democráticas, figurando entre ellas la consolidación del sistema federal, la independencia de los poderes, afianzamiento de las facultades del Congreso, responsabilidad de los funcionarios públicos, Justicia Electoral, elección directa de los miembros de la Cámara de Senadores y formación de un ministerio de coalición.

Una vez aceptadas estas bases, se llamaría a una gran convención nacional, pasando a formar parte de la Federación Democrática los partidos políticos cuyos legisladores firmaron el “manifiesto de los 44” y los que se adhirieran u organizaran con el objeto de servir esos fines.

La Federación iba a tener una Junta Ejecutiva de dos delegados por cada partido federado y, si hubiera más de un partido en la provincia, la Junta quedaba facultada a dividir. La convención sancionaría por mayoría un programa de gobierno que los candidatos elegidos por la Federación deberían comprometerse a aceptar.

La comisión de acción fue formada por los ex senadores Luis Linares (Salta), Juan Ramón Vidal (Corrientes), Adolfo Rodríguez Saa (San Luís) y los ex diputados Rodolfo Moreno y Antonio Santamarina (Buenos Aires), Carlos A. Astrada (Córdoba), Antonio De Tomaso y Federico Pinedo (Ciudad de Buenos Aires) y José Lucas Penna (Tucumán)(7).

(7) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 28 de Septiembre de 1930. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La Federación quedó constituida el 27 de Septiembre. Sólo no adhirieron a ella los liberales de Corrientes y de Mendoza, el socialismo tradicional, los demócrata progresistas y el comunismo.

- La influencia nacionalista en el presidente de facto

Cabe recordar aquí que el jefe de la sublevación, general José Félix Uriburu, estaba influenciado por una fuerte tendencia nacionalista inclinada a realizar reformas a la Constitución Nacional, especialmente a la forma representativa de gobierno, y a la conformación de los cuerpos legislativos, inclinándose entusiastamente hacia formas corporativas que ya habían hecho irrupción en otros países europeos.

También debe señalarse que muchas de sus inquietudes manifestadas en el período pre-insurreccional no contaban con la aprobación de otro de los hombres que conspiraba para deponer a Yrigoyen que era el general Agustín Pedro Justo, que contaba con importantes apoyos entre la oficialidad del Ejército y que hizo conocer su pensamiento como condición para que una parte significativa del arma le prestara su apoyo.

Las activas gestiones realizadas por el entonces coronel Bartolomé Descalzo lo determinaron a modificar el documento con que pensaba presentar ante el país los fines de la sublevación en marcha.

Por ello, no debe sorprender que los partidos que apoyaron con su prédica al derrocamiento de HipólitoYrigoyen, se apresuraran a organizarse en una fuerza nacional que pudiera presionar en el sentido de sus convicciones, para tratar de frenar los proyectos del general Uriburu y del grupo intelectual que lo secundaba y, además, constituirse en herederos beneficiarios del proceso insurreccional que, con su oposición, preferentemente en el Congreso, habían contribuido a concretar en los hechos.

El presidente de facto, general Uriburu, reaccionó en forma inmediata a los planes de organizar la fuerza de los partidos, con un manifiesto hecho conocer el 1 de Octubre, en el que fijaba su posición. En él recuerda las manifestaciones oficiales formuladas el mismo día de la sublevación, aunque debe recordarse que lo que originariamente fue su pensamiento sedicioso había sufrido algunas modificaciones, fruto de las concesiones hechas al grupo del general Justo y a la participación política de los líderes de las agrupaciones opositoras.

Se refiere así a las “impaciencias” de las agrupaciones políticas que invocaban compromisos que no se habían hecho -según decía- y para que el pueblo no fuera desorientado por esos grupos, se dirigía a él nuevamente para reiterarles el profundo significado del levantamiento, que era el interés de la nación, al que los intereses de los partdos debían quedar subordinados.

Si bien reconocía a los partidos políticos que hicieron digna oposición al Gobierno derrocado, aclaraba que ellos participaron de la sublevación por acción de presencia de sus líderes, sin ningún compromiso que atare a sus ejecutores, salvo la del respeto a la Constitución y las leyes. Pero -seguía diciendo- tales partidos que habían conseguido nuclear un importante grupo de ciudadanos tras el propósito común de repudio al Gobierno derrocado, no representaban toda la opinión nacional.

Y si bien consideraba y respetaba sus opiniones, sus anhelos y sus determinaciones expresadas por medio de los órganos de sus autoridades, no era menos cierto que el Gobierno de facto estaba obligado a consultar a toda la opinión de la República y que, desaparecidas las causas que los movilizaron a dar su voto en favor de aquellas agrupaciones, debía analizarse ahora si estaban dispuestos a continuar brindándoles su apoyo.

Continuaba diciendo que colocado el Gobierno por encima de los partidos, tenía el deber de hacer público el pensamiento político que, si bien no lo querían imponer, debía ser puesto a consideración y discusión del pueblo. Quería conocer la opinión de la gran masa que no estaba enrolada en los partidos, y que si ese pueblo creía que debía mantenerse sin modificación la Constitución y las leyes y que ellas bastaban para que no volviera a repetirse todos los males que se habían soportado, se acataría su veredicto pero se habría salvado su responsabilidad ante la historia.

Por ello invitaba a que los ciudadanos decidieran, ya sea adhiriéndose resueltamente a los partidos que así lo entendían, o bien a constituir una nueva agrupación con carácter nacional que proclame y sostenga otras ideas.

Y a partir de estas consideraciones, señalaba lo que a su juicio era necesario modificar en la Constitución Nacional, aspectos instrumentales que en general no habrían de generar mayores resistencias de los partidos actuantes en la época, pero a los que agregaba la necesidad de perfeccionar el régimen electoral, de suerte que él pueda contemplar las necesidades sociales, las fuerzas vivas de la Nación, considerando que cuando esos intereses puedan gravitar de una manera efectiva, no será posible la reproducción de los males que ha extirpado la sublevación.

Y aquí venía el párrafo que seguramente provocó el natural escozor de los partidos, al decir: “cuando los representantes del pueblo dejen de ser meramente representantes de comités políticos y ocupen las bancas del Congreso obreros, ganaderos, agricultores, profesionales, industriales, etc. la democracia habrá llegado a ser entre nosotros algo más que una bella palabra”.

Y este proceso sería llevado a cabo, tal el compromiso, por los procedimientos que establecía el artículo 30 de la Constitución Nacional, es decir, iniciándose el proyecto de reforma, por medio del Congreso, que previamente sería elegido(8).

(8) Conf. texto completo del manifiesto, en Juan V. Orona. “La Revolución del 6 de Septiembre” (1966), p. 212. Ed. Imprenta López, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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