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Años muy difíciles. Las expectativas del presidente Justo

El año 1933 es uno de aquéllos que ha servido para caracterizar la época como expresión de la llamada “década infame”, especialmente por la firma del tan meneado tratado “Roca - Runciman”.

El Gobierno del general Agustín Pedro Justo había heredado una difícil situación económica, debido a la depresión mundial que afectó seriamente a un país como la Argentina, cuya economía estaba totalmente orientada hacia el mercado internacional. El comercio exterior seguía un curso descendente y el valor de las exportaciones decrecía inexorablemente desde el año 1929(1).

(1) Antonio Emilio Castello. “Historia Contemporánea de los Argentinos”, tomo I: “La Reacción Conservadora” (1987), p. 82. Ed. Abaco, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Los problemas económicos fueron encomendados por el presidente Justo a su ministro Alberto Hueyo. Se redujo drásticamente el gasto público, se consiguió reducir la deuda pública flotante y se estableció un fuerte control de cambios.

Inglaterra, el principal comprador de productos agropecuarios, venía sufriendo sus problemas económico-financieros -a los que no escapó nadie en el mundo- y, en tren de buscar soluciones que la beneficiaran y también a las naciones que estaban bajo su dominio, el Conmmonwealth, celebró en Otawa una conferencia y un acuerdo por el que se comprometía a dar un trato preferencial a las importaciones agrícolas y ganaderas y a otros productos provenientes de las naciones de la comunidad británica, a cambio de un trato igualmente preferencial que recibirían sus manufacturas en esos países.

Gran Bretaña aceptó también el pedido hecho por Australia y Sudáfrica de reducir mensualmente en un 5 %, en forma progresiva, la importación de carne argentina. Este acuerdo iba a trabar las exportaciones de grano y carnes a Gran Bretaña desde la Argentina, por lo que los productores y el propio Gobierno, en lugar de buscar nuevos mercados para su colocación, se preocuparon solamente por lograr un nuevo acuerdo con Gran Bretaña que les asegurara, al menos, una parte del gran mercado que antes tuvieron allí(2).

(2) Juan Carlos Christensen. “Historia Argentina sin Mitos” (1990), p. 596. Ed. Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La Argentina envió a Londres una misión encabezada por el vicepresidentc de la nación, doctor Julio A. Roca (h). La negociación fue laboriosa y difícil y puso a prueba la habilidad, firmeza y prudencia de Roca y sus colaboradores, y estuvo a punto de fracasar en los tres meses que duró su tramitación. Finalmente, se suscribió el acuerdo, con la firma del enviado argentino y el ministro de Comercio de Gran Bretaña, Sir Walter Runciman.

Este convenio ha sido duramente criticado en el país, al extremo de habérselo llamado “el estatuto legal del coloniaje”, pero también lo fue en Inglaterra, donde se interpeló en los Comunes al firmante, por considerárselo contrario a los intereses británicos y de sus dominios y lesivo del convenio de Otawa, al extremo de que el propio “Daily Express”, hablando del “gran embrollo de la carne argentina”, se lamentó de que los negociadores ingleses hubieran caido en la trampa argentina, traicionando los intereses británicos.

En el país, por su parte, la crítica mayor tuvo carácter partidista y sólo prestó atención a las concesiones hechas por la Argentina, sin tomar en cuenta ni las circunstancias, ni el hecho esencial de la reapertura del tradicional mercado, que había cerrado la convención de Otawa.

Los doctores Carlos Aguinaga y Roberto Azzareto hacen una ajustada defensa de los aspectos positivos del acuerdo arribado(3), aunque es mucho mayor el número de los que lo condenan y ha sido la base de un proselitismo contrario a las fuerzas que gobernaron en el país en aquellos años, omitiendo a veces descuidadamente algunos interesantes precedentes como la Misión D’Abernon, enviada desde Gran Bretaña en 1929, en pleno Gobierno radical del doctor Yrigoyen por el cual se convino un acuerdo bilateral de características parecidas, aunque finalmente -pese al auspicio del Poder Ejecutivo- no llegó a ser aprobado en el Congreso(4).

(3) Carlos Aguinaga y Roberto Azaretto. “Ni Década ni Infame (del 30 al 43)” (1991), pp. 161 a 176. Ed. José Baudino Ediciones, Buenos Aires.
(4) Mario D. Repoport. “Las Relaciones Económicas con Estados Unidos y Gran Bretaña”, en la revista: “Todo es Historia”, Nro. 154, Marzo de 1980, pp. 22 y sgtes.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Uno de los aspectos que más ha servido para caracterizar esta oposición son las expresiones atribuidas al doctor Roca, con relación a la vinculación del país con el imperio inglés. Los hermanos Julio y Roberto Irazusta, de reconocido nacionalismo, publicaron un ensayo sobre la Argentina y el Imperio Británico, con el objetivo de denunciar el Pacto Roca - Runciman, pero en él se cargan las tintas en forma negativa sobre la actitud de los representantes argentinos más que sobre las cláusulas y disposiciones del documento:

Los pactos firmados -dicen- no son tan graves como las declaraciones que los acompañaron, las más deprimentes hechas por los representantes del país en todo el curso de su historia(5).

(5) María Dolores Béjar. “El Nacionalismo en la Década del Treinta”, en la revista: “Todo es Historia”, Nro. 154, Marzo de 1980, p. 44. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En realidad, se trata de expresiones que, atribuidas al doctor Roca, se prestan para una interpretación maligna, pero que los autores que ya hemos citado se encargan muy bien de desmenuzar y poner en su justo lugar y, el diario “La Prensa” señalaba que las expresiones comparando a la Argentina con un dominio de Gran Bretaña, le eran atribuidas a un miembro de la misión hechas en Pau, Francia(6).

(6) Carlos Aguinaga y Roberto Azaretto. “Ni Década ni Infame (del 30 al 43)” (1991), p. 167. Ed. José Baudino Ediciones, Buenos Aires; y diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 4 y 5 de Febrero de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Un trabajo de un descendiente del doctor Julio A. Roca, recoge con amplitud las objeciones más ásperas que se formularon al tratado, así como los juicios favorables que en su tiempo y recientemente merecieron. En opinión del autor, las críticas dejaron de lado dos consideraciones importantes:

1.- Que la decisión de articular la economía argentina con la de Inglaterra, terminando con el triángulo que la ligaba con los Estados Unidos, era una decisión política posible, legítima y tan respetable como la inversa o la de encerrarse económicamente.
2.- Que en el plano económico de la década del 30, la línea adoptada por el Gobierno del presidente Justo, de la cual el Pacto Roca - Runciman fue el primer paso, fue ampliamente exitosa(7).

(7) Eduardo Roca. “Julio A. Roca (el Tratado Roca - Runciman)”, en el diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 22 de Diciembre de 1991, Sección Cultura, p. 5. Nota bibliográfica de un trabajo publicado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La preocupante situación económica hacía necesario tener conciencia de los perjuicios de ella derivados y, la ley 11.590 ordenaba la realización de un censo de desocupados, arrojando éste alrededor de 333.000, de los cuales un 67 % eran argentinos y el mayor número de las personas que se encontraban sin trabajo eran los ligados a la agricultura, ganadería, minería, peones, braceros y jornaleros, que ascendían a un total de 149.000 en todo el país.

Las cifras del censo, determinaban para Corrientes que, sobre el total de desocupados de la Argentina, hay 2.964 peones de agricultura y ganadería, lo que hace un 0,89 %; de industria y transporte, 1.368, lo que hace un total de 0,41 %; y en comercio, un total de 349, o sea, un 0,14 %. Las provincias que tenían mayor porcentual eran las de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires. Cabe entonces pirgmilarse si las medidas oficiales tendientes a revertir la industria agropecuaria eran o no justificadas(8).

(8) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 6 de Enero de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El doctor Federico Pinedo, perteneciente a una familia conservadora pero vinculado como muchos de su misma condición al socialismo independiente que apoyaba a la “concordancia”, aunque opuesto en la Cámara de Diputados a la firma del tratado Roca - Runciman, asumirá en ese año el Ministerio de Hacienda y sus oportunas medidas económicas posibilitarán al país empezar a salir de la grave crisis que se atravesaba, y será el encargado de hacer cumplir aquellas cláusulas tan discutidas.

En su gestión será convocado el economista inglés Sir Otto Niemeyer que, tras un profundo estudio, aconsejará la creación del Banco Central de la República, con presencia privada en su dirección, para asegurar la estabilidad del régimen bancario, lo que Pinedo hará suyo obteniendo la autorización presidencial y legislativa.

Resultan sumamente interesantes los ataques y las réplicas que tienen como protagonistas a dos figuras de la envergadura de Federico Pinedo y Lisandro de la Torre, a través del periodismo, en receso del Congreso, especialmente acerca de lo que el Estado ganaba y lo que perdía con la reciente conversión de la deuda, y la exposición -por parte del ministro- acerca de los planes económicos con que el Gobierno se aprontaba a aliviar la situación del país. Consideraba Pinedo que había que buscar la solución dentro de la nación misma, actuando con decisión para evitar el riesgo inminente de empeorar(9).

(9) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), ediciones del 26, 27 y 30 de Agosto de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Lo que de ninguna manera puede olvidarse, cuando se juzgan los hechos de esa época, es que durante el siglo XX, el Viejo Mundo (y también el Nuevo) no había conocido una época de tanta miseria como la del año 1932. Tanto para los Estados Unidos como para los demás países, fue catastrófico este año, a causa de la crisis general que se registró en la vida económica mundial.

La Argentina, ante los graves problemas de recesión y desocupación, debió cerrar la inmigración de muchos extranjeros provenientes de paises cuya situación era aún mucho más grave que la argentina.

Pero el hecho que va a servir de principal argumento para echar un baldón sobre la época, será la proliferación del fraude, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde llegó a extremos muy graves. Una de sus primeras manifestaciones fue en la localidad de Moreno, donde reaparecieron formas repudiables de vicios electorales, para asegurar el predominio de la fracción oficialista(10).

(10) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 16, 17, 22 y 23 de Marzo de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- Las expectativas presidenciales

El presidente de la nación inició el periodo legislativo del año con su tradicional mensaje dirigido al Congreso. Fue un documento de discreta factura, redactado en la modestia que imponía el conocimiento de las dificultades de la época y la convicción de que era aventurado abundar en promesas.

Se destacaron como puntos salientes de la gestión del Poder Ejecutivo, el respeto a las autonomías provinciales, la estabilidad monetaria y el mantenimiento del crédito en el exterior. El presidente, en otra parte de su mensaje, declaraba expedito el camino de la legalidad por los comicios libres. Pero, “mientras los hechos no contradigan sus manifestaciones, será imposible justificar la negativa a retomar la senda del orden, de las instituciones y del sufragio popular”, en clara alusión a la actitud abstencionista del radicalismo.

Haciendo referencia a la labor del Congreso, expresó haber contado lealmente con su concurso, prestado de tal manera que afianzaba la confianza en la bondad del sistema de gobierno que regía al país.

Señalaba que por un lado estaba una agrupación de partidos que, en lo fundamental, concordaban con el Gobierno en la manera de encarar y resolver sus problemas primordiales, obrando con entera libertad y exigiendo, para participar de la responsabilidad del mismo, la persuasión y la demostración de la bondad y urgencia de las iniciativas del Poder Ejecutivo.

Por el otro, una oposición que había desenvuelto sus actividades en forma intensa, ejerciendo el contrapeso necesario para evitar los peligros que ofrecen siempre las mayorías que carecen de la acción reguladora que le fijan las minorías. En prueba de aquella actitud, se levantaba el estado de sitio y se disponía la libertad de los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo(11).

(11) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 3, 4 y 5 de Mayo de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En la búsqueda de soluciones para el problema que más afectaba, en el orden institucional, la vida de la nación, se ponía a consideración del Congreso un proyecto de ley de reforma electoral. Sobre el tema se expresaba “La Prensa” en el sentido de que “establecer la representación proporcional y el modo de conocer inmediata y aproximadamente los resultados de las elecciones, serían dos importantes progresos en las prácticas del sufragio, pero los reformadores de hoy, como los de 1911 -agregaba- deben inspirar confianza al pueblo, observando completa prescindencia y agotando el esfuerzo a su alcance para que los partidos y los ciudadanos electores tengan todas las garantías en los actos precomiciales, en el momento de concurrir a las urnas, en el escrutinio y en el juicio de las elecciones.
Desde otro ángulo, el Senado de la Nación daba un paso atrás, a nuestro inicio, al votar afirmativamente el proyecto de ley de implantación de la pena de muerte, tema que junto al referido a la represión del comunismo, insumieron gran parte de las deliberaciones(12).

(12) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 19 y 22 de Julio de 1933. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En medio de un complot fracasado, el presidente de la nación se trasladó a la Ciudad de Mar del Plata, desde donde -embarcado en un buque de la Armada, recientemente fortalecida con una serie de compras de unidades navales- emprendió viaje para cumplir un compromiso de visita al vecino Estado del Brasil, donde fue recibido en Río de Janeiro por el similar de aquella nación, el doctor Getulio Vargas.

Si de un aspecto, y no es el único, puede ponderarse el accionar gubernativo del general Justo, es el de haber permitido una absoluta libertad de prensa, al extremo de ensañarse algunas publicaciones con gobernantes y legisladores y, al amparo de esa garantía, las agrupaciones políticas y los hombres del pensamiento tuvieron oportunidad de señalar sin problemas las deficiencias y los actos de corrupción que a su juicio se presentaban en la marcha de los acontecimientos gubernativos.

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