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LOS ULTIMOS MOVIMIENTOS INSURGENTES RADICALES

- Se descubre el complot del teniente coronel Cattáneo

El año 1933 comenzó y terminó envuelto en movimientos insurgentes o subversivos, según la óptica con que se los mire, de origen radical o nítidamente ligados a elementos civiles y militares de esa orientación política, más allá de las declaraciones que sus organismos oficiales emitían en un intento de desvincularse de sus autores, por obvias razones.

Luego del golpe militar de Septiembre de 1930, que había derribado al Gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen, con un simple “‘paseo” de los alumnos del Colegio Militar y algunos apoyos militares y civiles, insignificantes sin duda para que no pudieran ser rápidamente dominados por el aparato militar concentrado en la misma capital de la República, lo que daba la pauta del estado de descomposición a que se había llegado en el Gobierno radical, varios habían sido los intentos realizados por ex oficiales del Ejército adictos a la causa de esta filiación política, tendientes a recuperar el Gobierno “legítimo”, por considerar “ilegítimo” al que había surgido como consecuencia del golpe septembrino y también del Gobierno que lo sucedió, producto de los comicios de 1931, a los que se consideraban viciados por múltiples razones.

No es este el lugar para efectuar un análisis del pensamiento radical y de sus seguidores, que consideraban “legítimos” los movimientos de 1890, de 1893 o de 1905, en que los fundadores de ese partido intentaron derrocar a Gobiernos nacionales y fracasaron, y sería inoportuno referirnos a los que vendrán mucho después, en los que esta fuerza política tuvo mucho que ver cuando no fue beneficiaria directa de alguno de ellos.

El año 1932 había terminado en medio de rumores y de agitación practicada en forma sistemática, hablándose de la posibilidad de movimientos insurgentes, a los que la policía nacional seguía con atención, vigilando a las personas de reconocida vinculación con estos propósitos.

Un hecho completamente fortuito puso al descubierto los planes de agitación insurgente a desarrollarse en la capital y otros lugares del país, del cual se declaraba único responsable el teniente coronel Atilio Cattáneo, al producirse el día 15 de Diciembre la explosión de un artefacto que se estaba preparando para el movimiento que debía estallar el 21 de ese mes.

Un prolijo análisis de los preparativos para el movimiento, las diferencias de criterios entre sus partícipes, el temor de delaciones, la inseguridad de apoyo por parte de las autoridades partidarias y las razones del fracaso, están muy bien detallados en el libro de aquel militar, a cuya lectura remito a los interesados en profundizar este llamado: “Plan 1932”(1).

(1) Atilio Cattáneo. “Plan 1932 (la Lucha Armada en la Década Infame)” (1959). Ed. Proceso Ediciones, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Se expresa en el mismo (p. 124) que los sediciosos disponían de una fuerza civil en la Ciudad de Buenos Aires, “organización poderosa que ella sólo habría dado por tierra con el Gobierno”, y también en las provincias, entre ellas Corrientes, con organizaciones civiles que mantenían contacto con los conspiradores y las que “una vez iniciado el movimiento, habrían respondido bien a nuestro requerimiento y a sus funciones” y, también, que “los jefes de las organizaciones civiles de las provincias acosaban para que se apresurara el ritmo de la acción” (p. 127).

Ocurrida la explosión, la persona encargada de preparar las bombas huyó rápidamente del lugar, olvidando la lista de personas a las que debía distribuir las bombas caseras que se estaban haciendo y, en la serie de allanamientos que se sucedieron, fueron encontrados papeles comprometedores en poder del teniente coronel Cattáneo, que permitió desbaratar el proyectado movimiento.

Según informaban los diarios, el plan insurgente tenía como objetivo la ocupación del Gobierno pero, además, se había prometido liberar los presos y la entrega de la ciudad al saqueo durante 48 horas, entre otras cosas(2).

(2) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 17 de Diciembre de 1932. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En base a tales documentos, se detuvo a los doctores Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear y Adolfo Güemes, entre otros, quienes fueron inmediatamente trasladados a buques de la Armada Nacional que partieron con destino a la Isla de Martín García.

Rápidamente, y a petición del P. E., el Congreso sancionó la ley declarando el estado de sitio y en la reunión de gabinete celebrada posteriormente se acordó requerir de los gobernadores de provincia acerca de la conveniencia de extender sus efectos a cada una de sus jurisdicciones.

El Gobierno de Corrientes opinó que la suya debía ser incluida, dado que los dirigentes personalistas y la prensa de la misma tendencia, desarrollaban una campaña desembozada contra los poderes públicos nacionales y locales, no dejando de señalar que reinaba absoluta tranquilidad en la provincia.

No obstante ello, se procedió a la detención del doctor Raúl F. Arballo, destacado dirigente de la tendencia personalista(3) y, por otra parte se pedía investigar a varios empleados nacionales que al parecer estarían conectados a la intentona; se clausuraba el diario “Alem” por publicaciones que atentaban contra el orden y la tranquilidad y, además, una persona de nacionalidad española era deportado al Uruguay por incitar a la rebelión, mientras se detenía al director de las publicaciones de filiación radical yrigoyenista “Nueva Era” y “La Voz del Sur”, Héctor del Giorgio, por manifestaciones en igual sentido(4).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 19 de Diciembre de 1932.
(4) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 25, 26 y 29 de Diciembre de 1932.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El diario porteño “La Prensa” expresaba en un editorial:

Tenemos el deber de ser leales con nuestro país y en esta hora de bochorno ese deber impone cualquier sacrificio de cualquier cálculo y aún de la amistad y de la camaradería política, para aceptar la verdad en su dolorosa evidencia y, por lo tanto, condenar sin atenuantes la empresa criminal que concibieron y llevaban en vías de ejecución y que consintieron y acaso estimularon hombres a quienes cegó y perdió el rencor partidario exacerbado hasta tocar el extremo insospechado del delirio terrorista(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 18 de Diciembre de 1932. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Y refiriéndose a los que hasta ayer eran divulgadores del secreto insurreccional que llenaba la ciudad en los últimos meses, aparecían ahora como incrédulos que negaban el valor de los documentos relativos a la conspiración descubierta por la policía: “Alarmistas ayer, incrédulos hoy” encabezaba el editorial(6).

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 21 de Diciembre de 1932. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Si entonces pudo considerarse exageradas muchas de las comprobaciones hechas por la policía, la lectura del libro que ya hemos citado de quien se declaró responsable del movimiento, confirmaría la preparación de tales objetivos.

Maniobra pueril -dijo “La Prensa”- a pesar del aleccionador fracaso de los conspiradores contra el orden público; gente adiestrada en el arte de circular falsedades llena la ciudad de rumores alarmistas que no dejaron de producir inquietud en ánimos ingenuos.
Hay que anular esas maniobras con la indiferencia de las personas sensatas”, recomendaba el periódico, aunque los hechos que sucederían pocos días después estaban indicando que la situación no era todo lo normal que se pretendía hacer aparecer.

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