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El complot en Entre Ríos, Misiones y Corrientes

Para el día 7 de Enero de 1933 debía producirse el estallido de un movimiento general en el país, que finalmente sólo tuvo manifestaciones en las provincias de Entre Ríos y Corrientes y el Territorio Nacional de Misiones.

Mientras en la ciudad entrerriana de Concordia un grupo de insurgentes -encabezados por los ex tenientes coroneles Roberto Bosch y Gregorio Pomar- intentaban copar el batallón 1ro. de ferrocarrileros allí acampados, y fracasaban en el intento al ser contenidos y rechazados por la guardia, haciendo abandono de vehículos, uniformes y armas(1), en Corrientes y Misiones se producían movimientos simultáneos, evidentemente conectados en el mismo plan de accionar subversivo.

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 9 de Enero de 1933. Se mencionaba entre los atacantes a Mario Kennedy, y fueron detenidos -entre otros- el doctor Ricardo Castro, Heraclio Eudoro Meana, Fermín G. Garay y Pedro C. Castro y, en el Uruguay, fueron arrestados -al llegar en fuga desde la Argentina, al fracasar el movimiento- los jefes del movimiento: Pomar y Bosch, y los señores Sabattini, Mario Lisboa, Juan Fonseca, Zumalacarreguy y el mencionado Kennedy, mientras su hermano se había refugiado en los montes de la zona. En la provincia de Entre Ríos fueron detenidos Gregorio Soler, Angel Rojas, Emilio Mihura, Plácido Muñoz, José y León Jarovslasky y el sargento Humberto Santángelo. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Pasaron los sediciosos desde Brasil, atacando varias poblaciones, posesionándose de la comisaría de San Carlos, dirigiéndose luego a Playadito y Centinela -en la provincia de Corrientes- y San Javier, Concepción y San Isidro, en el Territorio Nacional de Misiones. En todos los casos se apoderaron de las comisarías, produciéndose algunos hechos de sangre.

La reacción del Gobierno Provincial que envió en forma inmediata un importante contingente policial al mando del mayor Ocampo -y las propias de las comisarias locales- y, sobre todo, el conocimiento de que no se había producido el movimiento general que se esperaba en el país, especialmente en la zona Litoral, determinó que los implicados se dieran en su mayor parte a la fuga, con diversos destinos, repasando el río Uruguay hacia el Brasil.

Se pudo constatar la filiación radical personalista de los actores de estos sucesos, hallándose entre ellos el prestigioso caudillo Mariano Madariaga (h) y Carlos Issler y Joaquín Rovira. También formaban parte de esos grupos, Lucas Torres, que capitaneaba uno de ellos; César Torres, Bautista Leguia, Enrique Mendoza y el doctor Arrechea. En Apóstoles (Misiones) fueron detenidos un sobrino del teniente coronel Pomar y un señor Otto Schumann(2).

(2) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 9 de Enero de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En la convicción de que se trataba de un movimiento de alcance nacional, se produjeron detenciones en diversas provincias y en muchos casos se los trasladó a la Ciudad de Buenos Aires para ser indagados por la Justicia(3).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 10 de Noviembre de 1932 y 13 de Enero de 1933. Fueron detenidos en Corrientes y trasladados a la Ciudad de Buenos Aires, los doctores Raúl Arballo y Héctor Lomónaco; de San Juan, Pedro Oscar Murua; de Mendoza, Eduardo G. Evans; y, de Santiago del Estero, Santiago Maradona y Santiago Corvalán. En Corrientes fueron detenidos además los elementos personalistas Julio Acosta, Manuel Arballo, Rómulo Escobar, Máximo Ferreyra, Fernando Payva, Emilio Díaz, J. Sánchez, Ramón Orué, Manuel Duarte, Ramón Pelozo, Alfredo Mierez, Fortunato Gehan, Delio Aguirre, Francisco Gervasoni, Félix Cabrera, Jacinto Sánchez, Walter Rosses, Nicolás Belcastro y Román Abalos, de la capital de la provincia; y Vicente e Inocencio González, Tomás Montenegro, Severo Villalba y Manuel Barboza, de San Roque; y José Vallejos y Exequiel Mariani, de San Cosme. Por orden del juez federal también se detuvo a Aníbal C. Ciolfi, Mariano Madariaga (h) y Joaquín Rovira; el subprefecto Saúl Ferreyra, Cipriano Larrea y Alberto Larry. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La situación fue rápidamente controlada y no pasó de ser una nueva “patriada” del radicalismo personalista decidido a retomar el poder que en forma tan fácil había perdido. En Corrientes, se recibió de vuelta al mayor Ocampo y sus fuerzas enviadas a sofocar la revuelta quien trajo consigo a 15 detenidos, que fueron puestos a disposición de la Justicia del Crimen, proyectándose hacerle una demostración especial.

Llamó poderosamente la atención la falta de colaboración por parte de las autoridades policiales de Misiones para perseguir a los insurrectos, pese a que la mayor parte de los daños fueron ocasionados en aquella jurisdicción. En tal sentido, se expresaba en un editorial el diario “La Prensa”, diciendo que “las autoridades de Misiones no han cooperado eficazmente con las de Corrientes en la persecución de los delincuentes que después de cometer una serie de depredaciones cruzaron la frontera para guarecerse en el extranjero.
Y ese hecho, unido a la posibilidad de nuevas excursiones de iguales bandas de aventureros, reclama del P. E. una acción enérgica y rápida en defensa de la sociedad(4).

(4) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 13 de Enero de 1933. La información daba cuenta, además, de la detención de los dirigentes personalistas de Monte Caseros: Juan Seferino Acuña -funcionario de la Intervención Míguez- y Tomás Martínez, convencional de la misma filiación, además del conductor del automóvil propiedad de Mariano Madariaga, quien declaró que regresaba del campo de Echarzus, donde había dejado al mayor (RE) Jorge De León, también partícipe de los hechos. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

También se dispuso -por decreto del P. E.- la clausura del semanario “Afirmación”, órgano del radicalismo personalista, “por publicar artículos de carácter subversivo” y, en esos días, se conocieron las resoluciones del juez federal relacionadas con el golpe fallido de Diciembre.

El doctor Hipólito Yrigoyen, que a consecuencia de aquellos sucesos había sido llevado a la Isla Martín García, por indicación médica fue traído de regreso a la Ciudad de Buenos Aires, a bordo del aviso “Golondrina” y se trasladó inmediatamente a su domicilio, afectado de una dolencia laringológica.

- Subsiste la preocupación por la acción sediciosa

El impacto del fracaso del movimiento planeado para los primeros días del año, debilitó por un tiempo los propósitos de llevar a cabo el golpe de estado, y los complotados en ello debieron esperar pacientemente la llegada de una nueva oportunidad.

Pese al éxito logrado por el Gobierno, la situación se mantuvo tensa durante todo el año y los menores incidentes hacían pensar que se estaba en vísperas de un nuevo golpe, manteniendo en permanente vigilia a las fuerzas de seguridad.

En los primeros días de Febrero se confirmaba la prisión preventiva dictada contra el teniente coronel Atilio Cattáneo, por su intervención en el frustrado golpe de Diciembre, mientras la Cámara revocaba las similares dictadas contra los doctores Marcelo T. de Alvear y Adolfo Güemes, por no considerarlos responsables de los hechos que motivaban la causa, y la Suprema Corte -unos días después- declaraba que las personas arrestadas por el P. E. en virtud del estado de sitio, debían salir de la República si optaban por ello, pero que era facultad de dicho poder exigir al optante que no debía residir en los países limítrofes que el Gobierno considerase inapropiado para ese efecto.

Considerando que la situación crítica había sido superada, el Gobierno en acuerdo de ministros resolvió levantar el estado de sitio en toda la República, precisamente en la víspera del discurso presidencial al inaugurar el período de sesiones del Congreso de la Nación, y se dispuso, al día siguiente, la libertad de los detenidos a disposición del P. E. La actividad del radicalismo comenzó en forma inmediata y en su domicilio, el doctor Alvear conferenció con numerosos dirigentes, mientras se iniciaba la reorganización del partido procediéndose a la reapertura de los comités.

Dio después el radicalismo un manifiesto donde ratificaba que se hallaba en plena vigencia la abstención electoral, aunque dejando abierta la posibilidad de un cambio, al expresar que “sólo hechos nuevos permitirían reconsiderarla” y, en uno de los primeros párrafos de dicho documento, negaba la complicidad del partido en la preparación de atentados contra el orden, descubierto en Diciembre próximo pasado, haciendo hincapié en que el estado de inquietud y de fuerza no había sido creado por ellos sino por sus adversarios: “Son los enemigos del radicalismo los que quebrantaron la ley que el radicalismo busca restaurar(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 21 de Junio de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- Nuevos intentos de alterar el orden

Pero a muy pocos días de ese manifiesto, sacudía a la opinión pública la noticia sobre una nueva tentativa de alterar el orden. De acuerdo a las informaciones, resultaba que el cónsul boliviano en la Ciudad de Salta habría sido entrevistado por emisarios del general Severo Toranzo, solicitando la cooperación de aquel Gobierno en favor de un movimiento armado para derrocar a las autoridades de la Argentina. La propuesta consistía en la provisión de elementos bélicos por parte de Bolivia, a cambio de modificar la actitud del Gobierno argentino en el conflicto que mantenía con el Paraguay.

Las autoridades bolivianas se apresuraron a rechazar las insinuaciones del general Severo Toranzo y dispuso que el cónsul regresara a la mayor brevedad a La Paz. Un enérgico editorial del diario “La Prensa” expresaba ante la “nueva intentona subversiva”, que el repudio de todo el país a toda tentativa de subversión inspirada y dirigida por algunos ex militares no ha bastado para disuadirlos en sus propósitos, en cuya insistencia aparecen de nuevo empeñados, con el agravante de buscar esta vez el concurso de armas extranjeras para alterar el orden público en el país(6).

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 24, 25 y 27 de Junio de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Casi coincidentemente con esta información, se produjo el allanamiento de una finca en el domicilio del químico Emilio H. Duprat, en la Ciudad de Buenos Aires, en cuyo poder se encontraron envases con liquido inflamable, confesando el detenido que eran preparados para la realización de un golpe que debía producirse en esos días, y que en su conocimiento los ejecutores del movimiento eran los ex militares, general Toranzos, los tenientes coroneles Pomar y Bosch y el ex ministro de Yrigoyen, doctor Benjamín Abalos, pero dejaba bien en claro que no se contaba con el apoyo de las autoridades directivas del radicalismo, las que al ser consultadas se habían mostrado contrarias a un acto de esta naturaleza(7). Es decir, que el partido no controlaba los movimientos armados de una parte considerable de militares y civiles que les eran afectos.

(7) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 9 y 10 de Julio de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El gobernador de Corrientes, doctor Pedro Numa Soto, refiriéndose a los rumores sobre perturbación del orden público en su provincia, dijo que si bien era cierto que merodeaban por el Litoral pequeños grupos de exiliados, nada se podía temer de sus actividades, a no ser el descrédito para el país que significaban estas alarmas, que podían producirse en virtud de la absoluta libertad con que contaban en la costa uruguaya, con las frecuentes incursiones que realizaban para levantar el espíritu oprimido de los pocos amigos radicados en Paso de los Libres, Monte Caseros, Gobernador Pujol y otros pueblos sobre la costa del río Uruguay(8).

(8) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 30 de Agosto de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Al mes siguiente, se producía otra incursión desde el lado brasileño sobre la localidad de Santo Tomé, pero en la oportunidad no se trataba de un nuevo conato argentino sino que, por el contrario, se trató de una incursión de elementos del país vecino, que secuestraron al teniente coronel García Coni -de nacionalidad brasileña- que vivía exiliado en esa población por razones políticas, y del que se sospechaba estaba preparando un golpe contra las autoridades del Estado de Río Grande do Sul.

La inspección destacada por el Gobierno de la provincia pudo comprobar tal circunstancia, aunque sin descartar una actitud negligente por parte de la policía local(9).

(9) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 19, 20, 25 y 30 de Septiembre de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Pese a todo, la situación no era nada tranquila. En Buenos Aires se lograba detener al general Toranzos y otros oficiales, y se afirmaban los temores sobre una perturbación pública, que se vieron confirmados en los primeros días de Octubre cuando la policía descubrió un complot que debía estallar con el objeto de alterar el orden en diversos lugares de la Ciudad de Buenos Aires.

En Córdoba fue detenido el dirigente radical Raúl Barón Biza, además de un inspector de escuelas de nombre Julio R. Barcos y un capitán del Ejército, José María Frontera, y varios suboficiales(10).

(10) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 1, 2 y 3 de Octubre de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La opinión acerca de la autoría de estos movimientos la atribuían a tres grupos diferentes que actuaban bajo la inspiración de distintos directores y jefes y confiaban en la eficacia de distintos recursos. Diferían dichos grupos en la elección del campo o de los campos en los que habrían de realizar su acción efectiva.

La coincidencia entre los tres grupos no existía sino en cuanto al objetivo fundamental de alterar el orden público, derrocar a las autoridades constituidas y reemplazarlas por elementos participantes de sus respectivos movimientos, algunos de los cuales incluían en sus programas transformaciones radicales del régimen político y social.

Se consideraba incluido en este grupo al general Toranzos y al teniente primero Juan C. Franco, un ex defensor de un activo militante comunista. El segundo grupo se consideraba que estaba formado por militares en retiro, complicados en intentonas fracasadas durante el Gobierno de facto o, con posterioridad al mismo, actuando muchos de ellos en combinación con determinados dirigentes del radicalismo personalista, pero su actividad no había despertado en las esferas oficiales demasiada preocupación.

Existía, finalmente, en la opinión de ese análisis, un tercer grupo, que se llamaba a sí mismo “Comando del Litoral”, encabezado también por militares, pero en este caso dados de baja por rebeldía después de los hechos sangrientos de los que fueron partícipes en Corrientes y Entre Ríos.

Ellos formaban parte del cuadro que tenía por escenario de sus andanzas la costa del río Uruguay, desde Colonia hasta las riberas brasileñas del norte, junto a algunos exaltados de comité que tenían procesos abiertos por tentativa sediciosa y, además, otros aliados que habían participado de algunos atentados y que ante el fracaso cruzaron el río hostigados por sus perseguidores.

Cada uno de estos grupos quiere la rebelión para sí, conforme a sus particulares planes y finalidades, sin haberse intentado establecer armónica coincidencia entre sus respectivas direcciones, por la disparidad de criterios sobre los recursos a emplearse y la orientación política posterior al triunfo(11).

(11) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 1 de Octubre de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Mientras Santo Tomé, en la provincia de Corrientes, era nuevamente escenario de incidentes que traían la lógica zozobra de sus habitantes, entre personal de la subprefectura local y los tripulantes de una lancha proveniente del Brasil se produjo un intenso tiroteo, resultando varias personas muertas, entre ellas dos sobrinos del presidente de la nación limítrofe, doctor Getulio Vargas. La información oficial dio a entender que se trataba de una expedición con el propósito de lograr la libertad de los detenidos por razón del secuestro del militar brasileño García Coni(12).

(12) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 17 y 18 de Octubre de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Seguramente la información policial estaría al tanto de nuevas actividades conspirativas, pues a mediados de Noviembre se detuvo a un teniente y a siete suboficiales y varios civiles, reunidos en una finca, sobre los que se sospechaba de sus actividades y se los vigilaba discretamente.

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