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Los resultados del comicio de Septiembre de 1935

- La Asamblea Legislativa

En medio de un ambiente bastante perturbado, fue convocada la Asamblea Legislativa para el día 25 de Septiembre. De acuerdo a las prescripciones constitucionales tendría a su cargo la realización del escrutinio definitivo y, lo que era más importante, el relativo a los votos emitidos por los “transeúntes”, cuyas cifras podrían llegar a modificar la composición del Colegio Electoral.

Los partidos de la “concordancia” se atribuían 14 electores, es decir, número necesario para consagrar en el Colegio Electoral su formula gubernativa, mientras que por el lado de la oposición, en lo que ya parecía como un probable acuerdo postelectoral, radicales y liberales afirmaban tener juntos también los 14 electores.

A todo ello se agregaba el pedido de preferencia formulado por la representación liberal en la Cámara de Diputados de la Nación para tratar el proyecto de Intervención a la provincia de Corrientes, que motivaba un áspero debate.

Precisamente, durante su transcurso, se produjo una violenta incidencia entre los diputados Juan Francisco Morrogh Bernard y Martín Aguirrezabala, que obligó a la presidencia a suspender por un rato la sesión.

Finalmente, el pedido de preferencia fue rechazado. Se estaban viviendo momentos muy delicados, ya que en esos mismos días se trataba en la misma Cámara el pedido de Intervención a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Catamarca(1). Estas dos últimas provincias fueron Intervenidas por el P. E. al producirse el receso del Congreso.

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 13, 14, 20 y 21 de Septiembre de 1935. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Existía gran preocupación en el Gobierno ante la posibilidad de que elementos radicales personalistas pudieran perturbar el orden, disponiéndose medidas de seguridad, como el patrullaje de fuerzas policiales en la capital e interior de la provincia.

La Asamblea se reunió el día 26 y resolvió iniciar el escrutinio de los comicios, bajo la presidencia del vicegobernador, Pedro Resoagli. El escuadrón de seguridad permanecía apostado frente al edificio de la Legislatura y se habían repartido hasta 20 entradas a cada partido para el acceso al recinto.

Abierto el acto, inició el fuego el diputado provincial, doctor Adolfo Contte (h), quien fustigó enérgicamente la pasividad del Poder Ejecutivo Nacional y del ministro del Interior frente a la parcialidad de las autoridades del Territorio del Chaco, la tardía llegada del enviado por éste último y la negativa para la actuación de un jefe del Ejército como veedor de las elecciones, significando que si el Ejecutivo Nacional mantenía esta conducta en otros actos electorales, el porvenir del país sería muy grave y estaría llamado a pasar por momentos muy difíciles.

Siguió señalando una serie de hechos que a su juicio descalificaban la elección realizada, informando de las gestiones que él había efectuado cuando se le hizo conocer la situación anormal en que se encontraba el depósito de las urnas.

Correspondió al doctor Pedro Díaz Colodrero la réplica y, aunque reconoció la denuncia hecha por el doctor Meabe en nombre del partido liberal y del doctor Joaquín Díaz de Vivar por el radicalismo opositor, expresó que había impartido instrucciones a la policía para que adoptara las medidas de seguridad necesarias en resguardo de las urnas depositadas en la Legislatura, y dio las explicaciones a que nos hemos referido más arriba.

Siguió diciendo que debía esperarse la llegada de nuevas urnas transportadas por el correo y que en esa oportunidad se abriría el recinto y se podría revisar y fiscalizar el estado del mismo. Siguió luego haciendo consideraciones respecto a las recientes elecciones que “no son mejores ni peores que las otras”, decía, pero que tenía la ventaja de que todo estaba tranquilo, aunque se disintiera -como en una buena democracia- pero que había de felicitarse por no haber corrido sangre.

Respecto a la inconcurrencia del delegado del Ministerio del Interior, señor Elordi, o de algún jefe militar como veedor, se felicitaba de ello, ya que “debíamos acostumbrarnos a resolver por nosotros mismos nuestras cuestiones, sin necesidad de intromisiones de gente de afuera” y, considerando agotado el debate, hizo moción de orden para el cierre del mismo, lo que provocó otro debate, pues el sector liberal reclamaba al impedírsele el uso de la palabra, pero los representantes de la “concordancia” explicaban que debía seguirse el orden del día aprobado, que era realizar el escrutinio y, luego habría tiempo para debatir lo que se creyera conveniente.

Con el voto de 21 legisladores de la “concordancia” contra 16 liberales, se dispuso el cierre del debate.

Seguidamente se nombró una comisión integrada por representantes de los tres partidos actuantes en la Legislatura: Adolfo Acuña, liberal; Elías Abad, autonomista; y Manuel H. Esquivel, antipersonalista, para organizar el escrutinio. Hubo un pedido liberal de que se integrara la comisión con un representante radical opositor, lo que fue aprobado.

Luego de discusiones sobre las normas a que debía ajustarse la comisión, se procedió a revisar el estado de las puertas de acceso al depósito de las urnas, encontrándose que se hallaban en perfecto estado, cerradas y precintadas con el lacrado sin alteraciones, de lo cual se dejó constancia en actas.

Abierta la puerta por la comisión se revisó su interior hallándose la ventana cerrada, con precintos y lacres en similares condiciones. También se dejó constancia de que el aspecto interno de las urnas era completamente normal, no arrojando indicios que hicieran sospechar una violación.

Al iniciarse el acto de escrutinio, el sector liberal sostuvo que debía estudiarse cada voto y verificar si el elector estaba en el padrón o si no estaba inhabilitado o, que eventualmente, no estuviera empadronado, pues el padrón utilizado era el del año 1934, expresando que si no se hacía ese trabajo no habría un control efectivo y en consecuencia podría ocurrir que hubieran votado ciudadanos inhabilitados y haberse utilizado las libretas de ciudadanos fallecidos o también que un mismo elector hubiese votado dos veces.

El sector de la “concordancia” sostuvo que al no haber sido impugnados los votos debían ser considerados como válidos y que debían escrutarse como los demás y sumarse a los de cada partido en la sección correspondiente. Agregaban que la libreta de enrolamiento era el instrumento del voto y que el que se presentó con ella pudo votar libremente.

Fueron miembros informantes, por la mayoría, acontando aprobar el comicio, Elías Abad y, por el despacho de la minoría, Adolfo Acuña.

Puesto a votación se aprobó la posición concordancista y contra la oposición liberal, manifestando sus miembros que se trataba de un atropello y que el procedimiento adoptado era ilegal y dando a conocer su protesta por haberse consumado el fraude que se venía preparando, mediante el disparo de bombas de estruendo que generaron la natural preocupación en los círculos ciudadanos, ya que los ánimos estaban sumamente agitados(2).

(2) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 28 y 29 de Septiembre de 1935. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

- Los resultados del comicio

Terminado el escrutinio definitivo, el mayor número de votos correspondió al partido autonomista, que obtuvo 21.752 sufragios en toda la provincia, los que, unidos a los del radicalismo antipersonalista de 7.845 votos, daban un total de 29.867 votos para la “concordancia”.

El segundo lugar lo ocupaba el radicalismo opositor o personalista, que lograba 16.038 votos y, tercero, los liberales, con 14.764. A mucha distancia aparecían los socialistas, con 206 votos, y los comunistas más atrás, con 55 sufragios.

Con las cifras mencionadas, la “concordancia” -que llevaba lista común- obtenía cómodamente los 14 electores necesarios para consagrar la fórmula Torrent - Cremonte, sin necesidad de computar a los votos transeúntes. El escrutinio de estos últimos favoreció ampliamente al autonomismo, que logró 6.100 votos, siguiéndole el radicalismo opositor con 1.879, los antipersonalistas con 1.504 y los liberales con 1.323 sufragios.

De esta manera, los resultados finales de la totalidad de los votos emitidos fue la siguiente: Concordancia, 37.471 sufragios; radicales personalistas, 17.636; y liberales, 15.869, y la adjudicación de electores a cada uno de los partidos establecía para la Concordancia, 14 electores; para los radicales -con Andreau-Merello-, 6 electores; y para los liberales, con Meabe-Speroni, 6 electores(3).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 5 de Octubre de 1935. La distribución de electores por sección electoral fue la siguiente: primera sección: autonomistas 3, liberales 2, radicales personalistas 2 y antipersonalistas 1; segunda sección: autonomistas 3, liberales 2, radicales personalistas 2 y antipersonalistas 2; tercera sección: autonomistas 4, liberales 2, radicales personalistas 2 y antipersonalistas 1. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

El partido radical se había presentado ante la Junta Electoral planteando la nulidad de los comicios, la que resolvió declarar no ser competente para ello(4).

(4) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 5 de Octubre de 1935; y “La Provincia de Corrientes defiende su Patrimonio Moral” (1936), p. 43, publicación oficial del Gobierno. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Quedaba, de esta manera, allanado el camino para la continuidad del Gobierno de la “concordancia” en la provincia.

Fueron muchas las opiniones adversas que la prensa se encargó de trascender. Una de ellas estaba contenida en un manifiesto suscripto por el ex gobemador santafesino, doctor Luciano Molinas, en el que se expresaba que “es posible que en adelante se adopten como modelo las leyes reformadoras de Corrientes y Buenos Aires, y que aparezcan también los ‘transeúntes’ y que la composición de las mesas receptoras de votos se constituyan con puros conjueces oficialistas”.

Esta última opinión mereció la respuesta del gobernador Soto mediante un despacho telegráfico en el que, enterado del manifiesto hecho por el doctor Molinas rectificaba, en resguardo de la seriedad de conducta de su Gobierno, las imputaciones que formulaba, asegurándole que la reforma de la ley electoral fue inspirada en el sano propósito de ampliar el ejercicio del voto ciudadano, eliminando restricciones inconducentes y que las informaciones sobre irregularidades y fraudes electorales recogidas por el ex gobernante, habían sido desautorizadas en el debate y en las resoluciones de la Asamblea Legislativa a la que concurrió la totalidad de sus miembros.

Seguíale expresando que para disipar sus inquietudes sobre la suerte de la democracia en Corrientes, le aseguraba que el resultado de las elecciones presididas por su Gobierno era la expresión auténtica de la voluntad popular.

A este telegrama le contestó el doctor Molinas, diciéndole que en su hora los partidos y la prensa unánime rechazaron las pretendidas garantías que habían sido impuestas a la fuerza, y que los hechos hablaban mejor que las supuestas intenciones. “Fuera de la mayoría que aprobó las elecciones, no hay una sola voz en el país que no se levante para condenarla(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 12 de Octubre de 1935. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

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