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Las elecciones generales de 1931

- Una etapa controvertida

Hay un período de la historia nacional al que ha dado en llamarse “la década infame”, a partir de un lema lanzado por Arturo Jauretche o tomando como base un libro de José Luis Torres así caratulado, en el que se enjuicia severamente la etapa comprendida desde el proceso insurreccional del 30 para unos y, para otros, desde el advenimiento del Gobierno que lo sucedió.

Una mirada retrospectiva de la historia argentina contemporánea echa un velo de silencio al repensar este apelativo dirigido a un período ya relativamente lejano de la historia reciente, sobre todo al comparar con lo sucedido en otras décadas más cercanas en el tiempo, que parecen competir por embanderarse con ese mote.

Los doctores Carlos Aguinaga y Roberto Azaretto han hecho un estudio muy bien documentado de esa época que nos muestra una visión distinta en la que “la historiografía nacionalista, radical, socialista y marxista coinciden en una condena irrestricta y sin matices a los Gobiernos que se sucedieron entre 1930 y 1943, pero una interpretación más profunda, meditada y documentada nos demuestra que la Argentina fue uno de los países del mundo que logró afrontar con mayor eficacia y menos costo las consecuencias de la crisis(1).

(1) Carlos Aguinaga y Roberto Azaretto. “Ni Década ni Infame (del 30 al 43)” (1991). Prólogo de Rosendo M. Fraga, Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, p. 9. Ed. Jorge Baudino Ediciones, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Resulta por ello interesante transcribir el juicio de Félix Luna, historiador de reconocida filiación radical, quien expresa:

¿Década infame? Sí, pero siempre que se reconozca que también hubo otras cosas. La esencia del lapso 1930/1943 no se agota con sus aspectos innegablemente negativos.
Aquellos años enmarcaron la transformación del Estado patriarcal en un organismo moderno y relativamente eficiente; asistieron al crecimiento de la industria nacional y la formación de una clase trabajadora urbana; registraron altos índices de producción agrícola y ganadera; mostraron una impresionante estabilidad financiera y monetaria; vieron la creación de una red vial y el incremento del transporte automotor, elementos que a la larga cambiarían la estructura tradicional del país; y contemplaron, en fin, la modernización edilicia y urbana de Buenos Aires y las grandes ciudades del Interior.
Por otra parte, pocos períodos de nuestra historia fueron tan fecundos en creaciones culturales y tan movidos en el libre debate de las ideas. Es indiscutible que la crisis económica se superó a través de un mayor sometimiento a los intereses externos y descargando su peso en los sectores populares; como lo es también que la marca del fraude electoral manchó el período con una profunda lacra. Pero -repetimos- la década del 30 no se caracteriza solamente con la infamia.
Cada época abunda en lemas, acusaciones verbales, expresiones que más o menos felizmente resumen una posición política. Pero, por su mismo origen, por su destino fugaz, no todos los esloganes son aptos para formular juicios históricos. En tanto productos de una lucha, deben cancelarse cuando ella termina; de allí en adelante sólo la historia tiene la palabra.
Y sucede en general que, cuando se revisan con perspectiva histórica, muchos esloganes aparecen excesivos y parciales.
Por eso, cuando se habla de la ‘década infame’, pensamos que seguramente lo fue. Pero también fue una década con grandezas y realizaciones que deben evaluarse al lado de sus miserias y canalladas(2).

(2) Revista “Todo es Historia” (Mayo de 1976), Nro. 108, p. 3, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- Las elecciones generales de 1931

Se llegó así a las elecciones generales del 8 de Noviembre. Con el pecado original, relativo, de haberse vetado la candidatura de Alvear y Güemes, dejándose aclarado que la primera tenía un serio fundamento de orden constitucional, y no haberse querido postular por parte del radicalismo otra candidatura, no impugnable, para competir en los comicios.

Lo real es que el radicalismo personalista decretó su total y absoluta abstención, no obstante lo cual muchos de sus partidarios encontraron un canal para expresar su oposición votando a la fórmula de la Alianza Civil Socialista-Demócrata Progresista.
Los comicios en general se desarrollaron sin mayores inconvenientes. Las denuncias de violencia electoral partieron de la Alianza, que informaba el secuestro de libretas electorales, especialmente en las provincias de Buenos Aires y Mendoza, y solicitaba la remoción de sus interventores federales, los doctores Raymundo Meabe y José María Rosa (h)(3).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 3 de Noviembre de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En todo el país triunfó la lista oficial de la Concordancia, menos en la Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe, donde se impuso la Alianza. El general Agustín Pedro Justo obtuvo 234 electores que le permitieron cómodamente ser consagrado presidente de la Nación, con 865.457 sufragios contra 488.535 del doctor Lisandro de la Torre(4).

(4) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 12 de Diciembre de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En Corrientes, como en el resto del país, también ganó. Pero en Corrientes obtuvo mayoría y minoría. La mayoría, con los votos de demócratas nacionales, antipersonalistas y liberales pactistas, que sumaron 28.835 sulmgios y, la minoría de los liberales rupturistas, que alcanzaron a 27.139 votos. En total 18 electores para el general Agustín Pedro Justo, de los cuales, en la elección de vicepresidente, votaron 12 para el doctor Julio Argentino Roca (h) y 6 para el doctor José Nicolás Matienzo.

Las cosas cambian en lo relativo a la diputación nacional, en la que se impusieron los liberales rupturistas, aunque también con una ventaja no muy grande. El candidato más votado resulta Daniel C. Speroni, con 29.233 sufragios y, lo siguen, Manuel A. Bermúdez, con 28.791; Erasmo Martínez, con 28.420; Eduardo Brouchou, con 28.284; y José A. Contte, con 28.105, todos ellos del partido liberal.

Y por la minoría, obtuvieron escaños Benjamín Solano González, con 26.531 votos, y Hernán Félix Gómez, con 26.388, ambos del partido Demócrata Nacional (autonomista)(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 21 de Noviembre de 1931. Obtuvieron también sufragios los siguientes candidatos, aunque sin lograr bancas: Cornelio Candia, 26.367; Felipe Solari, 26.120, ambos del partido Demócrata Nacional; Ercilio Rodríguez, 25.930, del liberalismo pactista; Justo Alvarez Hayes, 3.940, Isidro J. Odena, 3.924, Delio J. Martínez, 3.891, Eduardo Beretta, 3.867 y Cesario Centeno, 3.862, estos últimos de la Alianza Socialista-Demócrata Progresista-Juventud Liberal. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Lo que resulta significativo es que estos dos partidos aumentaron aproximadamente 10.000 votos cada uno, con relación a los comicios de Marzo de 1930, que presumiblemente provinieron de los abstenidos radicales personalistas que en aquella elección habían obtenido alrededor de 30.000 votos.

En la elección de electores de gobernador y vicegobernador, los liberales lograron 28.469 sufragios contra 22.426 de los demócrata nacionales (autonomistas); 5.781, de los radicales antipersonalistas; 3.704 de la Alianza; y 1.545 del liberalismo pactista. De acuerdo con el sistema de adjudicación proporcional de bancas y la división en secciones electorales, los liberales obtuvieron 11 electores, los demócrata nacionales 11, los radicales antipersonalistas 3 y la Alianza 1 elector.

Los resultados de la elección para legisladores provinciales fueron parecidos y la adjudicación de bancas se produjo en la siguiente forma: en el Senado, para los liberales, 6; los demócrata nacionales (autonomistas), 6; y para los radicales antipersonalistas, 1. En Diputados, a los liberales, les correspondió 12; a los demócrata nacionales, 9; a los radicales antipersonalistas, 3; y a la Alianza, 2.

- Indefinición para elegir gobernador y senadores nacionales

Frente a estos resultados, un editorial del diario “La Prensa”(6), señalaba lo interesante de la situación de los partidos políticos en Corrientes, ya que ninguno de ellos podía consagrar por si solo fórmula de gobernador y vicegobernador, ni elegir a los senadores nacionales.

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 2 de Diciembre de 1931. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La Constitución Provincial establecía que el Colegio Electoral sólo podría consagrar gobernador con el voto de la mitad más uno de sus miembros, por lo menos 14 electores, sobre 26 que componían el cuerpo. Vale decir, que a los radicales antipersonalistas les correspondía el papel de árbitros.

Para ese fin se había llamado a la convención general del partido. Las posiciones estaban divididas, ya que algunos -con criterio principista- sostenían que debía votarse la fórmula del partido que había logrado mayor número de votos en la elección primaria; otros, propiciaban un acuerdo con el partido demócrata nacional autonomista, con el que habían integrado listas comunes de candidatos a electores de presidente y vicepresidente y, una tercera posición, se manifestaba en el sentido de tratar de arribar a un acuerdo con los liberales.

A todo esto estaba ligado el problema de la elección de los senadores nacionales por la Asamblea Legislativa y en la que ninguno de los partidos tenía mayoría propia para hacerlo. También se hablaba de que el pleito debía ser resuelto por los tres partidos, ya que todos eran sostenedores de una misma fórmula presidencial y habían sostenido los principios de la insurrección de septiembre en la provincia.

Ninguno de los partidos, por otra parte, podía desempeñar satisfactoriamente el Gobierno con el solo apoyo del antipersonalismo, pues no le alcanzaría el aporte legislativo para ello. La Alianza Socialista - Demócrata Progresista - Juventud Liberal podía resolver el pleito de los senadores nacionales pues, con su concurrencia, la de los demócrata nacionales autonomistas y la de los radicales antipersonalistas, se lograría quorum para el funcionamiento de la Asamblea que debería elegirlos y, también, para recibir el juramento del gobernador y vicegobernador que resultaran electos.

La expectativa pública estuvo centrada en la convención antipersonalista, que se reunió los primeros días de Diciembre(7).

(7) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 4, 5 y 6 de Diciembre de 1931. La convención fue presidida por José B. de la Vega, con las secretaría del doctor Pedro Cremonte y, la comisión de poderes la formaron: Fernando Miranda Gallino, Francisco Rivellini y Edgardo Méndez Camogli. Se eligió la mesa directiva, que quedó integrada por el doctor Pedro Numa Soto, como presidente; José B. de la Vega, como vicepresidente; y Pedro Cremonte y Francisco Rivellini, como secretarios. La comisión para proyectar el orden del día estuvo integrada por el doctor Miguel Sussini, Francisco Ayala López Torres y Alcibíades Devoto Acosta. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Si bien las deliberaciones tuvieron el carácter de secretas, trascendieron las posiciones sustentadas que, básicamente, quedaron circunscriptas a dos: la que encabezaba el doctor Pedro Numa Soto, que aspiraba a una concordancia con el partido demócrata nacional (autonomista), sobre la base de un gobernador antipersonalista y un vicegobernador autonomista o, en el último de los casos, invertir la fórmula que sería encabezada por un autonomista, conviniéndose un Gobierno de colaboración entre ambas agrupaciones.

La otra tendencia la encabezaba el doctor Miguel Sussini, que deseaba la conjunción de todos los partidos “revolucionarios” sin excepción, sobre la base de votar la fórmula liberal en forma íntegra en razón de haber obtenido la mayoría de votos en las elecciones primarias y dar representación en el Senado de la Nación a los otros partidos, o sea, un senador autonomista y otro antipersonalista.

Finalmente, la convención se expidió en el sentido de votar la fórmula gubernativa propia en el Colegio Electoral, tesis mayoritaria que triunfó por 41 votos contra 2. Esta decía que al concurrir el partido a los comicios para elegir gobernador y vicegobernador, sancionó su plataforma electoral haciendo un llamamiento a la opinión pública en general y comprometiéndose a sostener la fórmula y cumplir su plataforma si el comicio le deparaba buen éxito.

Como en la actual situación ninguno de los partidos había obtenido el número necesario de electores para consagrar sus respectivas fórmulas, teniendo en cuenta la profunda divergencia que separaba a los partidos más votados (liberales y autonomistas) en una constante lucha de años atrás, acentuada en estos últimos tiempos y que tanto había gravitado sobre los destinos de la provincia, esterilizando toda obra de gobierno, paralizando su progreso y trayendo una serie de perturbaciones de orden institucional y, en la creencia de que estas fuerzas -no obstante ser mayoritarias- no podían ofrecer a la provincia un Gobierno de orden y de paz, no cabía otra solución para los intereses generales, para el orden público y para la armonía política, terminaba diciendo que mantener la fórmula que sostenía la Unión Cívica Radical antipersonalista, la cual por su equidistancia de las demás agrupaciones, la bondad de sus principios y la amplitud de su programa, prometía realizar un Gobierno de amplias garantías de equidad, de orden y de justicia.

La tesis minoritaria, impulsada por el doctor Sussini, declaraba que el partido no estaba en condiciones de cargar con la responsabilidad del Gobierno, rehusando -por consiguiente, si bien agradecía el honor- el concurso que pudiera ofrecerle alguno de los partidos provinciales.

Proponía, en consecuencia, votar en el Colegio Electoral, desde el momento que la Constitución obliga a las minorías a decidirse por uno de los candidatos de la mayoría, por aquél que en las elecciones primarias hubiera obtenido mayor número de votos y cuyo partido tuviera en su programa la modificación del sistema electoral vigente en la provincia y abogara por la elección directa de gobernador y vicegobernador, dando al partido triunfante la representación de los 2/3 en la Cámara de Diputados y el tercio restante a la o las minorías.

Auspiciaba, asimismo, que entre los partidos de la Concordancia sus representantes en la Legislatura designaran senadores nacionales a miembros de las dos primeras minorías, a fin de comprometer la responsabilidad de éstas en la formación de un Gobierno que hiciera Administración en Corrientes. Decía el doctor Sussini en la convención que para los radicales que en este momento eran árbitros, no significaba ello actuar con arbitrariedad para inclinarse a derecha o izquierda, según las conveniencias, caprichos o desvíos de pasión o interés.

Consideraba que en el caso presente era fácil orientarse para saber qué hacer: no había otro norte y guía que la voluntad popular recogida en las urnas, y los escrutinios decían que para la gobernación votaron por los candidatos liberales 29.000 ciudadanos; por los autonomistas 23.000; y por los antipersonalistas 6.000, en cifras redondas. Sostenía que el desempate no podía ser una cuestión, ya que las urnas daban la solución y su voz debía ser acatada.

Al ser vencida su propuesta, el doctor Sussini presentó su renuncia indeclinable a todos los cargos que desempeñaba en los organismos partidarios e inútiles fueron las gestiones realizadas para hacerlo desistir de su actitud.

Con la decisión tomada por el radicalismo antipersonalista, eran dos las fórmulas que no estaban dispuestas a transigir para buscar una solución en el Colegio Electoral. La otra era la liberal, que seguía sosteniendo su fórmula indivisible y un amplio espíritu para que todos los partidos y hombres de bien pudieran colaborar en el Gobierno, pero sin hablarse del “marchanteo” de los puestos públicos.

Con estas posiciones, le correspondía ahora al partido Demócrata Nacional autonomista, tomar la decisión acerca del destino de los votos de sus electores, pues de mantenerse una situación de intransigencia por parte de todos los partidos, no se iba a poder consagrar gobernador de la provincia.

Para facilitar las negociaciones que pudieran derivarse de la situación planteada, el candidato a gobernador por el autonomismo, doctor Diomedes C. Rojas, presentó a la junta de gobierno de su partido una nota poniendo a disposición su renuncia.

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