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Los hechos previos al escrutinio. La leyenda del “Bicho Canasto”

- Los hechos previos al escrutinio

Comenzó entonces una intensa campaña de denuncias y desprestigio de los comicios realizados. Al ir desapareciendo el triunfalismo de los primeros instantes, cuando se comenzó a analizar con mayor frialdad las cifras y cuando se tuvo el temor de que se llevara a cabo un acto de fraude postelectoral, los representantes del partido liberal y los del radicalismo, especialmente los primeros, dirigieron sucesivas denuncias al Gobierno de la Nación para ir creando un clima que hiciera posible más adelante insistir en el pedido de Intervención que ya estaba en el Congreso, calificando los hechos como propios de un “bandolerismo electoral”.

No debe dejar de recordarse que el liberalismo tenía muy buenos contactos en el orden nacional -cercanos a la presidencia- y entre altas figuras del conservadorismo, y que por su lado el jefe de los autonomistas, el doctor Juan Ramón Vidal había tenido enfrentamientos en la cumbre del partido demócrata nacional, a lo que debía agregarse que el propio presidente, general Agustín Pedro Justo, no miraba con demasiada simpatía la situación de Corrientes, sobre todo ahora que el antipersonalismo pasaba al segundo plano de la “entente” provincial.

El diario “La Prensa”, en su editorial del 19 de Septiembre, hablaba de “comicios poco satisfactorios” diciendo que mientras el gobernante en Corrientes formulaba -por medio de la prensa- denuncias sobre propaganda y presión política por personal de las dependencias nacionales, las fuerzas cívicas de la oposición y autoridades decomicios imputaban al oficialismo provincial la comisión de graves irregularidades.

La impresión que dejaban los comicios correntinos no podía ser menos satisfactoria. Y con relación al comunicado sobre que los votos de los “transeúntes” iban a compensar la diferencia existente obtenida gracias al aporte de los 2.000 empleados nacionales, se preguntaba el editor de dónde procedía esa creencia. Y se preguntaba si acaso estaban individualizados los votos de los transúntes en forma que permitiera computarlos favorablemente aún antes del escrutinio.

Terminaba expresando que la afirmación del partido gobernante tenía un alarmante significado y, en tal concepto, la señalaba como un nuevo elemento de juicio acerca de la reforma electoral realizada en la provincia y los comicios cumplidos bajo su régimen.

La respuesta de los sectores gubernistas no se hizo esperar y por medio del vicepresidente del partido demócrata (autonomista), senador doctor Pedro Díaz Colodrero, y del presidente del partido radical antipersonalista, Pedro A. Cremonte, hicieron pública una invitación en la que se proponía a la oposición radical y liberal la anulación lisa y llana de todos los votos emitidos por los llamados “transeúntes”, en la primera sección electoral, donde se afirmaba que se había producido en mayor medida el fraude denunciado.

La propuesta, sin duda, buscaba un golpe de efecto, pero la oposición, hábilmente, se negó a ello, dando razones de hecho y derecho que resultaban incontrovertibles. El doctor Joaquín Díaz de Vivar -dirigente radical personalista- decía que tal proposición resultaba hilarante y era profundamente significativa de la subversión de todo lo que suponga un respeto al estatuto legal que debía regir las elecciones, además de ser un estado premonitorio de las graves instancias de perturbación que habrían de suceder si no se satisfacía la justa indignación de la opinión pública, escarnecida por el desajuste colectivo que ofrecía Corrientes.

Entendía que la propuesta de la “concordancia” era la de un simple convenio entre las autoridades de los partidos intervinientes para dejar de lado la ley que, buena o mala, inconstitucional o no, era la ley, la cual no podía ser anulada graciosamente por simples organismos políticos que carecían de la potestad necesaria.

Pero además de estas objeciones de orden institucional, expresaba que la propuesta llevaba un crudo sentido utilitario, ya que estaba circunscripta a la primera sección electoral, que estaba integrada -entre otros- por los Departamentos de Capital, Goya, Bella Vista, etc, que, por ser limítrofes con la provincia de Santa Fe y el Territorio del Chaco, lo que en definitiva se trataría de lograr era la anulación de votos “transeúntes” de carne y hueso, y no de “simples libretas transeúntes”, como afirmaba había ocurrido en el interior de la provincia en Departamentos correspondientes a otras secciones electorales.

Y así resultaba evidente -decía- que el interés del oficialismo en anular esos votos estaba motivado por la circunstancia de que los votos transeúntes venidos desde las localidades citadas, pertenecían a la Unión Cívica Radical, siendo por ende opositores al Gobierno.

El partido liberal, por su lado, expresaba que la proposición de anular tales votos no merecía ser considerada por lo absurda, ya que no podían los partidos dejar de lado la ley, careciendo en consecuencia de seriedad la propuesta formulada.

También “La Prensa” se refería al tema en un editorial del 29 de Septiembre, que encabezaba con el título de “Votos de Transeúntes que Pueden ser de Ausentes”, y decía que al negarse a comprobar que los ciudadanos que aparecen votando como transeúntes figuren en el padrón y estén en condiciones de ejercer sus derechos políticos, la mayoría de la Asamblea Legislativa correntina añade una irregularidad más al proceso electoral, pues, sin aquella averiguación, no podría evitarse la posibilidad de que más de un voto transeúnte corresponda a ciudadanos que no figuren ni hayan figurado nunca en los registros cívicos de la provincia.

Otra denuncia se refería a que en el recinto de la Legislatura no se permitía el acceso de los legisladores de los distintos partidos, a lo que se respondía que el acceso estaba vedado a aquéllos que no ejercitaban una representación partidaria electoral, ya que no había habido inconveniente alguno para que los fiscales de cada agrupación, en número de hasta tres, pudieran permanecer en las inmediaciones de las salas donde habían sido depositadas las urnas para el escrutinio definitivo que debía ser realizado por la Asamblea Legislativa.

- La leyenda del “Bicho Canasto”

Precisamente esa oposición a permitir la presencia de los legisladores en el recinto de las leyes y en el sector donde se guardaban las urnas para el escrutinio definitivo, dio pie a otra versión sobre la realización de hechos considerados fraudulentos, posteriores al comicio y previos al escrutinio definitivo.

Como es sabido, con la reforma de la ley electoral, se había realizado -al término de las elecciones- el escrutinio primario que había permitido conocer las cifras provisorias de los resultados; pero permanecía latente la incógnita acerca de los votos transeúntes que recién serían escrutados por la Asamblea Legislativa. De allí la preocupación generalizada para que no se alteraran sus resultados.

De acuerdo con la denuncia formulada por el partido liberal y hecha pública a través de los medios, los hechos habrían ocurrido aproximadamente de esta manera: en la zona del recinto donde estaban guardadas las urnas, que eran salas de comisiones de la Legislatura, se habrían advertido movimientos sigilosos y una luz muy tenue que hacían suponer la presencia de personas extrañas.

Por esta razón, los partidos de la oposición buscaron aumentar el número de sus fiscales para permanecer vigilantes a cualquier novedad, lo que no se les habría permitido. Siendo aproximadamente las 20:00, se produjo un incidente entre los fiscales allí presentes, que habría sido protagonizado por Agustín Serracani, del partido autonomista, lo que motivó que la autoridad policial procediera a detener a todos los participes del hecho, es decir, a los fiscales de todos los partidos allí presentes.

De acuerdo con la información, esta detención habría durado aproximadamente una media hora y estuvieron con centinela de vista y sin poder tener bajo su control la puerta de acceso a las salas de comisiones donde estaban las urnas.

Según la versión liberal, la parodia de desacato producida por uno de los fiscales había tenido por objeto dar motivos para encerrarlos a todos y permitir que escaparan los “fantasmas”que manipulaban en el cuarto de las urnas.

Siempre a estar a la denuncia, él o las personas que estuvieron durante todo un día “trabajando” en la habitación, habrían accedido a la misma introducidos en un canasto de los de Correos, en los que se traían las urnas al recinto. De allí se popularizó como realizado por el “bicho canasto”.

Sea verdad o no, la opinión pública quedó muy sensibilizada con este hecho, y el sector oficialista se vio en la necesidad de formular aclaraciones. El doctor Díaz Colodrero, presidente de la Legislatura, dio las razones de la necesidad de reducir el número de fiscales, para evitar inconvenientes al reunir tantas personas juntas en momentos en que los ánimos estaban un tanto exaltados y admitió la existencia de un incidente protagonizado entre los mismos y que el autor del hecho había sido detenido, y que los fiscales liberales habían estado impedidos o detenidos por sólo uno o dos minutos, por lo que no consideraba posible pensar que en ese lapso pudiera hacerse nada.

También significó que no era posible el acceso al local de las urnas y que no era posible trabajar dentro sin producir mucho barullo, y que la hipótesis de que la persona que presuntamente operaba en ese local fue introducida en un canasto no era aceptable, puesto que los canastos no entraban en la pieza.

Que cuando ingresaban las urnas, todos los fiscales estaban presentes, que si bien estas eran llevadas hasta la puerta en estos canastos, ellos no eran entrados a la habitación, por lo que descartaba esta hipótesis, y no creía que señores fiscales de la jerarquía de los que nombraba, hubiesen podido ser engañados en una manera tan infantil.

En parecidos términos se expresó el representante del antipersonalismo, Pedro A. Cremonte.

Sea cuál fuere la realidad, la historia quedó como una de las tantas leyendas a la que es afecta la historia provinciana correntina, y “aunque muchos de los hombres públicos que fueron protagonistas de aquellos tiempos me han confirmado que estos hechos se habrían realizado en la forma relatada, ninguno de ellos fue testigo presencial”, señala el historiador, doctor Ricardo J. G. Harvey.

Tal vez la versión real de los hechos se haya ido con el “crepúsculo venidero” y no podamos jamás confirmarla.

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