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Julio Roca ("Julito")

Presidente: Agustín Pedro Justo
Período: Febrero 1932 - Febrero 1938
Partido o Coalición: P. Demócrata Nacional (ex P. Autonomista Nacional)

La vida de Julio Pascual Argentino Roca, “Julito”, estuvo marcada por el peso que en la vida política y social de la Argentina tuvo durante décadas su padre, el general Julio Argentino Roca. El dos veces presidente de la Nación fue quien manejó buena parte de los hilos de la política nacional durante más de tres décadas.

“Julito” fue el primer hijo del matrimonio del general Roca con Clara Funes y la impronta de los avatares de la política se hizo presente temprano en su vida. En efecto; su padrino de bautismo fue el general José Miguel Arredondo quien, a la sazón, era superior de su padre.

La historia quiso que al año siguiente de ese bautismo, el general Roca enfrentara y derrotara al general Arredondo en la batalla de Santa Rosa. Como consecuencia, el presidente Sarmiento ordenó el fusilamiento de Arredondo a quien, finalmente, Roca le salvó la vida dejándolo escapar.

La vida de “Julito” Roca tuvo todos los privilegios que la estirpe familiar aseguraba a sus integrantes. Vivió su infancia en la quinta que los Roca poseían en el entonces pueblo de Almagro y que hoy ocupa el colegio Sacré Coeur. Luego pasó a vivir en la casa que la familia adquirió en San Martín 517, la que habitó hasta que dejó la vicepresidencia de la Nación, en 1938.

“Julito” quiso seguir la carrera militar pero su padre se lo impidió. Por lo tanto, a la hora de optar por una carrera universitaria eligió el Derecho. Se graduó de abogado a los 22 años. Poco tiempo después hizo su primera incursión en la política, a la que no dejaría hasta el final de su vida. Tenía 25 años cuando el general Roca, al asumir la Primera Magistratura por segunda vez, lo nombró en la secretaría privada de la presidencia.

Su tarea le permitió tener una vida cómoda. Pudo viajar y dedicarse a su hobby: las armas. Esto lo llevó a ser miembro conspicuo del Círculo de Armas en el que pasaba largas horas, sin importar qué día de la semana fuese. Como diría su esposa, “no era su segundo hogar, era su primera casa”(1).

(1) Oscar A. Troncoso. “Polémica” (1971), Nro. 65, p. 22. Ed. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Otro de sus pasatiempos favoritos era el juego, que le trajo más de un dolor de cabeza tanto a él como a su padre quien, según lo testimonian algunos, se habría visto obligado a levantar una hipoteca de 100.000 pesos sobre la casona de la calle San Martín 517.

El primer cargo electivo al cual accedió Julio Pascual Argentino Roca fue el de diputado nacional por su provincia natal, Córdoba. Asumió el cargo el 12 de Octubre de 1904. Ese mismo día su padre finalizaba su segunda presidencia y traspasaba el mando a su sucesor, Manuel Quintana. Sin embargo, la omnipresencia del General en la vida política nacional continuaba. No por nada sus adversarios hablaban de “el régimen”para referirse a este período, que totalizaría treinta años de dominio de Julio Argentino Roca.

Eran aquellos años, como casi todos los de la historia argentina, convulsionados. Y así fue que cuatro meses después de iniciada la presidencia de Quintana, estalló una nueva insurrección encabezada por la Unión Cívica Radical. Fue un movimiento que puso en jaque al Gobierno.

El vicepresidente José Figueroa Alcorta fue detenido en Córdoba. El general Roca, quien se encontraba en una de sus estancias en esa provincia, fue advertido a tiempo de la asonada y escapó. Su hijo no tuvo la misma suerte. Fue apresado en Cosquín y llevado a la Ciudad de Córdoba. Allí quedó detenido junto con Figueroa Alcorta. Muchos temieron por su vida, pero la sublevación fue rápidamente sofocada. El general Roca volvió de su refugio y su hijo regresó a su banca de diputado.

Del primer período de Roca hijo en la Cámara Baja se receurda el proyecto que presentó para crear el Departamento Nacional del Trabajo. Ese proyecto fue aprobado por el Congreso y convertido en ley. En los primeros tiempos, la nueva repartición funcionó dentro del ámbito del Ministerio del Interior. Cuarenta años más tarde su titular habría de ser el coronel Juan Domingo Perón quien, desde allí, lanzaría su carrera política.

Una vez afianzada la figura de Julio Roca hijo dentro de la vida parlamentaria, se promovió su reelección para el período 1908 - 1912. Esta candidatura fue promocionada por el gobernador de la provincia de Córdoba, José Antonio Ortiz y Herrera. En este período presentó los siguientes proyectos de ley: “Modificación del Escalafón Militar”; “Ley de Hipódromos”; “Jerarquía Militar”; “Propiedad Literaria”; “Deuda Hipotecaria de Córdoba”; “Creación del Cuerpo de Gendarmería”; “Suscripción al libro de Fotheringham”; y “Nombramientos de Comisarios de Padrón”.

Además, Roca se involucró fuertemente en la discusión de la ley electoral impulsada por el presidente Roque Saenz Peña. En esos debates fijó su posición en relación al sistema de lista incompleta:

Es necesario abandonar el sistema de lista. Es necesario abandonarlo, porque es un régimen anacrónico, que no tiene antecedentes en nación alguna de la tierra, porque no es cierto siquiera que el sistema de lista que nosotros practicamos sea el sistema de lista que rige en otras naciones de Europa.
El sistema de lista ha podido estar en el espíritu de los constituyentes argentinos porque, dada la población del país en que se dictó la Constitución, era posible que encuadrara dentro de las exigencias ineludibles de todo sistema representativo.
Para que el sistema representativo pueda ser calificado de tal, es necesario, como condición primera, que el elector pueda conocer al elegido.
Y bien; dentro del sistema de lista, tal cual se practica entre nosotros, es materialmente imposible que el elector, aislado de las campañas o de los pueblos, pueda conocer en los distritos de representación numerosa, a todos sus elegidos(2).

(2) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 41. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Roca tenía predilección por el sistema electoral británico, basado en la elección por circunscripciones. Era una postura que compartía con su padre. Este sistema se había establecido en la Ciudad de Buenos Aires durante la segunda presidencia del general Roca, y fue el que le permitió acceder a una banca al primer diputado socialista de América Latina, Alfredo Palacios.

Roca hijo se opuso al sistema de lista incompleta y propuso el de la proporcionalidad. No tuvo éxito y su iniciativa no logró el apoyo de la mayoría parlamentaria.

“Julito” Roca sumaría tres períodos completos y consecutivos en el Congreso.

En 1922 dejó su banca para pasar a desempeñar su próximo cargo político: el de gobernador de la provincia de Córdoba.

Fue electo gobernador como candidato por el partido Demócrata, nombre que adoptaron las reagrupadas fuerzas conservadoras de esa provincia. Los comicios se realizaron en Noviembre de 1921. El radicalismo se abstuvo. La fórmula Julio Roca -Félix Sarriá hijo fue elegida por el Colegio Electoral que se reunió el 18 de Enero de 1922.

La asunción de Roca como gobernador estuvo rodeada de intrigas. Era sabido el disgusto de Yrigoyen por ver que la docta, bastión esencial del radicalismo, había caído en manos del conservadorismo.

Según un testimonio del dirigente radical Ricardo Caballero, reproducido por Eduardo Roca:
‘... Cuando Julio Roca debía jurar, todo estaba listo para que ello no ocurriera; se había fraguado una asonada policial apoyada por grupos civiles que crearía un estado de violencia capaz de legitimar la inmediata Intervención Federal.
‘Pero Yrigoyen ordenó que se respetara a Roca y no hubo tumulto. El caso es que Yrigoyen no intervino la provincia y dejó el asunto a resolución de Alvear’(3).

(3) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 56. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Cumplido su mandato en la gobernación, en la que sería sucedido por Ramón Cárcano, Roca pasó a desarrollar su actividad política en el ámbito nacional. Hubo un intento fallido para acceder a la gobernación de la provincia por segunda vez en 1928, pero en esa ocasión el radicalismo venció. El próximo paso de Roca por la función pública sería la vicepresidencia de la Nación.

El Gobierno de facto del general José Félix Uriburu había entrado rápidamente en crisis.

La decisión del general Agustín P. Justo de no ocupar cargos en esa Administración lo fue dejando a Uriburu en progresiva soledad. Justo representaba al sec tor liberal del Ejército y su ascendencia sobre la oficialidad era indiscutida.

En Septiembre de 1931, una conjunción de radicales antipersonalistas y socialistas independientes proclamó la candidatura presidencial de Justo. Quedaba por definir su compañero de fórmula. No fue una tarea simple.

Los conservadores, agrupados bajo la denominación de partido Demócrata Nacional, se abocaron a la selección de un posible postulante para la presidencia. Se organizó una reunión que se concretó el 13 de Septiembre. El nombre que surgió fue el del doctor Julio Roca. Se constituyó, por lo tanto, una comisión que lo entrevistó para ofrecerle la candidatura.

La gestión la realizaron Marco Aurelio Avellaneda -hijo del ex presidente Nicolás Avellaneda- y Samuel Ortiz Basualdo. En principio, Roca rechazó el ofrecimiento esgrimiendo razones que tenían que ver con la poca participación y escaso debate con que surgió la postulación de su nombre. Ante esta negativa, la comisión lo tentó con la candidatura a la vicepresidencia, la que tampoco fue aceptada.

Serían necesarias dos reuniones para que, finalmente, Roca accediera a integrar, como candidato a vicepresidente, la fórmula presidencial con el general Justo.

Una vez ocurrido esto, los radicales antipersonalistas propusieron la candidatura de José Nicolás Matienzo. Se determinó que fuera el Colegio Electoral el que decidiese quién habría de ser el vicepresidente. Las elecciones se realizaron el 8 de Noviembre de 1931.

Los radicales se abstienen al haber sido vetada la candidatura de Marcelo T. de Alvear. Finalmente la fórmula que enfrenta a Justo es la de la Alianza Cívica que encabezan Lisandro de la Torre y Nicolás Repetto.

El general Agustín P. Justo gana la elección con comodidad. Se impone en todas las provincias con la excepción de la Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe. En el Colegio Electoral obtiene 257 votos contra 122 de la Alianza Cívica.

En cuanto a la votación para vicepresidente, Julio Roca logra 196 electores contra 122 de Nicolás Repetto y 53 de José Nicolás Matienzo.

Cuando el doctor Roca llega a la vicepresidencia de la Nación, no quiere ser el ‘rival del presidente’, pero tampoco el decorativo comodín para casos de acefalía, un ente ‘sin voz, ni ojos, ni oídos’, y reclama -por lo menos- la prerrogativa que se reservó la reina Victoria frente a los poderes del Gobierno y del gabinete: el derecho ‘de saber’ y ‘de advertir’(4).

(4) Ramón Columba. “El Congreso que yo he visto” (1988), tomo III, p. 13. Ed. Columba, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Los dos hechos más significativos que sucedieron durante la vicepresidencia de Roca fueron el Pacto Roca - Runciman y la gestión de buenos oficios que llevó adelante ante el Gobierno del Brasil.

El Pacto Roca - Runciman constituye uno de los episodios más polémicos y controvertidos de la historia argentina. Veamos los hechos.

Corría el año 1930. Era el tiempo pleno de la Gran Depresión. En aquella contrastante Argentina de opulencia y desigualdad, la ganadería constituía la base del potencial económico del país. Las exportaciones ganaderas eran la gran fuente de riqueza nacional.

El principal mercado comprador de la Argentina era Gran Bretaña. Las relaciones entre los dos países atravesaban un momento particularmente complejo. Lejos se estaba del momento de euforia que había representado la visita que hiciera al país el Príncipe de Gales, en 1925, durante la presidencia del doctor Marcelo T. de Alvear.

El Reino Unido había tomado una decisión, totalmente judicial para la economía argentina, por la que se compraría carne solamente a los países miembros del Commonwealth británico. Los principales beneficiados serían Australia y Canadá.

La noticia produjo fuerte impacto en el Gobierno del general Justo. En su seno, las posiciones se dividieron. Estuvo la del ministro de Agricultura, Antonio deTomaso, quien creía que, debido a la dimensión de las inversiones inglesas en la Argentina y a la calidad de nuestras carnes, no había de qué preocuparse.

Sin embargo, este pensamiento no era compartido por los ganaderos, quienes ejercieron presión sobre el presidente para que éste implementara una serie de medidas que asegurasen las ventas de las carnes argentinas al Reino Unido. Estas medidas incluían una fuerte preferencia para la importación de productos provenientes de Gran Bretaña, preferencias que habían sido acotadas por el Gobierno de HipólitoYrigoyen.

Entre los ganaderos había una división. Por un lado estaban los exportadores, que apoyaban decididamente la medida y, por el otro, los invernadores. El peso político de los exportación hizo que el presidente Justo determinara el envío de una misión a Inglaterra, con el fin de negociar un acuerdo que permitiera el ingreso de las carnes argentinas.

La comitiva estuvo encabezada por el vicepresidente de la Nación, Roca, e integrada por el embajador argentino en Londres, Manuel Malbrán; Guillermo Leguizamón, abogado catamarqueño de muy buenos contactos en la City porteña y a quien la Corona británica otorgaría el título de Sir; el diputado nacional conservador Miguel Angel Cárcano; los agregados militares, coronel Alberto de Oliveira César y capitán Francisco Stewart; los secretarios, Toribio Ayerza y Adolfo Orma; y los especialistas en temas económicos y comerciales Raúl Prebisch -ex gerente de la Sociedad Rural Argentina-, Aníbal Fernández Beiró y Carlos Brebbia.

El anuncio del envío de la misión argentina se hizo hacia fines de Octubre de 1932.

El 2 de Noviembre, el Gobierno del Reino Unido manifestó su complacencia por el hecho de que fuera el vicepresidente quien liderase la delegación argentina. La comisión británica, por su parte, estuvo encabezada por el ministro de Comercio, Walter Runciman, vizconde de Oxford, e integrada por Leslie Burgin, Frederick Leith Ross, Henry Fountain, H. F. Carlil, A. F Overton, R. Fraser, R. Keith Jopson, J. R. C. Helmore, R. M. Nowell, R. C. Craigie, F. T. A. Ashton Gwatkin, D. V. Kelly, H. L. Frechn y H. Brittain.

El 21 de Noviembre el Poder Ejecutivo envió al Congreso, para su aprobación, el proyecto de ley con la designación de Roca sobre quien, el ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Sir John Simon, expresó:

Cuando el doctor Roca, saliendo del dominio protocolar, tenga que abordar las diferencias suscitadas sobre las cuestiones comerciales que constituyen el objeto de la segunda parte de su visita, la misión del embajador extraordinario resultará menos agradable y aún mucho menos fácil.
No conocemos la habilidad del doctor Roca como negociador, pero podemos desde ya prever que se encontrará con una prueba muy dura cuando tenga que enfrentar a nuestros especialistas de los ministerios de Comercio y Relaciones Exteriores, para planear las bases de nuevos acuerdos en lo aduanero y comercial(5).

(5) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 100. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Roca respondió a esto, diciendo que

... es sin duda un principio racional, pero sólo un ‘principio’ éste que se contiene en la fórmula de comprar a quien nos compra.
La aplicación práctica de este principio plausible conduce necesariamente a los pactos regionales entre dos naciones o dos grupos de naciones. Pero entonces entra en juego la cláusula de ‘la nación más favorecida’.
No solamente es necesario consentir las mismas reducciones aduaneras a los otros países favorecidos por la cláusula, sino que ocurre también que las concesiones dictadas en beneficio de un país determinado van a favorecer a otros, en perjuicio de aquél en cuyo beneficio se habían aprobado(6).

(6) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 100. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

La delegación argentina partió de Buenos Aires a bordo del buque “Arlanza”, en Enero de 1933, y llegó a Londres el 7 de Febrero.

Roca se embarcó aquejado por problemas de salud de los cuales se recuperaría a lo largo de la travesía. El conocimiento que tenía del tema era escaso, por lo que debió aprovechar el viaje para informarse. Llegó a Londres sintiéndose mejor. Relata Rodolfo Martínez:

Al pisar Londres se lo recibe como a un príncipe y se le extiende la alfombra roja de los soberanos. El protocolo riguroso se extiende, quizás, en la cortesía.
Son las gaitas de la guardia, el inclinar de las banderas; el Gobierno lo recepciona, el heredero lo frecuenta y el rey lo invita con su vajilla de oro(7).

(7) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 101. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

La negociación fue compleja y se extendió por dos meses.

Los objetivos de las dos partes estaban claros. El Gobierno argentino quería satisfacer las demandas de los ganaderos que producían carnes frías para ser exportadas a Gran Bretaña. El Reino Unido haría pagar caro a la Argentina esta pretensión. En definitiva, las cosas resultaron así:

La Argentina pudo mantener los niveles de exportación de sus carnes en las cuotas que había antes de los acuerdos de Otawa, alrededor de 390.000 toneladas anuales.

El Gobierno argentino consiguió preservar un cierto porcentaje del control de los niveles de exportaciones. El asunto era de importancia, ya que esa cuota venía siendo manejada por los firgoríficos ingleses. A partir del pacto, el Reino Unido mantendría el control sobre el 85 % de las importaciones de carne, quedando el 15 % restante para ser manejado por el Gobierno argentino.

Londres se comprometió, a su vez, a no restringir el ingreso de menudencias comestibles, siempre que guardaran cierta relación con las carnes, a no poner nuevos derechos sobre otros productos de origen argentino y a no establecer limitaciones a las importaciones de trigo, maíz, lino y otros productos agrícolas.

Por su parte, el Gobierno de Gran Bretaña obtuvo los siguientes beneficios: tratamiento especial en cuanto al control de cambios, el compromiso de no autorizar a operar a otros frigoríficos que no fueran ingleses, creación del Banco Central de la República Argentina, en cuyo directorio hubo presencia de funcionarios vinculados a Gran Bretaña y el otorgamiento del monopolio de los transportes públicos de la Ciudad de Buenos Aires.

El Pacto Roca - Runciman generó controversias que han llegado hasta nuestros días.

Por entonces, en el transcurso de la negociación, se realizó un banquete en honor del doctor Roca, en el que éste pronunció un discurso muy criticado que hizo historia y cuyos ecos aún resuenan. Esto sucedió el 10 de Abril, durante una comida ofrecida en el Club Argentino de Londres. Dijo allí Roca:

La geografía política no siempre logra, en nuestros tiempos, imponer sus límites territoriales a la actividad económica de las naciones. El juego encontrado de las necesidades o conveniencias regionales borra o remueve las fronteras.
Así ha podido decir un publicista, sin herir su celosa personalidad, que la República Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, parte integrante del Imperio Británico(8).

(8) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 104. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

A la llegada al país se le tributa a Roca una gran recepción por parte de todos los sectores directamente beneficiados por el pacto. La fecha de esa comida es el sábado 2 de Junio de 1933.

El hecho gana la primera plana de los diarios. Entre las entidades que adhieren a la recepción están la Cámara Gremial de Molineros, el Centro de Consignatarios, la Cámara de Subproductos Ganaderos, la Cámara Gremial de Cereales, la Cámara Gremial de Yute y Afines, la Cámara Algodonera de Buenos Aires, el Mercado de Títulos y Cambios, el Centro de Exportadores de Cereales y la Confederación Argentina del Comercio, la Industria y de la Producción.

En esta comida, a la que asiste también el presidente Justo, habla Roca quien, en un momento de su discurso, expresa:

En la imposibilidad de detener estas corrientes adversas a nuestra economía, planteábamos el problema de atemperarlas o encauzarlas en defensa de los productos de nuestro suelo.
Para ello era necesario prepararse a satisfacer las demandas británicas, tanto en lo que respecta a la regulación de cambios como en las rebajas solicitadas en nuestra tarifa, elevada considerablemente en los últimos años por razones fiscales y económicas, que no permitieron contemplar la situación de sus manufacturas en el mercado local”.

Sin embargo, hubo también fuertes críticas a este acuerdo. La Unión Industrial Argentina expresó que este pacto condenaba a la industria nacional a la ruina y la desaparición. El diputado socialista Nicolás Repetto dijo, refiriéndose a los privilegios acordados a las empresas inglesas:

Esta cláusula puede alcanzar dos significados: o no habíamos prestado la debida y legítima protección a los capitales ingleses o nos disponemos de ahora en adelante a darles un tratamiento preferencial.
Lo primero es inexacto y lo segundo inaceptable, por imprudente y humillante(9).

(9) Oscar A. Troncoso. “Polémica” (1971), Nro. 65, p. 136. Ed. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Muchos fueron los que terminaron denominando al pacto Roca -Runciman -que también levantó críticas en el Reino Unido- el estatuto legal del coloniaje.

La salud de Roca siempre fue frágil. Esto motivó, a lo largo de su desempeño como vicepresidente, un sinfín de rumores y especulaciones políticas que crecían cada vez que debía reemplazar al presidente cuando éste se ausentaba de la capital.

Así ocurrió en Septiembre de 1933 con motivo del viaje que el general Justo realizó al Brasil. El presidente debió trasladarse hasta el domicilio de Roca, debido a que éste se encontraba enfermo. La intención del Primer Mandatario no fue sólo la de coordinar aspectos atinentes a la gestión de Gobierno, sino también la de interiorizarse sobre el estado de salud de su vicepresidente. Este episodio dio pie a una nota del diario “La Razón” que comenzaba así:

Todo debe ser de acuerdo con la circunstancias. El vicepresidente no puede desentenderse de las razones que motivan la ausencia del Primer Magistrado, ni del tiempo que ha de durar esa ausencia y, entonces, lo que corresponde es relacionar esas consideraciones con las exigencias del despacho, consultando la opinión de los ministros que conocen y practican los métodos de la Administración(10).

(10) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 108. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Haciendo también una alusión a los ministros, decía Roca:

Mantengo con todos, además de las vinculaciones que imponen la comunidad del Gobierno, una relación amistosa y cordial. En cuanto a la comunidad a la que me refiero, y que procede del origen común del presidente y del vicepresidente, ella se ha fortalecido asimismo por la conducta que ha observado en todo momento el primero respecto del segundo, y a la que éste ha correspondido siempre con la misma consideración y la misma sinceridad”.

- “¿No cree el señor vicepresidente que puedan ocurrir, durante la ausencia del general Justo, sucesos que le impongan, por su gravedad, medidas extraordinarias?

- “La pregunta es un poco avanzada, y más por estar ante un hombre que no suele hablar mucho, pero se la responderé en dos palabras: no creo. Después de todo, para concretar, le diré que el barco sigue su derrotero y que lo que ocurre simplemente es que el segundo jefe sube al puesto de mando(11).

(11) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 108. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

El tema de las relaciones exteriores lo tuvo a Julio Roca hijo con un protagonismo activo durante su vicepresidencia. Hay varios episodios que así lo demuestran.

En ocasión de las negociaciones de paz que se desarrollaron en Buenos Aires y que pusieron fin al cruel conflicto bélico del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, se vivió una situación de tensión. Esta circunstancia involucró al canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas quien, por su actuación en este caso, sería posteriormente galardonado con el Premio Nobel de la Paz para gran disgusto del presidente Justo que aspiraba a ser el recipiendario de ese galardón.

Ocurrió que, en un determinado momento del desarrollo de la Conferencia de Paz, los delegados de Brasil, José de Paula Rodríguez Alves; de Chile, Félix Nieto del Río; y de los Estados Unidos, Spruille Braden, decidieron entrevistarse con Julio Roca para hacerle saber de las dificultades que creaba en la negociación la actitud de Saavedra Lamas.

Roca los recibió y, luego de escucharlos, decidió reunirse con el presidente Justo y con el canciller Saavedra Lamas para presentarles el planteo que le habían hecho los diplomáticos. La gestión de Roca no produjo ningún resultado positivo, aun cuando su actitud le granjeó el reconocimiento de los tres delegados en cuestión.

Otro episodio tuvo que ver con la construcción del ferrocarril Trasandino entre la Argentina y Chile. Allí, ante una gestión del embajador de Chile, Nieto del Río, hecha por pedido del ministro Miguel Cruchaga Tocornal, Roca aceptó involucrarse en una negociación que estaba muy trabada.

Tengo por principio no mezclarme para nada en asuntos de gobierno mientras el presidente no crea del caso hacerme intervenir en algo, pero ahora haré una excepción por tratarse de Chile, del señor Cruchaga y de usted. Mañana hablaré con el presidente(12).

(12) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 112. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

Aquí la intervención de Roca fue exitosa y la negociación arribó a buen puerto.

Al acercarse las elecciones de 1936, Roca mostró su preocupación por la repetición del fraude, método por el cual, paradojalmente, había sido electo vicepresidente de la Nación. Roca, como lo hiciera años después el presidente Roberto Marcelino Ortiz, entendió que había que terminar con esa deleznable metodología.

Así, el 28 de Diciembre de 1935, le envió al presidente Justo una extensa carta en la que se explayaba sobre las preocupaciones que le generaban las elecciones. Entre otras cosas, Roca le planteó al general Justo tres posibles escenarios, dentro de los cuales el presidente debería elegir uno:

a.- Suprimir en la nación el sistema representativo como lo ‘propician los que se intitulan depositarios y ejecutores del pensamiento de la revolución del 30’
b.- Seguir el consejo de los ‘menos avanzados’, empleando ‘una terapéutica draconiana’ que cierre el acceso a los comicios al partido depuesto el 6 de Septiembre (el radical), consagrando el empleo de la presión y del fraude para imposibilitar su retorno al poder.
c.- Cumplir lisa y llanamente la ley, o tomar de una vez la responsabilidad, identificándose con las aspiraciones de los núcleos de opinión que lo llevaron al Gobierno, de señalarles a éstos ‘las directivas de su acción popular y política’(13).

(13) Rosendo Fraga. “El Hijo de Roca” (1994), p. 116. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Nelson Castro. “La Sorprendente Historia de los Vicepresidentes Argentinos” (2009), prólogo de Joaquín Morales Solá. Ed. Vergara, Buenos Aires.

La verdad es que Roca defendía al golpe militar del 30 y no quería la vuelta del radicalismo al poder. Pero creía que el fraude era inaceptable y que había que buscar otras formas de frenar a la U.C.R. Por eso es que propuso la modificación de la ley electoral -la Ley Saenz Peña- en lo concerniente al sistema de representación para evitar que, por el sistema de lista incompleta, el partido de Yrigoyen obtuviera la mayoría parlamentaria.

Roca se daba cuenta de esto y por eso insistió con la idea de la lista proporcional, a fin de evitar que en el Congreso alguien alcanzara la mayoría.

Las elecciones legislativas de 1936 marcaron la vuelta al ruedo electoral de la Unión Cívica Radical que dejó de lado, así, su postura abstencionista de los años 1932 y 1934. La U.C.R. ganó y esto le permitió hacerse de varias bancas en la Cámara de Diputados. La consecuencia fue que el Gobierno perdió la mayoría.

En la provincia de Buenos Aires, dominada por el caudillo conservador Manuel Fresco, el “fraude patriótico” fue escandaloso. En respuesta, los diputados radicales se negaron a aceptar los diplomas de los diputados conservadores de ese distrito. La consecuencia fue que la Cámara de Diputados quedó paralizada durante 1936 y 1937.

En respuesta a esta situación, la Cámara de Senadores votó un proyecto por el cual se dictaminaba que no se abocaría a la consideraciónde ningún proyecto proveniente de la Cámara de Diputados que no incluyera la votación de los representantes por la provincia de Buenos Aires. Esto molestó a Roca y generó un entredicho con los integrantes de la bancada oficialista.

El incidente cobró vuelo y dio lugar a una iniciativa del general Justo, quien encargó al vicepresidente y al rector de la Universidad de Buenos Aires, Vicente Gallo, una gestión de buenos oficios ante la oposición para que ésta revisara su actitud. La gestión fracasó rotundamente y en ello influyó decisivamente la postura del poderoso caudillo conservador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Fresco, un hombre de un gran poder y un enorme desprecio por las instituciones.

El desaire de la conducta de Fresco hacia Roca y Gallo los molestó profundamente. El fracaso de la negociación tuvo dos consecuencias nefastas para la vida política del país: una, que el Congreso siguió paralizado; la otra, que el oficialismo tomó la determinación de continuar con el fraude.

La última gestión significativa del vicepresidente Roca estuvo relacionada con el Brasil, al que estaba muy ligado por todo lo que su padre había hecho durante sus dos presidencias en pos de la consolidación de las buenas relaciones entre los dos países.

El hecho que motivó la misión de Roca tuvo que ver con una iniciativa del secretario de Estado de los Estados Unidos, Benjamín Sumner Welles quien, en 1937, había decidido alquilarle al Brasil siete destructores. El episodio generó el inmediato recelo del Gobierno argentino, que veía así alterado el equilibrio naval que había sido acordado por los dos países.

Ni bien se conoció la noticia, el ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, Carlos Saavedra Lamas, realizó declaraciones muy críticas contra el Brasil. La prensa brasileña se hizo eco inmediatamente de esto y editorializó, a su vez, con conceptos muy duros para con el Gobierno argentino.

Se generó, pues, una tensión indisimulable y creciente. Por lo tanto, el presidente Justo encargó a Roca la misión de solucionar el conflicto diplomático. En tren de ello, los dos Gobiernos acordaron abrir la negociación y, con fecha 22 de Julio de 1937, el embajador José Bonifacio de Andrada e Silva, dio a conocer una invitación de su Gobierno para que el vicepresidente de la Argentina participase de los festejos conmemorativos de la independencia del Brasil, el 7 de Septiembre.

El 25 de Julio, Roca aceptó finalmente la invitación y el 31 de Agosto partió a bordo del “Andalucía Star” hacia Río de Jancito. Iba acompañado por el secretario del Senado, Gustavo Figueroa, el edecán militar, capitán de navío Carlos Martínez y el doctor Guillermo Uriburu Roca como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores. El 5 de Septiembre llegó a destino.

La actividad de Roca en Brasil fue intensa. Al margen de los banquetes y recepciones oficiales, el presidente Getulio Vargas le concedió un tratamiento altamente deferente. Así, al cabo de una semana, el potencial conflicto estuvo solucionado.

Tras dejar la vicepresidencia, el presidente Ortiz, impactado por el trato otorgado a Roca en el Brasil, lo designó al frente de la embajada de la Argentina en Río de Janeiro. Desempeñó ese cargo entre el 7 de Julio de 1938 y el 15 de Marzo de 1939.

En Septiembre de 1940, el vicepresidente Ramón Castillo, a cargo de la presidencia, lo nombró ministro de Relaciones Exteriores, función a la que renunció el 24 de Enero de 1941.

Dedicado a su pasión, la traducción de poesía, falleció el jueves 8 de Octubre de 1942 a las tres menos veinte de la tarde.

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