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Un año controvertido fue 1935

No cabe dudas de que el año 1935 pasará a la historia política nacional y provincial como uno de aquellos más discutidos, y que por los hechos en él ocurridos, servirán de trampolín para las arremetidas más pesadas sobre los procesos institucionales democráticos.

Una serie de factores se conjugaron para que en esta etapa de la vida política se desataran -en manera harto discutida- procedimientos electorales que fueron sistemáticamente impugnados y escarnecidos por la opinión pública, y bien aprovechados por la actividad opositora de los partidos que debían ejercitar el contralor de la vida republicana del país y de la provincia.

Es importante tratar de considerar con toda la objetividad posible este momento histórico, analizando tanto los hechos ocurridos en el orden nacional y, especialmente en la provincia de Buenos Aires, como también los de la provincia de Corrientes que no estará exenta de los vicios y corruptelas electorales que, si bien no fueron patrimonio exclusivo de las fuerzas actuantes en el momento, ya que los demás partidos tuvieron sus grandes errores en ese sentido, pareciera que en la etapa en análisis aquéllos se exacerbaron.

Se había iniciado el año 1935 con una noticia que trajo expectativas en muchos y preocupación en los otros: el radicalismo personalista había aprobado, en debate muy discutido, el levantamiento de la abstención electoral.

La poderosa fuerza de Yrigoyen, hoy en manos de Alvear, se cernía para los hombres de la “concordancia” como el gran adversario que podía hacer peligrar sus posibilidades, mientras que para los sectores más reaccionarios significaba la posibilidad de que por la vía del comicio y la demagogia se pudiera volver a épocas superadas de corrupción e incapacidad política y administrativa en la marcha del Estado.

En la provincia de Buenos Aires se habían realizado elecciones al final del año 1934, con el triunfo demócrata nacional, como había ocurrido en Mendoza, venciendo a los radicales lencinistas; en Tucumán, se llegaba a un empate en el Colegio Electoral -para elegir gobernador- entre los candidatos demócrata y radical, terminándose por elegir al doctor Miguel M. Campero, de filiación radical.

En Santa Fe vencía cómodamente la democracia progresista. En La Rioja ocurría un hecho imprevisto, anulándose mesas y a último momento reuniéndose el Colegio Electoral, para designar gobernador al candidato radical antipersonalista, motivando esto un pedido de Intervención a la provincia. La posterior renuncia del candidato elegido y el acuerdo sobre el nombre de un nuevo candidato trajo tranquilidad a la provincia.

En Buenos Aires se iniciaba otro proceso que traería derivaciones insospechadas. En una maniobra de fuerza, elementos del partido gobernante depusieron al gobernador Federico L. Martínez de Hoz, quien reclamó la presencia del Gobierno Nacional para reponerlo en su cargo del que había sido desalojado por un acto sedicioso, declarándose -por el P. E.- la Intervención Federal al solo efecto de cumplimentar ese extremo.

A consecuencia de ello, el partido demócrata nacional de la provincia de Buenos Aires rompió sus vínculos con el gobernante. Una comisión de legisladores nacionales y provinciales de ese sector se había trasladado a la Casa de Gobierno y exigido la renuncia de aquél, que le fue obtenida por la fuerza, reuniéndose la Asamblea Legislativa y aceptando su dimisión.

El comisionado federal designado, general Juan Pistarini, procedió a reponer en su cargo al gobernador depuesto. Para tratar de hallar una solución al conflicto suscitado entre el gobernador Martínez de Hoz y el partido, se resolvió dar intervención al presidente de la agrupación, doctor Robustiano Patrón Costas, para actuar como árbitro.

El conflicto tendía a agravarse con la renuncia presentada por los tres ministros del Poder Ejecutivo de la provincia de Buenos Aires, y esta decisión se atribuyó a la circunstancia de que el gobernador se negó a cumplir los compromisos a que arribó la comisión arbitral presidida por Patrón Costas, que consistía lisa y llanamente en la renuncia de Martínez de Hoz, la asunción por el vicegobernador, doctor Raúl Díaz, y la proclamación de la fórmula Fresco-Amoedo para la renovación del P. E. en esa provincia.

En respuesta a esa dimisión, el gobernador “solitario y terco hasta el absurdo” recibió el apoyo de jóvenes de tendencia nacionalista. “El nuevo gabinete respondió a esta orientación política; lo conformaron el doctor Raymundo Meabe, militante de Acción Nacionalista Argentina, entidad dirigida por el escritor Juan P. Ramos, en la cartera de Gobierno; el doctor Carlos Ribero, presidente de la Legión Cívica, en Obras Públicas; y el doctor Marcelo Lobos, en Hacienda(1).

(1) María Dolores Béjar. “Uriburu y Justo (el Auge Conservador. 1930 - 1935)” (1983), p. 161, en: “Biblioteca Política Argentina”. Ed. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires. De acuerdo al testimonio de Federico Ibarguren -otro nacionalista- el propósito de Meabe era crear en cada Partido (división administrativa de la provincia de Buenos Aires), con la colaboración de las fuerzas nacionalistas y del coronel Molina, grupos militarizados que operen de acuerdo con las circunstancias y que respondan a las indicaciones del Ejército. A Sánchez Sorondo, vocero de Martínez de Hoz ante el presidente de la República, se le sospechaba estrechamente vinculado a la acción de Meabe y a los designios reformadores de Molina. Las citas, la autora las toma de F. Ibarguren. “Orígenes del Nacionalismo Argentino” (1970), pp. 271 - 272. Ed. Celsius, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En el juramento de los nuevos ministros se encontraba un grupo de personas que eran reconocidos por su adhesión a los principios de la insurrección del 6 de Septiembre de 1930, entre ellos el senador provincial, doctor Alejandro Leloir, y el senador nacional, doctor Matías Sánchez Sorondo, ex ministro del Interior del general José Félix Uriburu.

Al gobernador de la provincia lo acompañaban, además de los señalados, el ex ministro de Hacienda y ex interventor en la provincia de Corrientes, doctor Carlos F. Gómez; el teniente coronel Emilio Kinkelin, secretario del general Uriburu; y personas de reconocida militancia nacionalista como José María Rosa, Alberto Uriburu, Manuel Guerrico, Alfredo Villegas Oromí y Federico Ibarguren.

El gobernador y sus ministros fueron vivados y así también lo fue la sublevación del 6 de Septiembre y la memoria del general Uriburu.

El gobernador publicó un largo manifiesto en el que expresaba que para gobernar había solicitado la colaboración del partido Demócrata, que proclamó su candidatura, declarándose solidario con la insurrección septembrina y con la obra del Gobierno de facto, pero que desde el comienzo de su gestión una lucha de tendencias dificultó la marcha del Gobierno con un afán de predominio y de notorias aspiraciones personales, y que las tentativas de conciliación resultaron estériles.

Pedía finalmente que la serenidad volviera a los espíritus y que frente al panorama político de la nación se realizara la unión de los hombres que hicieron el 6 de Septiembre.

Con la designación de los nuevos ministros quedó resuelta la crisis de la provincia de Buenos Aires, pero el partido demócrata nacional resolvió continuar sus esfuerzos tendientes a desplazar al gobernador Martínez de Hoz y, en tal sentido, recomendaba a sus legisladores la iniciación del juicio político mientras disponía la formación de una comisión investigadora del asunto de la construcción del camino a Mar del Plata.

Frente a esa decisión, el ministro de Gobierno, doctor Raymundo Meabe, expresó que el P. E. no dificultaría el normal funcionamiento de las Cámaras, pero consideraba inconstitucional la versión de una supuesta suspensión del gobernador, por lo que de sancionarse esa medida sería resistida.

Dispuesta la suspensión del gobernante por la Cámara de Senadores de la provincia, el mandatario comunicó al Poder Ejecutivo Nacional la existencia de un conflicto de poderes al rechazar esa decisión.

La Cámara de Diputados provincial aprobó por unanimidad el capítulo de cargos contra el gobernador, resolviéndose formular la correspondiente acusación. Si bien hubo despacho de mayoría y minoría, no discrepaban sino en detalles, informando el primero el diputado demócrata nacional Abel Verzura, y el de minoría, los socialistas Bronzini y Sánchez Viamonte.

Finalmente, la comisión acusadora quedó integrada por Káiser, Verzura, Uzal y Sánchez Viamonte.

El gobernador se negó a hacer entrega del mando al vicegobernador y se advirtió la presencia de muchos miembros de la Legión Cívica instalados en el Palacio de Gobierno, a manera de guardia especial del mandatario. El vicegobernador solicitó el apoyo del Poder Ejecutivo Nacional para tomar posesión del Gobierno.

Finalmente, el Gobierno Nacional dispuso el envío de una nueva Intervención a los efectos de hacer efectiva la decisión del Senado de la provincia de Buenos Aires(2). Tiempo después, constituido en tribunal el Senado de la provincia de Buenos Aires, destituyó al gobernador(3).

(2) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 7 al 14 de Marzo de 1935.
(3) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 17 de Mayo de 1935.
// Todo citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

La actitud del partido demócrata nacional motivó que los legisladores de esa agrupación, el diputado nacional José Arce; el senador provincial, Federico Leloir; y el senador nacional, doctor Matías Sánchez Sorondo, presentaran la renuncia a su afiliación, resolviendo la junta eliminarlos de sus registros y reclamar de los mismos la renuncia a sus bancas “por entender que ellas corresponden al partido que postuló su candidatura”, reclamo que fue desoído por los renunciantes.

Un interesante debate produjeron el senador renunciante en la Cámara de que formaba parte y el senador, doctor Arancibia Rodríguez. Aquél hablaba de su actuación en la sublevación de Septiembre y del sufragio y los partidos políticos actuantes, expresando que siempre fue su intención corregir los vicios que los aquejaban, mientras que su contendiente, a nombre del partido demócrata nacional le expresaba que repudiaba los intentos de reforma constitucional que pretendían implantar procedimientos fascistas o nazis, entendiendo que la Ley Saenz Peña cumplía con su misión, aunque pudiera ser susceptible de modificaciones para mejorarla(4).

(4) Diario “La Razón”, (Buenos Aires), ediciones del 3 de Abril y 5 de Junio de 1935. El doctor Matías Sánchez Sorondo, desvinculado del P. D. N., siguió actuando en la Alta Cámara como un legislador decepcionado del régimen democrático. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

En las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires triunfó el socialismo, consagrando nuevamente como senador nacional al doctor Alfredo Palacios, que se impuso cómodamente a la “concordancia” y a los demás partidos que se presentaron, inclusive el radicalismo personalista que llevaba como candidato al doctor Diego Luis Molinari.

- El radicalismo

El radicalismo habla levantado la abstención electoral en todo el país. En la provincia de Corrientes se estaba en plena tarea de reorganización partidaria, actuando con gran entusiasmo los dirigentes, destacándose el doctor Héctor Lomónaco, el doctor Joaquín Díaz de Vivar, el doctor Blas Benjamín de la Vega, el doctor Miguel Andreau y otros, que bajo la dirección del interventor partidario, doctor Alejandro Mignone -delegado del comité nacional- se movilizaban por el Interior, hablándose del éxito de la campaña al haberse obtenido más de 20.000 afiliaciones.

En una reunión celebrada por el comité nacional, a la que concurrieron los delegados de las dos fracciones que componían la agrupación en el distrito de Corrientes, se estudiaron los documentos originados en los comicios internos recién realizados, aprobándoselos, y disponiendo la reunión de la convención provincial a la brevedad para elegir sus candidatos a gobernador y vicegobernador.

Este resurgir del radicalismo en todo el país trajo la natural preocupación de la “concordancia”, deseosa de mantener a cualquier trance las posiciones de gobierno y, especialmente, la preocupación demócrata nacional ante la falta de definiciones del Poder Ejecutivo, cuyas simpatías hacia el radicalismo -en cuyo seno se había sentido identificado- eran evidentes, si bien entre los sectores no adictos a Yrigoyen, llegando a provocar incluso la renuncia a la titularidad del partido del doctor Robustiano Patrón Costas, hasta tanto se produjera una “definición” por parte de aquél, situación a la que no conducía precisamente el mensaje presidencial pronunciado en oportunidad de la apertura del período ordinario de sesiones.

Decía el general Agustín Pedro Justo que “si la democracia no da al pueblo los conductores que necesita, se fluctúa entre la demagogia y la dictadura”. En su preámbulo, el discurso estudiaba los males que aquejaban a los partidos políticos argentinos y la función que les competía a los grandes partidos nacionales, reiterando su posición favorable a la reforma electoral para llegar a la representación proporcional, para que el cuerpo legislativo expresara fielmente la voluntad del electorado y no el resultado de arbitrios caprichosos(5).

(5) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 16 de Mayo de 1935. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Es sabido que Justo habría querido apoyar su Gobierno sobre la base de un partido radical unificado y sobre la base de una conducción como la que ejercía el doctor Alvear, y ello habría traído, seguramente, un cambio muy grande en la conformación de las fuerzas actuantes.

No en vano entonces que el “viejo zorro” de la política correntina estuviera pensando en la posibilidad de “resucitar” el pacto con sus antiguos aliados, los liberales, pues si éstos llegaban a un acuerdo con los radicales, la posibilidad de continuar su política en la provincia corría serio peligro frente a las próximas elecciones de renovación gubernativa.

No en balde, el diario “La Razón” de Buenos Aires lo caricaturizaba a Vidal haciéndolo aparecer sentado al borde de un arroyo en el que se leía “radicalismo correntino”, mientras expresaba: “mmm ... malo, malo; esto ya empieza a desbordar...”. Abajo, en el epígrafe, decía: “Siempre ha sido para mi un placer nadar contra la corriente, pero ésta se está poniendo fiera. Ni las piedras la aguantan(6).

(6) Diario “La Razón”, (Buenos Aires), ediciones del 12 y 22 de Junio de 1935. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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