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Consecuencias políticas del golpe militar de 1931

Las consecuencias políticas que trajo el acto fallido que significó el golpe militar pergeñado por el teniente coronel Gregorio Pomar, seguramente no eran las que se proponían el o los autores conocidos. El ingeniero Gabriel del Mazo(1) dice que el movimiento que estalló en Corrientes fue fruto de la conspiración militar que se inició separadamente en varias regiones del país y en muchas unidades del Ejército, movimiento no adscripto a determinada filiación política, que llevaba el propósito de dar de inmediato al país un Gobierno de acuerdo a la voluntad popular.

(1) Gabriel del Mazo. “El Radicalismo (Ensayo sobre su Historia y Doctrina)”, tomo II. Citado por Juan V. Orona. “La Revolución del 6 de Septiembre” (1966), p. 162. Ed. Imprenta López, Buenos Aires. // Referenciado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Formó en ese movimiento -que debió estallar simultáneamente en el mes de Junio- el general Agustín Pedro Justo quien, de pronto, ese mismo mes impidió el pronunciamiento al dar contraorden a todos sus amigos militares en el país, alegando que la situación había cambiado, ya que el Gobierno de facto convino con él y decretó dar elecciones para el 8 de Noviembre, con plenas garantías electorales y, de inmediato hizo pública su candidatura a la presidencia de la Nación.

Dice luego que oficiales de varias guarniciones estuvieron en desacuerdo con la suspensión del movimiento sedicioso, entre ellos de Corrientes y Chaco, quienes decidieron sublevarse a la órdenes de Gregorio Pomar. El coronel Orona, sin embargo, dice que el general Justo no tenía necesidad de dar un golpe de estado y derrocar al Gobierno de Uriburu. Semejante idea no le pasó por la cabeza ni le convenía tampoco. Su plan consistía en dar tiempo al tiempo. Sin embargo, se utilizó su nombre y, de las declaraciones obtenidas en el sumario instruido en Corrientes, se llegó a expresar que se creía al general Justo como encabezando el movimiento.

Lo que es un hecho irrefutable -dice Orona- es que la rebelión de Corrientes favoreció sus planes políticos al apresurar el llamado a elecciones generales por un lado y, por el otro, al provocar la abstención del radicalismo yrigoyenista, una vez vetada la formula Marcelo Torcuato de Alvear - Adolfo Güemes.

Rosendo Fraga(2), refiriéndose a lo afirmado por el teniente coronel Cattáneo en su libro “Entre Rejas, Plan 1932”, en el sentido de que el grupo de Justo logró infiltrarse en la conspiración, expresa que esa versión -no corroborada por otra fuente- decía que tras varias negociaciones se llegó a un acuerdo en función del cual Justo asumiría la jefatura del movimiento.

(2) Rosendo Fraga. “El General Justo” (1993), pp. 236 y sigtes. Emecé Editores, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Poco después llegaba la orden de postergar el alzamiento hasta después del comicio del 8 de Noviembre -ya convocado- pero, Pomar y Cattáneo -que habían cuestionado el acuerdo con Justo- decidieron seguir adelante. Los esfuerzos de Cattáneo en Tucumán se ven frustrados y, acerca del movimiento de Pomar, ya hemos visto su resultado.

Ante el estallido, Justo se apresura a expresar su solidaridad con el Gobierno de facto. Dice luego que la participación de Justo en el movimiento es motivo de controversia entre los historiadores. Félix Luna sostiene que Justo inspira el movimiento y Orona, ya hemos visto su opinión contraria.

Potash, a su vez, señala que la actitud de Justo permanecerá en duda mientras los estudiosos no puedan examinar sus papeles. Y el autor que seguimos, finalmente, expresa que pudo revisar los papeles de Justo sin encontrar ningún documento que arroje luz sobre este punto. No obstante, expresa que -en su opinión- Justo no origina la sublevación de Pomar, pero sí en cambio logra infiltrarse en ella a través del teniente coronel Bosch, controlándola, al disponer su postergación para después del 8 de Noviembre.

El intento de Pomar -dice- se realiza al margen de Justo, no sólo sin su consentimiento sino también sin su conocimiento.

Alain Rouquié(3) afirma que se pretende que oficiales del clan Justo habían planeado acciones conspirativas para presionar al general Uriburu, incluso para derrocarlo, poniéndose en contacto con los conspiradores radicales. Pero habiendo sido impuesto al presidente de facto la candidatura de Justo para las elecciones presidenciales, el antiguo ministro de Alvear aplazó indefinidamente el golpe sedicioso.

(3) Alain Rouquié. “Poder Militar y Sociedad Política en la Argentina” (1981), pp. 240 y sigtes. Emecé Editores, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Termina afirmando que el general José Félix Uriburu sabía, desde el 7 de Julio, que el Ejército estaba en contra de él y sus proyectos políticos, y así debe inferirse del discurso del coronel Manuel A. Rodríguez, presidente del Círculo Militar, en el banquete anual de las Fuerzas Armadas.

Si es que realmente los hechos ocurrieron tal como lo presentan unos y otros, es evidente que la reconocida habilidad política del General Ingeniero le ha servido una vez más para proyectar su nombre como la única alternativa que le quedaba al Gobierno de facto ya que, descartado Alvear en Abril por no avenirse a las exigencias de Uriburu -y De la Torre en Junio, pues no la quiso aceptar- no le quedaba al Gobierno otra posibilidad que el general Justo, que contaba con los resortes oficiales y la simpatía de una gran parte del Ejército, aunque no gozaba de los deseos íntimos ni la simpatía personal del general Uriburu.

En cambio, la candidatura de Lisandro de la Torre, surgida de las combinaciones políticas forjadas bajo el nombre de la Alianza Civil y que en el acto comicial apareció como antagónica del Gobierno de facto, era la que el general Uriburu cordialmente hubiera querido ver triunfante cuando hizo la insurrección septembrina, según lo afirma Pinedo(4).

(4) Federico Pinedo. “En Tiempos de la República” (1946). Editorial Mundo Forense, Buenos Aires. Citado por Rosendo Fraga. “El General Justo” (1993), p. 235. Emecé Editores, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- Se inhabilita electoralmente al personalismo

La sublevación de Gregorio Pomar en Corrientes trajo como consecuencia la decisión del Gobierno de facto de no oficializar listas de sufragios en que figuraran los hombres del personalismo, considerando que -de otro modo- el país y la insurrección septembrina serían burlados. Un decreto dictado en acuerdo general de ministros aludía a la reorganización del radicalismo presidida por el doctor Marcelo Torcuato de Alvear y a la conducta de esa fracción después del motín.

Se afirmaba de la existencia de pruebas que demostraban la complicidad de esa agrupación y que se trataba de un movimiento que buscaba una conflagración general, bajo una apariencia de una reorganización pacífica preelectoral, mientras ocultamente procuraba complicar en sus maniobras a algunos elementos del Ejército.

Hacía referencia además a una declaración de políticos exiliados hecha en Lavalleja (República del Uruguay)(5) y que el radicalismo no había rcchazado, aceptando tácitamente la conspiración de Corrientes, que “no han desautorizado, a pesar de ser hecha a nombre y por cuenta de la agrupación personalista, lo que implica complicidad vergonzante, esperando los beneficios en caso de triunfo de este complot iniciado con el cobarde asesinato de un dignísimo jefe del Ejército, para terminar con la fuga de los delincuentes que, antes de huir, intentaron apoderarse de los dineros del Banco Nación...(6).

(5) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 20 de Julio de 1931.
(6) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 25 de Julio de 1931.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Al día siguiente dio a conocer otro decreto relativo a la elección presidencial para el 8 de Noviembre, junto a los comicios ya convocados con anterioridad.

Lo único que se ha establecido -decía el presidente- es que no consentiré que pretendan volver al poder los mismos hombres que lo llevaron al borde del caos y de la ruina” y agregaba después:

Pero no tendré preferencias por tal o cual nombre. Los partidos no necesitan solicitar el visto bueno oficial. Bien saben ellos, quiénes son los que moral y materialmente están incapacitados para regir los destinos de la nación” y, acto seguido, invitaba a que abandonen el país a los doctores Marcelo T. de Alvear, Honorio Pueyrredón, José P. Tamborini y Carlos M. Noel.

Por su parte, la sección “Orden Político” de la Prefectura General de Policía daba un comunicado relativo al objeto y fin probable de la asonada de Corrientes, relacionándola con las actividades realizadas por dirigentes personalistas en la capital de la República. Firmaban el manifiesto, el jefe del sector, comisario inspector Leopoldo Lugones (h) y el doctor David Uriburu, subprefecto general de policía.

Días después, el general José Félix Uriburu visitaba el Departamento de Policía y era recibido con las tropas formadas a las órdenes directas de su jefe, el mayor Juan Filomeno Velazco y, del segundo, capitán Franklin Lucero. Dos de ellos llegaron a ser interventores en la provincia de Corrientes y, con el correr de los años, el general Velazco, gobernador de la misma(7).

(7) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), ediciones del 26, 28 y 29 de Julio de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Respondiendo a las expresiones del presidente de facto, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear dio un duro manifiesto que motivó a su vez otra dura réplica del general Uriburu, repitiendo conceptos sobre que aquél apañaba la asonada correntina con su silencio en forma vergonzante, explicando así las razones de la deportación del ex presidente radical(8).

(8) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 5 de Agosto de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El decreto-veto del 24 de Julio encontró su justificación indispensable en el abortado golpe de Gregorio Pomar, dice Potash(9).

Dio al Gobierno la excusa que necesitaba para perseguir al partido radical y abrió el camino a la candidatura del general Agustín Pedro Justo. Desde el 5 de Abril de 1931, los radicales habían creído que vencerían en elecciones libres y muchos de mis enemigos coincidían en ello.
El partido estaba reorganizándose entusiastamente bajo la dirección del ex presidente Alvear, y reparando las antiguas divisiones entre los personalistas y los antipersonalistas.
La actitud de Alvear, que se negaba a repudiar a los personalistas, representaba una fuente de inquietud para el presidente Uriburu y para todos los que se identificaban con el movimiento del 6 de Septiembre.
El espectro de un retorno al poder, por vía electoral, de los mismos hombres que habían sido eliminados por la revolución, agobiaban la imaginación de los partidarios del régimen, y los acicateaba a idear modos de celebrar elecciones sin ese riesgo”.

(9) Robert A. Potash. “El Ejército y la Política en la Argentina. 1928 - 1945 (de Yrigoyen a Perón)” (1985), p. 110. Ed. Hyspamérica, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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