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ROBERTO MARCELINO ORTIZ, PRESIDENTE

La quietud, todavía algo aldeana, del Buenos Aires de fines del siglo XIX se anima cierta tarde por una reducida bullanga callejera que no ocultaba sus motivaciones políticas... Figura destacada de la circunstancial algarabía, un muchacho que tocaba un acordeón(1).

(1) Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Le faltaban al muchacho, era evidente, conocimientos musicales... Tenía, en cambio, un entusiasmo reforzado por un físico robusto... ¿Robusto..? ¡Hum! Tal vez la diabetes estaba ya avanzando con Roberto Marcelino Ortiz aquella tarde que, acordeón en mano, mostraba, públicamente su inicial identificación con el radicalismo...

El padre, Fermín Ortiz, nativo de Vizcaya, y la madre, Josefa Lizardi de Ortiz, originaria de Navarra, eran inmigrantes que sumaron virtudes vascas para el hogar de Roberto Marcelino. Este cumplió estudios primarios en el Instituto Rollin, un colegio particular atendido por educadores franceses; los estudios secundarios los efectuó en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza.

Inscripto en la Facultad de Medicina, aprobó los dos primeros cursos; pero en 1905 cambió el rumbo de sus preferencias y se anotó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, egresando como abogado en 1909. Compartía sus horas de estudiante con un empleo modesto en el Ferrocarril Pacífico, primero; en el Ferrocarril Oeste, mas tarde... En esta última empresa fue escalando posiciones hasta alcanzar la de abogado de la misma.

Las manifestaciones callejeras de los radicales habían seguido tentándolo... En 1903, ahora sin acordeón..., acompañará a quienes vociferaban contra la candidatura presidencial de Quintana, señalada por los núcleos conservadores en la Convención de Notables.

Las manifestaciones originaban incidentes con la policía: hubo tiroteos, heridos y Ortiz fue a parar, con varias docenas de gritones, a la cárcel de contraventores... Allí, para desahogarse y distraer a los camaradas de ideales y de encierro, redactó, con José P. Tamborini, un periódico manuscrito...

Regularizando su actividad partidaria, se incorporó poco después al Comité Universitario Radical, cuya secretaría desempeñó... Participó de la abortada insurrección radical del 4 de Febrero de 1905; supo durante años de esas jornadas de comité en donde se hace de todo: desde pegar carteles en las paredes hasta la de dar, en las esquinas, conferencias callejeras...

Ortiz capitalizó su actividad política cuando la reforma electoral auspiciada por Roque Saenz Peña posibilitó la concurrencia del radicalismo a comicios sin fraude; en 1918 ingresó, como representante del partido, al Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

En 1920 -elegido diputado nacional por la Capital Federal- señaló su actuación de parlamentario por una preferente dedicación para los temas vinculados a los problemas económicos.

Integró la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara, intervino en numerosos debates (jubilación de los empleados de las empresa de servicios públicos; abaratamiento del costo de las construcciones; reglamentación de la. profesión de contador público; el pago de los salarios industriales y comerciales en moneda nacional, etc.); y presentó proyectos de ley: sobre limitación de la jornada de trabajo en las labores agrícolas; jubilación de periodistas; trabajo de menores: creación del Banco Rural de la República, etc.

Desde 1924, figurando ya en el sector antiyrigoyenista del partido, el presidente Alvear lo nombró Administrador General de Impuestos Internos. Allí evidenció condiciones de organizador eficiente que justificaron que en Febrero de 1925 Alvear lo designara ministro de Obras Públicas, funciones que desempeñó hasta el final de esa presidencia.

Alejado de la política activa, ajeno a la insurrección de Uriburu, declinó una cartera que le ofreció en 1932 el general Justo cuando éste inició, en Febrero de 1932, su mandato gubernativo. Se había volcado íntegramente en el ejercicio de su profesión, cuando en 1935 Justo reiteró el pedido de colaboración que esta vez Ortiz aceptó, incorporándose al gabinete como ministro de Hacienda.

Lo desempeñaba cuando Justo, afianzado políticamente, lo señaló como el candidato de sus preferencias para sucederle en la Primera Magistratura. La primicia de esta novedad se difundió en oportunidad de un banquete en la Cámara de Comercio Británica... Venciendo algunos escrúpulos, Ortiz había aceptado la postulación...

Los escrúpulos no eran de carácter político... Justo llegaba al final de su Gobierno sostenido por una heterogénea coalición de partidos -la “Concordancia”- y aplicando el fraude cada vez que se hizo necesario para retener la mayoría... Ortiz sería el candidato de esa “concordancia” y desde ya correspondía suponer que el fraude iba a estar al servicio del oficialismo “ventajero”... Eso era valor, o desvalor, sobreentendido... Los escrúpulos de Ortiz eran más íntimos y de una mayor dosis de personal responsabilidad...

La diabetes que padecía, ¿no lo inhabilitaba en las energías indispensables para las tareas intransferibles y pesadas que el cargo suponía?

Justo y Ortiz consideraron conveniente escuchar el dictamen conocedor y objetivo del profesor de Clínica Médica, especialista en enfermedades de la nutrición. El juicio del galeno no señaló preocupaciones insalvables: Ortiz debía seguir un régimen alimentario y un tipo de vida nada incompatible con el ejercicio de la Primera Magistratura... Todo andaría bien...

Aceptó la candidatura, renunció al Ministerio de Hacienda, participó de los actos de la campaña electoral... En uno de ellos, agotado por el trajín, Ortiz se desvaneció y la sombra del episodio le quitó sonrisas a Luisa Iribarne, con quien Ortiz estaba -desde 1912- en armonioso matrimonio... Se dijo que alguien le escuchó a ella el reproche afectuoso de un presentimiento: “Has hecho mal, Roberto, en aceptar esto... La presidencia nos matará a los dos...”.

En los comicios de Noviembre de 1927, donde el fraude se hizo presente, la candidatura de Roberto M. Ortiz se impuso a la de Álvear, sostenida por el radicalismo(2).

(2) Roberto Marcelino Ortiz nació en la Ciudad de Buenos Aires, el 24 de Septiembre de 1886. Ejerció la presidencia de la República desde el 20 de Febrero de 1938 hasta el 27 de Junio de 1942. Falleció en Buenos Aires, el 25 de Julio de 1942. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 19no. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

El 20 de Febrero de 1938, Ortiz inició un Gobierno que no tardó en señalarse por su espíritu de independencia respecto de su antecesor... Sería un presidente sin tutelas... En el Ministerio de Guerra y en los comandos militares “claves”, los designados carecían de la etiqueta “justista”...

En la búsqueda de otra base política, Ortiz dejó que apareciera y se multiplicara una creencia popular: aunque llegado al poder con el decisivo apoyo del conservadorismo; él no olvidaba sus raíces de viejo afiliado radical... Y en tren de esperar lo que se desea, también se difundió una comparación que argumentaba con la historia: ¿acaso Roque Saenz Peña, designado presidente en elecciones nada democráticas, no había rectificado ese erigen e inaugurado la etapa de legalidad que todos le reconocían..?

Si Ortiz repetía ese gesto, claro está que el radicalismo, mayoría en el país e indudable beneficiario del posible “viraje”, apoyaría al presidente...

Facilitaba esta perspectiva el que Ortiz no había participado directamente de la etapa de agravios personales (cárceles, destierros, etc.) que victimó a los dirigentes radicales durante los primeros años del Gobierno “justista”... Además, si el radicalismo ya había demostrado su conformidad con las líneas generales de la política económica que mantenía la tradicional supeditación de la Argentina a los capitales británicos, los antecedentes de Ortiz respecto de esta fundamental cuestión facilitaban coincidencias...

La guerra estallada en Europa en Septiembre de 1939 agregó, a esta realidad del país, la importante incidencia de la situación internacional. La neutralidad declarada ante el conflicto bélico no obstaba a reconocer que Ortiz, partidario del bloque aliado vería, con preocupación, la de los grupos “nacionalistas” que, nacidos en las vísperas de la insurrección de 1930, se agitaban ahora, en 1939, al identificarse con el bando “nazi”.

Ya en Mayo de este últim año, el presidente dispuso la disolución del “Frente Alemán del Trabajo”, considerando las actividades nazis que desarrollaba esta entidad, constituida por una antigua sociedad de obreros y empleados de nacionalidad germana. Aunque el decreto fue en apariencias cumplido, la entidad siguió funcionando con los mismos propósitos bajo otro nombre: “Unión Alemana de Gremios”...

En Diciembre de 1939 la guerra llegaba, bajo la inocultable violencia de un combate naval, al Río de la Plata(3). ¿Cómo no considerar peligrosa la subsistencia en la Argentina de autoridades como las de la provincia de Buenos Aires, cuyo gobernador, elegido en comicios fraudulentos, exaltaba públicamente las doctrinas fascistas..?

(3) Se trata de la batalla librada por un “acorazado de bolsillo” de la escuadra alemana, hundido en el Río de la Plata, por cruceros ingleses. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Ortiz procedió por etapas... Censuró primeramente la falta de libertad electoral en la provincia de Catamarca, de donde era oriundo el vicepresidente de la República, el doctor Ramón S. Castillo. Luego, previa advertencia al gobernador de Buenos Aires acerca de la necesidad de respetar la libertad comicial, considerando que ésta no se había cumplido, el presidente Ortiz intervino la provincia mencionada(4).

(4) El 8 de Marzo de 1940. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Eliminaba un gobernador fraudulento y partidario del fascismo: se congraciaba así, simultáneamente, con el radicalismo y con el bando aliado...

El 14 de Junio de 1940 las tropas de Hitler entraban en París. La noche misma de ese día, el presidente Ortiz se reunía con el ministro de Guerra y los cuatro jefes de mayor jerarquía del Ejército. La caída de Francia imponía considerar la nueva situación en el mundo y las necesidades de la defensa nacional. Se elaboraron planes y, consecuencia de ellos, días después, se presentan al Congreso dos proyectos de ley: uno solicitaba para gastos de armamentos la suma más elevada incluida hasta entonces en el presupuesto argentino; el otro, proyectaba la creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares, previendo la creación de industrias relacionadas con los requerimientos de las Fuerzas Armadas.

Al mismo tiempo se encaraba el dar por concluidas las funciones de tres jefes militares germanos que, residentes en Buenos Aires, actuaban como asesores de los colegas argentinos...

Las preocupaciones determinantes de estos acontecimientos actuaron negativamente en la salud del presidente, todavía sensible al duelo por el fallecimiento de su esposa, ocurrido a comienzos de Abril... Y bastó un enfriamiento para desatar una afección renal y, por prescripción médica, obligar a un reposo absoluto, del que se informó al público el 3 de Julio... El día 4, el vicepresidente Castillo asumía, interinamente, el cargo...

La diabetes se hizo presente y agravó, dramáticamente, el cuadro clínico: un desprendimiento de retina dejaba poco menos que ciego al presidente... Por la decisiva importancia del cargo, ante la tensa situación internacional que se vivía y ante la expectativa que despertara en la ciudadanía democrática la actitud de Ortiz frente al fraude, no es exagerado afirmar que esa luz que no llegaba a las pupilas de Ortiz también empezaba a faltarle a la nación...

Lo definitorio del problema creado por la invalidez del presidente podría resumirse en este esquema: si el presidente Ortiz, mejorado de su dolencia, reasumía el mando, la Argentina seguiría, en lo internacional, observando la neutralidad, pero identificada con los aliados; en política interna reemplazaría el apoyo de la “Concordancia” fraudulenta por el apoyo que le prestaría el radicalismo...

En cambio, si la autoridad presidencial pasaba a manos del vicepresidente Castillo, la Argentina seguiría neutral aunque, por razones oportunistas, más favorable al eje Roma-Berlín, y el apoyo fraudulento de la “Concordancia” orientaría la política interna.

De ahí que la enfermedad de Ortiz desencadenara una verdadera lucha por el poder que sólo en parte trascendió al público, pero mantuvo alerta a los dirigentes políticos, a los jefes militares y a las embajadas extranjeras...

Así se explica que una investigación iniciada antes de la enfermedad del presidente (en Mayo de 1940) acerca de un posible negociado, fuera desviada hacia el terreno político y se la calculara para provocar el desprestigio del ministro de Guerra de Ortiz.

Este, siempre enfermo, asumió la defensa de su ministro y entendiendo que la investigación no había señalado -como correspondía- la total desvinculación del presidente con los implicados en el deshonesto asunto, presentó su renuncia al cargo: entendía que al hacerlo, sometía “todos mis actos de gobernante y toda mi vida pública al juicio de mis conciudadanos y de la historia...”.

La renuncia, de fecha 22 de Agosto de 1940, tratada por el Congreso reunido en Asamblea el dia 24, fue rechazada por 170 contra 1.

La votación y las numerosas adhesiones recibidas por Ortiz le signifícaron, sin duda, una reconfortante satisfacción. Más, la falta de mejoría en la afección ocular, y en este aspecto su dolorosa invalidez, hizo que los ministros que lo habían acompañado renunciaran, y el vicepresidente Castillo formara un nuevo gabinete con el cual orientaría de manera distinta la política exterior e interior...

Sin posibilidades de reacción en su salud, el presidente Ortiz presentó su renuncia el 27 de Junio de 1942.

En Septiembre de 1971, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires honraba la memoria de Roberto Marcelino Ortiz, designando con el nombre del ex mandatarío, una parte de la calle Junin... El así bautizado es un trecho corto, de aspecto triste, que pronto concluye en el cementerio de La Recoleta.

De este modo y acaso sin proponérselo, el homenaje evocará al transeúnte, con ejemplar simbolismo, la dramática y frustrada que fue la gestión presidencial de Ortiz.

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