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AGUSTIN PEDRO JUSTO, PRESIDENTE

En el espejo secreto e ideal en que ubicamos la imagen que quisiéramos imitar, es muy probable que Agustín Pedro Justo soñara ser Mitre... Pero en definitiva la historia, no la que gustaba leer, sino la del Gobierno que cumplió, le encuentra más afinidad con Roca: repitió, ya anacrónicas, las astucias de “El Zorro”... Para agrandar su figura, los partidarios de Justo nos recuerdan su obra en vialidad: durante esa presidencia se multiplicaron los caminos...

Nadie podría negarlo... Sin embargo, ¿quién podría negar que las ambiciones personales de Justo soplaron sobre esos caminos los polvos dictatoriales que inició José Félix Uriburu, y que esos polvos trajeron los vientos de intolerancia y de atropello a la ciudadanía que han dividido a la República..?

Y en definitiva, el asfalto de las rutas modernas no puede compensar jamás los barros que empantanan la dimensión espiritual de un pueblo...

El apellido, originariamente italiano: Juan B. Giusto se llamaba el tatarabuelo genovés; se había ya españolizado en Gibraltar y transformado en Justo. Pero Gibraltar, no obstante su geografía hispánica, era -desde el siglo XVIII- posesión inglesa... De ahí que el antepasado del general Agustín Pedro Justo, llegado con ese mismo nombre a Buenos Aires, figurara “registrado como súbdito británico...”.

Del matrimonio del “gibraltarino” así identificado, con doña Victoria Rolón, nació en Goya (Corrientes), en 1841, Agustín Pedro Justo; recibido de abogado en Montevideo, fue gobernador de su provincia natal, juez en Concepción del Uruguay y señaló siempre una generosa preocupación por la educación popular.

Hijo de él, el general Agustín Pedro Justo alcanzaría la presidencia de la Nación.

Lazos de familia, pero de escasa frecuentación afectiva, vinculaban al general con el doctor Juan B. Justo, el médico eminente que fundó en la Argentina el Partido Socialista. Por la ascendencia del ya mencionado tatarabuelo genovés, el presidente Justo resultaba también emparentado con el general Alejandro Agustín Lanusse, presidente de facto de la República desde Marzo de 1971.

Incorporado al Colegio Militar cuando sólo contaba once años, Justo tiene dieciséis al egresar como Alférez de artillería... En 1904, ya Capitán, es reconocido como ingeniero militar por haber obtenido en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, el título de Ingeniero Civil.

Profesor de Matemáticas en el Colegio Militar y enseñante de Telegrafía Optica en la Escuela de Tiro, actuó como 2do. Jefe del batallón de ferrocarrileros. Con el grado de Coronel fue nombrado -en 1913- subdirector del Colegio Militar; en 1914 comandó la 4ta. brigada de artillería y en 1915 volvió al Colegio Militar como director. En este cargo permaneció hasta su designación de ministro de Guerra del presidente Alvear, en Octubre de 1922.

Es el Ministerio de Guerra lo que proyecta la figura de Justo, más alla de los límites estrictamente profesionales, y hace de él un hombre público... Con un equipo de eficientes colaboradores y capitalizando la cordial simpatía del presidente Alvear, quien pronto le brindó amistad personal, no tardó Justo en destacarse dentro del gabinete.

Laborioso en sus jornadas cotidianas, disciplinado, de maneras afables en el trato, tenía, para el intercambio dialogal, lo asimilado en lecturas que trascendían al tecnicismo militar... Le complacía frecuentar la Historia, y su pasión de coleccionista de obras acerca del pasado de América le permitió poseer, con el correr del tiempo, una de las más completas bibliotecas que en esa temática existían en el país...

En el Congreso, asistiendo a las reuniones de las comisiones de ambas Cámaras o, en las sesiones del Congreso, al contestar las interpelaciones, los legisladores debieron reconocer su versación y su desenvoltura...

Desenvoltura que le permitía presidir la delegación argentina a las fiestas celebradas en el Perú, conmemorando el centenario de la batalla de Ayacucho, o encargarse -interinamente- del Ministerio de Agricultura, si debía reemplazarse al titular...

Que además de sus personales merecimientos, Justo era hombre de suerte, lo probaría un episodio de su actividad profesional. En Abril de 1927, mientras viajaba en La Rioja como único pasajero de un avión militar, un brusco descenso del aparato, proyectó a Justo en el espacio... El piloto ni advirtió cuándo ni dónde se había quedado sin el pasajero... Justo tuvo la serenidad de abrir el paracaídas y pudo llegar sano y salvo a tierra... Caminó algunos kilómetros junto a las vías de tren por regiones desoladas y arribó así hasta una estación ferroviaria donde desconcertó al jefe de la misma al manifestarle: “¡Soy el ministro de Guerra! ... ¡Déme comunicación con Buenos Aires..!”.

La actuación ministerial llevó al general Justo hacia la política... Se iniciaba por entonces en el Ejército la formación de una logia militar y cuesta creer que, dirigida por jefes amigos y colaboradores de Justo, éste no estuviera informado al respecto...

Los “logistas” representaban el sentimiento antiyrigoyenista del Ejército.

Se invocaba, para fundamentar este punto de vista, que durante su presidencia (años 1916 - 1922), Yrigoyen había subestimado a la institución castrense; había nombrado, para ministros de Guerra, a hombres civiles; no había considerado la adquisición de armamentos necesarios, según ellos, para actualizar la defensa nacional; no se habían efectuado las maniobras para ejercitar, debidamente, la capacitación de los diversos niveles de los cuadros...

Este antiyrigoyenismo fue creciendo en la medida que en la política nacional el radicalismo se dividía en yrigoyenistas y antipersonalistas... No se ocultaba que el ministro Justo era de los más decididos partidarios de una división franca del radicalismo y que para derrotar a Yrigoyen, Justo figuraba entre los resueltos propugnadores de la Intervención a la provincia de Buenos Aires, considerada baluarte de Yrigoyen...

La actitud de Alvear, que no aceptó el rompimiento franco con Yrigoyen ni quiso perturbar los comicios que en 1928 consagraron la nueva presidencia de Yrigoyen, hizo “archivar” la conspiración en marcha... Pero archivar no significaba renunciar a ella, sino esperar otra oportunidad y ésta llegó: los errores de la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen, agregados a las limitaciones en las energías del Jefe del Estado y a factores de descomposición en el radicalismo, crearon un clima de descontento contra el Gobierno...

El descontento se canalizó en dos rumbos: los núcleos profascistas, reducidos pero activos, prepararon un movimiento insurreccional encabezado por el general José Félix Uriburu; otro núcleo, integrado especialmente por las fuerzas conservadoras y antipersonalistas, planeó también una sublevación bajo la jefatura de Justo...

Más decidido pareció Uriburu y él terminó asumiendo el mando de los dos grupos unificados en su persona... Pero, triunfante el movimiento insurreccional del 6 de Septiembre, se hicieron presentes las diferencias de criterio doctrinario y la emulación personal de sus dos militares más representativos...

Aunque Uriburu fue designado “presidente provisional”, eran más numerosos y de mayor gravitación los jefes y oficiales que respondían a Justo y éste maniobró con las viejas fuerzas conservadoras que terminaron brindándole su apoyo... El sector justista de la insurrección capitalizó los errores, las contradicciones de Uriburu y hasta la mala salud del presidente de facto.

Impuso la convocatoria a elecciones presidenciales y previa la abstención de los radicales -ahora dirigidos por Alvear- el general Justo logró, tras elecciones, el triunfo sobre la fórmula opositora que encabezaba Lisandro de la Torre e integraba el socialista Nicolás Repeto(1).

(1) Agustín Pedro Justo nació en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, el 26 de Febrero de 1876. Ejerció la presidencia de la República desde el 20 de Febrero de 1932 hasta el 20 de Febrero de 1938. Falleció en Buenos Aires, el 11 de Enero de 1943. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 18vo. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

El 20 de Febrero de 1932, Justo se hizo cargo del poder; días antes había elevado su solicitud de retiro del servicio activo del Ejército... Sin mucho disimulo, desdeñó encarar las reformas institucionales de carácter profascista que, planeadas por Uriburu, le dejó éste durante la ceremonia de transmisión del mando, haciéndole albacea de las mismas...

Como también Justo fue retirando el auspicio oficial a la “Legión Cívica” -la organización paramilitar creada por Uriburu- la animadversión contra Justo de los grupos autotitulados “nacionalistas” no se hizo esperar.

Frente al radicalismo, que a partir de 1931 obedecía a la jefatura de Alvear, el general Justo tentó todas las actitudes: adjudicar a la dirección nacional de esa fuerza cívica la responsabilidad por el más mínimo brote sedicioso, lo cual suponía decretar el estado de sitio y desterrar o encarcelar a los principales dirigentes; romper la abstención electoral, otorgando elecciones sin fraude que hicieran concebir la esperanza de que tales elecciones correctas serían luego generalizadas; complicar en su política económica “impopular” al radicalismo, que en verdad no había madurado una programática para encarar la grave crisis desatada desde 1929 en el mundo capitalista.

Integraba esa duplicidad política un retorcido espíritu de acritud para los dirigentes radicales, especialmente respecto del ex presidente Alvear... Justo contestaba a la altivez de dichos audadanos con aversión, en donde naufragaban los más elementales principios de convivencia humana...

Lo que en este aspecto había comenzado el Gobierno de facto de Uriburu, el de Justo lo prolongaba y sistematizaba...

Con el uso alternado de halagos de posibles beneficios personales y el uso de la fuerza, el presidente Justo logró, hacia 1934 - 1935, el apoyo de una parte del radicalismo a los planes que parecían supeditar al país a los tradicionales intereses británicos...

Cuando Lisandro de la Torre denunció, desde su banca de senador por Santa Fe, algunos aspectos de esa política económica y señaló el “sometimiento del Gobierno argentino a normas que empobrecen al país tanto como lo humillan...”, la respuesta del presidente Justo no se hizo esperar: una huelga de basureros en la Ciudad de Rosario le bastó para intervenir la provincia de Santa Fe, baluarte del partido que tenía en Lisandro de la Torre su voz insobornable...(2).

(2) Poco antes, un episodio de violencia impar en la historia del Congreso, había provocado la muerte del doctor Enzo Borbahebere, colega y amigo de Lisandro de la Torre; atacado por un presunto guardaespalda de uno de los ministros, el senador Borbahebere caía asesinado... // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Durante la presidencia de Justo se cumplieron en Buenos Aires importantes actos internacionales. Corresponde señalar -entre ellos- el Congreso Eucarístico Internacional, verificado desde el 9 al 14 de Octubre de 1934. Para presidirlo llegó, como legado de Su Santidad, el cardenal Eugenio Maria Pacelli, quien años después alcanzaría la alta dignidad del Papado.

Destacando la franca colaboración del Gobierno al mencionado Congreso, ha podido afirmarse qué “él mostró la existencia en el país de una enorme mayoría católica, por lo cual el oficialismo justista, huérfano de opinión, adoptó también desde entonces una acentuada definición clerical...(3).

(3) Ernesto Palacio. “Historia de la Argentina” (1960), tercera edición. Ed. A. Peña Lillo, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Diciembre de 1936, con la presencia del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, se inauguró una “Conferencia Interamericana para la Consolidación y el Mantenimiento de la Paz”. En el escenario del Congreso Nacional, el día de la ceremona inicial, en momentos en que el presidente Roosevelt se disponía a leer su discurso, retumbó, bajo las bóvedas del edificio y sobre la cabeza de la concurrencia, un grito que, dado el lugar y las circunstancias, pareció de guerra: “¡Abajo el imperialismo norteamericano..!

Se vivió un breve momento de sorpresa... Roosevelt lo superó y leyó el discurso como si nada hubiera ocurrido... Pocas horas después, Roosevelt le confesaba al embajador de su país en la Argentina que, disgustado consigo mismo, lamentaba no haber tenido la suficiente rapidez de reacción para asociarse a la exclamación y él también gritar, espontáneamente, en voz alta: “¡Abajo..!

Si lo hubiera efectuado como llegó a pensarlo, habría terminado coincidiendo, si no con el presidente Justo, al menos con Liborio Justo, un escritor de izquierda, hijo del gobernante argentino y autor identificado de la frase que por unos instantes inhibió la ceremonia...

Un impuesto a la nafta, decretado en la época de Uriburu, y un grupo eficiente de técnicos y administradores que estructuraron la Dirección Nacional de Vialidad, posibilitaron la ejecución, durante este Gobierno, de una importante y perdurable obra caminera.

En efecto; es a partir de la presidencia del general Justo que han quedado vinculadas, medíante rutas de asfalto, las más importantes ciudades del país... La Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Mendoza, etc. están hoy en el itinerario de la red de treinta mil kilómetros...

El transporte automotor evidenció pronto, en la cantidad de vehículos que marchaban por el país, cuánto habían multiplicado a camiones y coches particulares tales nuevas vías de comunicación entre alejadas zonas del país.

En las escasas oportunidades de reposo, sustraídas a las jornadas agotadoras del cargo, Justo se complacía en caminar por la calle Florida, entrar en alguna librería y hojear las novedades... O en jugar al golf, defendiéndose, con el desplazarse en las canchas, de una evidente propensión a engrosar... O también gustaba pasear entre los jardines, curioseando -como buen conocedor- las plantas y las flores...

Esto último hasta el punto de tolerar que un suboficial, versado en botánica, que solía acompañarlo en ese deambular, rectificara los conocimientos que el presidente afirmaba poseer:

- “¡No, mi general! ¡No es una conífera! Se le parece, pero es una casuarina...
- "¡Se lo aseguro..!"

Y el veto del suboficial impuso muchas veces su saber...

En 1937, próximo a finalizar el mandato presidencial, Justo señaló su preferencia para que le sucediera en el cargo el doctor Roberto Marcelino Ortiz, un radical antiyrigoyenista, que ocupaba el Ministerio de Hacienda...

En comicios donde el fraude habría distorsionado los verdaderos sentimientos populares. Ortiz triunfó el 8 de Noviembre, sobre el doctor Alvear, el candidato de los radicales...

El 10 de Enero de 1938, de regreso Justo de una visita al Brasil, uno de los dos aviones que transportaba a la comitiva caía destrozado y perdían la vida un grupo de jefes y oficiales y Eduardo Justo, hijo del presidente, con quien actuaba de secretario particular.

Justo entregó el cargo el 20 de Febrero y poco después, en viaje de descanso, se embarcaba para Europa. Ortiz parecía encaminarse hacia un Gobierno sin tutela alguna...

La guerra estallada en Europa en 1939 vio a Justo alinearse con los Aliados, actitud que ratificó al producirse el bombardeo de la flota estadounidense atacada en Pearl Harbor por la aviación japonesa (Diciembre de 1941).

En política interna, cuando la enfermedad del presidente Ortiz dio al vicepresidente Castillo el ejercicio interino del poder, Castillo y Justo coincidieron por un tiempo: Castillo reemplazó al ministro de Guerra de Ortiz con el general Juan N. Tonazzi, un viejo colaborador de Justo... Pero, sin duda, serían los vaivenes de la contienda desatada en el Viejo Mundo los destinados a originar los mayores altibajos en el destino personal de los políticos del país...

A fines de 1942, se concretaban adhesiones a la candidatura de Justo para una nueva presidencia. La situación internacional lo favorecía; el 8 de Noviembre de 1942, Dwight Eisenhower desembarcaba en Africa del Norte y eso probaba que los Aliados empezaban a descontar puntos.

En el país, el fallecimiento de Marcelo Torcuato de Alvear, en Marzo de 1942, había dejado a los radicales sin el aglutinante factor del jefe del partido y, desorientados los segundones impacientes “rumbeaban” hacia Justo como el probable ganador...

Es verdad que el presidente Castillo había cambiado de ministro de Guerra: en reemplazo del general Tonazzi -sindicado de “justista”- había designado en el cargo al general Pedro Pablo Ramírez, jefe de caballería...

Pero el presidente Castillo se sostenía gracias al fraude electoral, y el fraude sólo era posible por el apoyo del Ejército... En éste, el general Justo seguía gravitando: ocho años director del Colegio Militar, seis años ministro de Guerra y seis años presidente de la República y, por consiguiente, comandante supremo, dejan en los cuarteles una imagen difícil de cambiar...

No puede, pues, extrañar, que la casa particular de Justo adquiriera el aspecto de trajinadas antesalas palatinas... Recibía, sin prevenciones ideológicas, toda clase de visitas... No se negava a conversar con los comunistas... “La Unión Soviética tiene un peso en el mundo que no puede desconocerse...", explicaba a contertulios de esa tendencia en diálogo que semejaba uno de esos puentes de circunstancias que son lucimiento de los zapadores pontoneros... Eran los días que Stalingrado marcaba horas en la Historia Universal...

Justo evidenciaba de ese modo cuán ágilmente podía conjugar las más heterogéneas opiniones si lo dejaban a él tomar el pulso del país y del mundo...

Pero mientras desplegaba su optimismo político, el 26 de Diciembre de 1942, lo golpeó duro la muerte de su esposa, doña Ana Bernal... Y en el cuello del casi seguro futuro presidente, el itinerario de la arteria carotidea fue mostrando un latido peligrosamente hipertenso...

El ojo clínico de algunos visitantes médicos hizo que, preocupados al observarlo, previeran la catástrofe... Esta no tardó en producirse. El 11 de Enero de 1943, en la mesa familiar, a la hora del almuerzo, un repentino derrame cerebral lo fulminaba...

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