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La transmisión del mando a Torrent

Los mandatarios salientes fueron objeto de una demostración de afecto por parte de sus amigos y correligionarios, haciéndose entrega al gobernador y vicegobernador de artísticos presentes y a los ministros sendas medallas de oro.

La demostración les fue ofrecida por el diputado, doctor J. Noel Breard, y agradeció en nombre del gobernador y sus colaboradores el ministro de Gobierno, doctor Enrique Rodríguez Santa Ana.

Numerosa concurrencia de amigos de la capital e interior provincial y legisladores de la Ciudad de Buenos Aires, se hicieron presentes para participar de los actos de transmisión del mando gubernativo.

La Asamblea Legislativa recibió el juramento de los nuevos mandatarios, rindiendo honores de ordenanza fuerzas del Ejército, a las que había pertenecido el nuevo mandatario, y del Cuerpo de Policía de la provincia. Fueron acompañados hasta este recinto, donde los esperaba el gobernador saliente, doctor Pedro Numa Soto, por el vicegobernador, Pedro S. Resoagli, y los senadores nacionales, doctores Juan Ramón Vidal y Juan José Lubary y el diputado nacional, doctor Benjamín Solano González.

Cumplida la ceremonia de transmisión del mando, el dcotor Soto pronunció algunas palabras relacionadas con la gestión que le tocó realizar, refiriéndose a la pésima situación de las finanzas al iniciar su Gobierno, que atribuía especialmente a las Intervenciones Federales sufridas por la provincia las que, gracias al reajuste administrativo realizado, habían vuelto a sus cauces naturales, agregando que se congratulaba de entregar el Gobierno a los mandatarios que habían sido electos por sus cualidades personales bien conocidas y sus reiterados anhelos de bien público.

Podría aquí reproducirse sus conceptos expresados en 1934 inaugurando el período legislativo:

Yo podría -dijo- para explicar la angustia fiscal, hacer comparaciones. Podría usar de las palabras severas del ex gobernador, doctor Mariano Loza en su mensaje de 1915, que no veía que sus dificultades nacían de los problemas planteados por la guerra europea, iniciada el año anterior; podría hablar de las urgencias fiscales del período del doctor Adolfo Contte, cuando se produjo una paralización de las ventas del ganado como consecuencia del final de esa misma guerra; y podría reproducir las del ex gobernador, doctor José E. Robert, en su mensaje de 1923, en análogas circunstancias.
Podría comparar los sueldos que se debieron entonces al personal de empleados y funcionarios con lo que se adeuda en la fecha; considerar las causas circunstanciales de entonces con las fundamentales de hoy, para deducir que difícilmente se hallara en el pasado provincial a un P. E. rodeado de las dificultades que atan las iniciativas de mi Gobierno”.

La ceremonia se completó con el discurso del nuevo gobernador, doctor Juan Francisco Torrent dirigido a la Asamblea Legislativa expresando que “ya había esbozado el programa de gobierno que se obligaba a cumplir, ante los partidos que proclamaron su nombre para la Primera Magistratura, no sólo como un sagrado deber sino como el más caro anhelo de un ciudadano”.

Luego de algunas consideraciones sobre su accionar en defensa de los intereses nacionales como delegado y agente natural del Gobierno Central y su propósito de controlar la eficiencia y solidaridad con que debían desempeñar las funciones a su cargo los empleados nacionales, velando de esta manera por la unidad de la familia argentina, agregaba que en esos momentos el mundo vivía horas difíciles y que los problemas políticos y económicos se hacían cada vez más complejos.

Señalaba, sin embargo, que en Corrientes la concordante opinión de dos partidos había solucionado las dificultades y permitido mantener el prestigio de las instituciones y la honorabilidad de la democracia.

Haciendo referencia a las pasadas elecciones del 15 de Septiembre, decía que el partido radical había depuesto su actitud levantisca y concurrido a los comicios, sometiéndose a los mandatos de la ley, ratificando con tal acto de deliberación consciente el reconocimiento de la existencia de garantías reales, quedando así el control de la cosa pública en manos de dos fuerzas opositoras minoritarias, orientadas en los cauces normales del Gobierno, y declaraba expeditas desde ese momento las puertas de la Administración a ese control, sin más requisito que el de someterse a las buenas formas y el de seguir el camino señalado por las leyes y las prácticas institucionales.

Anunciaba luego que confiaría la realización efectiva de su Gobierno político y administrativo a los hombres del partido autonomista y a los de la Unión Cívica Radical antipersonalista, aunque aclarando que escucharía las opiniones provenientes de otras fuerzas, aceptando toda iniciativa bien intencionada o de colaboración sana, que propendiera al bienestar general y al progreso de las instituciones.

Afirmó que aseguraría las libertades electorales y como en el transcurso del año debían realizarse cuatro elecciones, creía necesario que todas ellas pudieran realizarse en un solo día, evitándose molestias a los ciudadanos, por lo que prometía propiciar la reforma del caso.

Con relación a la ley electoral vigente, decía que los defectos habían sido señalados por el Gobierno y la opinión pública, pero que en la proximidad de los actos electorales no fueron bien interpretados los propósitos que entonces movieron a la reforma y los partidos políticos opositores habían tomado como propaganda ese proyecto sano y justo que, aunque conveniente, se veía ahora que era necesario completarlo.

Terminaba su discurso, luego de ocuparse de su acción futura como gobernante, expresando que ponía el destino de su Gobierno bajo la mano de Dios y esperaba que la Divina Providencia le prestara su ayuda para la realización feliz de todas las empresas en que se hallaba comprometido desde ese momento, al servicio de la voluntad soberana de la democracia, cuyo mandato aspiraba interpretar inspirado en el amor, el orden y la justicia. “Y afirmo con toda la energía y la fe de mi alma -terminaba diciendo- que para resolver los problemas de cualquier carácter que se presenten ante el Gobierno, he de elevarme a las cumbres más altas de la verdad, por sobre la atmósfera de las pasiones, para obrar con la verdad suprema de la virtud y el derecho, orientándome en el ejemplo de las personalidades más augustas que honraron este sillón gubernamental, y en la salud moral y material del pueblo correntino para lo cual es mi más vehemente anhelo contar con el concurso de V. H., el entusiasmo de mis colaboradores en el Gobierno y el apoyo de la opinión ilustrada e insospechable de la provincia(1).

(1) Diarios “La Nación” y “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 26 de Diciembre de 1935. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Benjamín S. González al doctor Pedro Numa Soto. 1925-1935)” (1999). Ed. Dunken, Buenos Aires.

Completaba su gestión el doctor Pedro Numa Soto, cumplida con grandes dificultades y con escollos casi insalvables. Tal vez no se la pueda dimensionar con el metro de las grandes realizaciones, pero sí tendrá que reconocerse que el suyo fue un Gobierno honesto y austero, de aquéllos en que los gobernantes salían empobrecidos en su situación patrimonial pero ¡con la riqueza imperecedera de haber cumplido con lealtad y patriotismo el mandato republicano que el pueblo les había confiado!

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