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La búsqueda del equilibrio en Corrientes

El interventor federal en la provincia de Corrientes, doctor Carlos F. Gómez -de extracción antipersonalista- venía actuando con gran amplitud de miras tratando de mantener el equilibrio entre las fuerzas que se manifestaban partidarias de la insurrección septembrina.

Nos da la pauta de ese manejo la información relacionada con la entrevista concedida al doctor Leopoldo Sosa, presidente del liberalismo de Corrientes, acompañado del doctor Raymundo Meabe y Evaristo Pérez Virasoro, en la que se le formulaban reclamos por la forma de proceder en las designaciones de funcionarios que parecían perjudicar a la agrupación por ellos representada y a los que el funcionario prometió ocuparse especialmente(1).

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 6 de Enero de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Pocos días después, hacía lo mismo el partido autonomista representado por Ramón M. Gómez, Pedro Resoagli, Eugenio Laffont y el doctor Julio Solano, quienes destacaron el accionar del interventor y le expresaron su solidaridad, expresándole también que en algunos puntos de la provincia este partido se encontraba en situación desventajosa con relación a otros partidos y que aunque no se había pretendido perjudicarlo, por una causa o por otra, ese desequilibrio se había ido produciendo.

Le decían que unos puestos de más o de menos no podrían destruir la fuerza ni la potencialidad electoral de una agrupación acostumbrada a la lucha en todos los terrenos y con todas las desventajas. Pero teniendo en consideración que otro partido había hecho una reclamación en tal sentido, no quería asentir con su silencio tales afirmaciones, por lo que se comprometían a presentarle a la brevedad un trabajo en el que se puntualizaran perfectamente esas diferencias.

El interventor les contestó que recibía con simpatía la visita y prometió, como lo hizo con los liberales, estudiar con imparcialidad sus presentaciones y darle traslado de ellas a cada uno de los partidos interesados para que expresaran sus opiniones y luego resolvería con justicia y manteniéndose dentro del propósito de conservar el equilibrio entre las dos principales fuerzas que actuaban en el escenario político de Corrientes(2).

(2) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 10 de Enero de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Los otros dos partidos que apoyaban a la insurrección -el liberal acuerdista y el radical antipersonalista- dieron sendas declaraciones, en las que en un caso se “aplaudía la actuación del Gobierno Nacional provisional y la de su representante en ésta, doctor Carlos F. Gómez” y se ratificaba la adhesión a la Federación Nacional Democrática(3), mientras la convención antipersonalista se “solidarizaba ampliamente con los ideales y propósitos que inspiraron la revolución del 6 de Septiembre, reafirmando sus principios liberales y democráticos que constituyeron su bandera de lucha” y, al mismo tiempo expresó "la satisfacción del partido por la conducta levantada del interventor federal doctor Carlos F. Gómez(4).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 6 de Enero de 1931. En esa oportunidad, se designaba delegados a la F.D.N. a los doctores Adolfo Sánchez y Ercilio Rodríguez, y a los señores Luis Barberán, Manuel Díaz Colodrero, Arturo Achinelli, Obdulio Avalos Ramírez y José Domínguez Ortiz.
(4) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 28 de Enero de 1931. En esa convenciones se eligió también a la junta ejecutiva del partido que quedo integrada por los doctores Pedro Numa Soto, Miguel Sussini, José Antonio González, J. Bernardino Acosta, Pedro Amadey, José María Guzmán, Manuel Mora y Araujo, Justo Díaz de Vivar, Francisco Ayala López Torres y José Portillo y los señores Marcial Goitia, Alcibíades Devoto Acosta, Félix Delfino, Francisco J. Rivellini, Miguel Angel Amadey, Joaquín Díaz de Vivar, Alberto Almeida, Pedro Cremonte y José María Paiva.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El diario “La Prensa”, crítico censor del momento, en sendos editoriales denunciaba esta actitud de los partidos, en ese momento oficialistas, expresando en el primero de ellos(5) que “por ser diferentes en cuanto al tiempo y al objeto de la misión del Gobierno provisional y la de los partidos, las manifestaciones por las que éstos expresan apoyar al primero son improcedentes; su único efecto es el de comprometer la equidistancia con que las actuales autoridades del país deben presidir todos los comicios que se anuncian.
Nuevamente se ha hecho cuestión de puestos públicos por elementos políticos en la Intervención en Corrientes. Esta ha reiterado su propósito de no crear desigualdades partidarias manteniéndose por encima de las agrupaciones” y, pocos días después, en otro editorial -mucho mas profundo- hace un análisis de las formas utilizadas por los políticos de viejo cuño y los que lo siguieron hasta ahora(6).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 15 de Enero de 1931.
(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 21 de Enero de 1931.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Luego de insistir en que los hombres de determinadas agrupaciones cívicas debieran estar a distancia de las autoridades del Gobierno de facto, y la necesidad de que éstos se negaran a dar consultas sobre cuestiones políticas partidarias porque comprometían sus prestigios, seguía diciendo que “cuesta mucho desarraigar hábitos, que datan de varias décadas. Con anterioridad al régimen de la legalidad electoral iniciado con la Ley Saenz Peña, en 1912, la política se manejaba desde el despacho presidencial y desde los Gobiernos provinciales que actuaban a manera de agencias o sucursales del establecimiento central instalado en la metrópoli.
Como lo hemos dicho tantas veces -seguía el editorial de "La Prensa"- los viejos partidos que apoyaron a los Gobiernos anteriores a la presidencia Saenz Peña - De la Plaza, se vieron desorientados cuando éstos hombres se negaron a dirigirlos, porque proclamaron en la doctrina y en los hechos la separación entre los mandatarios y las agrupaciones cívicas.
El radicalismo, que conspiró sistemáticamente desde 1891 hasta 1912 y que se encarriló por las vías de la legalidad cuando éstas fueron aseguradas para todos, no supo sustraerse a los hábitos de los viejos partidos y desde 1916 -en que llegó a la presidencia- proclamó sin ningún disimulo la jefatura única del ciudadano que la desempeñaba.
Las juntas directivas y las convenciones del partido procedían según las inspiraciones que le llegaban de la Casa de Gobierno, y cuando no la recibían iban a buscarla, suspendiendo a veces sus sesiones para mandar delegación que fuese a recoger la palabra oficial.
Algo parecido hizo el antipersonalismo, fracción del radicalismo que apoyaba al presidente que gobernó desde 1922 hasta 1928. Pero este mandatario jamás rompió abiertamente con su predecesor y le permitió seguir manejando las reparticiones públicas de mayor eficacia electoral, desde su domicilio, junto con la jefatura indiscutida de la gran mayoría del radicalismo. Fue una situación ambigua que no llegó a constituir una excepción definida en el tema que nos venimos refiriendo.
En 1928 volvieron a concentrarse en una misma persona la dirección del Gobierno y la del personalismo, como partido político, hasta que se produjo el vuelco ocurrido hace cuatro meses. Pero tantos cambios de hombres y de situaciones no parecen suficientes para desarraigar los mismos métodos”.

¡A no dudar, una página de historia..!

- Las vinculaciones liberales en el orden nacional

La vinculación de la dirigencia liberal con el ministro político del Gobierno de facto aparece mencionada en los diarios de la época, anunciando que algunos de sus dirigentes han sido llamados a la Ciudad de Buenos Aires por este funcionario. Seguramente que no resultó extraño a estas conversaciones la más o menos inmediata renuncia del doctor Carlos F. Gómez como interventor federal en la provincia.

El delegado federal se había venido desempeñando con general beneplácito, aún de los desplazados radicales, por su ecuanimidad y ponderación de criterio y, más allá de su preocupación porque los partidos que apoyaban la sedición tuvieran debida representación en su Gobierno, dictó una serie de medidas de interés general que fueron aplaudidas por la opinión.

Se citaban así su eficaz accionar contra el “cuatrerismo”, pese a los escasos medios policiales de que disponía; dispuso una compulsa y arqueo de las cajas de todas las reparticiones del Estado, designando a funcionarios del Banco de la Nación Argentina para esa tarea; dictó un decreto disponiendo la represión de los juegos de azar y el alcoholismo; la prohibición al personal de la Intervención para involucrarse en política, castigado con inmediata exoneración o, en el caso de un allanamiento realizado por la policía en el estudio de un conocido profesional en busca de documentación que vinculara a ciudadanos de esta ciudad con un movimiento subversivo descubierto en Entre Ríos, tuvo la nobleza de presentarle sus excusas pese a no ser el autor de la iniciativa sino que era emanado de la Justicia(7); y, además suscribió un decreto adhiriendo al acto por el cual se tributaba homenaje a la memoria del desaparecido médico, doctor José Ramón Vidal, muerto en ocasión de la epidemia de fiebre amarilla, que debía rendirse los primeros días de Febrero; o la gestión del traslado de los restos de Pedro Juan Ferré a la ciudad capital con el objeto de sepultarlos en la Catedral; o la creación de una comisión de magistrados para establecer el patronato de liberados como lo prescribía el Código Penal(8).

(7) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 1, 11, 12, 21 y 26 de Enero de 1931. E1 estudio jurídico pertenecía al doctor Delio J. Martínez, quien era defensor de uno de los anarquistas y por ello hizo expreso hincapié de que la medida importaba atacar el principio constitucional que garantizaba la inviolabilidad de la defensa en juicio.
(8) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 1 de Febrero de 1931. La comisión estuvo integrada por el presidente del Superior Tribunal, doctor José María Suárez Caviglia; el juez de 1ra. nominación, doctor Nicandro M. Paiva; y el presidente del Colegio de Abogados, doctor Oscar Sacheri.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Los diarios daban cuenta del viaje del doctor Raymundo Meabe -integrante de la junta ejecutiva del partido liberal a la Ciudad de Buenos Aires- atribuyéndose mucha importancia política a ese viaje. Tres días después era aceptada la renuncia del interventor, doctor Gómez, por parte del Gobierno Nacional. La renuncia fue enviada desde uno de los puntos en que hace escala el “vapor” que lo conducía a la la Ciudad de Buenos Aires y en forma telegráfica, la que le fue contestada por el mismo medio.

El interventor Gómez se habría considerado desairado por el ministro del Interior, al no haberle contestado sino con atraso un telegrama en el que manifestaba su intención de viajar por razones de salud y de delegar el mando.

En realidad, los hechos ocurrieron de esta manera, según se hizo público después: el origen de la renuncia estuvo en una nota que el ministro del Interior remitió al interventor a principios de año por la que le indicaba que debía abstenerse de dar noticias de carácter político a la secretaría de la presidencia de la nación para que ésta le informara al presidente, sin conocimiento del ministro.

El interventor dio las explicaciones del caso y el ministro se dio por satisfecho, instándolo sin embargo a cumplir en lo futuro las instrucciones recibidas. Añadido a esto, el atraso en dar respuesta a su nota haciendo saber su decisión de delegar el mando, la consideró una una desconsideración personal que lesionaba su autoridad, prestigio y dignidad. Nada se informó en la Casa de Gobierno y su actitud se atribuyó sólo a razones personales, habiendo renunciado en solidaridad sus secretarios de Gobierno, doctor Ocampo, y de Hacienda, doctor Molina Pico.

Seguramente que su propósito de renunciar ya era conocido, pues al embarcarse en el “vapor de la carrera 'Ciudad de Corrientes'” -junto a su esposa y secretario privado- fue despedido por el presidente de la junta ejecutiva del partido liberal, doctor Leopoldo Sosa, un numerosos grupo de dirigentes autonomistas y antipersonalistas, altos funcionarios de la Administración y representantes del comercio y la banca(9).

(9) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 4, 7 y 8 de Febrero de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Este cambio, un tanto inesperado, trajo sus consecuencias inmediatas en el plano político provincial. El partido liberal pasaba a ser el primer beneficiario y tal vez el destinatario de los planes urdidos por el ministro del Interior, Matías Sánchez Sorondo. Pero el autonomismo, con gran agilidad demostrativa de la permanente presencia de su jefe el doctor Juan Ramón Vidal, adoptará las medidas para no quedar rezagado.

- Los conservadores bonaerenses buscan formar otro partido nacional

Por lo pronto, el pedido de adhesión formulado por los conservadores bonaerenses para formar un partido nacional “sólido y homogéneo” que, inexplicablemente, no había sido recibido por los autonomistas, aparece prontamente y su junta de gobierno resuelve aceptar la invitación, considerando que se había solidarizado siempre con la acción política realizada por los invitantes, en la cruenta lucha contra el personalismo, compartiendo el anhelo de constituir un partido nacional orgánico y, por ello, tenía el deber de concurrir con su adhesión a la tarea de unir a las fuerzas afines para defender al país de la anarquía, origen de todos sus males.

Que si bien hubiera deseado que esta fuerza nacional surgiera con la Federación Nacional Democrática, primer paso para llegar al objetivo, no podía dejar de prestar su adhesión al partido Conservador que necesariamente debía ser la base del organismo nacional a constituirse.

Se manifestaba también en el documento respectivo el anhelo de que en la solución de los problemas futuros, concurrieran todas las fuerzas cívicas que coincidieron con los propósitos de la insurrección del 6 de Septiembre y que, no siendo posible la unión de éstas en un solo organismo político, se propicie una política de buen entendimiento o de cooperación para que con el concurso de la gran mayoría del país se pudieran resolver los problemas que presentaba la situación.

Con esta decisión, Vidal anticipaba lo que más adelante habrá de concretarse en la llamada “Concordancia” de los partidos de la insurrección septembrina(10).

(10) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 12 de Febrero de 1931. En esta oportunidad, el autonomismo designó como representantes ante el organismo a constituirse, a los doctores Juan Ramón Vidal, Felipe C. Solari y Benjamín Solano González. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Es de toda evidencia que se habían producido desinteligencias muy serias entre los partidos de la Federación Nacional Democrática, y así parece reflejarlo la respuesta del partido Demócrata de Córdoba, uno de los más firmes valuartes del conservadorismo del interior del país, ante la invitación recibida de sus iguales de Buenos Aires.

El ingeniero Olmos, su presidente, se refería a “las divergencias sufridas entre las unidades federadas, traducidas en desconfianzas recíprocas y en diversidad de opiniones acerca de los procedimientos a seguir para obtener el retorno a la normalidad y las discrepancias sobre la apreciación del momento político” habían debilitado la vinculación inicial con la Federación y acentuado la necesidad de estudiar la forma de reconstruir la fuerza cívica nacional que las circunstancias imponían(11).

(11) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 12 de Febrero de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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