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LA SUBLEVACION DE GREGORIO POMAR

- Un movimiento militar en Corrientes

El día 20 de Julio de 1931, Corrientes amaneció conmovida por un acontecimiento que hacía muchos años no se producía: un movimiento militar dentro de sus propias fronteras, precisamente en la ciudad capital de la provincia. Su jefe, el teniente coronel Gregorio Pomar.

Pomar, en la fecha de los sucesos, tenía 49 años de edad, el grado de Teniente Coronel y pertenecía al arma de infantería. Había ingresado al Colegio Militar en 1892 y en 1929 alcanzó su último grado. Gran parte de su carrera había transcurrido en el regimiento 9 de infantería con asiento en Corrientes -formando parte de su plana mayor- y había contraído nupcias vinculándose a familias de esta ciudad.

Durante la presidencia del doctor Hipólito Yrigoyen fue designado su edecán. En oportunidad de serle exigida la renuncia al vicepresidente, doctor Enrique Martínez por el general José Félix Uriburu, el 6 de Septiembrede 1930, lo acompañó en el mismo carácter hasta que aquél hizo abandono de la Casa de Gobierno.

Con posterioridad a este hecho, los oficiales afectos al yrigoyenismo fueron puestos en disponibilidad o enviados a guarniciones del Interior. Al teniente coronel Pomar lo enviaron al comando de la tercera división con asiento en la Ciudad de Paraná (Entre Ríos), como juez de Instrucción Militar, desde donde había pedido licencia para trasladarse a Corrientes por razones de familia, lo que le fue concedido y explica su presencia en esta ciudad para encabezar el movimiento del 20 de Julio de 1931.

De acuerdo con el proceso instruido por el Consejo de Guerra Especial a los jefes, oficiales y suboficiales implicados en la rebelión(1), aparecían como promotores en la preparación del movimiento el teniente coronel Gregorio Pomar y el teniente Roberto E. de los Ríos.

(1) Juan V. Orona. “La Revolución del 6 de Septiembre” (1966), pp. 152 y sigtes. Ed. Imprenta López, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Ambos militares lo planean desde la Ciudad de Paraná -donde prestaban servicios- y el último se vale de un pretexto para trasladarse con licencia a la Ciudad de Corrientes, alojándose en el cuartel del regimiento 9 de infantería -unidad a la que tiempo atrás perteneciera- y aprovechándose de la amistad que lo vinculaba con sus antiguos camaradas de unidad, los indujo a entrar en el proyectado levantamiento.

El plan tomó forma concreta con la llegada de Pomar a Corrientes el día 18 de Julio y para el día siguiente se convino una reunión en una quinta de propiedad del señor Fages, a la que concurrieron varios de los complotados y otros prestaron su conformidad para lo que se resolviera en definitiva.

- Cronología de los sucesos

Allí se determinó que el movimiento se iniciaría el día 20, a partir de las 13:00. Según resulta de las actuaciones, no era una acción aislada, ya que también se habría buscado adeptos entre los civiles y militares de Corrientes y del Chaco desde tiempo atrás. Entre las 10:00 y 10:30, el teniente coronel Pomar llegó al regimiento, ubicado donde comienza la Avenida Tres de Abril y sobre las barrancas del río Paraná (aún no se había construido la Avenida Costanera), avanzando a un patio interior del mismo, donde ya estaban reunidos varios oficiales.

Mientras tanto se había suspendido el desarrollo del programa de instrucción de la tropa y se le había distribuido equipo completo de campaña pretextándose una marcha que debía realizarse al día siguiente.

La llegada de Pomar al regimiento coincidió con la salida del jefe de la unidad, el teniente coronel Lino H. Montiel, quien se había trasladado al centro de la ciudad, aproximadamente a las 10:15, momentos después de haber sido alertado por un suboficial acerca de ciertas reuniones sospechosas en el cuartel.

Tal como lo relata el interventor, doctor Atilio Dell’Oro Maini(2), el teniente coronel Montiel estuvo poco después de visita en la Casa de Gobierno. Recuerda este funcionario que algunos días atrás habían hablado sobre la fidelidad de su tropa, habiéndole contestado el militar que para quitarle el regimiento ¡debían previamente matarlo!

(2) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 27 de Julio de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Resultarían premonitorias estas palabras. Luego de conversar con el mandatario, se dirigió al cuartel, en automóvil, siendo acompañado por su hijo.

Entre las 10:30 a 11:00 los oficiales se distribuyeron en distintos lugares de la unidad y arengaron en privado y, públicamente luego, a los suboficiales, explicándoles el levantamiento y los fines perseguidos. Posteriormente, Pomar trató de lograr el apoyo de los oficiales Ismael R. Villalba, Diego E. Perkins, Otto Lancelle, Guillermo García Reynoso, al oficial médico, doctor Juan Francisco Torrent, y al oficial veterinario doctor Juan Carlos Savasta y, al no conseguirlo, ordena su detención en la guardia de prevención.

- La muerte del teniente coronel Montiel

En el ínterin, el jefe del regimiento había regresado al cuartel y, enterado de ello, Pomar se dirige “corriendo hacia su despacho, ingresa en él y le da muerte en el interior del mismo”. Tal la exposición hecha en el juicio militar.

Aquí las versiones aparecen divididas respecto al modo y forma en que se produjo la muerte del teniente coronel Montiel. Según las declaraciones del teniente coronel Pomar(3), los hechos habrían sucedido en la siguiente forma:

Se presentó el teniente coronel Montiel, jefe del regimiento y, al comunicarle mi resolución de sacar el regimiento pues se encontraba sublevado, por toda respuesta al mismo tiempo que me pegaba una trompada sacaba el revólver.
Al verme en esta situación, caido sobre una ventana donde al romperse el vidrio me cortara dos dedos y amenazado de muerte, saqué mi revólver y desde esa situación tiré con las consecuencias fatales que soy el primero en deplorar, pues la víctima no sólo era un distinguido jefe sino amigo intimo; pero, de mi actitud y la de él dependía el éxito o fracaso de la empresa y un número mayor de víctimas, pues el regimiento ya estaba sublevado y listo para salir y nadie lo detendría.
La reconstrucción del hecho en el que no ha habido instigadores y sólo un testigo presencial, el teniente primero Julio Villafañe; la autopsia del cadáver; la dirección y recorrido del proyectil, comprobarán lo aseverado en esta declaración”.

(3) Juan V. Orona. “La Revolución del 6 de Septiembre” (1966), p. 157. Ed. Imprenta López, Buenos Aires. Declaración de Pomar efectuada bajo juramento de ley, fechada en Humaitá (Paraguay) el 25 de Julio de 1931, y dirigida al juez militar ad-hoc designado para investigar los sucesos de Corrientes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El coronel Orona, autor del libro que venimos siguiendo en esta parte, trae otra versión de los hechos que, a su juicio, es la fidedigna, y “es la que el teniente primero Villafañe hizo al teniente Otto Lancelle, el mismo día 20, a las 16:00, y que éste reproduce en su información al general Bruce, comandante de la 3ra. división de Ejército, con fecha 23, y dice así:
‘Caminaba yo -relato del teniente primero Villafañe- detrás del teniente coronel Pomar en dirección al casino, cuando me llamó éste y me dijo: ‘venga que voy a hablarlo al teniente coronel Montiel’.
“‘Me acerqué y seguimos juntos y, al llegar a la puerta de la Mayoría, llegaba también el jefe del regimiento. Entonces, el teniente coronel Pomar le dijo al jefe: ‘Montiel, tengo que hablarte’, a lo que éste le contestó: ‘Como no; vamos a mi despacho’.
‘Entramos hasta el cuarto donde se guarda la bandera y allí el teniente coronel Pomar le dijo: ‘te comunico que el regimiento se ha sublevado’, a lo que contestó el jefe del regimiento: ‘no puede ser’.
‘Volvió entonces a repetirle el teniente coronel Pomar: ‘te comunico que el regimiento se ha sublevado y yo me hice cargo’.
‘Al decirle esto, el teniente coronel Montiel lo empujó con fuerza a Pomar, haciéndolo ir contra la puerta de salida y romper un vidrio; entonces, el teniente coronel Montiel intentó salir y en ese instante Pomar sacó de su bolsillo un revólver y a quemarropa le descerrajó un tiro en la cabeza.
‘Le dije entonces al teniente coronel Pomar que ‘no había necesidad de llegar a ese extremo’, a lo que me contestó: ‘No había otra cosa qué hacer’”.

El doctor Juan Francisco Torrent, cirujano del regimiento que se encontraba detenido e incomunicado en la guardia de prevención, por orden del teniente coronel Pomar, manifiestó en su declaración en el mismo proceso:

Serían las 11:00 más o menos, cuando el oficial de guardia, teniente primero Villafañe se presentó y me dijo:
‘Doctor, quiere acompañarme un momento’.
Lo seguí por el corredor y al llegar frente al despacho del oficial de administración sentí que nos llamaba el teniente coronel Pomar que se encontraba del otro lado de la reja, y nos acercamos Villafañe y yo -relata Torrent- y creo que le preguntó cómo sigue y Villafañe le hizo un gesto y le dijo: ‘Creo que murió’.
Creo haber oido -continúa Torrent- que dijo, ‘caramba, cuánto lo siento’, ‘pero vos sos testigo que me pegó una bofetada’ y agregó: ‘que nadie vea nada’, contestándole Villafañe: ‘está bien, pero la Sanidad sí’, ella debe proceder o algo por el estilo.
Lo encontré al teniente coronel Montiel caido en el suelo en un mar de sangre, sobre el lado izquierdo del cuerpo y con una herida de bala que le penetró del lado derecho al lado del oido y que salió del lado izquierdo y hacia atrás”.

El autor del libro que seguimos hace un juicio expresando que verdaderamente no tenía necesidad el teniente coronel Pomar de haber llegado a ese extremo. El regimiento estaba sublevado y a sus órdenes; con haberle impartido orden de detención -como hizo con los oficiales que se negaron a acompañarlo- hubiera sido suficiente. Y en el caso de que se hubiera resistido, disponía de hombres de más como para desarmarlo y reducirlo.

Con pocas diferencias de detalle, el diario “La Nación”(4), en base a manifestaciones del teniente primero Villafañe, se refiere a la forma en que se produjo la muerte del teniente coronel Montiel.

(4) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 23 de Julio de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Dice que éste, hacía un momento que había llegado al cuartel, urgentemente llamado y al notificarle Pomar de que el regimiento se había sublevado, respondiendo a un movimiento armado en todo el país, se levantó bruscamente de su asiento y dijo: “No puede ser” y se adelantó hacia la puerta de salida.

Al pasar entre ambos oficiales recibió a quemarropa el balazo disparado por Pomar que lo dejó muerto. La bala penetró dos centímetros debajo del lóbulo inferior de la oreja, lado derecho, saliendo por el lado opuesto. Al hacerse la autopsia por los doctores Perrens y Castillo Odena, se comprobó aún el tatuaje producido alrededor de la herida por la deflagración de la pólvora.

Muerto el comandante se cerró la puerta del despacho, poniéndose a un centinela, y se corrió la voz de que el teniente coronel Montiel se hallaba herido, sin permitir la entrada a nadie.

Una última versión se la debo al doctor Primo Meana Colodrero quien, según le expresara su cuñado Andreau -que era radical personalista- la persona que mató a Montiel por intentar resistirse fue en realidad el oficial que acompañaba a Pomar en ese momento, cuyo nombre no recordaba, pero que Pomar se hizo cargo del hecho(5).

(5) Entrevista al doctor Primo Meana Colodrero, en fecha 18 de Enero de 1990, en presencia de su hijo, el doctor Diego Meana Colodrero, en la Ciudad de Corrientes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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