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Objetivo político de José Félix Uriburu

El objetivo político de José Félix Uriburu era producir cambios en la Constitución, que produjeran en el régimen político notas corporativas, evitaran el predominio que consideraba nefasto de los políticos profesionales e impidieran, mediante la calificación del sufragio, experiencias como las vividas durante el yrigoyenismo. La restricción del voto y la representación funcional de grupos eran las líneas de fuerza del difuso programa(1).

(1) Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1992), p. 346. Ediciones Larousse Argentina, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Al propiciar la creación de un nuevo partido nacional que defendiera los objetivos del movimiento, Uriburu estaba bloqueando de hecho el accionar de la Federación Nacional Democrática.

Dos semanas después, Carlos Ibarguren, ideólogo del nacionalismo argentino e interventor en la provincia de Córdoba, además de ser pariente del presidente, lanzaba un manifiesto en aquella provincia expresando sus simpatías en favor de la organización política corporativa que consideraba debía ser introducida en el Congreso Nacional y también en la vida interna de los partidos políticos.

Este pensador había escrito que “la representación no debe ser de sectas políticas decoradas con el nombre de partidos, sino de intereses profesionales y corporativos y que el sufragio debía ejercerse dentro de la profesión(2).

(2) Rosendo Fraga. “El General Justo” (1993), p. 216. Ed. Emecé, Buenos Aires; y Juan Carlos Christensen. “Historia Argentina sin Mitos” (1990), p. 592. Ed. Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Pocos días después, José Félix Uriburu, tomando nuevamente distancia de los líderes políticos, organizaba una cena en los salones del Jockey Club de Buenos Aires, invitando a los únicos civiles que estuvieron en contacto con la “Junta Revolucionaria” en la preparación del movimiento del 6 de Septiembre. No hay entre ellos políticos, salvo Juan E. Carulla, Daniel Videla Dorna y Matías G. Sánchez Sorondo y, consecuente con la postura del Gobierno, Manuel Carlés, con su Liga Patriótica, aprobaba un plan de conferencias públicas para explicar al pueblo el sentido del movimiento sedicioso septembrino.

Se disponía, asimismo, por decreto la confección de un folleto conteniendo todos los documentos del movimiento rebelde. En las reuniones de gabinete se hablaba de las próximas elecciones y de la preparación de los padrones que debían estar listos para el mes de Marzo del año entrante.

Si el Gobierno de facto se hubiese contentado simplemente con un papel de transición, preparando el país para prontas elecciones generales, los diferentes grupos políticos le habrían apoyado en la tarea, dice Potash(3).

(3) Robert Potash. “El Ejército y la Política en Argentina. 1928 - 1945 (de Yrigoyen a Perón)” (1985), p. 95. Ed. Hyspamérica, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Pero la decisión de Uriburu de promover una serie de reformas constitucionales que, entre otras cosas, reformaría el sistema electoral y representativo, principió un proceso de división política. Como era de esperar, la Federación Nacional Democrática le respondió con un acto en un teatro de la Ciudad de Córdoba, donde hablaron Miguel Angel Cárcano, demócrata cordobés; Héctor González Iramain, socialista independiente; Rodolfo Moreno, conservador bonaerense; y Antonio De Tomaso, socialista independiente.

Allí se le respondía que el levantamiento debía tener una sola finalidad que era la de volver al imperio de la Constitución Nacional y elegir un Gobierno legal, y que mientras tal cosa no ocurriera no era posible ocuparse de la reforma constitucional.

Consideraban no compatible un Gobierno de hecho con un poder legislativo electo y se reclamaban elecciones inmediatas para todos los cargos, rechazándose, en consecuencia, las propuestas del Gobierno, reiterando la independencia de los partidos frente al Gobierno de facto.

- Reunión del ministro del Interior con la Federación Nacional Democrática

A los pocos días, luego de arduas tramitaciones debidas a la reconocida habilidad del ministro del Interior, doctor Sánchez Sorondo, se reunieron los representantes de la Federación con el citado funcionario, oportunidad en que éste despejó los recelos existentes entre los partidos y el Gobierno, exponiendo su plan relativo a la futura organización institucional del país, que consistía en formar, primeramente, los Gobiernos provinciales; luego se convocaría a elecciones de legisladores nacionales que, reunidos en Congreso, se expedirían acerca de la necesidad de la reforma constitucional; y, por último, se elegiría el Poder Ejecutivo Nacional, proyecto político que en líneas generales fue aceptado por la Federación.

Pero, pese a la buena conducta de la Federación y de su interés por acordar un plan conjunto con el Gobierno, éste se resistió a aceptar una alianza no deseada, pues evidentemente eran otros los planes del general Uriburu y sus asesores. La situación volvió a agravarse cuando el presidente de facto -días después- dio un comunicado en el que, haciendo referencia a la reciente reunión con la Federación, decía que “el Gobierno desea dejar bien establecido que las reformas en las que han concordado con él los partidos de la Federación Nacional Democrática, no limitan la libertad para proponer otras, ni para los partidos políticos ni para el Gobierno cuando se realice la apertura del Congreso” y, un poco más adelante, el 13 de Diciembre, Uriburu exponía ante los oficiales de la Escuela Superior de Guerra, "atacando los partidos y cuestionando la legislación electoral y haciendo referencia a quienes objetaban la legalidad de sus procederes”.

Decía que "estaba todavía preso el ex presidente, que era la legalidad misma y fue electo por ochocientos mil votos del país, como ningún otro presidente argentino; todavía tenemos tiempo de traerlo y de sentarlo en el sillón presidencial para decir: ahí está la legalidad; cumplan ustedes con su deber; ¡voltéenlo como lo hemos hecho nosotros!

El diario “La Prensa”, refiriéndose al discurso presidencial, expresaba que los propósitos enunciados debían canalizarse por el Congreso y la convención constituyente, ratificándose en su manifestación de que el pronunciamiento del 6 de Septiembre fue un estallido cívico popular, realidad que estaba ampliamente documentada por el mismo Gobierno de facto.

El 18 de Diciembre continuaba sus arengas en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, en la que reclamaba todo el apoyo necesario del cuerpo de oficiales del Ejército y la Armada para que se pudiera realizar la obra institucional en que estaba empeñado el Gobierno; y lo seguiría reiterando en sucesivas conferencias ante los oficiales de las Fuerzas Armadas(4).

(4) Juan V. Orona. “La Revolución del 6 de Septiembre” (1966), pp. 119 - 120.. Ed. López, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Atacaba al Congreso y a los dirigentes políticos, cuestionaba la legislación laboral y social y justificaba la derogación de la Ley Saenz Peña, afirmando que el país tenía el 60 % de analfabetos entre las personas empadronadas; muchas de estas declaraciones determinaron la renuncia de varios funcionarios del régimen de facto. La Federación suspendió una reunión prevista para el 15 de ese mes(5).

(5) Rosendo Fraga. “El General Justo” (1993), p. 219. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Hasta ese momento, la Federación Nacional Democrática era fuerte. El apoyo radical antipersonalista, el socialismo independiente, los paitidos provinciales de centro derecha, especialmente el partido Conservador de la provincia de Buenos Aires, le daban una importancia numérica no desdeñable como fuerza electoral, aunque en sus ideas y principios existieran diferencias notables.

Una reunión realizada en casa de Antonio Santamarina, congregaba a los socialistas independientes, a los conservadores de Buenos Aires, a los radicales antipersonalistas de Entre Ríos y Catamarca, a los bloquistas de San Juan, a la mayoría de los partidos provinciales, entre los que se encontraban el autonomista y el liberal pactista de Corrientes, representados por Felipe C. Solari y Ercilio Rodríguez y Adolfo Sánchez, respectivamente.

Se resolvió allí reunir la convención nacional, estimándose una concurrencia de 400 delegados. En esa oportunidad se dio a publicidad un documento público en el que, haciendo referencia a las expresiones del presidente de facto, destacaba que los partidos que la integraban combatieron sin tregua al Gobierno depuesto, actuaron en el movimiento sedicioso del 6 de Septiembre o lo acompañaron con su simpatía.

Expresaron que se habían reorganizado para bregar por el retorno de la República a la normalidad institucional por las bases democráticas de la Constitución Nacional; que no habían reclamado funciones públicas o beneficios del Gobierno en favor del partido o de los ciudadanos; y no se consideraba, en consecuencia, ni comprendida ni aludida en las palabras del presidente; que reiterados actos del Gobierno venían demostrando la intención de concretar la consulta popular, citando al respecto varios decretos y declaraciones, y terminaba expresando que la reorganización de los poderes públicos de la nación y de las provincias mediante elecciones libres y al amparo de normas constitucionales cumplía, en el sentir de la Federación Nacional Democrática, el gran propósito institucional de la insurrección que determinó la entusiasta adhesión del pueblo argentino(6).

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 12, 13 y 21de Diciembre de 1930. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- Dificultades en la Federación

Pero, a comienzos del año 1931 se va a producir un hecho que trastrocará todos sus planes y expectativas. En la provincia de Buenos Aires, el conservadorismo se venía desenvolviendo dividido en dos sectores, llamados respectivamente Conservador y Provincialista, liderados por Rodolfo Moreno y Alberto Barceló. La posibilidad de arribar al Gobierno en las futuras elecciones fue un estímulo para las gestiones de unión que se venían realizando y, finalmente, quedó concretada bajo la presidencia de Antonio Santamarina.

En la reunión de delegados se aprobó la adhesión a la Federación Nacional Democrática, con lo que esta fuerza adquiría un poderío realmente significativo. Debido a gestiones -a las que seguramente no fue ajeno el propio ministro del Interior- el 19 de Enero la junta de gobierno del conservadorismo bonaerense se declara en favor de la constitución de “una nueva fuerza nacional”, conforme lo había sugerido José Félix Uriburu en su manifiesto del 1 de Octubre y, al día siguiente, se daba un manifiesto invitando al resto de las fuerzas políticas a integrarse en la nueva entidad, señalándose que el nuevo partido se estructuraría sobre bases más precisas y definidas que las de la Federación, expresando su deseo de “dejar de ser un conjunto sin cohesión” para convertirse en “una entidad homogénea y eficaz”.

Rodolfo Moreno, en declaraciones periodísticas, destacaba la estrecha relación entre el Gobierno de facto y el partido conservador, considerando que no era admisible la duplicidad política que significaría aceptar -por una parte- su condición de partido gobernante y colocarse -por otra parte- enfrente del Gobierno, secundando las finalidades de los grupos federados que creían en la conveniencia o en la necesidad de la oposición. La mayoría de los partidos que integraban la Federación respondieron negativamente a la invitación(7).

(7) María Dolores Béjar. “Uriburu y Justo (el Auge Conservador. 1930 - 1935)” (1983), pp. 30 - 31. Ed. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Esto importó en la práctica la disolución de la Federación, que quedó concretada poco tiempo después. Para los conservadores de Buenos Aires era más importante asegurar el éxito en su provincia que un incierto resultado nacional futuro.

Los hechos que venimos señalando van a producir una nueva alineación de las fuerzas actuantes en el escenario nacional. Los partidos que venían apoyando al Gobierno, nucleados en la Federación Nacional Democrática, denostados por el jefe de la insurrección, abrieron fuego sobre la Casa de Gobierno a través de sus principales figuras, que acusaban al presidente de inspiraciones totalitarias(8) y si bien no se declaraban todos ellos absolutamente opositores, ya no existía seguridad de contar con su apoyo en los proyectos oficiales.

(8) Félix H. Laiño. “De Yrigoyen a Alfonsín (Relato de un Testigo del Drama Argentino)” (1985), p. 28. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Los radicales -personalistas y antipersonalistas- se manifestaban contrarios a las ideas corporativistas y se intentaba su unificación bajo la figura de Marcelo Torcuato de Alvear. El socialismo tradicional, lo mismo que la democracia progresista, no comulgaba con tales ideas, aunque este último partido gozó -hasta los primeros meses de 1931- el privilegio de ser considerado una fuerza “amiga”, según lo relata Matías Sánchez Sorondo.

Sólo le quedaba el apoyo parcial del Ejército, el conservadorismo bonaerense y algunos partidos provinciales que lo hacían en forma reticente y, por supuesto, las fuerzas nacionalistas encolumnadas en organizaciones de tipo paramilitar. Esta situación va a decidir al Gobierno a poner en práctica el plan político ideado por el ministro del Interior de ir llamando a elecciones en las provincias, cuyo triunfo se descontaba en favor del Gobierno, como la provincia de Buenos Aires o, al menos, contra el partido derrocado, como eran los casos de Santa Fe, Corrientes y Córdoba.

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